«SEMANA SANTA EN TOLEDO» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Preparados para salir. Claustro del convento de San Juan de los Reyes de Toledo. Cenobio perteneciente a la Orden Franciscana.

El problema de este lugar al que aún llamamos España, reside en que somos incapaces de admitir una virtud del adversario o un defecto de los nuestros.
Como es sabido, oyendo hablar a un hombre fácil es comprender donde vio por vez primera la luz del Sol, si habla bien de Inglaterra es un inglés, si habla mal de Alemania es un francés, y si habla mal de España…¡ es español !
El azul para los conservadores, el rojo a los radicales, los jóvenes unieron ambos y les salio el violeta. Hoy el naranja de ciudadanos está negro, y para Vox su futuro es verde esperanza.
¿Que harán los ciudadanos? Ya se verá.
Para gustos se hicieron los colores
También en estos días yo seguiré escuchando, y como fenómeno voluntario que es, significa que prestare atención a lo que quiera oír. Por el contrario, como para mi, oír es percibir con el oído los sonidos, podré escuchar pero no oír y podré oír sin escuchar.
Ahora lo urgente es esperar.
De momento en esta Semana Santa, y preparando la Pascua, me conformé con recordar algo de mi reciente viaje a Tierra Santa, donde fui guiado por el experto Fray José María, uno de los frailes franciscanos que custodian esos Santos Lugares desde hace más de 400 años.
Como dice la tradición islámica, veo a Mahoma ascendiendo al séptimo cielo desde la Cúpula Dorada de la Roca en la Mezquita de Omar en Jerusalén, ayudado por el arcángel San Gabriel en pleno barrio musulmán, durante su viaje ultra terreno a la grupa de su yegua torda y alada llamada Al Burak (el rayo).
―«Y tomó Dios un puñado de viento del sur y echándole su aliento, creó el caballo» (Leyenda beduina)
Y sobre todos a Jesús, en el Mar de Galilea con sus discípulos pescando y conversando a lo largo y ancho de esas tierras por los caminos que suben a Jerusalén, y desde allí al Gólgota, en los extramuros de la Ciudad Santa.
También veo a los musulmanes en días de Ramadán conviviendo con cristianos y judíos bajo la misma luna.
Los judíos, como prescribe la Torá, siguen sentándose a la gran mesa familiar, invitando a huéspedes sin familia y dando buena cuenta del cordero con hierbas amargas. Días más tarde son los católicos latinos herederos de los cristianos ortodoxos orientales, los que la celebran, y como en la última cena con: pan ácimo, cordero y aceitunas, y por fin lo hacen los hijos de Mahoma reunidos para el Iftar, la comida nocturna con la que rompen el ayuno a base de: dátiles, cordero, té y dulces parecidos a los pestiños andaluces.
Todos en la cena de Shabbat, que formaba parte de la tradición familiar, usaban las mejores ropas y la mesa la adornaban con la mejor vajilla. No faltaba la mantequilla, la miel con el Jallap(pan), flores frescas etc.
Pero «La Pascua» para los creyentes es la celebración de la Resurrección de Jesús, por eso el domingo pasado al celebrarla en Zaragoza, recuerdo los huesos de los muertos, frente a la Puerta Dorada, la octava que daba acceso a Jerusalén a través del Muro, también conocida por árabes y judíos como de la Misericordia o de la Vida Eterna, y donde esperaban, llenos de paciencia y esperanza, a ser resucitados.
¡Shabbat Shalom!
A mi, todo esto, me sorprendió en el Toledo de las Tres Culturas, y dentro de mi inexperiencia, pude indagar en su pasado y presente y sorprenderme por los muchos secretos que esconde, cuando el Sábado Santo, ya de madrugada, acompañé a la Procesión de la Cofradía Penitencial del Cristo de la Buena Muerte (procesión del silencio), en su Vía Crucis por las estrechas calles de la Imperial Ciudad, recorriendo sus rincones multiculturales, y paseando por su barrio judío, nobiliario y conventual, donde las pocas monjas que quedan, olvidadas tras las celosías, rezan cantan y trabajan, pues también ellas se rigen por el viejo lema benedictino: «Ora et labora».
«El silencio de los conventos toledanos es un remanso del ruido del tiempo, del ruido de la Historia. Allí ni pasa ni ha pasado nunca nada que tenga que ver con el fluir agitado de la vida. Y, sin embargo, tampoco es un silencio mortal, sino de una vida alada y supraterrena, algo como una aspiración a suspiros que no se acaban de oír» (Gregorio Marañón).
La del Silencio, es la más sobria de las procesiones de la Semana Santa Toledana, con salida a la una de la madrugada y llegada al Monasterio de San Juan de los Reyes a las tres y cuarto. Como todos los cofrades, desfilé en dos hileras, con mi hábito franciscano, cordón blanco y crucifico en el cuello, capucha calada sobre mi cabeza y todo a la lumbre de un farol de mano con luz de cabo de vela.
La madrugada fue larga, silenciosa, y llena de sentimiento y fervor.
Abría la comitiva una Cruz de Guía luminosa con el lema:
―«Oye la voz que te advierte que todo es ilusión menos la muerte».
Y todo rodeado de un sepulcral silencio roto sólo por el sordo redoble de un único tambor desafinado, y el ronco sonido de una vieja carraca de madera.
Esa noche, Toledo me pareció más gloria de España que nunca, peñascosa como siempre, menos apesadumbrada y aunque envuelta en la oscuridad de la noche, luz de todas sus ciudades. Tesoro que se multiplica cuanto más lo comparto.
Algún día tras el silencio, también por Pascua, al fin nos veremos, con nuestras formas recobradas, y nos reconoceremos al instante, no como me ha pasado ahora en la Ciudad Imperial al volver a ver, después de muchos años, a viejos amigos de la infancia.
Y para disfrutar de todo esto, solo tuve que trasnochar un poco, para tener la mejor postal del Toledo oculto, …esa que no es necesario guardar en la galería del móvil.
¡ Buena Pascua !

Zaragoza abril 2023

Blog: generaldavila.com

Desde su atalaya calabresa Félix Torres les trae LAS COSAS DE DON EUFEMIO

AQUEL ABRIL REPUBLICANO (III). PRIMEROS PASOS DE LA REPÚBLICA. Del Libro. Guerra civil en el norte. General Dávila (R.)

PRIMEROS PASOS DE LA II REPÚBLICA

La República nace con un problema de ilegalidad que con el tiempo se convierte en otro de legitimidad y ante eso no hubo, no hay, no habrá, argumentos. De la chistera de aquellos magos de las urnas, con los polvos del Pacto de San Sebastián, llega la República; o lo que aquello fuese.

Un Gobierno provisional, un Estatuto provisional. Todo es provisional, a base de provisionales Decretos. Sigue mandando el Comité

Revolucionario, aunque se denomine Gobierno Provisional.

Designaron Presidente a D. Niceto Alcalá Zamora y este, a su vez, por ministros del Gobierno, a los miembros de aquel Comité, en esta forma:

Estado: Alejandro Lerroux García

Gobernación: Miguel Maura Gamazo

Guerra: Manuel Azaña Díaz

Fomento: Álvaro de Albornoz y Liminiana

Instrucción Pública: Marcelino Domingo Sanjuán

Marina: Santiago Casares Quiroga

Economía: Luis Nicolau d´Olwer

Justicia: Fernando de los Ríos Urruti

Hacienda: Indalecio Prieto Tuero

Trabajo: Francisco Largo Caballero

Dentro de las distintas tendencias políticas representaban:

Alcalá Zamora y Maura  a los conservadores; Lerroux, republicanos históricos; Albornoz y Domingo, al partido radical-socialista; Azaña al grupo de ateneístas Acción Republicana; Casares  a la incipiente

Organización Republicana Gallega Autonomista; Nicolau, a los

autonomistas separatistas catalanes; Prieto, de los Ríos y Largo Caballero, a matices del socialismo; Martínez Barrio, era Gran Maestre de la Masonería, de cuya organización eran miembros Lerroux, Albornoz, Domingo y de los Ríos, y posteriormente Azaña.

El programa de gobierno era sencillo. Nadie tenía que cumplir nada. Gritar viva la República era suficiente.

Entre ellos los soldados que dejaron de estar obligados a cumplir el juramento de servicio y obediencia al rey. Azaña, ministro de la Guerra, les libera a cambio de la promesa de servir a la República; eso sí, con fidelidad y con las armas si fuese necesario; o serán dados de baja.

Suena el himno de Riego. Hay que buscar los  símbolos. La República ya tiene su nueva bandera, inventada sobre la marcha, sin rigurosidad, ni historia. Remiendo de paño nuevo en vestido viejo.

El exteniente coronel de ingenieros Francisco Maciá proclama la República catalana com Estat integrant de la Federaciò Ibèrica. Companys y Lluhí al frente. El presidente de la República, se supone que española, viaja a Cataluña. En tres días la República Catalana se convierte en la Generalidad de Cataluña. Todos votan favorablemente al Estatuto el 2 de agosto.

Fue una negociación en falso. Aquel día, desde dentro empezó la división, el camino a la independencia. La semilla iría creciendo: «Los catalanes no pueden ser españoles porque han nacido en tierras de Cataluña» (Ventura Gassol en Ricardo de la Cierva. Historia de la Guerra Civil española, pág. 2). Tan infantiles como eficaces. No está de más recordar que en el Pacto contra la monarquía se reconocía la personalidad de Cataluña.

En el País Vasco va a iluminar el independentismo vasco el PNV de Antonio Aguirre y Lecube ¿o es la Iglesia vasca? Está en juego la unidad de España, siempre la diversión de los tahúres es repartir las cartas y luego romper la baraja, una ruleta rusa cuyo cañón apunta al corazón de España.

En Gobernación ondea ya la bandera republicana. Habla el nuevo presidente del Comité Revolucionario, ahora convertido en gobierno provisional de la República, don Niceto Alcalá Zamora: «El gobierno provisional de la República ha tomado el Poder sin tramitación y sin resistencia ni oposición protocolaria alguna…». Nos lo han regalado, le contestaba la calle.

¿Violencia?: no pasará un día si ella, sin miedo, sin dolor, sin persecución. No es esto, no es esto. Pero ya era tarde.

« ¡Cuádrese! Soy el ministro de la Guerra» (Memorias. Diego Martínez Barrio. Espejo de España, pág. 32). Era de noche y en la oscuridad de las bujías, entre las sombras, Azaña pone firmes al oficial de guardia del palacio de Buenavista, sede del ministerio de la Guerra. El general Ruiz Fornell le da posesión del cargo. Azaña acababa de cumplir un sueño infantil. A esas horas el niño don Manuel sueña con su juguete: ¡Soldados! Pronto abrirá la cajita y sacará a sus soldados de plomo para organizar su peculiar ejército.

Todo se radicaliza. Aflora el «no sabe usted con quien está hablando; aquí mando yo».

«Para los republicanos de izquierda, también llamados la izquierda burguesa, la nueva República tenía menos que ver con un proceso democrático que hubiera que respetar escrupulosamente que con un proyecto de reforma radical que en, algunas ocasiones, Manuel Azaña y otros líderes calificaban de revolución. Para ellos la República no era tanto un sistema político como un determinado programa de reformas culturales e institucionales para el cual era indispensable eliminar permanentemente a los católicos y a los conservadores de cualquier participación en el Gobierno» (Stanley G. Payne. El camino al 18 de julio. Espasa. 2016).

Empieza el juego militar. Queipo de Llano es nombrado capitán general de Madrid, López Ochoa de Cataluña, Riquelme de Valencia y Cabanellas de Andalucía.

El juego tiene nombre, pero le faltan los apellidos: los Decretos de Azaña, ministro de la Guerra. Nada de juramentos a la bandera: fidelidad a la República o a casa, con paga, pero a casa. El Ejército se reduce de dieciséis Divisiones a ocho, sin orden ni concierto ya que nunca se hizo previsión del número de oficiales necesarios para cubrir los puestos, a pesar de la disminución drástica de unidades, sin limitar el pase a la reserva. Más de ocho mil oficiales dejaron la actividad militar. En principio pasaron a la reserva 140 generales, 8.500 jefes, oficiales y asimilados, 3.200 clases de tropa. Sus plazas quedaban amortizadas. ¿Descontento en el Ejército? Sin duda, pero por razones diferentes a las legales: confusión, precipitación en las reformas más demostrativas del «aquí mando yo» del ministro de la guerra que de un estudio profundo y una ejecución escalonada.

