TENEMOS EMPERADOR SÁNCHEZ PARA RATO. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

«En la guerra los hombres no son nada, es un hombre quien lo es todo»

Ahora mismo España, en su conjunto, en su gobernanza, es una causa criminal, es decir: un Proceso penal. De su resultado será el tiempo juez instructor, y habrá una feroz lucha por la instrucción, que es lo que importa; más que España que queda relegada a un segundo plano.

Dentro de muchos años, demasiados, sabremos el temible resultado y llegará más por la desvergüenza de los que no hacen nada ante la maldad que por la de los que la hacen.

El golpe de Estado en Cataluña está certificado y con firma de autenticidad de los jueces, pero se resolvió contra la Justicia, marginándola, con indulto y amnistía.

El Poder Judicial lucha por salvar a España de las garras del totalitarismo.

La Guardia Civil por orden del Tribunal Supremo registra el despacho del Fiscal General del Estado, -¿indicios?- que debería ser una de las piezas claves que garantizase la Justicia del Estado y del Derecho. ¿Habrá hecho algo o es una manía persecutoria de los jueces?, porque claro a ver quién manda en la Fiscalía.

La mujer del presidente del Gobierno está investigada por posibles delitos.

El hermano del presidente también. ¿Habrán hecho algo?

¡Estos jueces…!

El exministro de Transportes tenía a su alrededor una trama aún sin saber de qué alcance. Delcy de Venezuela incluida. Con Aldama. Con K de KK. Móviles del presidente y sus ministros de mayor peso responsables de la Defensa y Seguridad de España incluidos en el paquete. Todo bajo instrucción judicial.

¿Será por los jueces que inventan para que caiga el Gobierno?

Me quedo corto.

Silencio.

Para colmo estalla el caso Aldama que nadie sabe hasta donde llegará, pero hoy es estremecedor y será interminable. ¡Estos jueces!

¡La UCO! ¡La UCO! Como aquello de que viene el Duque de Alba.

Eso en el ámbito penal que tampoco debemos olvidar la gestión irresponsable en la catástrofe de Valencia. No sabemos en qué ámbito quedará, pero algo está por llegar. No hay quien aguante esta segunda parte.

No pasa nada y eso es realmente lo que pasa. Que no pasa nada y el Emperador sigue ganando batallas.

¿Razones? Son pura matemática. No voy a recordar el teorema de Napoleón, pero sí hacer mención a su fundamento para ganar en la guerra. Es muy sencillo: el número se impone. Va contra la virtud, pero puede llegar a ser inapelable. La guerra es pura matemática. Muchos, todos, contra el punto más débil. Sumar mayoría y aplicarla allí donde el enemigo es menos y más; en número y enfrentamiento.

Sumen en el Congreso donde dicen que está la soberanía nacional, popular, sí, de donde salió Napoleón para llegar a Emperador. Y otros vencedores de urnas. La soberanía nacional no da para más y los que a ella se suman en mayoría les va la vida, que es decir el puesto bien remunerado. ¡No va más!

La suma es la que es: Gobierno+Desgobierno en mayoría, del otro lado los mismos, misma polaridad, pero que no son iguales, en minoría. Nada que hacer, porque los iguales se rechazan: Ley de cargas.

Los corruptos se unen porque el delito une más que la sangre.

Así poquito a poquito llegamos a fin de mes, los de la izquierda unidos en el poder y los de la derecha separados a por el poder. ¿Quién gana?

¿Está usted representado? ¿Dónde y por quién?

La imagen institucional es lamentable. En política, como en la guerra, el momento perdido no vuelve jamás.

Se ha instalado una política en la que lo que no mata engorda.

Anda mucha gente con una indignación impropia del preludio navideño lleno de hipócritas luces que nada tienen que ver con lo que celebramos, si es que algo se celebra.

No pidan nada a los Reyes Magos. No escriban la carta. Hemos sido malos y solo nos merecemos… lo que tenemos.

Disculpen que termine con el Emperador: «En la guerra los hombres no son nada, es un hombre quien lo es todo».

Es el Emperador: Sánchez.

Tenemos Emperador para rato.

