UN RECORRIDO POR LOS ÚLTIMOS AÑOS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El capitán Juan Rodríguez Lozano (izquierda), junto a su nieto, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero – ABC / IGNACIO GIL

Se cumplen 85 años del 18 de julio de 1936, una fecha que debería servir para llevar a cabo un análisis serio y desapasionado de nuestra reciente historia, un paso más como el ya dado por los españoles en la Transición. No es momento para enfrentamientos, ni con la violencia dialéctica siquiera, sino para estudiar y analizar lo que ocurrió y quizá, dada la actualidad política, analizar lo que ocurre en los momentos actuales.

El estudio científico de aquellos hechos se ve mediatizado por la gran pasión que todavía conlleva y le cuesta a la ciencia entrar de lleno para dar paso a la historia.

A partir de determinado momento se instauró en España la política de la venganza para lograr la victoria, incluso más allá de la política, incluso en lo militar, para invertir los resultados de las páginas escritas en los campos de batalla.

¿Por qué? No es difícil la contestación: el Poder. Lo es todo. Sobre la mente de los otros.

Digo todo, pero sobre todo se trata del dominio de la voluntad de cada uno puesta a disposición del poderoso totalitarismo. Creíamos que eso solo era posible hacerlo al dictado, en las dictaduras, y resulta que ahora estamos sometidos a una muy sutil: la imposición de las ideas, las suyas, las de los que quieren volver a la lucha en nombre del progresismo y ello para implantar sus ideas difusas que esconden doctrinas totalitarias. Para ello previamente han de renovar el enfrentamiento. Se ha dado un giro histórico sorprendente y la convivencia en paz y armonía se cambia por la idea más progresista que España ha conocido desde los Reyes Católicos: la destrucción de la unidad de España a base de reinterpretar la historia y hacer un manual de campaña contrario a la verdad.

Se preguntarán: ¿Qué tiene que ver esto con los 85 años del comienzo de la guerra civil? Trataré de explicarlo.

El enorme paso dado en España en el periodo conocido como Transición pudo hacerse gracias a una generosa contribución de muchos de los protagonistas de aquel conflicto; gente enfrentada, incluso violentamente, que recapacitaron alrededor de una idea de unidad, convivencia y futuro en paz, con las lógicas diferencias de pensamiento y proyecto para su patria España. Pero eso unía a todos: España. La Corona en necesaria y generosa actitud asumió ese concepto intangible y superior del símbolo de la unidad que proyectaba un futuro en común junto a las naciones del mundo en una lucha casi única y en cierto sentido épico por la igualdad y la unión de los pueblos. La soberanía popular simbolizada en la Corona, escrita en la Constitución.

Esa era la voluntad de España, ese era el futuro para los españoles, esa era el proyecto de los que años atrás habían estado enfrentados y peleados hasta el extremo. Se acabaron las trincheras y las pugnas violentas por las ideas. Que cada cual defienda la suya sin volver la vista atrás nada más que para recoger a los rezagados y animarles a sumarse al proyecto.

Todo iba viento en popa, España crecía, era respetada en el ámbito internacional, casi envidiada, no había nación donde no se hablase de España. Se vivía en continuo progreso camino de la igualdad completa. Solo la sombra mortal del terrorismo de la ETA perturbaba el paso firme de España. Los asesinos rondaban las madrugadas junto a las ratas de las alcantarillas esperando el amanecer para matar y embriagarse de sangre inocente. Otro peligro latente se cernía sobre España y que no todos percibían en aquellos momentos. Mientras allí se recogían las nueces, los separatistas catalanes, agazapados, esperaban su tiempo y manera para recoger las suyas. ¡Que pocos se dieron cuenta!

Caminaba España, despacio, segura, con héroes anónimos y muchos sacrificios, pero firmes y conocedores de por dónde y a dónde debíamos llegar.

Un fatal día, 11 de marzo de 2004, una tragedia asoló la capital de España, enmudeció a España, nubló el futuro de España. ¿Qué pasó en aquellos trenes? ¿Por y para qué? ¿Quién? No lo sabemos ni lo sabremos nunca.