Se suprime el empleo de capitán general por el tono autoritario del término; mejor División Orgánica, y se fija como empleo máximo el de general de división. Se empieza por una orden sencilla: ¡Firmes! ¡Cuádrese!; después se organizan batallones, divisiones y guerras, desde los despachos, sin mirar al frente, sin ver las consecuencias.

Se cierra la Academia General Militar de Zaragoza, creada para, además de fomentar el espíritu de unidad, compañerismo y fraternidad, formar a los oficiales con un mayor conocimiento y coordinación entre las distintas Armas del Ejército, algo crucial en la guerra. Azaña, su República de reformas, de decretos, no admitía ese sentido de unidad en el Ejército que siempre le pareció peligroso. Quiso un Ejército Republicano, pero nunca pensó que lo primero que un Ejército necesita es una explicación; que nunca fue dada.

Se discute la bondad de la reforma de Azaña. No hubo tal. No hubo nada. Purga sí. ¿Buena voluntad?, puede, pero no se pudo demostrar. ¿Era necesaria una reforma militar? Siempre lo fue, siempre lo es. En aquellos momentos también, pero sin dar la imagen de venganza, de resentimiento, de lanzar a unos contra otros. No era la reforma más urgente, los ejércitos eran necesarios y eso significaba tener cerca a los militares, que por cierto no se oponían a la República como demuestra el golpe de Sanjurjo, y el alzamiento que se produjo al grito de viva la República, siempre seguido del viva España. Con un poco más de mano izquierda las cosas habrían sido de otra manera. Azaña lo supo después y se arrepintió, pero su mentalidad infantil, su afición a las formaciones de soldaditos, acabó con él. Para más inri jugó también a ser más papista que el Papa y pasó a ser monaguillo de la España católica, aunque fuese por costumbres, tradiciones ancestrales. Hubo más militares que se pasaron a la reserva por el ataque a la Iglesia que por las reformas militares. Una auténtica persecución religiosa.

Se cometió el mismo error que Pavón achaca a Napoleón en España: el error nacional, el monárquico y el religioso. Los españoles después de tantos años de sacrificio son antes que otra cosa españoles. Se dan cuenta de ello cuando alguien intenta que dejen de serlo. Son monárquicos por costumbre, y porque no se dejan mandar por cualquiera. Lo de la religión es, además de costumbre, por lo que han luchado y muerto sus antepasados: la fe Católica.  Cómo para perderla por una imposición extranjera.

Azaña calculó mal. A la postre entre los retirados y apartados, generales o no, se generó el alzamiento.

MAYO 1931

Ha llegado el mes de mayo. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano» (Azaña) (La España del siglo XX. M.Tuñón de Lara). Los propósitos de revolución de sector importante del nuevo régimen se hicieron patentes en los sucesos revolucionarios de los días 11 al 13 de mayo de 1931 en diversas poblaciones como Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia… en las que por multitudes, que no quiso controlar la policía, procedieron a incendiar templos, conventos, quemar las imágenes, bibliotecas, laboratorios…, sin que los bomberos pudieran actuar para aminorar los daños y sin que las fuerzas de Ejército intervinieran.

En este mes de mayo republicano Juan Ignacio Luca de Tena, director de ABC, se reúne con Alfonso XIII en Londres. La entrevista se publica el día 5.

— ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin vernos! El primer español que llega aquí para verme eres tú. Te lo agradezco mucho.

Verdaderamente era mucho: nadie se acordaba ya de Alfonso XIII, nadie en España, y solo habían pasado 15 días.

—No quiero que los monárquicos exciten en mi nombre a la rebelión militar […]. La monarquía acabó en España por el sufragio, y si alguna vez vuelve ha de ser asimismo por la voluntad de los ciudadanos.

Ese día el Rey autoriza al marqués de Luca de Tena a que se organice una corriente de opinión monárquica en España. Pone condiciones: «Que actúe públicamente y sin crear dificultades al Gobierno español, e incluso estar con él para todo lo que sea defensa del orden y de la integridad de la Patria». Está claro que el Rey no sabe lo que ocurre en España.

Lo va a saber en muy poco tiempo. Va a empezar a darse cuenta cuando llegue el mes de noviembre: «Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena; privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, honores y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representación legal para votar las nuevas normas del Estado, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás, ni para él, ni para sus sucesores. De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional, se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes Soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno Provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones».

Firmaba la sentencia, como presidente del Gobierno de la República de España, Manuel Azaña el día 26 de noviembre de 1921.

El Decreto se había aprobado en las Cortes con nocturnidad: a las tres cincuenta y cinco minutos de la madrugada del 20 de noviembre de 1931.

Esa era la respuesta de los que hay que apoyar, según palabras del Rey. Alta traición. Una declaración de rencor — ¿odio?— sin precedentes. Peor que la guillotina. Insoportable. El Rey de España se convierte en un peligroso delincuente.

Los gritos de la calle se transforman en hechos. Las tierras hay que repartirlas, la Iglesia, iglesias llenas hace un mes, ahora hay que clausurarlas, los militares fuera, fuera el Ejército. Mantequilla por cañones y el odio como proyectil.

El Gobierno provisional, en un medido e interesado proyecto, convoca elecciones constituyentes. Los partidos se preparan.

Los monárquicos, autorizados por el rey, al que para otras cosas han olvidado, inauguran el domingo 10 de mayo la sede de su partido en la calle Alcalá nº 67.

Se oye en la calle la Marcha Real que alguno de los reunidos hace sonar intencionadamente. También vivas al Rey desde el balcón. Las pedradas iníciales dirigidas a la sede monárquica acaban en disparos. El centro monárquico es asaltado por la muchedumbre a la vez que arden los vehículos aparcados en sus inmediaciones. Luego se dirigen a la sede del ABC que no llegó a ser asaltada porque el ministro de Gobernación, Miguel Maura, ordenó a la Guardia Civil proteger el edificio. Hubo disparos y algunos manifestantes cayeron heridos. Murió el portero de una casa cercana y un niño de trece años.

El ABC había sido sentenciado desde el anuncio de la entrevista de su director con Alfonso XIII y la consecuente apertura de la sede del Partido Monárquico. A la República se le escapaban las riendas del caballo desbocado.

La calle va a ser utilizada como la principal urna. La C.N.T y los comunistas quieren dirigir las masas, la U.G.T. y el Partido Socialista también. Todo menos sacar un tricornio a la calle contra el pueblo.

Desde una de las ventanas del ministerio de Gobernación habla Azaña: «Se hará justicia». Demagogia que gentilmente cede a un joven ateneísta que aclama: «Se castigará a los monárquicos y se suprimirá la Guardia Civil».

El día 11(mayo) sigue el ambiente de crispación. Se sabe que la quema de conventos está preparada para ese día. El capitán Arturo Menéndez, ayudante de Azaña, se lo había comunicado al ministro de la Gobernación. Estaba confeccionada y repartida la lista de conventos que había que quemar. La dirigían los mismos jóvenes del Ateneo que el día anterior desde Gobernación habían pedido la disolución de la Guardia Civil. (Así cayó AlfonsoXIII… Miguel Maura. Ediciones Ariel).

El Gobierno está reunido ese día en Presidencia. Son las nueve de la mañana y llega el aviso: ¡Está ardiendo la Residencia de los jesuitas de la calle de la Flor! «Son Fogatas de viruta», bromea Alcalá Zamora. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano», apostilla Azaña.

La calle festejaba la libertad y la justicia que dicen que trae la República. Con hogueras. La quema de conventos: el Sagrado Corazón en Chamartín, las Bernardas en Vallecas, Santa Teresa de los Carmelitas Descalzos…, todo lo previsto según la lista que se había redactado; más todo lo que se les ponía a tiro.

Pasadas las tres de la tarde el Consejo de Ministros decide declarar en Madrid el estado de guerra. Ni un tricornio a la calle contra el pueblo. Se pasa de no hacer nada a todo: que salgan los militares. Azaña toma el mando de sus soldaditos.

Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia…, arden como «fogatas de viruta».

En Valladolid también pretendieron incendiar el convento de los Padres jesuitas, los templos y colegios religiosos; desde Madrid llegan núcleos de personas para encabezar la acción revolucionaria.

«Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra. Y entiendo por discordia no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del “otro” como inaceptable, intolerable, insoportable. Creo que el primer germen surgió con el lamentable episodio de la quema de conventos el 11 de mayo de 1931, cuando la República no había cumplido aún un mes» (Julián Marías. La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir?); y añade unos párrafos más tarde: «Cuanto peor, mejor, que fue la consigna que se acuñó por entonces y que valdría la pena datar con precisión». Julián Marías habla de frivolidad y de la irresponsabilidad máxima del Partido Socialista en octubre de 1934, aprovechada por los catalanistas, que llevó a la destrucción de una democracia eficaz y del concepto mismo de la autonomía regional.

Y es que siempre hay alguien que aprovecha el fuego de la colilla que se tira al suelo encendida.

El Norte de Castilla anunciaba al día siguiente: No pasa nada en Valladolid.

La capitanía general de Valladolid había dado orden de proteger los edificios y cumplir a rajatabla las ordenanzas para evitar cualquier desorden. El jefe de Estado Mayor de la Capitanía era el general Dávila.

Azaña sabía del general a raíz del Informe Picasso y quiere contar con él. Un hombre sensato y eficaz, sin alharacas a la hora de afrontar difíciles situaciones como lo prueba su actuación en África antes del desastre de Annual, que él vaticinó como jefe de la Sección de Campaña del Estado Mayor del general Silvestre. En el deseo de Azaña puede que influyese el consejo  del comandante Leopoldo Menéndez López (primo del general Dávila), uno de los militares, junto a Hernández Sarabia, de su confianza que conocía muy de cerca al general Dávila. Azaña nombraría a Menéndez más tarde subsecretario de Guerra con Hernández Sarabia de ministro. No podía contar con muchos colaboradores dentro de aquel Ejército desconfiado, pleno de retirados y expectantes ante el desorden y la ausencia de autoridad.

El domingo 24 de mayo de 1931 el general Fidel Dávila Arrondo estaba en su despacho de la Capitanía General de Valladolid. Dos capitanes de su Estado Mayor piden permiso para entrar.

—Enhorabuena mi general.

Dávila levanta la cabeza extrañado. ¿Un domingo de enhorabuena?

—A mí, ¿por qué?

—Mi general acaban de llamar del ministerio de la Guerra que don Manuel Azaña le llamará mañana porque le designa Subsecretario.

Al poco tiempo desde Madrid, por encargo de Azaña, llama el comandante Leopoldo Menéndez López repitiéndole lo que acababa Dávila de conocer por sus capitanes del Estado Mayor. Al poco tiempo entró su hermano Víctor Dávila, comandante de Infantería, al que habían enviado para convencerle de que aceptase el cargo.

Ya en su casa le comenta a su esposa:

—Teresa, Azaña me designa Subsecretario del ministerio de la Guerra. Me lo acaban de comunicar.

— ¿Y qué vas a hacer?

—Acabo de formalizar la solicitud de retiro y mañana la cursaré.

—Pero, ¿lo has pensado bien?

—Sí, yo no puedo servir a…

La resolución de Azaña fue muy rápida y en la primera lista apareció retirado, por Decreto del día 28, con tres tenientes generales, ocho generales de División y 42 generales de Brigada (Diario Oficial  del domingo 31 mayo 1931).

El pensamiento militar está revuelto. Sensibilidades a flor de piel ante los desórdenes, la violencia, la deriva que toma la República.

En junio se celebran elecciones generales para elegir las Cortes Constituyentes.

Se inauguran solemnemente. Bandera tricolor e himno de Riego. Ya no hay Rey. ¡Viva la República!… ¿O la revolución?

En el discurso de apertura luce la pomposidad dialéctica de Niceto Alcalá Zamora: « ¡Ah! El sabio extranjero que quiera definir la política española por diccionario tendrá ya que innovar la llamada que decía: “Pronunciamiento: voz anticuada, despectiva, militar y española, sin traducción posible”, y tendrá que decir: Pronunciamiento: voz moderna, civil, popular, de comicio legal, republicana, típica de España, sin traducción posible».

Del proyecto constitucional se pasó a la discusión del articulado. El problema de siempre. La República Federal.

