La noche del pasado viernes día 9 de febrero, en el puerto de Barbate, Cádiz, el luto cubrió la bahía. Dos valientes servidores públicos, Guardia Civiles, fueron asesinados por unos narcotraficantes cuando su narcolancha de tres motores y 14 metros de eslora, embistió, en repetidas ocasiones, a una zodiac de escasos 6 metros en donde iban seis miembros del Instituto Armado.
En este triste caso, la delincuencia organizada unido a las ansias del dinero y del poder de sentirse superiores en medios, inclinó la balanza hacia las fuerzas del mal, sucumbiendo las fuerzas del bien y del orden público a las arremetidas de unos mal nacidos que eran jaleados por sus acólitos desalmados desde el muelle.
Los compañeros de la Guardia Civil no eran simples números del Instituto Armado, tenían nombre y apellidos, familia, hijos, amigos que los querían y que ahora los van a echar mucho de menos.
David Pérez Carracedo era agente del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Benemérita. Tenía 43 años y era natural de Barcelona. Estaba casado y deja dos niños huérfanos. Miguel Ángel González Gómez, pertenecía al Grupo de Especialistas en Actividades Subacuáticas (GEAS). Natural de San Fernando, Cádiz, de 39 años, tenía pareja y una hija que se ha quedado sin padre.
Ambos, supieron cumplir con su deber y a pesar de la desigualdad de fuerzas, ellos se sentían con autoridad, amparados por la ley y refrendados por el pueblo español. Sin embargo, en esta triste ocasión, el monstruo de Goliat, venció al valiente David, dejando a dos familias destrozadas y a tres niños huérfanos.
Desde que ocurrió el triste atentado, se ha hablado mucho, y se seguirá hablando un tiempo sobre los motivos que propiciaron este fatal desenlace. Falta de suficientes medios humanos y materiales en la zona del Estrecho de Gibraltar. Descoordinación en la cadena de mando. Deficiente mantenimiento de los medios navales existentes en la zona. Responsabilidades del Ministro del Interior, cargos políticos y mandos de la Guardia Civil. Etc., etc., etc.
Aunque es de justicia indagar en el procedimiento establecido en el operativo, en particular, para depurar responsabilidades y evitar que este tipo de tragedias vuelvan a repetirse e incluso abordar conjuntamente con personal y medios de las Fuerzas Armadas la grave amenaza que el narcoterrorismo constituye para la defensa y seguridad nacional; me gustaría dedicar unas palabras a las familias de nuestros dos héroes, caídos en acto de servicio por España, que merecen toda nuestra atención y cariño en estos momentos tan duros.
Afortunadamente, el Benemérito Instituto desde su creación en el año 1844 por el Mariscal de Campo Francisco Javier Girón y Ezpeleta, segundo Duque de Ahumada e Inspector General del Cuerpo, hizo realidad su deseo de crear un centro para acoger a los huérfanos e hijos del personal del Cuerpo, para formarles y para nutrir sus filas, y así “premiar en los hijos las virtudes de los padres”.
Así, la creación del Colegio es aprobado por S.M. la Reina Isabel II por Real Orden de 1 de abril de 1853 con el nombre de “Compañía de Guardia Jóvenes”. El Duque de Ahumada le concede tal importancia que él, personalmente, asume la dirección del Colegio y se ocupa de redactar un reglamento para su correcto funcionamiento que sería aprobado por Real Orden de 6 de julio de 1864.
En dicho reglamento, entre las obligaciones de los Guarias jóvenes, me gustaría citar su Art. 84: La ciega obediencia y profundo respeto a sus superiores es la primera obligación del Guaria joven; la subordinación y exactitud en todo, el fundamento de una carrera, cuyo lema está reducido a estas tres palabras: ABNEGACIÓN, VIRTUD y HONOR.
Después de 160 años de la aprobación de dicho Reglamento, los miembros de la Guardia Civil y todos los españoles se sienten muy orgullosos de que el crisol de las virtudes que adornan a la Guardia Civil y el espíritu con que se redactó este reglamento permanece inalterable. Así lo han demostrado nuestros compañeros David y Miguel Ángel, y también sus familiares, que en todo momento han demostrado una gran entereza y dignidad, propia de la gran familia que constituye el Cuerpo de la Guardia Civil.
En particular, me ha impresionado la mirada de la hija del Guardia Civil David Pérez Carracedo junto a su madre y familiares mirando fijamente el féretro que contiene los restos de su padre, su Papá, llevado a hombros por sus compañeros. ¿Quién le puede explicar a una niña de 9 años que su padre ya no le va a contar un cuento antes de dormir? ¿Quién es capaz de explicarle a sus familiares por qué tuvo que llegar una noche tan oscura y aciaga, de luto, en el puerto de Barbate? Es muy difícil poner razón a la sinrazón, templanza ante sentimientos a flor de piel, comprensión ante la indignación de una situación que se veía venir.
Tan sólo nos queda pedir que Dios los acoja en su seno y reconforte y cuide de sus familiares, amigos y compañeros en estos momentos tan tristes y duros donde toda España ha sentido estas muertes. Descansad en paz, compañeros, que nuestra Sra. la Virgen del Pilar os cubra con su manto redentor y vele por sus familias desde el cielo. Los héroes no mueren jamás, pues permanecen por siempre en nuestras memorias y oraciones.
Las familias y los hijos de nuestros compañeros caídos por España, David y Miguel Ángel, si se hace justicia con ellos, tendrían que tener un futuro alentador y lleno de oportunidades ya que, como decía el Reglamento de Guardias jóvenes, deberíamos “premiar en los hijos las virtudes de los padres”. Y en estos dos casos, como se ha demostrado y probado fehacientemente, las virtudes eran muchas y de una gran profesionalidad y valía.
Viva España, viva el Rey
Viva el orden y la Ley
Viva honrada la Guardia Civil
Julio Serrano Carranza Coronel de Aviación (R.) Ejército del Aire y del Espacio





















