TERRORISTAS, INDEPENDENTISTAS, COMUNISTAS ¿AQUÍ QUIÉN MANDA? Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Urkullu-Iglesias

40 aniversario de la Constitución española. Durante este tiempo dos amenazas han ensombrecido nuestra convivencia: el terrorismo y el independentismo.

La ETA, que sigue, después de asesinar durante años recoge sus frutos. Dicen que hemos acabado con el terrorismo. Un expresidente del Gobierno se jacta del triunfo. Los terroristas no han desaparecido y mandan. El resto traga sapos y culebras. ¡Desde aquel día que el Tribunal Constitucional…!

La semilla de la secesión sembrada en Cataluña y en el País Vasco da sus frutos. El independentismo ya no es una amenaza sino un hecho contrastado al que solo le falta el último empujoncito; en eso están unos y otros. Los independentistas mandan. El resto obedece y empuja.

Les voy a contar lo que nadie cuenta, pero todos saben, el nombre de la trampa en la que hemos caído: El Pacto de Waterloo.

Pablo Iglesias visita a los presos

Todo empezó con la aplicación del 155. Podría ser que incluso los primeros pasos se diesen con el caso Pujol, ¿recuerdan?: ¿Qué coño es esto de la UDEF? (octubre 2015).

Rajoy aplicó un 155 de mínimos, solo en apariencia (octubre 2017). Quería evitarlo, pero no pudo: la cárcel para Junqueras y compañía (noviembre 2017). Era la señal de salida.

El independentismo catalán, burgués y tradicional, el de los ricachones, dijo: ¡Basta, hasta aquí hemos llegado!

Interior estaba a otra cosa y el CNI, pues no sabemos muy bien. El caso es que la maquinaria se puso en marcha, la orden se cursó con rapidez y diligencia. Estaba firmada. Waterloo (febrero 2018).

Junio 2018. A todos nos extrañó aquella moción de censura inesperada, fulminante como el rayo. En escasas dos semanas habíamos cambiado de Gobierno.

¡Menudo cambio!: sin apenas oposición parlamentaria, con el presidente del Gobierno buscando las tablas en un restaurante, huyendo del reto parlamentario, sin oposición, y con un pueblo atónito y sorprendido. Ganaron independentistas, comunistas… ¿Qué sabía Rajoy?

El independentismo, los sucedáneos del terrorismo, y demás <<gente de bien>> habían ganado por la mano. Era el Pacto Belga, el Pacto de Waterloo. Un muñeco a la presidencia y a continuar el camino: las elecciones cuando nosotros digamos. Mandones nosotros: ¡poned a un mandarín!

Era aquel artículo de Unamuno; el último: Mandarines y no Mandones. Encaja.

<<Al español lo que no le gusta es mandar […]. Le gusta ocupar el puesto de mando, pero no mandar, sentarse en la presidencia, pero no presidir […] Ocupar el puesto de mando y vivir en él>>.

El Pacto de Waterloo

Pedro Sánchez era el muñeco perfecto. Pero su limitada capacidad ha puesto en riesgo el Pacto de Waterloo. Había que ponerse en marcha. Urgente.

<<Hay que cuidar la mayoría de la moción de censura. Nosotros lo estamos haciendo>>, dice sin pudor Pablo Iglesias después de reunirse con Urkullu, miembro del Pacto.

Antes ha hecho la ronda de la vergüenza en la cárcel: dialoga y pacta. ¿En nombre de quién?

Zapatero se acaba de reunir en un caserío de Elgoibar con un terrorista, Arnaldo Otegui: ¿En nombre de quién?

Eso es todo. Cuarenta años que nos deberían haber llevado a ser una gran nación. Hemos caído en el cepo.

No ha sido hoy. Se ha ido elaborando cada hora, cada día, cada año: durante 40 años.

Aniversario de la Constitución española: 40 años. Queda comunismo, terrorismo e independentismo. ¿Algo que celebrar?

Puede que nos lo merezcamos. Unas sabias palabras del profesor Gabriel Albiac en La sinagoga vacía me sirven de explicación:

<<La multitud, que nada desea más que servidumbre, acaba necesariamente por odiar a quien gobierna sin ajustarse a la convenida balanza de corrupción y despotismo: a la sabia dosificación de ambos llama la multitud política>>.