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema, pero ya era tarde: «Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión». Expuso las diferencias entre soberanía y autonomía: «Es la soberanía la facultad en su raíz, preestatal y prejurídica de las decisiones últimas o primeras, según el orden en que queráis contar: es, pues, el fundamento de todo poder, de toda ley, de todo derecho, de todo orden. Y la autonomía, en cambio, un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión» (Del libro Memorias de Diego Martínez Barrio).

En aquel momento constitucional se vislumbró que la discusión de los artículos referentes al problema religioso iba a ser el plato fuerte y espinoso de aquellas Cortes constituyentes. Lo resume Azaña: «España ha dejado de ser católica». Era el religioso, la Iglesia Católica, una obsesión de aquellos republicanos que, encabezados por el infantil sueño napoleónico de Azaña, cometían los mismos errores del Emperador francés en España: Entre ellos quizá el que más sensibilidades despertaba: el católico.

Se redactaba, más que con sentido común y pensando en la mayoría del sentir de la población española, con revancha y al dictado de los gritos de la calle que no eran todos los españoles, aunque sí los más ruidosos. Un elevado número de ciudadanos se refugió en su casa a la espera del desarrollo de los acontecimientos sin movilizarse en ningún sentido. El resultado no se hizo esperar.

Las discusiones fueron bruscas y pintorescas. Desde oír decir que todo el nudo religioso era: ¿Qué soy, de dónde vengo y adónde voy?, hasta la cita a la que recurre el presidente de las Cortes, con profética referencia, don Julián Besteiro: «Ya dijo el Kempis que la tarde alegre trae la triste mañana».

Al fin vía libre: El Estado español no tiene religión oficial (artículo 3 de la Constitución 1931).

Pero no era este el artículo de la controversia. Una Iglesia perseguida es la consecuencia que se extraía del artículo 26 y que provocó las dimisiones y enfrentamientos. De acuerdo con ese artículo todas las confesiones religiosas eran consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial. Se prohibían las ayudas económicas oficiales. Se disolvía la Compañía de Jesús por su voto de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado, siendo sus bienes nacionalizados. El resto de órdenes religiosas se someterían a una legislación especial y se disolverían las que fuesen un peligro para la seguridad del Estado, prohibición de la enseñanza y toda una serie de medidas que las dejaba sin poder ejercer su labor tradicional. Era el camino a su desaparición.

Aprobado el artículo 26 con él llegó la crisis. ¿Deseada por Azaña? Niceto Alcalá Zamora, presidente del Gobierno provisional, dimite y con él Miguel Maura, ministro de la Gobernación.

No era difícil adivinar quién sería su sucesor: Azaña.

La crisis no estaba cerrada, solo daba comienzo perseguida por tres icebergs: la forma de Estado, los regionalismos, hacia la independencia, catalán y vasco, y sobre todo y, entonces por encima de todos, la Iglesia Católica.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

13 abril 2023

Blog: generaldavila.com

AQUEL ABRIL REPUBLICANO (II). DE CARTAGENA A MARSELLA. Del libro La guerra civil en el Norte. General Rafael Dávila Álvarez

DE CARTAGENA A MARSELLA. EL DESTIERRO

Jesús Juan Garcés, Oficial de la marina de guerra, licenciado en Derecho y perteneciente al Cuerpo Jurídico de la Armada, nos dio la oportunidad de conocer en detalle cómo fueron aquellas últimas horas de la monarquía y el viaje de Don Alfonso al destierro. Lo hace a través del relato del Almirante José Rivera y Álvarez de Canero, ministro de Marina en aquellos momentos, y que acompañó al Rey en su viaje hasta Marsella. Lo publicó en La Gaceta Ilustrada n. º 444 de 10 abril 1965.

Tentado he estado en honor a la brevedad y espacio literario resumir este importante testimonio, pero no me he atrevido a cambiar ni una coma de lo escrito por el almirante, documento oficial depositado en el Museo Naval.

Es un relato exacto no solo del viaje, sino del ambiente oscuro de aquellos momentos en el que se traslucen las relaciones del Rey con el ministro de Marina y los que le acompañan, entre el deber y el sentimiento, que nos permiten deducir lo que ocurría por muchos corazones de tantos militares y españoles. Descripción breve, declaración militar del servicio prestado, en la que el almirante no puede evitar traslucir la frialdad del viaje al exilio.

«Manuscrito 1.306: “El domingo 12 de abril fueron las elecciones municipales y el lunes 13 conocí por el Ministro de la Gobernación, que me habló por teléfono, el desastroso resultado de las mismas. Hablé también con Aznar (Capitán General de la Armada, Presidente del Consejo de Ministros) y me dijo que a las cuatro tendríamos Consejo. Nos reunimos a esa hora y tomó la palabra Romanones, quien desde luego opinó que la única solución era que el Rey se marchase y desde luego que el Gobierno debía presentar la dimisión y aconsejar lo ya dicho. Pensé que esto era ya cosa conocida por el Rey, dadas sus relaciones íntimas con Romanones, ya que este era quien llevaba la política del gobierno y más aún porque ya traía una cuartilla escrita con su opinión.

Aunque la cosa era muy fuerte, todos comprendimos que no había otra solución, pues ni el Rey quería seguir ni el Ministro de la Guerra contaba con el Ejército, según expresó claramente repetidas veces. Cierva fue el único que opinó enérgica y decididamente en contra. Yo me limité a repetir lo que había dicho en la primera reunión de Gobierno: Que mi papel era sostener la disciplina de la Marina, pero veía claramente que sin contar con el Ejército y la Guardia Civil, y siendo la voluntad del Rey no batallar, era inútil todo esfuerzo. En vista de esta larga y penosa discusión, el Presidente fue a dar cuenta al Rey y presentar la dimisión del Gobierno, que continuaría en su puesto hasta la resolución definitiva.

El día 14 recibí aviso telefónico de que a las 12 estuviera en Palacio, y poco más tarde me llamó el Almirante Aznar y convinimos en alistar un Crucero. Supuse para lo que era y di las órdenes al Almirante de la Escuadra. A las 12 estaba en Palacio y allí me enteré de que el Rey estaba conferenciando con García Prieto y Romanones y quería oír a todos los ministros. El cariz de Palacio era alarmante, pero la poca gente que había en la Cámara aún conservaba esperanzas; salieron los arriba mencionados y entramos Berenguer, Maura y yo. Tomó la palabra el Rey y expresó su resolución de ausentarse de España en vista de las circunstancias, pues aunque no le faltaba valor para jugarse la vida y estaba seguro de contar con fuerzas suficientes para resistir, no quería que por su causa se derramara sangre. Maura le dijo que le parecía bien su resolución y que no pasaría un mes sin que hubiera una reacción. Berenguer callaba e insinuaba su desconfianza en el Ejército y yo dije que confiaba en la  actitud de la Marina y que no opinaba como Maura. Después entró La Cierva con otros dos ministros. No sé, pero me lo imagino, lo que el primero diría al Rey. Volví al ministerio y, después de comer, a mi despacho, donde recibí otro aviso de que a las cuatro y media había Consejo en Palacio. Ya se veía la revolución y en el edificio de correos ondeaba la bandera roja y por las ventanas los empleados asomaban banderitas. Fuimos a Palacio encontrando mucha animación en las calles de gente del pueblo.

Durante el Consejo se repitió lo de por la mañana. El Rey no vacilaba en su decisión de marcharse para evitar sangre, pero estaba tranquilo. Cierva insistió en su idea de probar a resistir y discutió con alguna viveza contra Berenguer, García Prieto y Romanones. Hubo el detalle de que entró el Ayudante de servicio y entregó a Romanones un escrito de Alcalá Zamora, al parecer conminatorio, pues era ya tarde y se acercaba lo noche. Al poco rato, y siendo inútil la discusión, nos levantamos y fuera del Consejo, ya junto a la ventana, el Rey hizo la exclamación:

—Esta casa en que nací y que quizá no volveré a ver…

La primera parte es seguro, la última algo parecida. Se habló de que Cartagena había ya preparado un Crucero y Hoyos se ofreció al Rey para acompañarle a dicho punto, pero todos dijeron que el  ministro de  la Gobernación no debía ausentarse, y Romanones dijo que fuera yo quien le acompañase, a lo que me presté, desde luego. Durante el Consejo se había convenido que el Gobierno continuaría hasta las diez de la mañana del día 15, en el que el Presidente haría entrega a Alcalá Zamora.

Quedo con el Rey en recogerlo a las 9 y yo le llevaría en mi coche de uniforme. El Rey se despidió y abrazó a los demás y los Ministros nos reunimos para nada, pues ya no había nada que hacer. Yo me marché pues eran las siete y media y tenía que preparar mi viaje. Ya me costó llegar al ministerio y tuve que hacerlo por las calles extraviadas y aún por estas había gente y gran animación, viéndose muchas banderitas republicanas. Llegué al ministerio y conversé con el Jefe de Estado Mayor, Almirante Cervera. A quien entregué mis papeles y le dije advirtiera al Capitán General de Cartagena  mi salida para aquella plaza con el Rey y que tuviera abierta la puerta  del arsenal y todo dispuesto para embarcarse inmediatamente en el Crucero que estaría listo. También mandé alistar otro Crucero que no hizo falta. Al poco de entrar en el ministerio recibí  otro aviso de Palacio para que fuera a las ocho y media en vez de a las nueve, lo cual era difícil por detalles de preparación inexcusables y entre ellos porque el coche no estaba convenientemente preparado y el chófer de confianza, Requeijo, que conocía muy bien el camino y coche, se había marchado a la calle. Por fin llegó el chófer y pude salir minutos después de las ocho y media, después de abarrotar de gasolina para no tener necesidad de parar hasta Albacete, Ya estaba Madrid intransitable por las calles del centro y me fui por Génova, que tardé bastante en pasar por las aglomeraciones de gente, coches y carros con mujeres con trajes fantásticos y promoviendo gran algazara. Salí del atasco y tomé por las Rondas, donde tampoco faltaba animación, y por fin llegué a Palacio, al que atraqué a la puerta del Príncipe que estaba imponente y dejé allí el coche con mi Ayudante, atravesando yo a pie aquella multitud que me dejó pasar a pesar de ir de uniforme. Llegué al ascensor y no había nadie. Subí la escalera y salí a la galería donde solo había un alabardero a la entrada del primer pasillo. Entré en la saleta y allí me esperaba el Ayudante Moreu, con orden de conducirme a las habitaciones particulares de la familia Real, que yo desconocía, y me dijo que el Rey me esperaba con impaciencia.

Acompañado de Moreu pasé a un salón donde de pie y rodeada de varias señoras estaba la Reina, a quién saludé, así como a los Infantes Don Jaime y Don Gonzalo. Entramos en un pasillo y a poco encontré al Rey con sombrero puesto y me dijo:

—Vamos, don José.

Me puse a su lado, y al salir de nuevo a otro salón grande, apareció rápidamente multitud de servidores que cariñosamente le rodearon y dijeron que volviese pronto, al propio tiempo que le daban vivas. Acompañaba también al Rey el Jefe de la Casa Militar y Ayudantes de servicio y otras personas de Palacio.

Bajamos en un ascensor y en él dije algunas palabras al Rey que estaba con la preocupación natural, a las que no me contestó. Bajamos por una escalera oscura y salimos afuera por la puerta secreta del Campo del Moro. Como no me habían dicho nada y mi auto quedaba en la del Príncipe, lo mandé a buscar por medio de Moreu, y a poco estuvo allí. El Rey me dijo que él iría delante con el Infante Don Alfonso y que fuese yo con el Duque de Miranda detrás. Venía también mi Ayudante Feros. La oscuridad era grande y allí no había más que autos y un montón de gentes que inoportunamente daban vivas al Rey. A eso de las 9 salimos. El rey delante, yo detrás y después no sé en qué coche irían, pues, como digo, la oscuridad era grande. Salimos de Madrid sin novedad y yo creo que sin ser advertidos, y ya, camino de Aranjuez, nos enteramos, al menos yo, de que nos escoltaba un coche de la Guardia Civil, con un Sargento y cuatro guardias. Pasamos por Aranjuez y otros pueblos, en todos los cuales había mucha gente en la calle principal (la carretera) y en todos chillaba la gente, pero sin hacer otras demostraciones. Algo debían saber, pues siendo día de trabajo y a horas desusadas, es raro que estuviesen en la calle y en tan gran número. La primera parada la hicimos en pleno campo y pasado Aranjuez. Bajamos todos y nos reunimos con el Rey, Miranda y yo, también el Infante, que nunca se separaba de él. El Rey me dijo

— ¿Quién me ha empaquetado a mí para Cartagena? ¿Tú?

