CONSUMADA LA TRAICIÓN ‹‹Al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros››. Empiecen a contar… Esto, hoy, es España General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Estamos rodeados. El fuego es tenaz, preciso y mortal. Alguno pierde la moral. Pero los del Igueriben mueren pero no se rinden.

Son muchas las gestas protagonizadas por nuestros soldados a lo largo de la historia, pero si hay alguna que me estremece es la protagonizada por unos humildes y bravos soldados en las entrañas del Rif en 1921. Para mí ha sido el comportamiento a seguir, la guía del espíritu militar que dictó aquel viejo soldado de Flandes: Aquí la más principal hazaña es obedecer…, y que quedó refrendada en el Credo legionario: Cumplirá su deber obedecerá hasta morir. Los tiempos cambian, pero no el espíritu y la actitud. ¡Tantos soldados españoles muertos!, en misiones que llaman de paz para acallar las conciencias de tanta retaguardia cobardona y falsa. Luchando hasta el último suspiro, defendiéndose como pueden, sin abandonar a un hombre en el campo hasta perecer todos. Es el Igueriben de cada día. Es la exigencia máxima, entregarlo todo: cuando la enseñanza culmina con el ejemplo. Una dureza insoportable que incluso muerto sabes que será así: Os merecéis todo, pero no se os dará nada. A pesar de todo, y a pesar de todos los que no entienden tanto valor y honor, seguirá habiendo soldados como los que murieron en el Igueriben. Los sigue habiendo; los tenemos a nuestro lado, cada día.

Cada vez que llega este mes de julio no puedo olvidar lo que dejamos en el Rif hace ya casi cien años. Y con ello me viene el recuerdo de la distancia que separa al heroísmo obediente, de los salones indecentes de donde surgen las negociaciones y traiciones a la Patria, la que con su vida defienden sus soldados como han jurado besando su Bandera. Lo malo es que estas cosas que les cuento suenan a decimonónicas prédicas, discursos vehementes y anticuados. ¿Es que está de moda la traición?

La traición se gesta en los diálogos ocultos de espaldas a los que ocupan las posiciones más avanzadas. La traición se gesta con vergonzosas arengas que se preparan con la sibilina idea de contentar al que aún cree en la honorabilidad; que ya no existe. La traición se gesta en la intimidad del soberbio que meticulosamente prepara su plan para contentar a todos mientras el único que queda contento es él con su mentira.

La traición se gesta jurando o prometiendo y a la vez no sintiendo, no comprometiendo ni lo uno ni lo otro. La traición se gesta cuando no te has ganado el mando, sino que te lo ha cedido el mismísimo enemigo. La traición se gesta cuando abandonas a los que te defienden contra todo, sin medios ni moral, a pesar de no creerte, de saberse engañados, de saber que están mandados por quien les lleva a la entrega y a la traición.

Porque es traición que los tuyos griten: ‹‹Solo quedan doce cargas de cañón que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlas y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros; el enemigo está dentro de la posición››. Y hacer caso omiso a la ley del honor.

Hoy asistimos a la escenificación de la traición. Desde el Igueriben claman. No hay recuerdo para los que defienden España, no hay un hueco para ellos, no hay razón para su defensa. Morirán todos. Esto, hoy, es España.

Consumada la traición.

‹‹Al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros››. Empiecen a contar.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

11 julio 2018

Annual 1921

Los oficiales del Igueriben mueren, pero no se rinden

 Una fuerza que se rinde está deshonrada…

 

MUERTE DEL TENIENTE CORONEL VALENZUELA JEFE DE LA LEGIÓN. 1923-2018 (LA LEGIÓN CAMINO DEL CENTENARIO) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No todos los jefes de la Legión han tenido el honor de morir al frente de sus legionarios. Solo uno: Rafael Valenzuela y Urzaiz.

<<A vuestro frente ha caído uno de mis mejores soldados. Guardad siempre su gloriosa memoria>>. (Alfonso, Rey)

Tizzi Azza fue ocupada en octubre de 1922. Posición inútil para aumentar o reforzar una línea, pero inmejorable para avanzar, siendo peligroso mantenerla si no se avanzaba. Era la opinión militar que insistía: <<Mientras no se castigue a los moros por su salvajismo del año 21 no podrá haber paz en Marruecos, pese a todas las ilusiones que se quieran forjar los pacifistas, la realidad se impondrá>>.

Se impuso. El dinero del rescate de los prisioneros de Monte Arruit, mucho mayor que el acordado, les sirvió a los rifeños de Abd el Krim para rearmarse y seguir con mayor ferocidad su lucha contra España. Estuvo a punto de ocurrir otro desastre como el de Annual. La sangre de los Regulares y legionarios lo evitó. Un acto de heroísmo que nunca debemos olvidar. Hoy podríamos estar contando otra trágica historia que evitaron hombres como Valenzuela.

