Dicen que fue cosa de los monárquicos alfonsinos. Una época para olvidar. ¡Qué República! No se podía hablar de monarquía ni de casi nada. Hubo comités de vigilancia ideológica. Como ahora en ciertos rincones de España.
Ya lo he escrito en otras ocasiones. Ante la dictatorial prohibición no hubo más remedio que recurrir al acrónimo V.E.R.D.E. (VIVA EL REY DE ESPAÑA). Así se entendían los que veían espantados el rumbo que tomaban las cosas. Verde la corbata, verde lazo en la solapa, y hasta verde la tinta de aquellas cartas que corrían por una España que entró en la ley callejera de terciar el palo. Cartas que terminaban: V.E.R.D.E. (¡VIVA EL REY DE ESPAÑA!). Verde clandestino.
A España un color se le iba y otro se le venía. También la Bandera pasó a la clandestinidad. La roja y gualda. Se tiñó de morado una de sus franjas y así surgió otra para el enfrentamiento y la división.
Cortos de vista, largos de intenciones y maldad. ¡A por los símbolos! Siempre es lo mismo. ¡A por la unidad! Se coge una foto del Rey se quema o rompe. Se coge la Bandera y se la tiñe. Se coge a España y en poco tiempo no la conoce ni la madre que la parió. Rota en trocitos pequeños e irreconocibles. Irreconocible como la ley que no reconocen.
Cojan el mapa de España, cojan la Bandera, una foto del Rey, la Constitución, quémenlos en espectáculo público y hagan la instantánea.
La vicepresidenta del Gobierno español propone al psoe un pacto frente al desafío soberanista. Parece que el título del pacto ya está acordado: ‹‹Cumplamos y hagamos cumplir la Ley›› (iba a escribirlo en rojo, pero me ha dado repelús). Iceta al enterarse se ha puesto a bailar al ritmo de Leonard Cohen ‹‹In my secret life››…, pero ha perdido el ritmo. No conoce ni la letra ni la música. Los otros, los otros del pacto, parece que tampoco. ¿O sí?Con el título hubiese sido suficiente. En su momento. Ahora llegan tarde. ¡Ay! la verde inocencia. Si son ellos los culpables habría que preguntarse ¿Qué van a pactar los que han provocado el problema? ¿Son ellos el problema? No hay manera.
Hubo un tiempo en que se llegó a un pacto de esos que nunca pasan a la historia porque ni se escriben ni se cuentan (ni se contarán). Es algo muy frecuente politiquear a espaldas de la soberanía, ya saben. Casi todos lo cumplieron. La cosa iba bien, bien preparada y ejecutada con tino. Pero mira por donde, el listillo (listillos, para evitar confusiones) no cumplió y se quedó (quedaron). El que fue a Sevilla perdió su silla. Cosas de Alonso de Fonseca el Viejo y Alonso de Fonseca el Mozo (ya metido en añitos).
Es que mezclo las cosas. Ya lo sé. Me tienen que perdonar. Es el misterioso duende del ordenador.
Hablaba de pacto, diálogo, de la vicepresidenta, del psoe de Iceta y del otro, hasta de Leonard Cohen. No sé si incluso he hablado de Rubalcaba. Es verde lo que escribo y eso no es muy correcto para poner negro sobre blanco. Y de pactos. Del pacto sobre la unidad de España, de la quema de fotos del Rey, del permanente insulto a España, de la Bandera, de la Constitución y de la Institución. ¿De cuál de ellas? De todas. Pues hablando de todo eso he visto que un juez actúa sobre el presunto delito cometido por independentistas callejeros (?) que apoyan a los independentistas de sueldo y salón. ¡Qué bien!, me he dicho.
Luego me he quedado pensando y hay cosas que no entiendo.
Quemar la Bandera, una foto del Rey, insultar, romper la Constitución, berrear… son actos (de encargo y por encargo) que deben tener su castigo, el marcado por la ley. Pero el origen de todo ello está en algo mucho más grave y verdaderamente peligroso. Romper desde las instituciones la unidad de España, acabar de un plumazo con la soberanía nacional. Romper con la Ley y la convivencia y… ¿eso no es un delito? No a lo que se ve. No por lo que a diario vemos y sufrimos.