Y yo le contesté que sí, que el Gobierno.

— ¿A dónde vamos después?

—Ya se lo diré a S.M. y al oído: Marsella.

Pude observar que venían en la expedición tres ayudantes del Rey, Uzquiano, Alonso y Gallarza, vestidos de paisano, y, quizás otras personas que en la oscuridad de la noche no pude distinguir. A los pocos momentos volvimos a los coches y continuamos el camino como antes a  gran velocidad, y continuó el mismo espectáculo al pasar por los pueblos. A eso de las 12 hicimos otra parada y vinieron a decirme que el Rey iba a cenar, y como la noche estaba fría, ni Miranda ni yo bajamos del coche (ninguno de los dos había cenado, ni cenamos aquella noche).

Volvimos a parar por tercera vez y el Rey me dijo que procurara no pasar por las calles de Albacete y que fuese yo delante, pues él no conocía bien el camino. Así lo hicimos, aunque del todo no era posible, pero como era ya la una de la madrugada, no había nadie en las calles que atravesábamos. Volvimos a parar a eso de las dos para dar gasolina al auto del Rey.

Al llegar a Murcia tampoco encontramos gente en las calles, pero dio la casualidad de que al llegar al paso a nivel de la línea férrea, lo cerraron por estar un tren maniobrando. Estuvimos parados unos siete u ocho minutos y se acercaron a prudente distancia cinco hombres, que quedaron parados y observando, pero al poco rato saludaron quitándose los sombreros y lo volvieron a hacer al abrir el paso y continuar nuestro viaje. ¿Quiénes serían? ¿Policías, periodistas? No sé. De Murcia a Cartagena sin novedad y a más de cien kilómetro entramos por la calle Real, y al enfocar la puerta del Arsenal, la encontramos abierta como yo había ordenado, pero con numeroso público que, contenido por la guardia (pues no se le dejó entrar como deseaba), prorrumpió en gritos y vivas a la República. Entramos hasta el muelle de la Machina, donde encontramos a la marinería correctamente formada y me parece que armada, y un grupo grande de Jefes y Oficiales que rodeó al Rey. Me puse a su lado y pregunté por los generales, quienes llegaron al momento, pues estaban a nuestra entrada esperando a la puerta del Arsenal. Tan pronto llegaron Cervera y Magaz y saludaron, invité al Rey a que embarcara en el bote dispuesto al efecto, y una vez embarcados nos fuimos al buque Príncipe Alfonso, que nos esperaba  a pique del ancla. Al abrir el bote del Arsenal, el Almirante Cervera, Jefe del mismo, dio siete vivas al Rey, y este contestó con un:

— ¡Viva España!

A bordo venía el Almirante Magaz y el Jefe de Estado Mayor, López Tomasete, el Gobernador Militar, general Zuvillaga y otros jefes y oficiales. Atracamos y subimos al Príncipe en cuya cubierta esperaba el Almirante Montagut, Jefe de la Escuadra y el de la División de Cruceros, Salas, así como el Comandante y oficiales del buque y otros de la Escuadra. Tanto en el bote como a bordo, el Rey saludó y habló afablemente con todos. Tan pronto estuvieron a bordo los maletines del equipaje, le dije al Rey que despidiese a todos para marcharnos, extrañado y agradeciéndome que yo continuara a bordo acompañándole. Una vez fuera los que no eran del buque, di orden al Comandante Fernández Piña de salir a la mar. Lo que verificamos, estando fuera de malecones a las cinco y media. Por deseo del Rey subimos al puente alto, donde permanecimos durante la salida, pues me dijo que «quería ver España por última vez». Me preguntó dónde íbamos y le dije que a Marsella, indicándome él que le parecía mejor Tolón, pues Marsella era puerto de mucho movimiento, pero yo le convencí de que era mejor Marsella y que llegaríamos al amanecer, entre dos luces. Una vez en la mar nos fuimos a acostar, pues ya era hora (y yo sin cenar). Al Comandante le di instrucciones para la recalada a Marsella, etcétera.

Día 15.- A las 10 me levanté y subí al puente, donde estuve un rato con el Comandante. A mi paso por cubierta, tanto al ir como al volver a la Cámara, pude observar la corrección de las clases y marinería por su actitud correcta y disciplinada. Al llegar a bordo la noche anterior observé, una persona que, con el Duque de Miranda y el Ayuda de Cámara, formaba su séquito. Al Infante lo alojé en el camarote del Jefe de Estado Mayor. El Duque en el del Ayudante y yo en el del Comandante, como más próximo al Rey que iba en el del Almirante. Dije al Comandante que mientras estuviese el Rey a bordo se le tratara como tal, y por tanto que él invitaría  a la mesa, como así lo hizo después de hablar yo con Miranda. Almorzamos a la una y fuimos invitados, así como a la comida de la tarde, el Comandante, un Jefe y un Oficial y los cuatro que veníamos con el Rey. Este se mostró siempre sereno, si bien en la conversación divagaba algo (no es extraño). Hablaba de su porvenir y de cosas de barcos, dirigiéndose especialmente a los invitados del buque. El Infante también habló de su porvenir. El Rey pidió al Comandante una bandera del buque como recuerdo, y al disculparse este diciendo «que estaban a cargo», intervine yo para que le diera una del bote, como así se hizo. Al llegar se supo por radio que había tenido lugar la proclamación de la República y poco después recibió el Comandante orden del Almirante de la Escuadra para que, después de desembarcar el Rey, se izase la bandera republicana, haciéndosele los honores de ordenanza. De todo me daba cuenta el Comandante, y de esto al Rey, quien me preguntó «cuando se izaría», y yo le dije que cuando se fuera y saliéramos de guas jurisdiccionales francesas.

Nada que yo sepa ocurrió durante el día de la cena. Ya de noche se recibió radio de Gibraltar en que el Infante Don Juan preguntaba qué hacía y el Rey quiso que se le contase «que fuere a París aprovechando el primer paquete» que saliera para Génova o Marsella, pero esta comunicación no se puso. También quiso se telegrafiase al Embajador de París, de lo que le disuadí. Hasta las once de la noche estuvimos en conversación en el sofá de la Cámara hablando, como es natural, de su situación, la que no veía clara, y a cuyas preguntas me era difícil contestar, pues se sentía optimista, y yo no lo era. Por fin me despedí de él, pues íbamos a recalar al amanecer y nos convenía descansar. Me pidió que al volver a España publicara en la prensa monárquica dos manifiestos, despidiéndose del Ejército y la Marina, que me entregó escritos a máquina y que acepté, aunque diciéndole me parecía no los querrían publicar, como así sucedió. Antes de acostarme, hablé largo rato con el Duque de Miranda y con el Comandante aparte, a quien di mi opinión sobre la despedida al Rey en la mañana siguiente y que aceptó. También el rey me preguntó «cómo se le despediría» y le aseguré que interiormente con todos los honores. Recalamos entre dos luces y algo neblinoso, y a las cinco y media de la mañana fondeamos a unos quinientos metros, entre dos farolas. Momentos antes de desembarcar hablé con el Rey, que dudaba en la forma de despedirse, pues me preguntó, «si debía hablar o no». Yo le aconsejé que no hablase, y se despidió uno a uno de los Oficiales y Jefes. Así lo hizo, dándoles la mano sin pronunciar palabra. La gente, cumpliendo mi orden al Comandante, se hallaba correctamente formada en sus puestos de babor y estribor de guardia; esta frente al portalón y los Oficiales en línea a continuación. Presentó armas la guardia y al salir por el pantalón rompió marcha la corneta, y no cesó hasta que el propio Rey desde el bote, mandó parar. Al despedirse de mí le dije de acompañarlo hasta dejarlo en el muelle, lo que le extrañó y agradeció. En el bote embarcamos únicamente el rey, Duque de Miranda, Infante, el criado, mi Ayudante y yo. El Rey, a popa, mandó:

—Abre

Y al decirle yo «mire Señor, que correctamente están», rompió a llorar y metiéndose debajo de la cámara, me dijo:

—Dispense, Don José, no lo he podido evitar.

Desembarcamos en el muelle más próximo saltando por un remolcador que estaba atracado a la escala. Eran las seis menos cinco. No había en el muelle más que cuatro o cinco hombres pertenecientes, al parecer, al remolcador. El Infante les preguntó si no había cerca coches, y el individuo silbó para avisar. Se extrañaron al verme por mi actitud con el Rey e ir de uniforme mi Ayudante y yo. El Rey me abrazó y dijo me marchase, dándome las gracias por todo. Le dije que esperaría a que desembarcaran los maletines que venían en otro bote, y cuando aquellos estuvieron sobre el muelle y la gente embarcada, me despedí, volviendo a abrazarnos al ayudante y a mí. En el momento de embarcar, ya llegaba un taxi verde oscuro con faja blanca, donde embarcamos el equipaje, y el Rey permaneció de pie en el muelle mientras salíamos de los botes. Ya un poco lejos del muelle le vi retirase.

En cuanto llegamos a bordo me recibieron haciéndome honores; le dije al Comandante colgase los botes y zarpase en seguida para Cartagena y que al salir de las aguas jurisdiccionales francesas se izase la bandera tricolor, haciéndose los honores correspondientes. La salida fue inmediata, pues estábamos con el ancla a pique y, a las ocho y cuarto, vi el primer cañonazo; seguramente estábamos fuera de las aguas jurisdiccionales francesas.

Refrescó el norte, haciéndose frescachón y arbolando bastante mar, llamándose luego al norte, tan pronto salimos de la influencia del golfo  a eso de las tres de la tarde.

Se recibió orden de retirar retratos de la familia Real y símbolos de la Monarquía. A las siete treinta de la mañana fondeábamos en Cartagena, tomando el expreso para Madrid. Después de lo escrito anteriormente me enteré de que se fantaseaba sobre supuestas incorrecciones cometidas a bordo durante el viaje a Marsella. Todo eso es falso, pues ni yo me di cuenta, ni ninguno de a los que después pregunté. Todos a bordo estuvieron correctísimos y el Rey fue tratado como tal hasta el último momento. El incidente de la petición de una bandera ya lo he relatado y respecto a que vio cortar el estandarte para hacer la nueva bandera, me extraña, pues yo no lo vi. Esa faena, caso de que tuviera lugar, se hace a popa. Ha sido que el Ayudante de Cámara de Su Majestad lo vio y contó; lo ignoro.

El diecinueve de febrero juré el cargo de ministro por segunda vez. El doce de abril fueron las elecciones Municipales y en vista del resultado, el catorce a las nueve menos cuarto salimos de Palacio con el Rey, llegando a Cartagena a las cuatro y media, embarcando en el Príncipe Alfonso, fondeado en Marsella el dieciséis a las cinco y media de la mañana, desembarcando a las seis y cinco, dejando al rey en el muelle y saliendo para Cartagena, donde fondeamos el diecisiete a las ocho de la mañana. Al salir de las aguas jurisdiccionales de Marsella se izó la bandera republicana por orden del nuevo Gobierno. El veinte me presenté al ministro, a quien di cuenta de mi comisión y en seguida me retiré del despacho casi sin oírle. Y aquí termina mi vida oficial».

En ABC de 7 noviembre de 1973 se cita otro importante documento que viene a completar el ya expuesto. Se trata de la carta que el Comandante del Príncipe Alfonso remite a sus hermanos el día 18 de abril de 1931 contándoles las peripecias de aquel viaje. No modifica las declaraciones del Almirante, pero hay detalles que siguen siendo esclarecedores para adivinar el ambiente que se respiraba en aquellos históricos momentos. El capitán de Navío Manuel Fernández Piña, comandante del buque, pensaba que iban a Inglaterra y ya en la mar supo que debía poner rumbo a Marsella. No se permitió al Rey comunicarse con el exterior «como el pobre deseaba para saber de su familia; a esto no me atreví por temor a que se pescasen sus radios y me costase un disgusto con el Gobierno».  Un mal trago, dice el Comandante del buque. No nos extraña; con el Rey se iba la monarquía embarcada sin razón ni más explicación que los inciertos datos de unas elecciones municipales y el Rey no era ningún alcalde elegible. Una grosera y triste despedida, inmerecida a todas luces.

