Cuentan en la Legión que el primer alistado le dijo al segundo: ‹‹Esto ya no es lo que era››. Se dijo o no se dijo, pero se sigue diciendo. Todos reivindican su época legionaria como la más ejemplar, dura y auténtica. Veteranía, orgullo del pasado y esperanza en el futuro.
La bandera de la Legión
Camino del Centenario de la fundación dela Legiónla más popular y emblemática unidad del Ejército español, es un buen momento para hacer historia y preguntarse ¿Qué va ser de la Legión? ¿Es la Legión la que era? ¿Qué futuro le espera a la Legión? Un interrogante no exento de razones para planteárselo cuando conocemos los intentos de su eliminación o al menos desnaturalización. Romper con sus raíces, con su fundador, o su histórica y heroica actuación en tiempo y lugar es desvirtuar la historia y el comportamiento de un Cuerpo creado para cumplir con su deber, obedecer hasta morir, algo que suena muy épico, pero de una dureza sin igual. Muchas veces es más duro obedecer que morir. La Legión es un compendio de virtudes de tal magnitud y grandeza que parece normal y fácil su cumplimiento precisamente por su cotidiana sencillez. Síntesis de la épica militar, poema de la milicia, renovación del espíritu militar herido, casi muerto, en tristes momentos de olvido y pesadumbre para nuestro Ejército.
Pero vayamos despacio y no caigamos en el dicho legionario ya que cada momento tiene su épica y su tiempo. El tiempo de la Legión también es este sin necesidad de recurrir a la melancolía que no lleva a ninguna parte si no se mira al futuro.
El Credo. Inamovible, un espíritu único y sin igual
Un Credo inamovible, un espíritu único y sin igual, una historia de entrega sin concesiones. Es la Legión. Empecemos por lo más profundo. Vayamos despacio desgranando este misterio. Porque es indudable que la Legión es fundamentalmente un misterio. Todo en su interior, incluso en su historia, es un misterio desvelado solo a los que a ella se acercan y lo descubren.
Recitar el Credo es…
Mística es misterio y hasta que no entremos en él no podremos saber de qué hablamos.
Razones ocultas de difícil comprensión e imposible explicación. Algo que ya de entrada fascina y atrae. Es la magia de unos hombres que se emparejan con la muerte. No es una teoría, un enunciado sin contenido práctico, aunque no se transmite ni se aprehende con la simple capacidad de la razón. Cuando esta se acaba, allí donde esta no llega, empieza el misterio, el verdadero sentido de la mística, que es, en definitiva, una experiencia. No hay transmisión oral sino atracción hacia las gestas, el ejemplo que otros han dado de su vida después de haber descubierto el misterio y morir abrazados a él. Porque místico es el que ha vivido la experiencia y, repito, la Legión es un misterio que no se revela a cualquiera. Esta es una unidad expresamente nacida para aquellos que se elevan por encima de las ofertas diarias que plantean la monotonía y el adocenamiento. Para hombres dispuestos a vivir con y para la Legión en aras del compañerismo. No abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. De su Credo es imposible la elección de uno de sus espíritus porque todos se complementan y van granando el conjunto más hermoso que pueda recitar un soldado. No hay copias, no hay imitaciones, no hay la más mínima posibilidad de crear algo tan grande y duradero. Es el espíritu de la Legión, la Legión en estado puro: La Mística. No hay más secreto ni explicaciones.
Cuando los legionarios recitan el Credo
Recitar el Credo es entrar en una dimensión distinta. Recitar el Credo con la mirada al Cielo es sentir la historia y soñar con el ejemplo de los héroes que la forjaron. Recitar el Credo es unirte allí en el cielo, espiritual y eternamente, con los que te precedieron. Recitar el Credo es apretar las filas, y los dientes, los hombros juntos y fuertes, pegar el fusil al cuerpo, rezar, amar, sentir y llorar si es necesario. Recitar el Credo es el acto más serio, el más duro, el más tierno, es el acto de la esencia de la Legión, porque es donde se encuentra su misterio: La Mística de la Legión.
Hechas las felicitaciones de rigor les pedimos que sigan entrando a leer nuestros artículos y si es posible que los difundan. A pesar de la edad queremos seguir creciendo y extender nuestros sentimientos. Queremos reflejar los suyos.
Vamos con el humor.