Tres años… o más.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

29 noviembre 2024

 

¡QUE VIENEN LOS ROJOS! General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En la Academia Militar en todos los ejercicios combatían rojos contra azules o viceversa. Casi siempre nos defendíamos de la invasión roja con una defensiva a toda costa en el arroyo del Guajaraz (Toledo). Seguro que Putín todavía tiembla cuando oye hablar de la defensa española, como inexpugnable. Atravesaban Europa en un pispás y quedaban detenidos en un arroyo perdido por Toledo, cuna de civilizaciones.

Hubo un tiempo en que se cambió lo de rojo por naranja. Debió de ser por aquella época de la Transición, en la que llegamos a creer que los rojos no lo eran tanto, que no tenían cuernos ni rabo. Nos equivocamos, o nos engañaron; como siempre. Eso sí, el azul siguió siendo azul.

En la Guerra Civil se usaban aquellos lápices, que alguno recordará, azul por un lado y rojo por el otro. Con ellos y la Guía Michelín se les ganó la guerra.

También se solía decir, a algunos, muy pocos, pero abundantes: <<Eres más rojo que el capote de Cagancho>>. Es que hay rojos y muy rojos; tonalidades. No faltan los rojillos, que son como un sucedáneo, o como el tabaco de liar, baratos y con estacas.

Lo de rojo (s), hay quien piensa que es algo inventado por los azules. No. Ese juego cromático lo inventaron ellos mismos.

Cosas de la guerra, aquella que empezaron en el 34 y convirtieron por su espesa voluntad en Guerra Civil.

<<La guerra preventiva comenzó en 1934>> (Gustavo Bueno). Conviene tenerlo muy en cuenta.

En Barcelona empieza todo el 4 de octubre con Companys apoyado por comunistas y socialistas. Miedo, tiros en la calle, declaración de independencia el 6 de octubre, el Estat català. Se apoyan en los mozos de escuadra y en los pelotones de escamots de Miguel Badía, el Capità Collons. El 5 de octubre de 1934 se declara el estado de guerra en Asturias. El día 6 en Madrid por el general de la I División. En Barcelona por el de la IV División, el general Domingo Batet, que acaba en pocas horas con el Golpe de Estado en Cataluña. Es la República contra la revolución republicana. El Gobierno responde militarmente. ¿A quién se enfrentaba? Ellos, los revolucionarios, se definen en el bando dictado por su Comité: el Ejército Rojo.

<<HACEMOS SABER: Desde la aparición de este bando queda constituido el Ejército Rojo, pudiendo pertenecer a él todos los trabajadores que estén dispuestos a defender con su sangre los intereses de  nuestra clase proletaria. Este ejército quedará compuesto y se dirigirá en la forma siguiente…>>.

Pues eso: Rojo, el Ejército Rojo.

Ustedes hagan lo que quieran. Yo sigo jugando con los mapas y siempre uso el lápiz de dos colores, azul y rojo. Tengo muy claro quiénes son los rojos.

Me ha surgido, no hace mucho, una duda que espero que alguien con los hechos me la resuelva: no sé quiénes son los azules. Rojo para el bando rojo ¿y azul? ¿Quiénes son los azules? ¿Dónde está el bando azul? Porque España está dividida de nuevo entre rojos y azules. El que no quiera verlo que vaya al oculista. Yo tendré también que ir porque sigo sin ver a los azules.

En definitiva: que están ganando los rojos y el Guajaraz, la línea fuerte de nuestra defensa, desguarnecida, un caos donde todos mandan y nadie resuelve. Vaya lío que tienen montado los que parecen ser azules. Es una mezcla de la que surge de todo menos algo bueno. Así no hay quien mande.

Les hemos puesto alfombra -azul- a la penetración: roja.

Ya están aquí los rojos. En la pasarela, pisando con fuerza sobre el azul de una España que oscurece.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 enero 2020

CATALUÑA: CUANDO LA POLÍTICA NO ENCUENTRA UNA SOLUCIÓN PACÍFICA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Cataluña: situación prebélica.

Moltke, jefe del Estado Mayor prusiano durante 30 años (desde 1857), enseñaba a sus oficiales que cuando el enemigo tiene abiertos ante sí tres caminos, de ellos elegirá el cuarto.