No me extrañaría que romper la unidad de España se haya convertido en un juego democrático, donde el diálogo y la negociación terminen redactando lo sustancial en letra pequeña e ininteligible. Es decir que nos la metan doblada. Aquí, contratos y pactos tienen más letra pequeña que otra cosa. Los redactan unos y los firman quienes no saben leer.
En fin ya no sé muy bien que es delito y que no lo es.
¿Romper la foto del Rey? ¿Quemar la Bandera?
Romper desde las instituciones la unidad de España, no cumplir la Ley, la Constitución, y no hacerla cumplir ¿Eso es delito o no?
Porque no es la foto del Rey, ni la Bandera, ni el himno, lo que les preocupa. Es la unidad de España y para romperla bueno es empezar rompiendo esos lazos históricos, patrimonio del ser y sentir español. Romper con cualquiera de ellos es bueno para sus intenciones.
Por eso escribo en verde. Por si era verdad o camelo aquello de los brotes verdes. Desesperada esperanza. Por eso aconsejo a la vicepresidenta que no utilice letra pequeña para ese pacto que busca, y que lo refrende con el acrónimo V.E.R.D.E. y un ¡VIVA ESPAÑA!
Que no nos la metan doblada. Esta vez la hipótesis más probable coincide con la más peligrosa.
Un, dos, tres… hasta ahí puedo leer. Es demasiado frecuente pactar y manipular a espaldas de la soberanía.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez



Así de claro y contundente, con el laconismo propio de la expresión militar, se enunciaba el artículo 21 de las antiguas Reales Ordenanzas que desde tiempos de Carlos III han sido la norma de conducta en nuestro ejército hasta hace bien poco. Estaban en vigor cuando yo entré en el Ejército. Y naturalmente lo estaban en el año 1898 cuando un puñado de españoles, que con justicia han sido llamados “Los últimos de Filipinas”, se vieron inmersos en la defensa del puesto militar de Baler, aislados, sin conexión alguna con el resto de sus fuerzas, durante 337 días.
Batallón Expedicionario nº 2 y contando con el apoyo sanitario del médico provisional del cuerpo de sanidad Rogelio Vigil de Quiñones más tres sanitarios; se vieron en la necesidad de hacerse fuertes en la iglesia de San Luis de Tolosa de Baler rodeados de una fuerza muy superior de rebeldes katipuneros que no respetaron el pacto de Biac – na – Pacto firmado entre Primo de Rivera y Aguinaldo. Las prematuras muertes del capitán y del teniente Alonso, dejaron al Tte. Martín Cerezo la mayor parte del asedio al frente del destacamento.
También aciertan acercando al espectador a un escenario físico y geográfico muy real que se caracteriza tanto por voluptuosa vegetación como por su falta de comunicaciones y le introducen directamente en el escenario de la acción. La iglesia de Baler y sus alrededores. Pero yerran ¡y de qué manera! En los perfiles históricos, psicológicos y profesionales de los propios protagonistas. Puede que no fuera intención del director hacer una película puramente histórica, pero no ha tenido la decencia de poner al principio el consabido anuncio “esta película sin ser histórica, está basada en hechos reales”
“El sitio de Baler, notas y recuerdos” en 1904. En las memorias del padre Minaya, que han permanecido casi un siglo inéditas hasta que recientemente han sido publicadas, disiente en algunos matices de lo que el principal protagonista de esta historia, el Teniente Martín Cerezo, da a conocer en el suyo. ¿A quién puede extrañar tales diferencias? Félix Minaya era un fraile que se debía a sus feligreses, que eran todos tagalos. No era un capellán militar al estilo de los Padres Huidobro o Caballero, cuyo primer cometido es auxiliar espiritualmente a los soldados. Era un hombre ajeno a todo concepto u ordenanza militar. Difícilmente podría entender la “obstinación” del oficial por no entregar el puesto.
abanderados por Ab el Krim se le autorizó a capitular. ¿Cuáles fueron las funestas consecuencias de aquella capitulación pactada? 3.000 soldados españoles fueron inmisericordemente masacrados. Intuyó seguramente el Tte. Martín Cerezo que algo así le podría suceder a los suyos ante unos rebeldes a los que había causado no poco quebranto y frustración. Su determinación se centraba en defender aquel puesto sobre el que ondeaba la bandera que había jurado y a sus hombres. El cumplimiento de su misión y la seguridad de su tropa. Así de claro.