El tratamiento es el título que se da a una persona por cortesía o en función de su cargo o condición. La abreviatura es la representación gráfica reducida de una palabra. En los tratamientos se usa con frecuencia la abreviatura.
Excelentísimo es el superlativo de excelente. Ilustrísimo de ilustre. Lo de Magnífico y Honorable es más difícil de explicar en nuestras actuales circunstancias. Honorable es ser digno de ser honrado o acatado. Provoca hilaridad pensar en quienes ahora estoy pensando. Muy honorables…
En la vida militar el uso de la expresión verbal sigue en pie, pese a quien pese. El Vuecencia al general y el Usía del coronel es algo que obliga mucho al que ostenta tal tratamiento. Cortesía, educación, respeto mutuo y disciplina. De arriba abajo
Mi voesensia…
Claro que en ocasiones se escribe y se habla de oídas. Eso crea sus problemas. Les podría dar una larga lista de voces que he oído al dirigirse a un general. Mi boesensia, con distintas modalidades, es muy utilizado en la Legión; no sé muy bien si lo pronuncian con be o con uve, pero lo que es seguro es que se transmite de generación en generación. La frase completa, el tratamiento completo, les aseguro que siempre me gustó y jamás lo corregí ni permití que se hiciese:
–A la orden de vuesensia, mi generá… Expresión que tiene un sentido más profundo que la correcta y reglamentaria. Uno se siente más general siendo elgenerá de los legionarios. Al menos este vuesensia que les escribe no ha tenido más alto tratamiento ni título del que se sienta más honrado.
Lo grande además es que normalmente el generá no tiene nombre. Es simplemente eso: el generá, mivuesensia.
Es el mundo legionario, su lenguaje y sabiduría. Un legionario jamás se calla. No hay interrogante al que no sepa responder.
Al poco de llegar a la Legión presencié una de las grandes lecciones que imparten estos mandos claves de la Legión. Tan importantes o más que el general. Un cabo le decía a un aspirante al gorrillo, un recluta grande y fuerte como un castillo.
-Oye chavá, si no sabes lo que te preguntan tú nunca te calles.
Miras como una fiera a quien te pregunta y le sueltas un espíritu del Credo y se han acabao las tonterías. ¿te has enterao?
A más de un general he visto quedarse sin respuesta cuando un legionario a su pregunta contestaba con un espíritu del Credo. La verdad es que no osaban volver a preguntar y se iban sin entender muy bien aquello.
Cena en Palacio Real de Madrid
Los ceremoniosos tratamientos dan lugar a situaciones en ocasiones cómicas. Ocurre en las trincheras y alambradas de la vida y entre las gruesas alfombras de la Real Fábrica de Tapices.
En una cena de Estado en el Palacio Real de Madrid ocurrió una anécdota curiosa. Me la contó una señora invitada a la cena. Por entonces yo mandaba la Guardia Real.
Un cartelito con el tratamiento, nombre y cargo señala el lugar de cada comensal en la mesa. Se utiliza la abreviatura, Sr., Excmo., o Ilmo., dependiendo del que a cada uno le corresponda.
Contaba esta señora, que a su lado se sentó un caballero perteneciente al séquito del Jefe de Estado extranjero. Desde el inicial saludo no dejó de dirigirse a ella por el nombre de Ilma. Al principio pensó que la llamaba, por algún extraño error, Vilma, como la mujer de Pablo Picapiedra, pero resultó que no; la llamaba Ilma. Enseguida comprendió la razón de aquel extraño nombre. En el cartelito que puesto encima de la mesa indicaba su lugar para la cena ponía: Ilma. (Abreviatura de Ilustrísima) Sra. de…, y a continuación su correspondiente cargo. El avispado compañero de mesa antes de sentarse había echado una ojeada al cartelito y no se lo pensó dos veces. Esta se llama Ilma.
La señora, avezada en estas lides, asumió divertida la situación pensando que ya tenía una historia más para su abundante anecdotario. Cuando se asiste con cierta asiduidad a estos actos acaba uno teniendo una larga colección de sabrosas anécdotas.
El señor Zapatero suprimió los tratamientos en el ámbito de la Administración. Todos de señor o señora. Ni excelentísimos ni ilustrísimos. Nadie le hizo caso, ni la administración de justicia, ni la militar, ni sus señorías.
¿Recuerdan a Cela?
-pero, ¿quién se cree usted que es?