Alguno se empeña en presentar la independencia de Cataluña como un problema político. Lo es si nos atenemos a la usada, reiterado mal uso, de la definición de Clausewitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Queda así dudoso el concepto si no se añade que eso ocurre porque la política no logra encontrar solución pacífica. La guerra es el último recurso de la política. Para llegar a esa situación antes se recorren otros caminos que lo anuncian. Cerrar los ojos ante las evidentes señales es una temeridad.

Hablar de guerra en Cataluña se me antoja prematuro. Todo se andará. Pero las señales nada bueno anuncian.

<<El mejor agüero es este: combatir por la Patria. ¿Por qué te dan miedo el combate y la pelea?>> (La Ilíada, canto XII).

No encuentra la política solución al golpe de Estado en Cataluña. No porque no la haya, sino por cobardía. Lisa y llanamente por cobardía.

<<Sé que los cobardes huyen del combate, y quien descuella en la batalla debe mantenerse firme, ya sea herido ya a otro hiera>> (La Ilíada. Canto XI).

Mejor podríamos hablar de desbordamiento de la delincuencia en el que están implicadas las más altas instituciones de Cataluña. Delincuentes: unos juzgados, otros en delincuencia manifiesta. Abarca a la palabra y a los hechos. Hechos muy graves que la Guardia Civil ha desarticulado a tiempo, antes de una tragedia. En Cataluña no se combate, por ahora, se delinque. Diferencia fundamental. Nada tiene que ver un soldado con un delincuente. Ellos quisieran tener un ejército, ya tienen un proyecto, pero nunca sería tal, sino una banda de delincuentes, o más claro, de forajidos. Uno de sus jefes es ya un forajido; acompañado de otros cuantos. Puigdemont es la definición. (Forajido: Delincuente que anda fuera del poblado, huyendo de la justicia).

No. Esto no es una guerra. Es pura cobardía e incumplimiento de la ley. Lo de Cataluña es la prueba evidente de la cobardía de España. Digo bien, porque nuestros representantes son los responsables. Los que tenían que tomar medidas, los que asumen la soberanía, hablan y actúan por nosotros. Pues habrá que pensárselo: <<Por sus obras los conoceréis>>.

Todos tenemos culpa.

Esto no es una guerra, pero podría serlo. Es, por ahora, una feroz lucha contra la delincuencia. Los delincuentes están organizados; dirigidos desde las más altas instituciones catalanas, ejecución a todos los niveles, servicio de información que abarca toda la península y se infiltra en los del Estado, agencias en el extranjero, logística pagada con los presupuestos del Estado español, grupos violentos que atacan con objetivos tácticos  que responden a la gran estrategia del terror para la independencia; pero ellos no han sido. Esto no es una guerra, es peor. Es luchar contra delincuentes con riesgo de la vida. Un lucha donde no hay honor ni valor. Solo traición. Ningún apoyo. Ningún capitán que te dirija y guíe. Como caigas en la lucha contra ellos serás humillado, rechazado y declarado culpable. No hay confianza en la batalla. Los que combaten y luchan por la Ley se encuentran desamparados, sin capitán. Sin ejemplo a seguir. El soldado siente una inmensa soledad en estos momentos de la batalla.

La política no encuentra solución

La escalada de la delincuencia puede dar lugar a que la política continúe por otros medios y será por la incompetencia de quien debería haber utilizado los que la política pone a su alcance. No lo hizo, no lo hace y cuando quiera será tarde. <<El necio solo conoce el mal cuando ya está hecho>>.

En definitiva: estamos ante una situación prebélica. La pérdida de la iniciativa es evidente. La lucha partidista no permite hacer un frente común. La unidad de España está en juego, no hay unidad en el planteamiento para su defensa.

Ante ese panorama el enemigo, ha elegido el cuarto camino: el de los forajidos.

De seguir ofreciendo una pírrica defensa habrá que continuar la política con otros medios.

Cuando no hay ley y se desata la violencia dirigida desde un Parlamento, y la respuesta es ninguna,  es señal de que la política no encuentra solución pacífica. Ya se sabe lo que eso significa.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

4 octubre 2019