Poco después de acabar la guerra civil, un banderillero de la cuadrilla de Juan Belmonte llamado Joaquín Miranda fue nombrado gobernador civil de Huelva y un amigo del maestro le preguntó cómo era posible pasar de subalterno a gobernador. La respuesta fue lacónica: “degenerando“.
¡Hoy cabría preguntarse cómo se pasa de segurola de barrio a Presidente del Gobierno del Reino de España y la respuesta debería ser idéntica a la que avanzó el Pasmo de Triana. El problema es que la capacidad de desaguisado de un gobernador civil es muy inferior a la de un Presidente del Gobierno, lo que induce a concluir que el proceso de degeneración de nuestro país ha alcanzado picos de altura inimaginables, si no se tiene cuenta el empeño de sucesivos gobiernos socialistas y la pusilanimidad de los de la derecha por sustituir niveles de excelencia por otros de vulgaridad entronizados en el altar de una supuesta igualdad. Ya intuyó Tocqueville que la víctima de la igualdad sería a fin de cuentas la libertad y se percató de que «cuando el gusto por el poder y la incompetencia se reúnen en un mismo individuo, su voluntad de triunfar le hacer perder su probidad: cree ser el mejor y se pone a hacer trampas. Apoyándose en los débiles de entre los que ha surgido, sustituye la desigualdad en libertad por la igualdad en la mediocridad y la originalidad de pensamiento por el conformismo intelectual», algo que describe a la perfección la catadura del personaje patético que aspira a perpetuarse en La Moncloa a toda costa y no se parará en barras para conseguirlo.
También Decourcelle aseguró que «la igualdad consiste en considerarse igual a quienes están por encima de nosotros y superior a los que están por debajo», algo que explica por qué jóvenes vendedoras inexpertas se permitan tutear con todo desparpajo a ancianas que les dan cien vueltas en experiencia y sabiduría. A este respecto, recuerdo que le indiqué a un camarero de un hotel de cinco estrellas del norte de España que me había tratado de tú que no debería haberlo hecho, a lo que me respondió con un contundente “tienes razón” que me llevó a la convicción de que el tema tiene hoy muy mal arreglo.
En las elecciones que se celebrarán dentro de unos días el electorado español decidirá si opta por la supuesta igualdad o por la libertad real y me temo lo peor, a menos que una capa de la población hasta ahora muda dé la sorpresa.
(*) Ex Embajador de España.
Blog: generaldavila.com
22 abril 2019




