-¿Yo? Cultura general… ¿Y usted?
Aquella orden de Zapatero se suprimió por ley y por cultura.
.Cuentan que estando enfermo el peluquero de Alfonso XIII llegó un sustituto que inició su tarea preguntando.
-Majestad como tengo que dirigirme a usted.
-De cualquier manera, incluso me puedes tutear. Menos de usted, puedes dirigirte a mí como te dé la gana.
Cada cosa y caso son distintos. Tradición y cultura juntas.
Tradición y cultura encierra el tratamiento más honroso que he recibido:
Josín, el legionario, junto a su perro, Trasgu, y la nueva dueña
‹‹Me muero, pero un legionario nunca da un paso atrás››.
Esta es la historia de un legionario, la de Josín Lazcano y su mejor amigo, su perro Trasgu.
¡Qué hombre! ¡Qué pedazo de legionario!
Josín se muere. Le han dicho que su enfermedad es irreversible y ha abandonado su tratamiento. No tiene miedo. No es un ningún loco ni insensato. Todo lo contrario. Ha luchado como el que más en la vida. Una vida que no ha debido ser fácil. Es artista en su estudio CajaLata, allí en su Mieres querido, donde pasea con su camisa verde y su emblema de la Legión. Un artista conceptual sin duda, una lucha entre la vida y la muerte han formado su concepto y ahora ve de cerca aquel momento que tantas veces ha repetido:
Por ir a tu lado a verte…
No es un insensato. Es un legionario y sabiendo que le ha llegado su hora todo lo ha preparado.Legionario, legionario que te entregas a luchar y al azar dejas tu suerte pues tu vida es un azar.
Josín, ahora ve que se acerca el final y ha querido dejar todo con rumbo y orden. Sabe lo que es morirse:
Josín con su camisa verde legionaria y el emblema de la Legión
‹‹Me muero, pero un legionario nunca da un paso atrás›› ha dicho.
Todo está maqueado, como dicen los legionarios. ‹‹Ya está todo listo, he pagado religiosamente la cuota del seguro de cese. Solo me faltaba encontrar casa para Trasgu››.
Trasgu es su perro. No quiere dejarlo solo, abandonarlo a su suerte. Es su compañero. ¡Ay ese espíritu de compañerismo cuanta falta nos hace! No abandonar jamás… ¿Y la amistad? Un juramento entre cada dos hombres.
¡¿Pero no es un perro?! ¿Y qué? Es amistad y compañía. Es soledad compartida, es el arte de la vida. ¡¿Que no lo entienden?! No importa.
Trasgu, espíritu de amistad
Josín viendo que se moría hizo un llamamiento para que alguien se quedase con su perro. No quería dejar abandonado a su amigo, a su compañero. Puso dos condiciones. Que no lo castrasen y que no le adornen con ninguna prenda. Es un perro de un legionario, un legionario. Trasgo ya ha encontrado dueña. Josín y Trasgo se han despedido.
Es difícil ser legionario. También conocer su alma profunda. Se requiere mucha atención, sensibilidad y dureza. Un ejercicio de coraje y firmeza que da paso al compañerismo y la amistad eterna que continúa seguro más allá de esta cotidiana vida. Te gustan o no te gustan, pero jamás te dejará indiferente un legionario.
‹‹La última lágrima que yo derrame será por mi perro Trasgo›› Ha terminado diciendo Josín.
Las mías, las lágrimas de este general que tuvo el honor de mandaros, hoy han recorrido mi cara, abundantemente, cuando he leído la historia de Josín y Trasgo.
Caballero Legionario Josín Lazcano, déjame que te envíe un abrazo legionario a través de estas líneas. Alguien te lo hará llegar, seguro estoy porque el milagro de la unión y socorro de la Legión siempre funciona.
¡Que nuestro Cristo de la Buena Muerte te bendiga!
¡Que el Cristo de la Buena Muerte te bendiga!
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Exgeneral Jefe de la Brigada de la Legión “Rey Alfonso XIII”
Fue en Sevilla pero pudo ser en cualquier otro lugar de España. Ocurre al menos una vez al año que se desgarra el alma y convertimos una semana en santa, en la Santa Semana. Aparece la muerte alzada entre Hermandades y Cofradías, pasión que se siente, una semana al menos en nuestra constante vida penitente.