<<¿Qué desean las masas? Ser siervas: porque ninguna interrogación, ninguna duda ni angustia hay en la servidumbre; todo en ella es compacto, idéntico, todo es seguro; no existe certidumbre mayor que la del siervo; no existirá; el siervo lo sabe. Por eso, a nadie ama con mayor sinceridad la muchedumbre que a su amo; mejor, si tirano; óptimo si verdugo>>.

Ellos mandan nosotros somos siervos. Mandarines en manos de los mandones. Y a vivir que son dos días. Eso sí: todos nos quejamos.

Vuelvo, para cerrar, con Unamuno: <<El pueblo necesita un mesías -digamos un cacique- y lo busca, y si no lo halla, lo inventa>>.

Tenemos mandón, cacique y mesías, todo en uno. Y mandarín. Pongan ustedes los nombres. Y una Constitución que no se cumple ni se obliga a cumplir.

¿Aquí quién manda?

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

23 octubre 2018

Las palabras y su utilización como arma de guerra. Juan Miguel Mateo Castañeyra General de División (R.)

Vladímir Ilich Uliánov, más conocido por Lenin

Muchas veces la prensa encuentra una palabra para narrar un suceso que, aunque inadecuada por el motivo que sea, adquiere fortuna. A veces, este uso inadecuado no tiene mayor trascendencia que demostrar la ignorancia que, sobre el tema tratado, tiene el que la escribe. Como cuando se emplea “deflagración” como sustitutivo de explosión, o cuando se afirma que los “obuses” comienzan a caer, sin tener en cuenta que deflagración es lo contrario de explosión, o que, si por accidente se cae más de un obús, habría que procesar por negligencia al Capitán que manda la batería.

Otras veces, sin embargo, la “palabra afortunada” si puede tener mayor importancia, cuando define inadecuadamente una actividad delictiva; por ejemplo, cuando para describir al que se mete a sabiendas por dirección contraria en una autopista, se le denomina piloto suicida, Kamikaze o simplemente piloto, en lugar de llamarles loco homicida o asesino. Y en este caso ya no es tan inocuo el adjetivo empleado pues, de alguna forma, a esos individuos se les está dando un cierto toque de valor o romanticismo que, además, puede atraer a más de un inmaduro insensato a emularlos.

Pero sí el uso de una palabra inadecuada ante un hecho delictivo tiene trascendencia, en cualquier clase de lucha ideológica la palabra puede ser y de hecho lo es, una verdadera arma de guerra. Hace ya tiempo, alguien que sabía mucho de estas cosas, dijo que las masas no piensan y que se dejan dominar por las palabras; ese alguien se llamaba Vladímir Ilich Uliánov, más conocido por Lenin. Y aquí ya estamos hablando de utilizar el eufemismo, la media verdad o simplemente la mentira, para lograr unos fines políticos.

Esto lo saben y lo practican los terroristas. Y también lo saben y practican, los políticos en general, los demagogos en particular y los independentistas en especial.

Los terroristas, utilizan la palabra para dignificar su actividad criminal, para darles un toque de legalidad o para ponerse en un pie de igualdad con el estado. Se trata de reforzar la moral de sus militantes, de atraer a sus filas a más activistas y de convencer a la población de lo legítimo de sus acciones y de lo inútil que resulta resistírseles.

Los de ETA fueron consumados maestros; consiguieron que fuera habitual llamar lucha armada al crimen, ejecución al asesinato, detención al secuestro, impuesto revolucionario a la extorsión, rama militar a los pistoleros, comando a la banda, cárcel del pueblo al sucio agujero y así un largo etcétera. Tuvieron en la prensa un aliado inconsciente (a veces), y muchos ciudadanos e incluso las propias fuerzas de seguridad asumieron ese lenguaje. Y sin duda sacaron provecho, y aun hoy lo siguen sacando, como es prueba que, de sus cobardes y delictivos hechos, no sólo no se avergüenzan, sino que se sienten orgullosos, y con ellos, una parte de la población de aquella zona de España.

Hoy el terrorismo yihadista que nos ha declarado la guerra, tiene también su lenguaje y también sus propagadores. Se habla de terrorismo internacional o de estado islámico, en vez de terrorismo yihadista; se dice que este o aquel se ha radicalizado, en vez de que se ha fanatizado; o se repite que un terrorista se ha inmolado en lugar de que se ha suicidado matando; o se dice lobo solitario en lugar de asesino solitario.