Tizi Azza

Tizzi Azza era la línea avanzada de las posiciones alcanzadas durante la reconquista del territorio perdido en 1921. La detención de las operaciones amenazaba el territorio, no había retirada, pero tampoco movimiento ni claridad en los avances a realizar. Una parálisis que animó al enemigo; era su momento. La calma predecesora de la tempestad.

Millán-Astray había dejado la Legión y solicitado el retiro, por << el divorcio existente  entre los que pelean y los que politiquean>>, como dijo refiriéndose a las Juntas de Defensa que se oponían a los ascensos por méritos de guerra, algo inasumible para una fuerza como la Legión.

Le sustituye Valenzuela, un caballero en el que la aristocracia era su comportamiento, ejemplo de vida como poco tardaría en demostrar en la Legión frente a sus legionarios en combate. No había un jefe como él para el mando de la Legión en aquellos momentos convulsos.

En mayo de 1923 las harkas rifeñas empiezan a hostigar la línea avanzada de las tropas españolas. Las posiciones se encuentran en enclaves aptos como decíamos para el avance, como bases de partida, pero eran de difícil apoyo y suministro en situación defensiva y prolongada. Cada convoy de apoyo se convertía en una auténtica batalla a vida o muerte. La sombra del Igueriben, de Annual, empezaba a recorrer el pensamiento del mando que no admite ya echar marcha atrás en un repliegue que podría traer las mismas trágicas consecuencias que Annual.

La tumba donde reposan los restos del TCOL.. Valenzuela, Jefe de la Legión

Valenzuela está en Madrid organizando la entrega de la Bandera a la Legión. Una unidad de la Legión se encuentra ya en Algeciras para asistir al acto. Todos regresan urgentemente al grito de ¡A mí la Legión! La situación lo requiere. El día 4 de junio de 1923 el teniente coronel Valenzuela está ya al frente de sus banderas, deseoso de entrar en combate. <<Mañana entrará el convoy en Tizzi Azza o moriremos todos, porque nuestra raza no ha muerto aún>>. Los legionarios no necesitan más arengas. Su Jefe en cabeza, con ellos, cuando saben que van a morir todos. Se inicia el combate. De los más duros en los que la Legión ha participado. Nadie da un paso atrás. Llueve plomo en el ataque. El coronel de la columna, Gómez Morato, ordena al cornetín toque de paso de ataque general. Cuando más rudo era el fuego y la pelea más brava, el teniente coronel Valenzuela da orden de ataque a su cornetín: ¡Paso de ataque para La Legión! Es la llamada a la muerte, suena la contraseña que invita al abrazo mortal, ¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir! Nunca ha sonado tan clara. Es el momento legionario que este Cuerpo recién fundado necesita: la confirmación. Cae el jefe de la Legión, muere todo el que se acerca a recoger su cuerpo, mueren sus escoltas, la muerte recorre el barranco de Iguermisen, con la victoria se lleva el alma de los más bravos legionarios: Valenzuela, Casaux, Sanz Perea, Sendra, Suvirán, González, setenta legionarios encabezados por su jefe. Han vencido. Una lista de revista para el cielo inmortal de los hombres que salvaron el honor de España mientras en la retaguardia discutían que si esto o lo otro. Todavía sin bandera con la que cubrirlos, hubo que esperar en la frialdad del barranco, entre los sonidos imperceptibles del dolor de la noche, a que las luces del alba reflejasen en el cielo de España la imagen de aquellos hombres que se mantuvieron, con feroz dolor y amor a España, en aquel lejano barranco donde seguramente nada hacían ni nada ganaban que no fuese mantener el honor de la Legión y el de España. Habían vencido, la victoria ha costado mucha sangre legionaria. Lo sabían. Otros dudaban. Los de siempre. Ya no hay la más mínima duda de que la Legión combate como pregona su Credo, que morir en el combate es el mayor honor. Gritan ya por su Bandera que a este ritmo se teñirá de rojo hasta el asta. Rojo de sangre derramada por sus dorados soldados, los que más brillan en las calcinadas tierras africanas.

La Bandera de la Legión

Vuela desde Tizzi Azza hasta los más lejanos rincones de España el nombre: los legionarios, Valenzuela, la Legión. Nunca ya podrán retroceder, es la inconfundible voz que marcará la forma de ser de un Cuerpo que se ha hecho entre pólvora y muerte, entre honor y valor, y que solo responde a su contraseña: ¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir!

Pero no tenían Bandera. Lejos de su Patria. Solo sabían que obedecer era morir, que estaban para cumplir, sin hacer preguntas que no tienen respuesta. Nunca la tendrán. La grandeza del deber cumplido tiene estas cosas, para el que cumple, junto a la tragedia del que debe dar respuesta que no tiene. Cada uno muere con lo que le corresponde, no hay reproches en los que se han batido con honor y valor. En la retaguardia cada cual verá y analizará su responsabilidad. La Legión solo pide responsabilidad ante el enemigo.

Han pasado 95 años. Camino del Centenario la grandeza de la Legión no sería la misma sin el mando y ejemplo de un jefe como el teniente coronel Valenzuela.