Se llamaba Ricardo Gordillo Díaz pero era el Balilla. Nombre de guerra de aquellos soldados bajitos y fieros. ‹‹ ¡Díselo al Balilla! ¿Dónde está el Balilla? Pregúntale al Balilla… lo ha dicho el Balilla››. Heredan el apodo, el estilo, de generación en generación; para eso hay que tener condiciones. Sin ser cabo son más cabo que el cabo de varas. Con veinte años era ya el Balilla. Tenía que haber sido legionario. Ahí es nada. Pero era muy joven y le tiraba mucho Sevilla. ¡Quién sabe! De la misma raza que el legionario de la melódica que nos contaba hace unos días enEl Recuadro del ABC sevillano el cabo Burgos. Hacen historia y son historia. La del ingenio y el valor ante la vida. Que es el honor del pueblo. Da lo mismo un roto que un descosido. Resignación siempre, su vida en manos de los demás. Surgen y se elevan en los momentos en los que el alma está al filo de lo imposible. No están hechos para la vulgaridad aunque su vida se vea como algo muy vulgar. ¡Al cielo con Ella! No pudo salir de otro lugar que no fuese el corazón de aquel hombre apodado el Balilla: ¡Al cielo con Ella! Solo cuando algo es verdad trasciende. Aquello ocurrió la madrugada del Viernes Santo de 1952 siendo Ricardo Gordillo Díaz costalero de la Hermandad del Cristo de los Gitanos.
Mandaba yo la Legión cuando un día lo oí: ¡Al cielo con Él! Preparaban mis legionarios la Semana Santa y en sus ensayos fue cuando observé como el cabo de la escuadra de gastadores repetía cada vez que quería motivar a sus legionarios: ¡Al cielo con Él!
Subía el Cristo al cielo como solo puede subir de brazos legionarios. Por un momento quedaba suspendido en el aire. Temblaba aquel madero, del golpe de las manos, temblaba hasta el suelo, de los golpes de las botas legionarias, y temblaba el mismo cielo de ver aquel espectáculo. No temblaban los legionarios.
¡Al cielo con Él! Decir legionario, por aquello de la Buena Muerte, del compañero jamás abandonado, de los cincuenta mil muertos y laureados.
Temblaba el general de tener aquel mando y aquellos hombres tan bravos que convierten hasta la rutina en valor, cualquier cosa que hacen es en ellos lo más apreciado, su deber más sagrado.
¡Al cielo con Él! ordenaba el cabo legionario
Tiene que haber un cielo legionario, pensé. No es fácil alcanzarlo, ser legionario, de verdad, y Él tiene que ser allí capitán, un capitán legionario, el capitán de los legionarios. Un cielo para los valientes por sencillos y humildes legionarios. Para los que nada han sido sino legionarios, para los que eso que han vivido, pobres y olvidados, ha sido ya desde la tierra un cielo, aunque sea legionario, el mejor cielo encontrado. Porque allí juraron su amistad que nunca en otro lugar encontraron. Porque allí nunca se vieron abandonados hasta perecer todos, juntos y hermanados. Un cielo para los hombres bravos, donde no se oye la queja sino el grito de socorro del legionario hermano, donde se obedece hasta morir y morir es el mayor honor cuando te espera la Buena Muerte de ese tu capitán, el Cristo legionario y hermano. ¡Dios mío! Tiene que haber un cielo legionario cuando se muere por tu Bandera y por tu hermano.
¡Al cielo con Él! ordenaba aquel cabo legionario y su voz de mando resonaba como el mandato de la historia de los cincuenta mil muertos legionarios.
El Cristo legionario
Me quedó esta historia que hasta hoy guardo, la del Cristo legionario, ensayando en un patio de armas, velando, orando y llevando la historia de una leyenda de vida y muerte, la leyenda inmortal, la historia, va para cien años, legionaria. Hubo momentos que confundí el Cristo con aquellos legionarios y aunque el cabo ordenaba con potente voz de mando, como general me di cuenta enseguida que el capitán era aquel legionario al que herido sobre el tronco llevaban, al cielo legionario, y que como solo ellos saben gritar, como si de una orden se tratara, orden legionaria, solo se oía un grito: ¡Al cielo con Él! Cristo, capitán legionario.
//Andalucia// 21-4-2011 Malaga Traslado del cristo de Mena Fotografo ANTONIO PASTOR
No podía la voz del Balilla estar sola: ¡Al cielo con Ella! Era necesaria la voz legionaria que como una orden, mandara: ¡Al cielo con Él!