Sí sabemos que aquel día era el último de la Transición. Fin de la paz. De nuevo volvía el enfrentamiento.

La conversación lo dice todo. Recuerden.

Febrero del 2006. Zapatero, presidente del Gobierno de España después de aquel trágico e inexplicable 11M, no asiste al III Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo celebrado en Valencia. No es baladí.

Al poco tiempo se reúne con algunas de las víctimas. El detalle de la conversación con María Jesús González, la madre de Irene Villa, descubre el proyecto de Zapatero.

—Mi hija me sigue haciendo la misma pregunta que cuando era una niña: «Mamá, ¿por qué nos ha pasado esto?». Póngase en mi lugar.

—Estoy ya en tu lugar porque a mí me mataron a mi abuelo —respondió el presidente.

Zapatero abría la caja de los horrores. Adiós a la Transición. Empezaba de nuevo la guerra civil. La de los abuelos, que tenía continuación en sus nietos.

Después empezaron a formarse los bandos, y las bandas. Después siguió la cuenta de los muertos, a la cara, a recordar las cunetas. Después los terroristas de la ETA pasaron a ser hombres de paz, respetados senadores y congresistas, a cobrar sus crímenes en subvenciones, coche y sueldo oficial: el triunfo de las pistolas. Amparados bajo la ley.

Se hizo ley, una nueva ley para el enfrentamiento. Adiós a la Transición.

La ley de la vuelta atrás, la mirada atrás, la ley de las trincheras, de nuevo Madrid, el Norte, el cinturón de Hierro, Belchite, Brunete, Teruel, el Ebro. Ochenta años de retroceso, disparos cargados de emociones para volver al enfrentamiento.

Tenían que volver a la guerra.

La del terrorismo también: sus franquicias al poder.

La del separatismo: sus burgueses dirigentes al poder.

La del socialismo caballerista: sus alumnos desventajados al poder.

España se detuvo. Arruinada económicamente, llegó un registrador de la propiedad a firmar su defunción y vender en saldos la herencia. Nos quitó lo poco que teníamos, la calderilla de la esperanza.

La Transición fue juzgada y condenada para siempre. Los culpables señalados por el dedo inquisidor; entre ellos el símbolo: la Corona.

Temblaron las estructuras de la forma de Estado.

Ni el paro, ni la desestructuración de España, ni vaciarnos los bolsillos, ni el autoritarismo de los dirigentes, ni el sectarismo, ni la corrupción, nada pudo con ellos.

Vacunados por el registrador y su equipo, llegó de nuevo el despliegue de las fuerzas de aquel recuerdo: «Estoy ya en tu lugar porque a mí me han matado a mi abuelo».

Mejor desplegadas, más fuertes y seguras.

Un equipo engrasado, con una organización que despliega en segundo escalón una estructura muy bien configurada, apoyos internacionales de dudoso origen, elabora una orden de operaciones a la que nadie es capaz de plantarle cara. Enfrente no queda nada ni nadie. Divididas las fuerzas, la derecha no llega a un acuerdo, mientras la izquierda cada vez se reafirma más en sus postulados. Las Instituciones desaparecen en una espesa niebla de leyes, decretos y dictámenes. El Poder lo puede todo.

Trabajan en una nueva cultura después de haber renunciado a España. Tardará. Será un proceso lento y costoso, habrá retrocesos y baldías esperanzas nuestras, pero está sentenciado.

Ese es el resumen y el futuro que nos traen después de 85 años y una Transición. Una España rota, resquebrajada por el separatismo que no ha perdido el tiempo. En la española Cataluña se recoge cosecha de muchos años de

Para echarse a temblar.

Un recorrido de 85 años demasiado costoso y que en ningún caso nos merecemos cuando hicimos una limpia y esperanzadora Transición.

¿Por qué nos ha pasado esto? Nos lo preguntamos todos.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

5 julio 2021

 

 

 

 

 

 

ETA. CERRADA POR DERRIBO, NO POR VOLUNTAD PROPIA Adolfo Coloma GB (R.) del ET

Los efectos de un atentado en Burgos

Por la estepa solitaria cual fantasmas vagarosos

Abatidos, vacilantes, cabizbajos, andrajosos

Se encaminan lentamente Los vencidos a su hogar

Y al mirar la vieja torre de la ermita de su aldea,

A la luz opalescente que en los cielos alborea,

el paso van retrasando temerosos de llegar.