<<Colocándose a la cabeza de sus legionarios les arengó y dando vivas a España, al Rey y a la Legión y con la pistola en la mano se lanzó el primero al asalto, siguiéndole sus fuerzas, alcanzando así heroica y gloriosa muerte ante las filas enemigas de cinco balazos>>.

Legionarios: Quien esto no lo entienda y vibre como si en el barranco de Iguermisen estuviera, quien no entienda que ese lugar sagrado para la Legión es el ejemplo de lo que proclama su Credo, quien hoy no eleve su mirada al cielo legionario, lleno de héroes auténticos, de carne y hueso, almas de su Credo, quien no sueñe con ser parte de ellos, quien hoy no rece, y los recuerde, no es legionario. Cada uno será lo que quiera, nada importa su vida anterior, pero formar bandera, el más alto honor, solo se cumple teniendo el heroísmo como meta, que es el cumplimiento diario, sencillo, desinteresado y sublime. Cuesta casi más que morir, pero ahí está grabado a sangre y fuego: Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir. Vivir y morir por España y la Legión. Como lo hizo Valenzuela y sus legionarios hace hoy 95 años.

<<A vuestro frente ha caído uno de mis mejores soldados. Guardad siempre su gloriosa memoria>>.

Al fin llegó la añorada Bandera que hoy cubre sus heroicos cuerpos.

La Legión ya tiene Bandera teñida con la sangre de sus legionarios. El último trazo de sus colores, el tono más vistoso, el que la distingue del resto, tiene nombre: color Valenzuela, nobleza legionaria.

Un lector de este blog, catedrático de la Universidad de Granada, me decía hace unos días: “Cuando se exige tanto, entregarlo todo, la enseñanza culmina con el ejemplo“.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez. Jefe de la Legión de 2001 a 2004

4 junio 2018

Blog: generaldavila.com

 

EFEMÉRIDE SEMANA DEL 17 AL 24 DE JULIO CAMPAÑA DE MARRUECOS. ATAQUE A MELILLA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

1921 Desembarco en Melilla

El 17 de julio de 1921 Abd El-Krim, con el apoyo de las kábilas de Beni Urriaguel, Tensaman, Ammart, Beni-Tuzi, Guezmaya, Tarquist y Ketama, lanza un ataque por sorpresa a lo largo de todas las líneas españolas de la zona oriental, iniciando así una ofensiva que le llevará, en pocos días, tras aniquilar las guarniciones de Igueriben y Annual y aislar a las de Zeluan y Monte Arruit, a las mismas puertas de Melilla.

La situación de Melilla se hará angustiosa y obligará al Alto Comisario a paralizar las operaciones de la zona occidental y a enviar unidades de refuerzo en su auxilio.

Esta situación traerá consigo que la I y II Banderas del Tercio, operen y se ubiquen definitivamente en la zona de Melilla.

Las primeras tropas en llegar a Melilla son las del segundo Batallón del Regimiento 71 de ‹‹La Corona›› de guarnición en Almería al mando del Teniente Coronel D. Eduardo Barrera Bau, que lo hicieron el 24 de julio a las ocho de la mañana. Ese mismo día y después de una dura marcha, realizan la travesía en barco desde Ceuta la I y II Banderas de la Legión al mando del teniente coronel Millán-Astray junto a dos Tabores de Regulares al mando del teniente coronel González Tablas.

Así se pronunciaba la prensa en aquellos momentos:

Hoy a primera hora de la mañana llegó el Isla de Menorca, procedente de Almería, un Batallón del Regimiento de La Corona, que fue recibido con gran entusiasmo por el público que llenaba los muelles. El Teniente Coronel que manda las tropas arengó a los soldados dando vítores, que se repitieron entusiásticamente en todo el trayecto hasta el cuartel”

“A la una de la tarde entró en el Ciudad de Cádiz, con dos Banderas de los Tercios de Extranjeros (10 compañías, 2 de ellas con ametralladoras). En tanto que el barco maniobraba para atracar, los legionarios, desde cubierta y desde las jarcias y palos, prorrumpieron en vítores a Melilla y a España, vivas que promovieron delirante entusiasmo en el gentío apiñado en el puerto y en las murallas. Desembarcada la fuerza, su jefe, el TCOL. Millán Astray pronunció una arenga diciendo, en síntesis que los legionarios vienen de la primera línea de Tetuán y sabrán demostrar aquí ser soldados valientes y arrojados. Hubo muchos vivas, y el entusiasmo se desbordó en proporciones indescriptibles cuando los legionarios desfilaron entonando a toda voz su himno y con aire verdaderamente marcial”.

Melilla estaba salvada. Hubo que derramar mucha sangre.

Pronto se cumplen los cien años de aquellos terribles sucesos.

Es el momento de comenzar los preparativos para conmemorar los actos en recuerdo de cuantos en la Campaña de Marruecos dieron su vida y murieron con el nombre de España en sus labios.

Monte Arruit

No puede quedar en el olvido.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 julio 2017