El poeta y novelista inglés Rudyard Kipling, que con 42 años ganó en 1907 el Premio Nobel de Literatura, describió a los caballos con gran ingenio, y es en uno de sus libros, «Las mejores historias sobre caballos», donde me inspiro para escribir estas notas.
Hoy el protagonista es el «Gato Maltés», jaca de polo del equipo del «Regimiento Skidar» de Inglaterra con guarnición en la India, y protagonista de uno de los cuentos de Kipling.
El polo es uno de los juegos más antiguos del mundo y el primero en que se enfrentaron dos equipos. Nació en Persia y de aquí se extendió a China y la India. Fue introducido en Francia por los caballeros que regresaban de las cruzadas hacia el año 1200, pero no se estableció hasta 1869 cuando los oficiales del 10º Regimiento de Húsares lo introdujeron en Inglaterra, concretamente en Aldesrhot, con el nombre de «Hockey a caballo». Lo había descubierto el mayor Mc. Cullch en la corte del Maharaná de Manipur, pequeño estado al noreste de la India entre Assam y Birmania, donde era el deporte nacional (concretamente en el valle de Cachar).
Decía Botín que el polo, para los cuatro jugadores de cada equipo, es un deporte maravilloso, aunque los caballos seguramente no lo crean así, pero no le cabía la menor duda que para los jinetes era una práctica espléndida, y para los militares constituía un excelente medio para desarrollar las cualidades de seguridad, energía y decisión que todos debían tener.
Los caballos y yeguas que juegan al polo, perdón las llamadas «jacas» de polo, aunque no son realmente jacas, ya que la mayoría sobrepasa las siete cuartas de alzada.
Dentro del terreno de juego de dimensiones: 250 por 150m., las condiciones necesarias que deben tener las jacas son: velocidad, agilidad, robustez, resistencia, y temperamento. Solo así podrán aguantar un «chukker», que es como se llaman cada uno de los cuatro períodos de ocho minutos en que se divide un partido de polo, separados por intervalos de tres para el cambio de caballo.
Los palos de polo, tacos o «mazos» son de caña de junco de Malaca, con una cabeza o cigarro de madera, y del mismo material que la «bocha»(la bola).
Me contaron que en 1911, en tierras africanas y durante los descansos entre combates, los Tabores (Batallones) de Caballería de los gloriosos Grupos de Regulares Indígenas: Tetúan Nº1, Melilla Nº2, Ceuta Nº3, Larache Nº4 y Alhucemas Nº5, ya practicaban el polo en tierras africanas a lomos de caballos argelinos. Recuerdo los apellidos de algunos, Cabanillas, Torres-Pardo, los hermanos Sotto, los tenientes Pombo y González Gordón, y el inolvidable conde le la Maza.
El polo es un juego varonil, noble, elegante, y que se juega a caballo. Si señores. Para jugar al polo hace falta montar mucho a caballo, con soltura, con resolución, con vista, con constancia para adiestrar y seleccionar las jacas. Por eso sería conveniente que se practicase en las unidades, pero dudo mucho que arraigue en los militares de hoy.
Como dato curioso, a reseñar el segundo puesto del equipo español de polo compuesto por: El conde de la Maza, y los señores San Miguel, Figueras y Figueroa, en los Juegos de la VII Olimpíada, Amberes 1920. ( En este caso el polo estuvo presente como deporte demostración).
A destacar que en el partido de polo entre el Reino Unido y España en el Club Puerta de Hierro de Madrid en 1922, el equipo español estuvo representado por Alfonso XIII y el duque de Peñaranda, entre otros.
El primer encuentro militar en la península del que se tienen datos tuvo lugar el 16 de junio de 1924 en los terrenos de la Casa Real de Campo de Madrid. El 16 de marzo de 1925 se juega en la misma ciudad, el primer encuentro militar internacional en el Real Club de Puerta de Hierro. España ganó a Francia por 10 goles a 5. Inolvidable el equipo: teniente Cabeza de Vaca, capitán Navarro, capitán Olivares y el capitán marqués de Baztán.
Después vinieron los equipos regimentales que disputaban los campeonatos militares, y tomaban parte en las pruebas más destacadas en esa época: Copa de S.M. el Rey, Copa del marqués de Villavieja, la Copa de la Escuela de Equitación del Ejército, y los encuentros internacionales ante un equipo de la guarnición inglesa en Gibraltar, que al parecer, las malas lenguas decían que, pertenecía al79º Regimiento de Infantería «The Queen’s Own Cameron Highlanders» de guarnición en las Tierras Altas de Escocia, y los partidos jugados contra equipos franceses en Polo Club de Biarritz.
No cabe duda, que el desarrollo del polo en la gran familia militar de esos años, fue posible al decidido entusiasmo de Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII, el primer monarca europeo que patrocinó el polo, y único, junto a Eduardo VII, que lo practicaba en público. Jugaba, entre otros, en: el «Madrid Polo Club», origen del que más tarde se llamaría«Real Club Polo de Puerta de Hierro», y en el «Real Polo Club de Barcelona».
