LO MILITAR Y SUS REGLAS. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Este artículo fue publicado no hace mucho tiempo y de vez en cuando lo actualizo ya que condensa horas de trabajo y pensamiento sobre la evolución de nuestros ejércitos en esta España desconocida que ha renunciado a su historia, tradiciones y religión. Sin vuelta atrás nos hemos convertido en una anodina nación que solo ofrece engaño mezclado con ruina al sol y dirigentes a la sombra.

¿Ejércitos? ¿Dónde? ¿Defensa? ¿Para qué si el enemigo es el que nos dirige y maneja las armas?

Somos muy buenos, los mejores, pero ¿para qué? ¿Generales, Almirantes…?

Y andas así, con la cabeza erguida,

diciendo que de nadie serás súbdito,

y que no hay generales ni almirantes

que sobre ti y los tuyos mando tengan…

(Ayante, escena XVI. Sófocles)

Sabemos lo que fuimos y de ello somos deudores, pero ya no somos y los que ahora son lo que nosotros fuimos lo son de otra manera.

No juzgo, sino que pretendo entender como la evolución nos ha llevado a no ser los mismos, distanciarnos o incluso no reconocernos. Mejor establecer la adecuada distancia cuando ya el tiempo es lejano de aquello que fuiste. Con honradez y la dignidad necesaria para asumir tu momento que ya no es aquel y aceptar que no eres ya, sino otro. Es saludable para el que mira y para lo mirado. Aunque no te reconozcas ni lo hagas a los que ahora ocupan tu lugar.

Inevitable se hace recordar que hubo un tiempo en el que se percibían las primeras señales que anunciaban lo impensable y que la destrucción de unas formas, de un fondo, era indicio de que íbamos camino de convertirnos en una simple ruina. El Partenón lo es, una ruina inestable que bien podría haberse convertido en una torre de apartamentos y aquí paz y después gloria. Nosotros, sin paz ni gloria, convertimos la nación en apartamentos baratos que han sido muy caros en gratificaciones. Debemos mucho, en ocasiones todo, a nuestro pasado, pero mientras seamos presentes es error creerte a la vez pasado. No lo es haber sido, sino pretender seguir siendo. Pido disculpas por querer ser, al menos algo, y no terminar en ruinas históricas reducidos a una encrucijada sin defensas donde se cruzan solo bandas de delincuentes sin autoridad ni honradez al mando.

Haber sido militar, como cualquier otra carrera vocacional, permanece hasta el más allá y además con epitafio: militar; incluso con epigrama. Eso es bueno y malo. Bueno si eres capaz de separarte de ello, retirarte a la distancia adecuada, aconsejar, pero no intentar seguir cincelando la obra que ya es de otros. Sería malo. Aún así, es un deber seguir sintiendo lo que fuiste porque tu juramento no caduca y como decía el lema escogido hace unos años para el Día de las Fuerzas Armadas: «Tradición e innovación». Una mentira más que se contrasta con la evangélica frase. «Por sus obras los conoceréis«.

Los viejos tenemos ese gran defecto: el de seguir encadenado a la tradición.

«Conservará y transmitirá el historial, tradiciones y símbolos de su unidad, para perpetuar su recuerdo, contribuir a fomentar el espíritu de unidad y reforzar las virtudes militares de sus componentes».

Es por ello que asumiendo el «ya no ser», pero consciente de «haber sido», con todo respeto y buenos deseos, sabedor de lo pesados que somos la gente de edad, dejo unas reflexiones que puedan hacernos pensar y adivinar hacia donde caminamos. Un punto de vista sin mayor importancia que la que ustedes le quieran dar.

Si hacemos un repaso de la evolución de las leyes y de la doctrina militar en nuestros ejércitos, el gran calado de los cambios estructurales e ideológicos en los que la parte de intervención militar ha sido mínima y política casi en su totalidad, veremos que estamos ante una acción programada, detallada, consensuada y engañosa. Un inefable libro del que fue pianista en el ministerio de Defensa nos desvela el truco, pero no les recomiendo su lectura porque lo escrito no supera los mínimos del rigor exigible.

