Dentro de dos semanas, unas elecciones generales anómalas determinarán el futuro de nuestro país y no veo muchos motivos para el optimismo, siquiera porque me impongo casi a diario la desagradable obligación de ver determinados programas de televisión que reafirman mi idea de que una gran parte del electorado de nuestro país es auténtico desecho de tienta social susceptible de engullir las más descabelladas mentiras y tópicos inconsistentes que políticos sin principios tratan de hacerles tragar. Se trata de personajes que lucen argollas en la nariz y en las orejas, dan muestras flagrantes de incultura y creen a pies juntillas que su patética mediocridad está infravalorada.
Es posible que el llamado voto oculto dé una sorpresa mayúscula pero, tal como van las cosas, existe también la preocupante posibilidad de que el individuo sin principios que okupa la Moncloa esté en condiciones de armar un desgobierno capaz de poner fin a una época de concordia y prosperidad poco habitual en nuestra accidentada historia. Si así sucediera, los partidos llamados constitucionalistas serían responsables de no haber tenido el coraje de concurrir en coalición electoral dejando aparte sus intereses partidistas, algo que tanto yo como personas mucho más capacitadas que yo propugnamos cuando aún estaban a tiempo de hacerlo.
Quienes decidan votar a Ciudadanos deberán ser conscientes de que ese partido es capaz de coaligarse concualquier otro con tal de tocar poder; quienes lo hagan por el PP deberán tener en cuenta que el director de campaña ese partido es un tal Maroto (!) y que quienes han engañado por dos veces a su electorado podrán volver a tener la tentación de hacerlo una vez más. Por lo que respecta a Vox, aún tiene la ventaja de no estar contaminado por el ejercicio del poder, algo importante que no ofrece garantía de inmunidad a un futuro contagio. Aún así, considero que sólo su meteórico ascenso podrá librar España de una venezualización letal en ciernes, de manera que si quienes hoy se declaran indecisos en las encuestas deciden por fin votar razonablemente, no todo será perdido aunque, a largo plazo soy profundamente pesimista, pero, como dijo que Keynes,»¿A largo plazo? Todos muertos».
(*) Ex Embajador de España.
Blog: generaldavila.com
16 abril 2019






