Estos versos del poeta pacense Luis de Oteyza (1882 – 1960), bien pueden  resumir el estado de ánimo de José Antonio Urriticoextea, alias Josu Ternera (acusado de la muerte de 11 personas en el criminal atentado sobre la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza el 11 de diciembre de 1987 y actualmente huido de la justicia)  y Soledad Iparraguirre, alias  Anboto (segunda mujer en la cúpula de ETA tras María Dolores Gonzales Catarain, alias Yoyes, y acusada de 14 asesinatos. En la actualidad en prisión en Francia) en el momento de firmar, en nombre de la banda asesina ETA el documento  mediante el cual “ETA quiere informar al Pueblo Vasco del final de su trayectoria”

Atentado en el Cuartel de la Guardia Civil de Vich

Pero, ¿A quién queréis engañar, a los vascos o al conjunto de los españoles? A unos y a otros nos trae sin cuidado que manifestéis con un absoluto cinismo que ETA ha desmantelado totalmente el conjunto de sus estructuras”. ¡Pero si han sido la Guardia Civil, la Policía Nacional y hasta la Ertzaintza, los que uno a uno han desmantelado vuestros zulos, vuestros comandos, los puntos de apoyo, y hasta los mugadaris! Y detrás de ellos, toda la sociedad, con el arsenal que le proporciona el Estado de derecho. No habéis desmantelado nada. Habéis sido desarbolados. Punto.

Y ¿Cómo os atrevéis a afirmar que “ETA da por concluida toda su actividad política?  ¿acaso entendéis por hacer política la mutilación que sufrieron Irene Villa y su madre en el madrileño barrio de Aluche el 17 de octubre de 1991? ¿O tal vez, el cruel y cobarde asesinato de Miguel Ángel Blanco, maniatado, de rodillas y por la espalda en Lasarte, el 12 de julio de 1997, dejándolo malherido sobre el terreno? ¿Quizás fue más político el atentado en Hipercor en Barcelona diez años antes, en el que perdieron la vida 21 personas y resultaron heridas otras 45?  Y así hasta 835 victimas mortales y más de 3.000 heridos.

Pues nada. Dejamos la pólvora, empezamos de cero y “pelillos a la mar”. Aquí paz y después gloria. Hay que mirar para adelante. Aquí están estos tipos del Grupo de contacto” – muy sólidos todos ellos – que avalan nuestras filantrópicas intenciones.  “Los y las exmilitantes de ETA continuarán con la lucha por una Euskal Herria reunificada, independiente, socialista, euskaldun y no patriarcal en otros ámbitos, cada cual donde lo considere más oportuno, con la responsabilidad y honestidad de siempre”. Vaya, que si la lucha armada no os ha rendido los réditos con los que alguna vez soñasteis arrebatar la voluntad de todo un pueblo, ahora os camufláis en las instituciones: partidos, sindicatos, corporaciones municipales etc., pero para seguir haciendo lo mismo “con la honestidad de siempre” … No quiero seguir. El resto es pura bazofia. Bueno, como el principio.

Casa Cuartel de la Guardia Civil

En casi 60 años de existencia y 50 asesinando habéis alterado la convivencia pacífica de unas gentes que no aspiran a otra cosa que, a vivir en paz, a progresar y mejorar sus condiciones de vida, a convivir unos con otros sin miedo a expresar sus ideas. Y es cierto que habéis hecho mucho daño y a mucha gente. No solo al abultado número de víctimas sangrientas que habéis causado, aunque ahora queráis establecer diferencias entre unas y otras. Entre vuestros objetivos y los “daños colaterales”.