Ni la bandera española que enarbolaba el buque “Príncipe Alfonso” se le entregó con la excusa de estar a cargo.

El buque Príncipe Alfonso, regresó a España siendo ya  republicano. Adoptaría el nombre de Libertad y terminaría sus años de mar con el nombre de Galicia.

Cuando el buque se hacía a la mar con el rey a bordo se cruzó con un submarino de la clase B5 que regresaba a puerto. Se vio como arriaba la bandera tricolor e izaba la de España rindiendo los honores de ordenanza al cruzarse. El comandante del submarino se llamaba Luis Carrero Blanco.

Así se acabó la Corona. «Nos regalaron el poder», dice Miguel Maura, ministro de Gobernación».

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

GRAVE RIESGO POLÍTICO: LA OCUPACIÓN DE CEUTA Y MELILLA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Por razones evidentes tenía estos días de abril dedicados a recordar con «memoria histórica» las vilezas, por decirlo con suavidad, ocurridas en España durante abril y mayo de 1931 con la imposición de la II República española. Lo haré, pero hoy es necesario abrir paréntesis ya que nuestro vecino Marruecos vuelve a ser noticia alrededor de nuestras ciudades de Ceuta y Melilla. Alguna trampa esconde ya que siempre que Marruecos ataca por ese flanco se debe a razones que acaban descubriéndose. Estén atentos.

El presidente del Senado de Marruecos, Enaam Mayara, ha dicho que Ceuta y Melilla están ocupadas por España y que serán recuperadas en un futuro por la vía de la negociación, sin recurrir a las armas.

Es lo más grave que sobre Ceuta, Melilla y Peñones hemos oído en mucho tiempo. La gravedad de sus palabras hace pensar en una situación de máximo riesgo para España. Riesgo político. No se puede ser más claro.

Intentaremos explicarlo, aunque será repetir el cuento del pastor y el lobo.

Marruecos no va a atacar militarmente a España. Por ahora. Ceuta, Melilla y las plazas menores pueden estar tranquilas, no seguras, lo que requiere vigilancia extrema, que no es ninguna contradicción sino una medida de prudencia a la que siempre se le ha llamado disuasión, término que en el ámbito militar, en este caso, no tiene valor alguno porque nosotros con nuestro despliegue no disuadimos de nada y ser miembro de la OTAN, en este caso, no sirve tampoco de nada. En el ámbito político no hay disuasión que valga ya que están siendo atacadas a diario; incluso desde el gobierno de Zapatero diría que entregadas. Disuasión en el ámbito político con Marruecos es equivalente a decir que nos convenzamos de que no hay defensa constitucional, militar, que valga ante una buena negociación política: es decir entreguemos lo que nos piden y pelillos a la mar.

«Recuperaremos las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla». ¿Ustedes creen que eso lo ha dicho Enaam Mayara porque ayer se levantó pensando en las orillas mediterráneas? No. Todo obedece a una política estudiada y consensuada que él sabe dará sus frutos en un plazo cada vez más corto.

La ministra de Defensa del Reino de España, Margarita Robles, valiente y firme en su concepto de España, ha salido muy decidida y rotunda a decir «Con absoluta y total contundencia, Ceuta y Melilla son españolas; no hay más que discutir» algo que hay que agradecer, pero cada día observo que nuestra ministra de Defensa está muy alejada  de la política del Gobierno al que pertenece y lucha en la más absoluta soledad ante un Gobierno que va en dirección contraria a los intereses de España y de lo que sus Fuerzas Armadas defienden.

Porque es evidente que a medida que pasa el tiempo vamos perdiendo soberanía, integridad territorial y ¿Constitución?, ¿Unidad? Para los interrogantes tenemos el Tribunal Constitucional y el propio Gobierno: ¿Sarcasmo?

«Con total contundencia son españolas». Habría que decírselo a Zapatero, Sánchez… Como Gibraltar.

Claro que no he explicado las razones que me llevan a decir que estas declaraciones son de alto riesgo, de una gravedad sin precedentes y que muchos dirán que esa autoridad marroquí que ha lanzado tal amenaza lo hace con respeto al decir: «Ceuta y Melilla están ocupadas por España y serán recuperadas en un futuro por la vía de la negociación, sin recurrir a las armas».

Ahí está el peligro. Se romperá la integridad territorial de España, su unidad, su marco constitucional sin ni siquiera poder ejercer el deber y derecho de defenderla. ¿Lo han entendido?

¿Para qué queremos a nuestras Fuerzas Armadas? ¿Para qué nuestros despliegues? ¿Disuasión militar? ¿Y la política?

La política es capaz de eso y de mucho más.

¿Será por eso que un trozo de España está ocupado y convertido en un polvorín por dos grandes aliados nuestros y miembros de la OTAN (Estados Unidos y Reino Unido) y que no comparten con España «los secretos del Estrecho»: Gibraltar? ¿Quién manda en la entrada y salida del Mediterráneo?: Marruecos, EEUU y el Reino Unido. Tres aliados por ahora inseparables. España no cuenta, por muchos despliegues de artillería, sistemas de detección, vigilancia aérea, control del paso, y el Plan Integral de Seguridad Marítima para el estrecho de Gibraltar (MARES).

España en los 40 años como miembro de la OTAN jamás ha planteado la cuestión de la defensa de Ceuta y Melilla en el seno de la Alianza. Es indudable que el tema no tendría mayor discusión si estuviésemos en una situación de absoluta normalidad y nadie pusiese en duda la españolidad de las ciudades del norte de África. Pero no es así y las presiones (amenazas) de Marruecos son cada vez más patentes y parace que se le suman aliados.

Por tanto es perfectamente entendible que sean muchos los que opinen que el tema debiera ser discutido en el marco de la Alianza. Aunque solo fuera por apoyar la política exterior (cuando la había) y defensiva (cuando la había) de España y de camino la frontera sur de la Alianza.

Europa y la flamante OTAN pasan del problema y del sur no quieren saber nada. Los americanos y británicos se encargan.

Nosotros a Letonia cuando las Termópilas están en el sur.  Alguien ha traicionado a España y en su traición señala el camino para caer sobre nuestra retaguardia.

Pues esa es la gravedad, que acabaremos con nuestra integridad territorial, entregaremos y repartiremos a trozos nuestra Patria sin tener al menos la posibilidad de defenderla y cumplir con nuestro juramento como soldados de España.

¡Vaya negocio!

Blog: generaldavila.com  .  General de División (R.)

Blog: generaldavila.com  

11 abril 2023

 

 

 

 

AQUEL ABRIL REPUBLICANO (I). Del libro LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE General Rafafel Dávila Alvarez

¿DÓNDE VAS ALFONSO XIII?

El 14 de abril de 1931 el Rey se marcha, abandona el ejercicio de sus funciones para evitar un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre.

No había razón alguna; nadie había depositado en las urnas la forma política del Estado. Solo eran unas elecciones municipales que el Rey ni perdía ni ganaba; él no entraba en juego. Nunca se sometió a referéndum la forma política del Estado. De unas elecciones municipales surgió la República.

Alfonso XIII se quedó solo.

¿Dónde están mis leales? No están aquellos Cadetes de Infantería a los que con tanta frecuencia visitaba en Toledo, en el campamento de la academia militar, los Alijares. Fresco el recuerdo de aquella tienda de campaña en la que durmió el Rey un día ya lejano mientras resonaban en sus oídos las palabras que su Director dirigía a los Caballeros Cadetes: «Conservad en vuestros corazones estos sentimientos de admiración, cariño y adhesión a nuestro Rey, que ellos serán la guía de nuestro proceder en todos momentos [sic], hasta en los más peligrosos de nuestra gloriosa carrera. Dedicad todas vuestras energías, vuestra vida entera, a su gloria, que es la de la Patria» […]. «Recordad en todo momento que las páginas más gloriosas de nuestra historia las ha escrito la Infantería con la punta de sus bayonetas».

Otros Cadetes, los de la Academia General Militar estaban más lejos: en Academia General Militar de Zaragoza. Su Director, el general de Brigada Francisco Franco Bahamonde, había propuesto que la General, como se la conocía, se ubicase en El Escorial. Entonces las cosas podían haber sido distintas: «Si hubiésemos estado en El Escorial acaso habrían podido cambiar algunas cosas. A mí me hubiese sido fácil presentarme el 12 o el 14 de abril de 1931 en Madrid, al frente de los cadetes, e influir, quizá, sobre las circunstancias que determinaron la expatriación de Alfonso XIII» (Franco. Manuel Aznar).

Ya antes, muy pocos meses antes, el 12 de diciembre de 1930 el general Franco había plantado cara al golpe de Estado republicano, un servicio de guerra, al tomar posiciones con sus cadetes en Zaragoza sobre la carretera de Francia para detener a la columna del capitán Fermín Galán, laureado de la Legión, sublevado en Jaca por la República.

El desorden e improvisación de la columna de Galán hizo que no pasase de Huesca. Detenida y anulada. Los capitanes Galán y García Hernández fusilados.

Era el pronunciamiento militar vanguardia del Comité Revolucionario que pretendía que los militares fuesen por delante, asegurarse la fuerza. Casares Quiroga, que iba camino de la revolución del capitán —dicen que a detenerla—, se quedó dormido en el hotel de Jaca. Al despertarse ya se había sublevado Galán que avanzaba hacia Huesca. ¡En nombre del Gobierno Provisional Revolucionario!

A partir de ese momento nadie estaba tranquilo. Se había inaugurado una etapa de permanente violencia y desconfianza política y social. Después del fracaso militar y revolucionario, inventaron la escusa de las urnas. Unas elecciones de falsa interpretación y amañados resultados.

Al fin, como consecuencia de sucios pactos y manejos, sin razones legales en que sustentarse, llega a España la República, porque el Rey se va. Dicen que para evitar un derramamiento de sangre; nadie dijo lo de supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre que, al final, ya sin rey, se produjo. No era el rey el problema.

El 14 de abril Alfonso XIII tiene que abandonar España.

Son las hijas de un general y marqués, Gonzalo Queipo de Llano, las primeras en subirse a una camioneta y recorrer las calles de Madrid al grito de viva la República: «en alguno de esos camiones, roncas de gritar y sinceramente convencidas de la gloria de la jornada, iban mis hijas» (Queipo de Llano en Mis almuerzos con gente importante. José María Pemán, Dopesa 1970).

Mientras se le acaba el tiempo, el rey tiene aún lucidez para una breve meditación. Aquella dictadura. ¿Para qué? No era eso, no era eso. Esto no acabará aquí. Si se queda: ¿habrá guerra? ¿Si se va?

¿Dónde vas Alfonso XIII? Ya no hay vuelta atrás. Que se las arreglen ellos.

La Guardia Civil se inhibe por orden del general Sanjurjo, José Sanjurjo Sacanell, dos veces laureado, su Director. El repentino republicano, marqués del Rif, recuerda sus cuentas pendientes con el que ya es solo don Alfonso: el Toisón de Oro que no le han dado, que si su mujer no es del gusto real, ¿por qué no le ha nombrado gentilhombre, con acceso directo al despacho real?

Esos días abrileños de repúblicas, el general Sanjurjo se convierte en protagonista. Le gusta ser importante. Lo es. África y alguna cosa más le han dado fama y honores que a veces no se corresponden con su inteligencia. El ministro de Estado Alejandro Lerroux le pide que asegure el orden. El general exige para él plenos poderes sobre el Ejército, las Fuerzas de Seguridad y la policía. Lo quiere todo y lo obtiene. (Madrid Julio 1936, pág. 191, en cita al libro de TG. Emilio Esteban-Infantes: General Sanjurjo (Un laureado en el penal del Dueso. Maximiano García Venero).

Sobre el marqués del Rif va a recaer el peso de la bienvenida a la República. La República necesitaba para colarse en España el aval de un general, a pesar de Azaña y muy a su pesar: «…accedió sin resistencia a prestar a la República, que reconoció, el primero e inestimable concurso de la Guardia Civil de la que era director general. Siguió al frente de ese Instituto, pero muy pronto inicióse una antipatía que le hizo incompatible con Azaña, el cual no se cansaba de manifestar la molestia sentida ante la pretensión de que la República tuviese un patrono o protector y con entorchados» (Mis Memorias. Niceto Alcalá Zamora. Colección Espejo de España).