Sin embargo, y para los más “retorcíos” -como dicen en mi tierra-, hagamos la pregunta al revés: ¿ Qué se es sin bandera, sin himno, sin patria, sin idioma, sin religión, sin tradiciones, sin raza …; ni orden, ni valores, ni cultura … ? Hoy, la chismografía y la falta de modales está de moda. Negarse a portar el guión de la Unidad en procesión; o desfilar dentro de una Unidad de Música Militar un suboficial con su instrumento en ristre, detrás de una imagen en procesión también es un fenómeno al uso, sea arraigada o tradicional o no lo sea; porque por otro canal podría constituir algo más serio dejar abandonado al jefe, y lo menos malo, sería negarse a “arrimar el hombro”, dejando al jefe tirado en la cuneta ante una situación no obligatoria (vamos, recogida en los papeles). ¿ Se imagina el lector que llegue, alguna vez, el día en que no existan voluntarios para portar a nuestro Cristo solemnemente ? Yo, por supuesto, no lo creo porque sería anticonstitucional en diversos aspectos, un tanto largos de debatir … Dice mi admirado amigo, el conocido periodista y escritor -ex-director de ABC, y autor de numerosos artículos, libros y programas de TV, y admirador de La Legión-, Nicolás Jesús Salas, lamentándose, que “con reiteración, algunos investigadores se acercan a las fuentes documentales y a los testimonios orales con un prejuicio favorable a sus propias ideas”.
Al final, no llegué a decidirme. Hubo otro capitán de la misma promoción, aunque no digo el Arma ni nada, que allá en tierras desérticas sería un modelo a seguir, intachable, muy admirado y valorado por el jefe de la Unidad, pero con los años cambió radicalmente, convirtiéndose en un conocido incordiador, aflorando una conducta extravagante que jamás hubiera pensado que adoptaría, y aquí lo vamos a dejar. Ya muchos años después, en la península, hubo un alto mando, exquisito, inteligente, trabajador, buena persona … que tras el toque vespertino de ¡ alto ! solía ir alguna vez a la cantina a charlar y tomarse una cerveza con la tropa, con su gente, y aquí, los estrategas de la obstrucción, le dieron un tirón de orejas, y creo que le quitaron el mando …
Subinspección se celebraron, con carácter extraordinario, corridas de toros. En Villa Cisneros (tal cual lo cuenta el teniente general Mariñas en su libro “El Sáhara y La Legión”, páginas 489-491), se incluyeron en los actos representaciones de lo que entonces se conocía como los “Festivales de España”, con la participación de excelentes instrumentistas, grandes voces y hasta “ballets”. Volviendo a los acontecimientos taurinos, debía ser la única corrida de toros que se celebraría en el desierto (ignoro qué ocurrió en el Tercio 3 tal efemérides), porque para su celebración hubo que empezar por el coso taurino, y sus “avíos”: burladeros, puertas de toriles, tendidos, asientos y palcos. La arena del ruedo, naturalmente, sería una gran ventaja autóctona, y lo único que se escapó de la instalación fueron los tendidos de sombra. En la distribución de tendidos y graderíos pusieron dos curiosos carteles que decían : SOL y MÁS SOL. Los saharauis acudieron en masa. Los espadas participantes, anunciados en los correspondientes y reglamentarios carteles, eran dos legionarios que, tras matar a los astados, hubo de retirarlos del ruedo (a manera de “caballería”, como no podía ser de otra manera) arrastrados por una autoametralladora del Grupo Ligero Sahariano II, ante la inexistencia de las mulillas (arrimándome al vehículo, a tenor de lo que dejé entrever más arriba, cuando se disolvió en Grupo de Caballería, ya en la plaza de Ronda, algunos vehículos-autoametralladoras, ya en desuso, conformaron la ordenación del acuartelamiento de nuevo asentamiento del Tercio 4. Un grupo de mandos de Logística, destinados en el Tercio, consiguió arrancar uno -con todo el motor inundado de agua durante tantos años- hace unos meses, y que hoy funciona perfectamente e, incluso, desfila en las solemnidades del “Alejandro Farnesio”, y “ganándose a pulso” el vehículo la cadena de fotografías de las que se ha hecho acreedor).






