Ese disfraz de buenismo, debo reconocer, que os ha rendido pingües beneficios. Ahora se habla de “el relato” es decir, una cosa es lo que en realidad sucedió y otra lo que se cuenta. Vaya, como si Rambo, él solo, hubiera ganado la guerra del Vietnam. Y digo que os ha rendido beneficios porque incluso hay quien os comprende, y hasta os compadece. Ahora que todo ha acabado. Ahora que el problema del terrorismo ha pasado de ser el primer problema de la sociedad no solo vasca, sino de la española en su conjunto, a ser meramente marginal, sobrepasado por otra forma de hacer política a vuestro estilo: el terrorismo yihadista.

Aseguraría que estos que os “comprenden” no han sentido de cerca vuestro aliento. No han tenido que tirar una y otra vez las llaves de su coche al suelo para revisar con alguna excusa, que en los bajos de su coche no hay adosada ninguna bomba. Ni han visto a sus hijos rechazados en el colegio simplemente por no ser de allí y no pensar como vosotros. Y sus mujeres, han tenido que comprar el pan a alguna vecina por que a ella no se lo venden. Ni han visto a su compañero de trabajo ser asesinados por la espalda o volar por los aires como nos ha pasado a los componentes de mi promoción, la XXX de la Academia General Militar, que hemos visto caer asesinados a tres compañeros y al padre de un cuarto ¿sabéis por qué? Por el hecho de ser militares, o guardias civiles o policías. Porque vestimos de una manera y trabajamos en unos lugares en cuya entrada reza: TODO POR LA PATRIA. Pero también a jueces o a fiscales, cuyo juramento deontológico les obliga a aplicar las leyes con lealtad, justicia e imparcialidad. O a los periodistas, que cumplen la importante labor social de ser testigos veraces de lo que viven. O a simples ciudadanos.

El reagrupamiento de presos, un ulterior objetivo de ETA

¿Pero qué habéis logrado? ¿Ha servido tanto daño para algo? ¿Qué podéis ofrecer en vuestra cuenta de resultados? Nada. Esa es vuestra gran tragedia y es lo que os tiene que abrumar. Presentaros ante vuestros paisanos con las manos vacías. Una tierra tan hermosa como las Vascongadas a la que habéis obligado a renunciar a un montón de buenas personas que ni han querido plegarse a vuestros insensatos deseos ni enfrentarse a vosotros poniendo en peligro sus vidas o las de sus familiares. Y a otros muchos que, sin ser naturales de ellas, han contribuido con su esfuerzo y su trabajo a engrandecerlas. Habéis hecho de vuestra tierra un auténtico gueto para muchos.

Ya habíais dejado la lucha armada, no por voluntad propia, sino por agotamiento. Os teníamos casi olvidados ¿A que viene ahora esta pantomima? ¿Qué ulteriores beneficios pretendéis obtener? Eso si que nos preocupa a muchos. Acaso queréis aprovechar la ocasión y recoger del suelo frutos del árbol que se agita en Cataluña. O tal vez, presionar para que se acerquen los presos que cumplen condenas lejos de sus hogares con la consiguiente repercusión para sus familias.

Si es lo primero, vais a pinchar en hueso. Hay una nación española decidida a mantenerse unida, una Constitución – ¡democrática eh! – que así lo define y unas Fuerzas Armadas que lo garantizan.

Si lo que buscáis es el acercamiento de presos explotando la “sensibilidad” de alguno. Solo puedo decir que, en la lucha contra vuestra organización criminal, pocas medidas han sido tan eficaces, dentro de la más absoluta legalidad, como la política penitenciaria. Aunque detrás de la esquina me sigue oliendo a chamusquina, quisiera pensar que una u otra son monedas de cambio por lo que entregáis, más que como saldo, como cierre por liquidación.

Víctimas ETA sin resolver

Pues eso, ahora que habéis echado el cierre, os recomiendo algo de lectura para vuestro inmerecido sosiego. No os vendría mal echarle un vistazo a la “Banalización del mal” de la filósofa, periodista y política judía Hannah Arendt, para quien en el régimen nazi hubo personas que, sin ser intrínsecamente malvadas, con su pasividad, su silencio, su nulo pensamiento contribuyeron a la banalización del mal; es decir, a la conversión del mal en mera rutina, algo a lo que la gente acabó acostumbrándose y viendo como normal ¿No os está pasando eso?

Adolfo Coloma

Blog: generaldavila.com

5 mayo 2018