Antes de que el rey se vaya definitivamente, un último intento lleva a Romanones a proponer su abdicación y establecer una regencia de la que fuese titular el Infante D. Carlos de Borbón Dos-Sicilias que había sido Capitán General de Sevilla, y en esos momentos Inspector del Ejército. Persona muy considerada, de enorme prestigio entre civiles y militares. Una quimera. Ya era tarde para el apellido Borbón en España. No había vuelta atrás.

Desde el 12 de abril de 1931 la calle no deja de gritar. Por ahora solo eso: gritos.

Berenguer ministro de la Guerra rubrica el final de la escena. Escribe a los capitanes generales la noche del mismo día 12 y les da la orden definitiva: «…que los destinos de la Patria siguieran el curso que les impone la voluntad nacional». Está claro: no hay que contar con el Ejército, que nadie mueva un pelotón. Lo que diga Sanjurjo. Nada que hacer. Dejar correr la calle.

El Rey no tiene donde apoyarse. Dice que no quiere derramamiento de sangre.

¿Y si resiste? «Dios sabe lo que hubiese ocurrido si Su Majestad resiste; tal vez se hubiese salvado el trono» (Franco. MC. FFSA. Pág. 491).

Es el final de la Monarquía: «Quiero apartarme de cuanto sea lanzar unos compatriotas contra otros en fratricida guerra civil… Suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España».

Se acabó el Reino de España, que ahora es la República española. Rumbo a Cartagena.

La guerra que vino no fue como consecuencia de la marcha del Rey sino por los que en un ruin pacto (Pacto de San Sebastián) traicionaron el curso de la historia y amañaron a su gusto unas elecciones para montar su República que no supieron encauzar ni dirigir. Ni la monarquía, ni la República eran culpables. Solo la incompetencia de unos dirigentes demasiado complacientes; con su escasa sabiduría gobernante se llevaron por delante la monarquía y detrás de ella la república. Habrá que admitir la consabida frase: «La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos».

General (R.) Rafafel Dávila Álvarez. Autor del libro La guerra civil en el norte. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto.

Desde su atalaya calabresa Félix Torres les trae LAS COSAS DE DON EUFEMIO

MILICIA Y JUEVES SANTO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

La tradición militar española es de fe, de espiritualidad profunda. Razones que llevan a acogerse a una segura protección y amparo. Este es un oficio de entrega sin límite. Se da todo. No hay Ejército ni Unidad que no esté bajo el amparo de Dios a través de Cristo Jesús, Su Madre la Virgen en sus distintas advocaciones o sus Santos tradicionales.

La noche del jueves Santo camino de la madrugada del viernes es noche de vigilia para muchas unidades que dan muestra de su fe procesionando a su Santo Protector o a Su Santísima Madre.

Pongamos por su popularidad a Málaga: la Legión. Porque en ella están todos: legión.

Ayer, hoy es día de legión. Sí: muerte. No es tan horrible como parece. Es el combate de la vida, en el que todos estamos representados. Asaltos, ofensivas, defensivas, trincheras y alambradas.

Marca la Legión.

¿Por qué?

Compañerismo. Amistad. Unión y socorro.

Ayer, hoy (mañana) es el Cristo legionario, alistado, el primero en la lista de filiados, en servir y abrir las puertas del Cielo legionario. Si no no habría Legión; ni legionarios.

Ayer, hoy (mañana), Málaga desfilaba a golpe de combates, con la vida a cuestas, a hombros legionarios, de firmeza, entrega y solidaridad.

Desfilaba a la cabeza el Jefe del Ejército (JEME) General de Ejército, Amador Enseñat, conocedor de la sensibilidad de sus tropas, allí representaba a todos los soldados de España, todos acompañaban al Cristo legionario. España, Málaga, el Ejército, eran música de servicio, sin duda ni interrogantes «por ir a tu lado a verte…», por España, por los españoles. «y tu amor fue mi bandera…».

Morir no es tan horrible como parece. El atractivo de la Legión, de ser legionario, es espiritual, inexplicable por tanto. Es un imán para el alma: por ser tan sencillo en su complejidad.

No busquen fórmulas ni razones, no indaguen en los corazones: nadie va a contestar.

Solo desde dentro podrán entender.

Por eso es atractivo su canto a la muerte que es a la vida. Es irremplazable y una vez dentro se sabe lo que significa el tránsito y por ello el vínculo con el Cristo de la Buena Muerte.

Un legionario, un soldado, es un luchador frente a la vida, ser valiente sin exageraciones, ser sacrificado sin exaltaciones, cumplir sin alardear, servir sin preguntar, morir para vivir.

«Legionarios a lucha, legionarios a morir». Es lema universal.

Todo es lucha y muerte.

Por eso Cielo y tierra se unen y entienden en ese lenguaje que es el de la Legión: universal.

Tan sencillo por ser sublime: ser soldado de España.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 abril 2023

 

PROCESO DE BEATIFICACIÓN DEL PADRE HUIDOBRO, CAPELLÁN DE LA LEGIÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Padre Huidobro Capellán de la Legión

En abril del 2018 escribí en el blog una carta al Papa Francisco pidiéndole su intercesión para que el proceso de beatificación del Páter Huidobro se pusiese de nuevo en marcha ya que su causa lleva tiempo <<dormida>> sin saberse muy bien las razones. Inmediatamente la “Agrupación de Legionarios de Honor de Almería” junto a la  «Hermandad de Artilleros de Honor de La Legión«, se sumaron al reto de esta petición enviando sus comunicaciones para la apertura de la Causa de beatificación del Páter Huidobro a Roma, al Postulador de la Causa y al Arzobispo Castrense de España.

Después de algún tiempo la respuesta ha llegado. Ha sido del postulador de la Causa, Padre Cebollada, que es quien mejor conoce en estos momentos el proceso. Su contestación es de enorme importancia porque nos explica cuales son las razones por las que el proceso de beatificación está “dormido” y lo que aún es de mayor relieve: qué es lo que hay que hacer para que se reabra.

Tumba del Padre Huidobro en los Jesuitas de Serrano, Parroquia de San Francisco de Borja

Lejos de especulaciones el Padre Cebollada nos pone en el camino para que la Legión y sus fieles, legionarios o no, devotos todos, pongamos en marcha de nuevo este proceso. La Legión hizo ya Santo a su curita legionario, popularmente, pero ahora hay que luchar para que su Santidad sea oficialmente reconocida por El Vaticano. <<La devoción es una condición sine qua non. Devoción venida desde diversos sectores del pueblo de Dios que tengan o hubieran tenido relación con el P. Huidobro>>, nos dice el postulador, Padre Cebollada. Ese es el camino y está en nuestras manos, en nuestra devoción.

Se inició su causa de beatificación en 1947 siendo Papa Pío XII quedando paralizado el proceso con Juan XXIII sin que hasta ahora hubiese explicación sobre ello. Hoy ha quedado aclarado: es necesaria la devoción. Tenemos que rezar y visitar su tumba en la Iglesia de los Jesuitas de San Francisco de Borja en Serrano. Tenemos que aumentar y pregonar nuestra devoción al Capellán de la IV Bandera de la Legión que murió al servicio de todos. Es condición sine qua nom.

Creemos que el pontificado del Papa Francisco, jesuita como el Páter Huidobro, sería un buen momento para reabrir o impulsar el camino de la beatificación del Capellán de la Legión: <<Legionario y Santo>>, como quedó proclamado entre los legionarios.

El próximo Centenario de la Legión se llenaría de gozo si se recibiese la noticia de la apertura del proceso. Para ello los principales protagonistas somos nosotros con la dirección y guía del Arzobispo Castrense del que esperamos encabece esta petición y el impulso de los Mandos actuales de la Legión.

El camino está indicado, claro y diáfano. No hay excusas. Empecemos ya.

Monumento al Padre Huidobro en la «Cuesta de las perdices». Madrid

Gracias a la <<Agrupación de Legionarios de Honor de Almería>> y a la <<Hermandad de Artilleros de Honor de La Legión>> por haber puesto la primera piedra para este monumento que queremos construir en el Cielo: la Santidad de nuestro Capellán, legionario y Santo, Padre Huidobro.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

10 JUNIO 2019

CARTA DEL POSTULADOR GENERAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

 

LA FE DE UN SOLDADO. RITOS DE LA SEMANA SANTA. General Dávila (R.)

jpeg-74

No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido;

Ni me mueve el infierno tan temido,

Para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

Muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,

Que aunque no hubiese cielo, yo te amara,

Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

Porque, aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero, te quisiera.

Sólo un soneto podía expresar la intensidad del amor verdadero: “Porque, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera”.

Lo que de por sí es bello no necesita recurrir a los artificios de la estética; con palabras directas y enérgicas, sin ornamentos, este soneto popular y anónimo nos traduce el amor puro y desinteresado por encima de cualquier otra consideración.jpeg-9

Anónimo es como decir que nos pertenece a todos y en el anonimato de estos versos se esconde la espiritualidad de todo un pueblo que inspiró a no se sabe quien para que dejase escrita la fuerza de un pensamiento y la espiritualidad de sus sentimientos.

Sobrecoge la expresión verbal pero más sobrecoge la voz de un pueblo que históricamente se ha empeñado en vivir su fe en la calle, que es donde en España, hasta ahora, se vive y se muere.

Por eso este soneto sólo se comprende de rodillas ante los pies del Cristo de la Buena Muerte o junto a las Angustias de la Madre Dolorosa. Es una oración del pueblo, la traducción de su mística, la que resulta humana a fuerza de su severidad y dureza. Es un soneto legionario que cumple con el espíritu que exige no abandonar jamás a nadie en el campo hasta perecer todos.

Sólo la dimensión espiritual puede dar sentido a la entrega de la vida y el sacrificio. La espiritualidad y trascendencia en el pueblo español y militar tiene profundas raíces cristianas; históricamente el militar español ha sido un hombre de fe, de fe cristiana. Por mucho que algunos se escandalicen, y echen a repicar las campanas, las virtudes de nuestros soldados proceden en su mayoría de su formación cristiana en la fe. La defensa de la fe, la convicción de servir a una causa justa y la lealtad al rey, junto al honor, fueron siempre los móviles de su conducta que se ganó la merecida  reputación de ser la mejor Infantería del mundo.

Pocos se atreven a levantar la voz en defensa de mantener nuestra fe y nuestras tradiciones, aunque tozudamente se enfrenten cada año con el pueblo en la calle que peregrina con paciencia procesionando su fe.

Cada primavera el pueblo se refugia en sus creencias al margen de los mensajes contradictorios y de los vaivenes del momento político.

Así ocurrió en Málaga cuando el pueblo lo dijo cantando: “Dicen que a la Legión se ha alistado un Cristo crucificado…”. Una saeta  convertida en jaculatoria fervorosa, el sentimiento popular hecho poesía y el comienzo del vínculo del Cristo legionario, de la Congregación de Mena y la Legión.17_f19

Fue una Semana Santa de los primeros años veinte cuando varios legionarios, en plena guerra de África, y unos cofrades de Mena, mientras compartían el pan y la sal, hicieron amistad y hermandad… “Morir en el combate es el mayor honor”; y para siempre se unieron con el abrazo redentor del Cristo de la Buena Muerte; desde el año 1925 hasta nuestros días han caminado, como suele decirse, con la Cruz a cuestas.

Tuvo que ser una primavera, la de saeta legionaria,  cuando los nuevos miembros de la Hermandad, los Caballeros Legionarios, llegaban a Málaga al mando de su Coronel. En 1930 se produce el primer desembarco, la primera escolta al Cristo, el primer contacto de Málaga y los legionarios. Todo hubiese sido efímero sin la aprobación de la calle, sin que los malagueños sintiesen y admitiesen aquél encuentro entre un Cristo Cofrade que hablaba de la Buena Muerte y unos hombres que cantaban… “soy un novio de la muerte…”.primera-guardia-legionaria-1931

Se produjo el milagro, surgió “El Vínculo”, una relación que se afanan en analizar los teólogos y sociólogos enfrentados a lo inexplicable, al misterio encerrado en esa trilogía, Cristo de Mena, pueblo y legionarios ¿Será la muerte la que ronde alrededor del misterioso vínculo? Siempre la muerte como tragedia, y de repente, ¿la buena muerte? “El morir en el combate es el mayor honorPor ir a tu lado a verte”.