Mucho antes, en 1820, uno de los treinta equipos de polo inscritos en la «Copa Abierta del Norte de la India», era el del «Regimiento IrregularIndígena de InfanteríaSkidar», equipo reclutado en la India, pobre pero honesto. Disponían de un lote de caballos baratos sacado a menudo de los carros de campo de sus vecinos.
Se enfrentaba en al gran final al gran favorito, uno de los considerados punteros, el equipo del «RegimientoArchangel»originario del Reino Unido.Contaba con media docena de caballos por jugador, que habían costado más de mil rupias cada uno, considerados como los mejores caballos de polo del norte de la India.
Los jugadores del «Skidar», suponiendo que no sufriesen accidentes, y aún teniendo en el equipo al gran caballo «gato maltés», solo disponían de un caballo de reserva.
Cada caballo tenía su «sais» (ordenanza o mozo de cuadra) que dormía y comía con él, y que había apostado en el partido mucho más de lo que podía permitirse. Tras los «sais», se sentaban todos los miembros de los regimientos que tenían permiso para asistir al partido, hombres de piel oscura y negras barbas, acompañados por la banda de música de la Caballería Británica, donde abundaban las gaitas.
Los Oficiales nativos llevaban manojos de «mazos» y se colocaban, de uno en uno o por parejas, en diferentes puntos del campo para que si a un jugador de su equipo se le rompía el mazo, no tuviera que galopar mucho para conseguir uno nuevo.
Bajo los acordes de la banda, aparecieron los árbitros vestidos con guardapolvos ligeros, y empezaron a moverse sobre dos pequeños y excitados caballos. El partido iba a comenzar.
Contra todo pronóstico, el equipo del «Skidar» ganó y uno de sus caballos el «Gato Maltés» recibió el premio MVP (Most Valuable Player), es decir, el caballo más valorado de la final.
Después del partido, aquella noche, como todos los años, en la cena de gala, todos los finalistas volvieron a jugar mentalmente el partido, golpe tras golpe, con sus acalorados comentarios. La copa se llenó y pasó alrededor de la mesa, se vació y se volvió a llenar, y todos hicieron los discursos más elocuentes.
Hacia las tres de la mañana, cuando ya se había retirado la bandera del comedor y los jugadores se habían despojados de las guerreras de sus uniformes, pensaban que era el momento de cantar un poco…, pero la cabeza pequeña, sabia y gris del «sais» de «gato maltés», miró por la puerta medio abierta del comedor…
―¡Hurra, que entren!.
―Dijeron los que le habían llamado.
El «sais», que estaba verdaderamente feliz, palmeó la espalda del caballo y el héroe de la final entró cojeando bajo el resplandor de la luz y las brillantes guerreras, colocadas en los respaldos de las sillas de los jinetes a modo de perchas. Como estaba acostumbrado a los comedores y a otros lugares en los que no suelen entrar caballos, pues no era la primera vez que sucedía, «Gato Maltés» se comportó con gran cortesía.
Comió pan untado con sal y fue acariciado por todos los comensales. Los hombres bebieron a su salud por haber hecho más por ganar la Copa que cualquier otro caballo. Tenía gloria y honor suficiente para el resto de sus días, y tan siquiera se quejó demasiado cuando unos días más tarde el veterinario, al reconocer su cojera, dijo que ya no servía para la práctica del polo.
Yo no tuve la suerte de jugar al polo y tampoco conocí aquellos encuentros entre regimientos, pero a los postres de una comida de nuestro Patrón Santiago, celebrada en el picadero o en la pista de cualquier Regimiento de Caballería, Depósito de Sementales, Yeguada, Escuela de Equitación etc. ¿Quién no ha festejado con su caballo, saltando una de las mesas del improvisado comedor, como hicieron aquellos jinetes franceses de la foto, en el picadero de la Escuela Nacional de Equitación de Saumur,… o algunos de nosotros en aquellas unidades, pero eso pasó hace ya muchos años.
Hoy, con este Ejército que tenemos, cada vez soy más reacio a visitar sus Unidades, y no porque no quiera volver al lugar donde fui feliz, sino porque cuando lo hice, nunca estuvieron a la altura de mi nostalgia.
A todos aquellos que no quieren optimizar el pasado, les recuerdo que muchos de los que se fueron, aunque marcados por las huellas del tiempo, tuvieron mujeres que los amaron, hombres que les confiaron sus vidas y muchos momentos de gloria.
He abierto mi mejor botella de vino para brindar con vosotros, mis queridos amigos invisibles. Por la vida, que todo nos lo da y todo nos lo quita.
Un fuerte abrazo.
Zaragoza junio 2023.
1.- Como se aproximan las vacaciones aprovecho para despedirme de momento, desearos a todos un feliz verano, y muy atentos al día 23 de julio.
Blog: generaldavila.com

