En el legionario es característica la alegría y el buen humor y de ello son su manifestación los cánticos. ¡Cantan a la mañana como los pájaros; cantan al salir a la marcha y al combate; cantan al volver, cantan, siempre cantan!…
EL himno es la marcha nupcial del soldado cuando va a desposarse con la muerte. Los vivas son gritos de vida, afirmación de los ideales, imposición de ellos…
Nuestros himnos fueron: dos españoles y uno extranjero, «La Madelón». Con él empezamos como cortés deferencia a los legionarios extranjeros; igual hicimos con el Deutschland über alles y El Tipperary. Después tuvimos «La canción del legionario», del Maestro Modesto Romero, con estrofas del Comandante Emilio Guillen. Pronto se hizo popular y lo repitieron las músicas militares y los clásicos organillos. El «Himno de la Legión«, severo y solemne, que se adapta a los momentos de intensa emoción y respeto, es debido alMaestro Francisco Cales y letra delpoeta Antonio Soler. A ellos se unen los espontáneos, los que brotan como las flores en el campo, los que cantan los legionarios, sin saber de dónde vienen, siendo la musa de la Legión quien los inspira. Cada Bandera tiene sus himnos predilectos, como sus cantos de marcha, y las letras hablan de lo que le es más querido. En esto, como en todo, sus imaginaciones se desbordan exuberantes ysentimentales. Los vivas se repiten pertinaces y los gritos de ¡Viva España! ¡Viva el Rey! y ¡Viva la Legión! suenan en todos los actos y en todos los lugares. Es la consagración de su Credo, es el nudo gordiano de su existencia legionaria. No se puede ser soldado sin tener los vivas grabados en el alma. Ellos serán los que los empujen, son los motores de la voluntad, el ánimo, el enardecimiento, el grito de guerra, el de salvas, el de muerte, el de alegría, el de adiós y el de pena. Los vivas son el alma que se muestra en forma material; sin vivas no hay soldados, no hay guerreros en las filas… hay tansólo hombres formados.
Son palabras del Teniente Coronel Millán-Astray extraídas de su libro “La Legión” escrito en 1923.
Himnos y canciones de la Legión. El deseo de Millán-Astray
Era el deseo de Millán-Astray que La Legión contara con sus propios himnos y canciones “que abrevian los kilómetros y alivian la fatiga. Todas las noches, a la retreta, se cantarán esos himnos solemnemente, y siempre, siempre, la Legión rendirá el homenaje del recuerdo a sus muertos”.
Iba a ser la música la expresión de la mística legionaria. Para entrar en el corazón humano hay que cruzar la antecámara de los oídos. El silencio de la tragedia legionaria sólo podía ser expresado a través de sus canciones o con el rezo conjunto, recio y vibrante de los espíritus del Credo.
Porque en la Legión hay poco que entender o discutir; aquí no se habla, se reza…
Porque no se habla cuando se va a luchar pero se reza cuando se va a morir.
Así surge la música legionaria que busca la trascendencia, vencer el miedo y la zozobra. Cantando oyes al compañero en compañía hacia la muerte y silencias a los enemigos del alma. La música te hace fuerte, hace legión, cohesiona y acompaña en el recuerdo de las hazañas que fueron y en la esperanza de las que vendrán.
Nace la melodía del combate, la combinación del ritmo del ataque con la armonía de la ciega y feroz acometividad que te arrastra hacia el mayor honor, morir en el combate.
Millán–Astray busca al compositor amigo, Francisco Cales, del Cuerpo de Músicos Mayores del Ejército y con él surge el primer himno oficial de la Legión al que pone letra el poeta Antonio Soler, “Tercios Heroicos”…
¡Viva España! valientes hermanos
¡Viva España! Legión inmortal
No podía faltar en este primer himno la contraseña de la Legión, esa que despierta el alma cuando el cornetín suena por encima del fragor del combate anunciando el inminente momento del encuentro con la victoria o la muerte:
¡Legionarios a luchar!
¡Legionarios a morir!
El compositor y el poeta describen la mística legionaria que habla del misterioso pacto con la muerte:
Ya surja ruda, feroz pelea
o de la lucha cese el afán
notad que os cercan siempre amorosas
sutiles sombras que un beso os dan.