Íntima conexión entre sensibilidad e inteligencia: la sensibilidad tiene sus antenas como medio de captación del conocimiento, y el conocimiento está en ese pueblo que procesiona detrás de su Cristo legionario. Es la sabiduría de la experiencia, sentimientos como herencia, el inconsciente genético que encierra toda la sabiduría. Es la intuición incluso por encima de la razón, más sabia por intuitiva. Es la realidad transmitida que supera a la rígida letra porque es plástica, informe, una sugerencia más que una definición. Concepto intuitivo, una visión de los hechos que los coloca por encima de la rémora del razonamiento vulgar, y le da la autoridad que proporciona el conocimiento de la verdad esencial de las cosas.quema-de-santo-domingo-1931

La Legión nació en momentos muy duros, cuando cada día era una aventura en la que te iba la vida. Esa, tu vida, dependía del combate, de la paz del alma y, en ocasiones, aunque ahora no se entienda, era una vida triste que buscaba redimirse con una muerte digna que borrase la anterior. Allí en la Málaga querida, a su hospital de sangre, llegan muchos legionarios heridos de las campañas africanas. Alguien les habla de un Cristo que le llaman de la “Buena Muerte”: No me mueve mi Dios, para quererte, El cielo que me tienes prometido… ¡Pero si yo no creo en nada, si me da igual la muerte! Son hombres que han aceptado a la Legión como religión y que sus oraciones son el valor, el compañerismo y la amistad; la unión y el socorro, la marcha y el sufrimiento, dar la vida por el compañero. No se hacen preguntas sobre el más allá aunque intuyen que alguien los acogerá y les conducirá a ese cielo legionario.

2008-06-24_IMG_2008-06-17_20-56-03_cabo2 “Si un día Dios me llama…”, reza el legionario por dentro, y reza cuando canta, por si le llega la muerte; que entre la vida y la muerte, cuando a ambas uno las ve a diario, sabe que sólo las diferencia un suspiro, una bala que te llega de repente.

Es en Málaga donde les hablan de un Cristo que es legionario y que por eso es de los pobres. Que no le importa que hayas sido delincuente ni ajusticiado entre malhechores. Que también fue despreciado, abandonado y olvidado y que sabe no abandonar jamás a un hombre hasta perecer todos, darlo todo hasta caer reventado, nunca quejarse y confiar en la victoria, cumplir con el deber y no permitir vivir siendo un cobarde. ¿Que mejor advocación para dar las gracias por la vida, por las heridas curadas, que aquella imagen de Mena tan herida, tan dolida, pero tan viva?Fotoperiodistas_guerra_espanoles_3

Es el Cristo malagueño que busca entre los legionarios a su gente, son los malagueños que encuentran en La Legión su referente, son los Congregantes de Mena los que hablan de la buena muerte, y todos quieren creer, porque este Cristo que es malagueño, no miente. Compartir el dolor, compartir la muerte, hermanados, llevando sobre los hombros al compañero de todos, el de la Buena Muerte. Que no puede ser esa muerte un mero accidente, un azar en un combate sin esperanza ni explicación trascendente.

Era una primavera malagueña llena de luz. Cantan los novios de la muerte y la música se los lleva al cielo. ¡Al Cielo con Él!, canta el pueblo hecho legionario en la fe y el sufrimiento; todos cantan por dentro mientras se enredan en esa  primavera  buscando escaleras para subir a la Cruz. jpegHasta los mismísimos clavos de Cristo han subido con los mismos sentimientos que transportan en su herencia genética, sin manipular; son la infantería, de uniforme o de paisano, que da lo mismo,  que pasea su fe en Semana Santa; la infantería que se autolegisla con leyes de supervivencia para que una bala no te deje en el camino; la que deja su vida en un polvoriento camino, ¡Con qué facilidad Dios mío!, y sólo busca en la fe su esperanza.jpeg-23

Era como si la noche no hubiese caído, como si el día no tuviese de largo lo suficiente. En Málaga nadie se recogía esperando ver al Cristo legionario, al Señor de la Buena Muerte.Todos en silencio, cada uno el de su suerte, con la mirada en la madera de una figura que se retuerce y en la Cruz cobra vida, se transforma de repente en la carne de los que allí esperaban que el prodigio sucediese… Cantan los novios de la muerte, “Por ir a tu lado a verte…” que es el pueblo el que lo entiende y lo siente, y quiere saber que lo que intuye no le miente, que entre tanta soledad y abandono alguien te abraza, te escucha, te llama Caballero, te reconoce y te quiere. Cuando creías que no eras nadie alguien te dice que lo eres todo si la vida das por alguien.

Crédulos e incrédulos asisten cada año a este misterio de fe que vincula a la Congregación de Mena, al pueblo malagueño y a la Legión, alrededor de la advocación de El Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. jpeg-70No vamos solos que nos acompaña la Armada española escoltando a Nuestra Señora de la Soledad, compartiendo Congregación y creencias. Llevan a Nuestra Reina…

 

Estrella y Reina de los mares…

¡Salve! Estrella de los mares

…………………………….

De tu pueblo, a los pesares

Tu clemencia dé consuelo

………………………….

Cantan los legionarios, también la Armada española; todos están rezando, que los que ante nadie se humillan doblan a su Cristo la rodilla y le entregan el corazón.legion4

“A la Legión se ha alistado un Cristo Crucificado,

ya nadie podrá decir

que a la Legión sólo viene gente de mal vivir”(Saeta popular.

 

Y morirán cantando, con una canción en sus labios que marque el compás y el ritmo del valor y del honor, cuando…

 

jpeg-7El toque de oración inicia el vuelo

Y hay en las últimas luces del cielo

Algo invisible que nos acompaña,

Como si en la quietud de los soldados

Estuvieran aquí formados

Todos los que murieron por España (Coronel Luis López Anglada).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez. General de la Legión entre 2001-2004

Blog: generaldavila.com

Abril 2023

ESPAÑA EN IRAK, GRAN MANIPULACIÓN Juan Van-Halen

Ayer en el periódico El Debate, el escritor D. Juan Van Halen publicó un artículo recordando los manejos y desmanes de la izquierda española en Irak, que por no respetar no se respetan ni a ellos mismos; por supuesto nunca a la historia y en cuanto pueden le sacuden a nuestros esforzados y disciplinados soldados. Somos muchos los que habiendo vivido aquellos días de nuestra participación en Irak llevamos aún clavadas -como una ignominia que fue a nuestras tropas- las decisiones tomadas por aquel ejecutivo que era la vanzadilla de lo que España ha tenido que vivir en estos últimos años.

Irak está  en nuestro recuerdo y, por desgracia, también en el de las naciones aliadas a las que dejamos abandonadas a su suerte.  Así pasa lo que pasa y que el Ejecutivo desconoce y los españoles también. Muchos esfuerzos deben hacer nuestros soldados para recobrar cada día lo que allí alguien intentó que perdiésemos.

No. España tiene los mejores soldados del mundo a pesar de que los gobernantes no estén muchas veces a su altura.

Bienvenido el artículo de Juan Van Halen -¡gracias amigo!- porque no hay que olvidar que España sirve y cumple cuando está bien mandada y cuando  no lo está obedece e incluso enmienda errores históricos. Por eso somos los mejores soldados del mundo. Seguimos deshaciendo entuertos.

Alguno le deben todo lo que son a ellos.

General (R.) Dávila

 

ESPAÑA EN IRAK, GRAN MANIPULACIÓN Juan Van-Halen (Publicado en El Debate de 03-abril-2023)

Siento vergüenza ajena cuando se acusa al Gobierno de España, entonces presidido por Aznar, de intervenir en la “ilegal guerra de Irak” y “contra la ONU” Recientemente se ha vuelto a escuchar en el Congreso de los Diputados siguiendo la habitual trampa del Gobierno de hacer oposición a la oposición. ¡Y retrocediendo veinte años! Señalaré hechos que desmontan esa manipulación tan reiterada.
La II guerra de Irak de 2003 era una reedición de la I guerra del Golfo de 1990-1991.
Se produjo porque Sadam Husein no cumplió las condiciones impuestas por la coalición vencedora. El paraguas de la ONU estaba vigente durante el periodo 1990-2003. La intervención multinacional en Irak, liderada por EEUU y Reino Unido, estaba recogida en más de sesenta Resoluciones de la ONU. Entre la primitiva Resolución 661 y la Resolución 1510. Las Resoluciones decisivas para pinchar la pertinaz mentira de la izquierda, tan utilizada antes de las elecciones del 14 de marzo de 2004 y a menudo resucitada, son la 1483 y la 1511. Al tiempo nadie recuerda que la Armada, el Ejército del Aire y efectivos de la Brigada Paracaidista intervinieron en distintas misiones en la guerra del Golfo de 1990-1991 durante el Gobierno de Felipe González.
Aconsejo leer el Informe del catedrático de Derecho Constitucional Carlos Ruíz Miguel, redactado en abril de 2004, que se encuentra en Internet. Está publicado por el Real Instituto Elcano y fue conocido  por la ONU. En Internet también se enumeran las naciones que intervinieron en la guerra y se relacionan los países que enviaron tropas tras acabar la guerra. España aparece en el segundo bloque.
La ONU dio por concluida la II Guerra de Irak en la Resolución 1483 del Consejo de Seguridad, de 22 de mayo de 2003. Esta Resolución reconoce a EEUU y Reino Unido como “potencias ocupantes” y como “autoridad” ejerciente de la “administración
efectiva” y pide a los Estados miembros contribuir a “la restauración de lascondiciones de estabilidad y seguridad que permitan que el pueblo iraquí pueda determinar libremente su futuro de acuerdo con lo prevenido en la Resolución&quot;.
La Resolución 1511 del Consejo de Seguridad, de 16 de octubre de 2003, detalla la Resolución 1483. Califica los enfrentamientos producidos tras el derrocamiento de Sadam como “terroristas” y no como “acciones de guerra”. Se reconoce, de nuevo, que ya no había una situación de guerra en Irak. La Resolución 1511 señala que “proporcionar estabilidad y seguridad es esencial” a efectos de redactar una “nueva Constitución para Irak y para la celebración de elecciones democráticas”. Buscando este objetivo, el Consejo de Seguridad “autoriza una fuerza multinacional bajo un mando único para tomar todas las medidas necesarias”. A tal efecto, el Consejo de Seguridad “urge a los Estados miembros a prestar asistencia a la fuerza multinacional” establecida por el apartado 13 de la Resolución “incluyendo fuerzas militares”.
Por tanto, la fuerza multinacional presente en Irak una vez terminada la guerra, incluidos contingentes militares, no se hallaba en misión de guerra, sino para conseguir la estabilidad y seguridad de Irak como paso previo a la aprobación de una nueva Constitución y la celebración de elecciones libres, y todo ello bajo el control del Consejo de Seguridad.

Amparándose en el llamamiento de la Resolución 1483 y de acuerdo con la Constitución Española, artículo 97, el Consejo de Ministros dispuso la participación militar española en la misión de estabilización de Irak. Frente a este acuerdo del
Consejo de Ministros se llegó a presentar una querella arguyendo que el Gobierno había embarcado a España en una guerra sin respetar las debidas disposiciones constitucionales. ¿Fue ignorancia de la izquierda o mala fe? Esta querella fue archivada
ya que las repetidas Resoluciones 1483 y 1511 revelaban que para el Consejo de Seguridad la violencia existente en Irak no podía ser calificada jurídicamente de guerra sino como respuesta a la violencia terrorista.
Zapatero nada más llegar a Moncloa decidió por su cuenta retirar nuestras tropas de Irak sin cumplir el plazo que él mismo había dado a la ONU. No lo decidió en Consejo de Ministros ni llevó la propuesta al Parlamento, como había exigido al Gobierno de Aznar. El envío de tropas a Irak respondió a una petición de la ONU y regresaron, contra las resoluciones 1483 y 1511 de la ONU, por una decisión  personal de Zapatero. Él fue quien actuó “contra la ONU” o ignorando a la ONU.
Con aquella retirada de Irak en abril de 2004 comenzaban las frivolidades de un Gobierno que no tenía la menor idea del rigor en las relaciones internacionales. Dejó desguarnecida la zona cuya responsabilidad era de las tropas españolas que en su repliegue sufrieron la mofa de otros Ejércitos. Los aliados consideraron aquella decisión una huida y no una retirada. Nos recuerdan las frivolidades de Sánchez.
Sobre España y la guerra de Irak, esa carta marcada que esgrime cíclicamente la izquierda, lo sorprendente es que una parte de españoles, sin buscar la más mínima  constatación, asumiesen entonces -y acaso todavía- como una verdad que España
estaba en una guerra, que esa guerra era ilegal, y que no contaba con el paraguas de la  ONU. Fue el callejero e inducido “¡No a la guerra!”. Más sorprendente es que la izquierda siga empleando la guerra de Irak cuando no encuentra otros argumentos.
Nada supondrán estas líneas para quienes no leen ni piensan. Sólo embisten.
Juan Van-Halen es escritor. Académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San
Fernando.