Conquista de Granada

Y una vez más, la prensa difunde de forma inconsciente estos términos que favorecen al terrorismo; y otras veces, de forma consciente, se deslegitima a los que luchan contra el terrorismo, lo que es una forma de favorecerlo. Como cuando una conocida periodista afirma en un programa que conduce en TV y, por sí hay dudas repite en un tuit, que la policía asesina a los terroristas de Londres. Aquí sí se emplea la palabra asesinar, como también se emplea habitualmente en cierta prensa y por parte de algún partido, para describir los muertos en un ataque de cualquier ejército en la lucha contra el terrorismo. O cuando se comprende la acción terrorista, buscando culpas propias, como ocurrió desgraciadamente en nuestra Patria, (¡gobierno asesino!) cuando sufrimos el mayor atentado de nuestra historia. En ese sentido, hace unos días, se publicó un ¿estudio?, que afirmaba que el origen del actual terrorismo estaba en la ¡conquista de Granada por los Reyes Católicos!

Por su parte, los políticos en general, demagogos o no, utilizan la palabra para fortalecer la moral de los suyos y para esconder al resto de la población sus verdaderos objetivos. Se podría escribir un libro sobre el lenguaje político dirigido a distorsionar la realidad. He aquí algunos ejemplos:

 

  • Sin acritud, en lugar de con muy mala intención.
  • Memoria histórica, en lugar de sectarismo.
  • Laicismo, en lugar de odio a la religión, católica claro.
  • Interrupción del embarazo, en lugar de aborto.
  • Progresista, en lugar de retrógrado, que es el que pretende retroceder a un pasado fracasado.
  • Conservador, en lugar de amoral, que es aquel que no tiene valores.
  • Solidaridad, en lugar de hipocresía, que es lo que practican los de “papeles para todos”.
  • Cambio, en lugar de mantener lo mismo para cambiarse el uno por el otro.
  • Tolerancia, en lugar de adhesión al pensamiento único, que es lo único que toleran.
  • Gente, en lugar de seguidores disciplinados de las consignas.
  • Líder, en lugar de repartidor de prebendas y hacedor de listas.
  • Consenso, en lugar de compadreo inconfesable.
  • Género, en lugar de sexo.

Los independentistas políticos, al fin y al cabo, hacen lo mismo, con la diferencia que aquí lo que nos estamos jugando es nada menos que la unidad de la Nación Española. Veamos algunos ejemplos y los funestos resultados que han conseguido; y me voy a limitar a los mensajes lanzados, no para favorecer el campo independentista, sino solo algunos de los que tienen como objetivo precisamente, a aquella parte de la población no independentista.

 

  • Cataluña o catalanes, en lugar de políticos independentistas.
  • Estado español, en lugar de España.
  • España (ahora si se nombra a España) nos roba, en lugar de nos roban algunos de los nuestros.
  • Autodeterminación, en lugar de independencia.
  • Consulta, o queremos votar, en lugar de referéndum.
  • Derecho a decidir, en lugar de soberanía.
  • Unilateral, en lugar de ilegal.
  • No judicializar la política, en lugar de impunidad.
  • Voluntad democrática, en lugar de golpe de estado.

Estas y otras muchas palabras han sido asimiladas por gran parte de la población de Cataluña en particular y por la del resto de España en general. Los resultados están ahí; entre otros, en cualquier encuesta, los partidarios de que se celebre un referéndum en Cataluña, es decir, los partidarios de la no existencia de la soberanía nacional, son mayoría en esa región; y en el resto de España, un partido de ámbito nacional les apoya. En esas mismas encuestas, se ve que la división está entre los partidarios de que sea ilegal o de que sea legal, con lo cual se distrae la atención sobre lo sustancial, que es la propia celebración de un referéndum. Y siguiendo con las encuestas, en Cataluña son también mayoría y en el resto de España no son pocos, los que ven mal que hayan sido condenados los políticos que han delinquido. Y en Cataluña y también en el resto de España, son mayoría los que están convencidos de que hay que cambiar la constitución para contentar a los catalanes.

Es difícil, en un mundo tan mediático y tan mediatizado como el actual, no caer en el lenguaje de los unos y de los otros. Por eso, en principio y por sistema, no debemos utilizar nunca las mismas palabras que utilicen los enemigos de España y las de los que están en guerra contra la civilización occidental. A los que favorecen conscientemente a unos y a otros, la historia los juzgará en espera de que algún día sean juzgados por la jurisdicción penal.

Juan Miguel Mateo Castañeyra

General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

10 junio 2017