La Canción del Legionario del maestro Modesto Romero
A finales del año 1920, el maestro Modesto Romero y el Comandante Emilio Guillén Pedemonti, autor de la letra, habían compuesto “La Canción del Legionario”,
Soy valiente y leal legionario
Soy soldado de brava Legión
Pesa en mi alma doliente calvario
Que en el fuego busca redención
El año 1921 la estrenan en el Teatro Cervantes de Madrid cantando como solista el barítono Ulivarri. Un coro con uniformes legionarios y la Banda de música y cornetas del Regimiento de Infantería del Rey le dan máximo esplendor. Aquella canción se incorporó de inmediato al repertorio legionario sustituyendo con el tiempo a Tercios Heroicos como Himno oficial de la Legión.
Vibrante, trascendente, de ciega y feroz acometividad, era un himno para el combate, para el sufrimiento y dureza:
Mi divisa, no conoce el miedo
Mi destino, tan solo es sufrir
Un canto al compañerismo, a la amistad, unión y socorro:
Cada uno será lo que quiera,
Nada importa su vida anterior,
Pero juntos formamos Bandera
que da a la Legión el más alto honor
Es el himno que esperaba la Legión y que recogía el espíritu de su Credo:
Legionario, legionario,
De bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte
tendrás siempre por sudario, legionario,
la Bandera Nacional
Desde entonces y hasta nuestros días es el Himno oficial de la Legión; un himno, como no podía ser de otra manera, para el combate y el encuentro con la muerte, un himno para los valientes y leales legionarios.
La Legión había encontrado su propia música acorde con el destino escogido; una marcha nupcial sólo para los soldados de brava legión; notas vibrantes de la divisa legionaria que no conoce el miedo; el pensamiento y el ideal hecho música contagiosa para acudir donde se oiga fuego, de día de noche, siempre, siempre…
Pero el combate de la Legión sólo puede terminar con la victoria o la muerte, legionarios a luchar, legionarios a morir; no hay otra opción.
La Legión necesitaba una canción para la muerte; no para la vulgaridad del miedo sino para rendir homenaje a sus muertos de acuerdo con el Espíritu de la Muerte que reza así en nuestro Credo:
“El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez, la muerte llega sin dolor, y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde”.
El novio de la Muerte
Baltasar Queija de la Vega es el primer legionario que muere abatido por un disparo enemigo. Es la primera baja de la Legión. Fue el 7 de Enero de 1921 mientras protegía la aguada del Zoco el Arbaa, cerca de Tetuán. En sus bolsillos encontraron un poema dedicado a la Legión:
Somos los extranjeros legionarios
El Tercio de hombres voluntarios
Que por España vienen a luchar
Era el primer muerto en combate de la Legión, un legionario poeta, un niño legionario. Nos lo cuenta así el fundador de la Legión:
“Baltasar Oueija de la Vega, el infantil poeta, fue el primer legionario que murió en combate. Era un niño, de inteligente mirada y espontánea presteza. Hizo los versos, de todos conocidos, de exaltada pasión y espíritu guerrero; fue el trovador de la 2ª Bandera, y cantó, como el cisne, para luego morir. Parece una novela, mas sus compañeros lo aseguran: Cierto día, a los muy pocos de salir al campo, dicen que recibió una carta fatal. Allá en su pueblo acababa de morir la mujer de sus amores, y el poeta, en la exaltación de su dolor, se emplazó a sí mismo invocando el unirse a la muerta con la primera bala que llegase. En el primer ataque al campamento hubo una sola baja, un legionario muerto: Baltasar Queija de la Vega. ¡Quién sabe si la sencilla leyenda es hija de otro poeta!”.
Dicen que esta historia fue la que inspiró la composición de la que iba a ser la más famosa composición legionaria, “El novio de la muerte”.
En julio de 1921, una cupletista de moda, Mercedes Fernández González, de nombre artístico Lola Montes, se encontró en la calle Montera de Madrid con el letrista Fidel Prado cuyas letras interpretaba a menudo Lola Montes. En la conversación Fidel Prado invitó a la cupletista a escuchar la partitura de un cuplé, con letra suya, y que le acababa de enviar el compositor catalán Juan Costa.
Se celebró la audición en el estudio del maestro Modesto Romero, en la calle Luchana, emocionando a todos los presentes e incorporándola de inmediato Lola Montes a su repertorio para estrenarla en su próxima actuación en Málaga.