Blog: generaldavila.com

5 abril 2023

TERUEL. LA BATALLA QUE DECIDIÓ LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (Libro de Alberto Ayuso)

 

Acabo de leer por tercera vez el libro TERUEL la batalla que decidió la guerra civil española que escrito por el doctor en Historia Alberto Ayuso García y editado por Gallandbooks acaba de ponerse a la venta.

Alberto Ayuso me pidió un prólogo para este libro y mejor o peor lo hice con el cariño, la amistad y el conocimiento que tengo al haber sido mi abuelo, el general Fidel Dávila, uno de los protagonistas de la batalla y desde luego el vencedor militar de la misma.

Sin entrar ahora en análisis y discusiones sí que es conveniente felicitarse por la aparición de un nuevo libro sobre la guerra civil española y hacerlo por este en concreto escrito con objetividad y un elevado número de datos, fruto de un riguroso estudio e investigación, además de una prosa asequible para todos.

Hay que estar muy atento a estas nuevas publicaciones sobre la guerra civil porque cada vez son más depuradas y el trigo aparece sin mezclarse con la paja; tampoco con la cizaña, algo que hasta ahora inundaba las páginas de libros y novelas sobre el tema. El desapasionamiento y la verdad cada vez aparecen con más nitidez, aunque se pueda discutir, que es lo que hay que hacer, acerca del valor de una acción u otra y las tácticas o estrategias seguidas.

El libro viene ilustrado con unos sensacionales mapas que ayudan a su lectura y comprensión.

Centrado en la batalla de Teruel, el incidente de Teruel como el general Dávila lo llamaba, el escritor ha tenido la habilidad y destreza para abarcar desde este punto el conjunto de la guerra y agrandar su visión para expresar su teoría razonada de la importancia de esta batalla en el conjunto de la guerra.

Creo que estamos ante una obra de enorme importancia que cualquier estudioso o aficionado al tema no puede dejar de leer y entrar en el detalle de este episodio bélico. En el libro está todo; y todo muy bien encuadrado.

Desde aquí dejo mi agradecimiento al historiador por contar con mi humilde palabra en el prólogo y le deseo lo que se merece: muchos lectores.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

4 abril 2023

LA DISUASIÓN NO ES LO NUCLEAR. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Disuadir se resume en desistir. Mejor no hacerlo porque…

La única manera de acabar con una guerra es acabar con los recursos del atacante. Es antigua la conocida filosofía guerrera de Sun Tzu:

«A un general que no cuidó de asegurar los víveres se le destruye sin pelear […]. Es gran máxima la de un general que quiere más destruir al enemigo por el hambre que a fuerza de armas».

¿Cómo disuadir?

La visita de Sánchez a China ha quedado eclipsada por Ana Obregón, Obregón de toda la vida. De esa España que te dejará helado el corazón.

Es el poder de la víscera cardiaca. Helena de Troya y esas cosas de la guerra. Esa desazón que se produce cuando ves que tienes que resumir tu vida en una sola página, vida o muerte, no una sin la otra ni la otra sin la una.

Es como el canto de primavera del viejo árbol que retoña, la efímera voz blanca del almendro, unas sí otras que la helada se llevó.

Pasar de un lado a otro sin convulsiones, paz y guerra. Al fin todo queda en casa.

Helado el presidente Sánchez por la escasa repercusión mediática de su visita a China.

Allí las palabras son moduladas por la línea recta sin necesidad de ejes de abscisas y ordenadas: pienso luego existo. No hay más. Dada la dureza que supone pensar han decidido que piense solo uno y los demás obedezcan. Era el sueño de Antonio, pero llega tarde a su destino con este mundo lo que supone su regreso muy triste, de un viaje efímero a la nada. Fin del trayecto.

Es la hora de China, de Xi, del arte de la guerra chino: vencer sin combatir. Rodilla en tierra.

Un tren recorre 13000 kilómetros de Yiwu a Madrid en 20 días. Una espada que atraviesa el corazón de Europa. España importa 50000 millones y exporta 8000.

Eso es disuasión: la economía; el resto: historias.

La fusión llegó y trae consumo. El futuro es económico y tiene un nombre: demografía. También apellidos: BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El resto seremos engullidos; subrogados.

Gran población. Es el futuro que guarda el secreto de la nueva disuasión.

Ya es tarde para pretender ganar esta guerra. El mundo ahora es otro.

Dejen paso o serán arrollados. Todo ha cambiado.

Subrogar: «Sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa».

Sustituyamos a Antonio antes de que nos deje en esa línea que no admite ni abscisas ni ordenadas. Que no piense él por nosotros.

No desistan.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

3 abril 2023

 

«BRAGHETTONI» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Capilla Sixtina.- El genio y la pesadilla de Miguel Ángel.

En la España actual, los trenes no caben por los túneles y las leyes tampoco encajan en la Constitución. La izquierda, que dice ser pacifista, compara la guerra y a los militares con el machismo, y no se acuerda que más de 100 españoles murieron en la misión de Afganistán para que, entre otras cosas, las niñas pudieran ir al colegio y las jóvenes a la universidad.
Dicen que por esas mismas fechas en que nuestros soldados caían, el líder aragonés de Podemos, un tal Echenique, entonaba en una cena carnívora con amigotes, ( jamás se citan los corruptos, para tramar sus malolientes asuntos, en restaurantes vegetarianos), una jota grosera…, estos si son machistas, y perdón por traer al blog al tal Pablo.
A todo esto el juez archiva la causa por el sorteo de una prostituta en el cuartel del Bruc, en el barrio Pedralbes de Barcelona, cuartel en funcionamiento y que milagrosamente todavía pertenece al Ejército de Tierra Español. Es decir no hubo delito alguno, pues no se realizó tal sorteo, ni hubo intención de contratar los servicios de la susodicha. El ganador solo fue premiado con una cesta navideña.
Pero señora ministra ¿quien nos defiende a nosotros de todas estas calumnias sin pruebas ni justificación?
Lo dijo Ramón Tamames en el debate de la reciente e irrelevante moción de censura:
―«Es una exacerbación de las capacidades de criticar…atacando principios fundamentales de la convivencia…las dos España otra vez, peores que las del 36»
¡Dios! Expresión que puede indicar admiración, interrogante y hasta blasfemia, palabra clave para muchos, dudosa para otros y hasta banal para los que parecen representar el pensamiento moderno de la vanguardia, los que nunca ven a Dios, pues les falta las gafas de la fe.
Que tomen nota del genio:
―«El primer trago de la copa de las ciencias te volverá ateo, pero en el fondo de la copa te espera Dios (Albert Einstein)»
Después de treinta años (caso Roldán), los fantasmas vuelven a la Guardia Civil salpicada por tres escándalos de unos pocos garbanzos negros, y que el Gobierno aprovecha como tapadera de los suyos.
Ferrovial nos deja, alegando «inseguridad jurídica», y es que cuando se crean nuevos impuestos al albur, cuando los mismos ministro y el presidente atacan a las empresas, la marcha hacia las fronteras se acelera.
Corren tiempos difíciles para los empresarios y no se dan cuenta que la empresa privada es la que crea los puestos de trabajo, genera riqueza y son el motor económica del país. Hoy la mayoría de los directivos sindicales que los atacan, ni han creado empresa, y muchos ni siquiera han trabajado en su vida, pero tienen la certeza de que van a cobrar a fin de mes, así que menos demagogia y más raciocinio.
La dimisión de la directora general de la Guardia Civil, la segunda después de la de Roldán, los sumarios de Tito Berni y las bacanales del canario del PSOE Juan Bernardo Fuentes Curbelo, relacionados con los cuarteles…, pero que de forma extraña de momento, solo en prisión el general Espinosa Navas.
Cuando no se ha digerido la destitución de la Comandancia de Madrid del coronel Diego Pérez de los Cobos…en la Dirección General de la Guardia Civil duele mucho las últimas decisiones de su ministro, las de quitar competencias al Cuerpo. La salida de la Agrupación de tráfico de Navarra, la de los Gedex (desactivadores de explosivos) en las comandancias de Álava, Guipúzcoa y Lérida, la desaparición de los Greim (rescatadores de montaña) del Roncal y de Puigcerdá…, la lista de los agravios empieza a ser muy larga.
Los amantes del Arte conocen especialmente el caso del pintor italiano Daniele da Volterra, quien en el siglo XVI fue encargado por el papa Pio V de cubrir desnudeces de la obra de Miguel Ángel y que por tal trabajo pasó a la historia con el apodo de «Il Braghettone».
Parece que emulando a Braghettone, hoy las cosa más inverosímiles tapando y desviando, son posibles, y el que ose decir la verdad será tachado de racista, machista y fascista.
Lo que está fuera de toda comprensión en nuestra la cultura es el trabajo de este gobierno, auténticos «braghettones» del siglo XXI.
Al frente de ellos, el ministro Grande-Marlaska que llegó a forzar a cuatro tenientes generales de la Guardia Civil, para que acompañaran a la directora, en la foto de su cese, y hacer creer que el caso corrupto de su marido afectaba al Cuerpo.
A la mayoría de nuestros políticos le pasa lo que a María Antonieta, que no tenía ni idea de lo que ocurría fuera de palacio. ¿habrá pobres por las calles de París preguntaba la reina consorte de Francia?. Desgraciadamente solo vio la pobreza y las barricadas cuando la llevaron a la guillotina en la plaza de la Revolución hoy de la Concordia, (como aciertan los franceses con la mayoría de los nombres de calles y plazas: Avenida de los Campos Eliseos, Plaza de la Estrella, de la Ópera etc.).
A los españoles, o lo que seamos ahora, nos da la sensación que dentro de nuestros políticos hay «antonietas» a puñados, hombres y mujeres mostrando amplias, pero vacías sonrisas que se desconectan de la realidad, mientras entonan cánticos en los que lamentan que su adversario político no fuera abortado. La gran mayoría vive en sus mundos, en sus reinos de taifas y evitan enterarse de lo externo, y para colmo, al presidente, le falla la empatía con el ciudadano, creo que necesita recordar que es mortal, eso sí que me retuerce las tripas, como cuando veo mezclar un buen vino con gaseosa.
Señores del Gobierno, como protección contra la fantasía y demencia financiera, hacer memoria siempre es mejor que una nueva e improvisada ley.
Haciendo memoria, y ya hace años, recuerdo que la República trajo el cambio de bandera, y muchos a los que no agradó la idea cantaban:
―«Me está jodiendo el morado / que está junto al amarillo / debajo del colorado».
Estamos viendo de nuevo tramas como los de la película «La escopeta nacional», ácido retrato de la clase empresarial y política. Es una pena que ya no halla quien se atreva a filmar estas espectaculares escenas de corrupción institucional, como lo hizo el valenciano Luis García Berlanga, director de cine y guionista que en el verano de 1941, y con 20 años no tuvo inconveniente en unirse como voluntario a la División Azul.
A los ciudadanos les pedimos que midan la las consecuencias de su voto, para no tener otro gobierno como el actual que ignora y niega las consecuencias de sus actos, la verdad es que ahora solo nos sentimos aliviados cuando duermen.
Son como la IA (inteligencia artificial), que no es inteligencia (si es artificial), y que no es artificial (si es inteligencia), pero que tiene mucho de artificio, y más de cuento.
Pero nadie debe oponerse al nuevo orden. Todos callados.
¡Un «siseñor», un mande usted y una escoba para barrer!

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Zaragoza 1 de abril 2023.

Blog: generaldavila.com

Desde su atalaya calabresa Félix Torres les trae LAS COSAS DE DON EUFEMIO