Allí, en Málaga, en el teatro Vital Aza, se estrenó el cuplé. La duquesa de la Victoria dirigía los hospitales de la Cruz Roja en Marruecos y al escucharlo le pidió a Lola Montes que lo interpretase en Melilla para elevar la moral de la población.
El día 30 de Julio de 1921, cuando la Legión acababa de desembarcar en auxilio de Melilla después del desastre de Annual, se estrena en Melilla “El novio de la Muerte”; es oída por el Teniente Coronel Millán-Astray, jefe de la Legión, que sin dudarlo un instante la incorporó al repertorio legionario introduciendo los necesarios cambios para adaptarla al ritmo de la marcha legionaria.
La Legión ya tenía una canción para sus muertos. Una conmovedora música creada para un cuplé con una letra que bien podía haber escrito Queija de la Vega o cualquier legionario de los que cantaban aquello…
Soy valiente y leal legionario
¡Madre volveré cantando!
…soy soldado de brava Legión.
¡Madre, no llores y espera!
Mi camisa legionaria,
Será para ti Bandera.
En 1952, el director músico de la banda de Guerra del Tercio, Ángel García Ruiz, adaptó el ritmo de la composición al paso procesional de los desfiles de la Semana Santa de Ceuta. Así la cantamos ahora, como si de un rezo se tratara. Sólo hay una razón para tan enorme emoción, «…por ir a tu lado a verte, mi más leal compañera…». Si al escucharlo no te emocionas, es que todavía no has comprendido el alma de la Legión.
La Legión podía honrar a sus muertos. El origen de la música y letra era el cuplé. Así tenía que ser, evitando la retórica pomposa y la expresión forzada. Más las veces son mejor oídos, el puro ingenio y lengua casi muda, testigos limpios de ánimo inocente, que la curiosidad del elocuente. El cuplé llamado “género ínfimo” iba a dar la música y la letra para el estremecedor momento de la muerte en una trascendente confesión colectiva de amor al valor y al arrojo. El novio de la muerte, una declaración colectiva de sentimientos, una expresión del ideal individual, la fe en la vida y en la muerte:
“…Si algún día Dios me llama me llama
Para mi un puesto reclama
Que a buscarte pronto iré”.
Muchas veces el silencio se expresa cantando y la única forma de oír el silencio legionario, la tragedia interna y la externa, cuando un compañero cae, es cantando nuestra fe junto a nuestro Cristo de la Buena Muerte.
Y en el último beso que le enviaba
Su postrer despedida le consagraba
La historia de los himnos y canciones la tenéis escritas en muchos lugares. No era mi intención repetirla ni detallarla; quería ir más allá y hablar de sentimientos, sin los cuales es difícil entender esta mística. Aunque aquí nada hay que entender y sí mucho que sentir; nada hay que cantar pero sí mucho que rezar; porque veréis a los legionarios enérgicos, airosos, con mirada que brilla con fiebre; son de hablar alto y enérgico, erguidos y resueltos pero saben arrodillarse y morir como un bravo al grito de ¡Viva España!¡Viva la Legión! y despedirse para unirse en lazo fuerte con tal leal compañera.
La Legión tiene un himno para el combate, “La Canción del Legionario”, legionarios a luchar, y una canción para enterrar a sus muertos “El Novio de la Muerte”, legionarios a morir. Forman parte de la mística legionaria y con ellas se han sucedido los actos heroicos, humildes y sencillos de gente dispuesta a morir por su Patria, dando la vida por los demás. Y es mucha la sangre de los novios de la muerte con la que han regado la tierra ardiente.
Era como si la noche no hubiese caído, como si el día no tuviese de largo lo suficiente. Nadie se recogía esperando ver al Cristo, al Señor de la Buena Muerte Todos en silencio, cada uno el de su suerte, con la mirada en la madera de una figura que se retuerce y en la Cruz cobra vida, se transforma de repente en la carne de los que allí esperaban que el prodigio sucediese
Cantan los novios de la muerte
«Por ir a tu lado a verte…»
General de División (R)
Blog: generaldavila.com
TERCIOS HEROICOS (Sigue interpretándose en todos los actos y formaciones de la Legión)
LA CANCIÓN DEL LEGIONARIO (HIMNO OFICIAL DE LA LEGIÓN)
EL NOVIO DE LA MUERTE (El espíritu y la mística de la Legión)