Hace ya tiempo se inició un lento pero decisivo cambio en los ejércitos con la ley 17/89 que hizo que unidades como la Legión recibiesen un duro golpe en su razón de ser y personalidad. La idea era un cambio radical (reforma extrema) del paradigma. En aquel momento en el generalato primó la idea de que aquello era mejor que su desaparición, que era la velada amenaza.  La Legión y otras similares unidades pasaron a ser un sucedáneo de lo que fueron.

Así seguimos con harto dolor de nuestro corazón. Luego vino la supresión, irresponsable, del servicio militar y al fin la imagen del soldado, la del combatiente, sustituido por la  del deportista de élite o el de protección civil, cuando la razón de ser está grabada en la Academia General Militar, quizá olvidada por su nueva trayectoria: Si vis pacem, para bellum. Los ejércitos están para la guerra, no para otra cosa, lo que requiere preparación distinta a la de otros bellos oficios que nada tiene que ver con la milicia. Inventaron el soldado polivalente, es decir la pobreza, cuando siempre fue el soldado español ejemplo de polivalencia precisamente por la escasez y olvido de su dotación. Así han transformado la Academia General Militar en algo parecido a la Academia General de Emergencias.

Consentimos. Los militares. Los españoles.

Quisieron borrar, aunque fuese de forma testimonial, el espíritu de servicio, el que ante la Bandera se jura o promete, en lo que ha sido la mayor humillación a la que han sometido al ejército español, y había que hacerlo públicamente, con publicidad. Eligieron un centro emblemático, un lugar donde recogían las nueces, la Academia General Básica de Suboficiales del Talarn (Cataluña): ‹‹A España servir hasta morir››. Suprimido, borrado del mapa de España. Que quede en los cuarteles, para ellos, que jueguen allí a los soldaditos.

Hasta algo tan sagrado como la oración a nuestros muertos se permitió un ministro cambiarla, un ministro de Defensa causante de los mayores desasosiegos de nuestros ejércitos. Imperdonable. Fue el mismo que dio la orden de retirar nuestro lema de servicio a la Patria. Fue la primera concesión al independentismo: humillar al Ejército

Nadie tuvo los galones o entorchados suficientes para espetarle: Podrás borrar las letras de un monte pero jamás desaparecerá el monte, que siempre evocará lo que su ladera proclamaba. Detrás, apuntalándole, había uniformados de brillante carrera que han seguido la estela de las puertas giratorias bien remunerados. ¿Hombres de honor?

Leyes y más leyes para modificar a su antojo la que siempre fue ley y guía espiritual del soldado: las Reales Ordenanzas. Se cambian, se borra aquello que suene a tradición y espíritu, se rebaja su importancia. Dicho y hecho.

Decía San Ignacio de Loyola: ‹‹En tiempos de tribulación no hacer mudanza››. Tribulaciones no nos faltan cuando ni nombrar la misión constitucional está bien visto. Así fue y como buitres se lanzaron contra un teniente general, uniformados incluidos, por dar lectura a la misión constitucional de las Fuerzas Armadas.

La identidad se forma con pequeñas cosas. El uniforme, unas palabras en forma de decálogo o credo, unos símbolos, un gesto, algo que te diferencia y sirve para recordarte quien eres y lo que significas no solo en los momentos de lucidez sino sobre todo en los de tribulación. Y el recuerdo de los nombres de los que antes que tú forjaron su historial de honor y valor.

Hay una nueva interpretación. Ser militar no se sabe muy bien lo que es. Sabemos lo que era. Hemos engañado a los jóvenes que no saben, se les engaña, que este es el oficio de las armas y que prepararse para la guerra es evitar la guerra y que morir en el combate es el mayor honor.

De los cinco años que consta la carrera militar para un oficial cuatro de ellos están dedicados casi en exclusividad a obtener el grado de ingeniería de sistemas que no sé muy bien qué tiene eso que ver con la carrera de las armas. El último de los cinco años es exclusivo para la carrera militar en las llamadas especialidades que siempre fueron las Armas clásicas: Infantería, Caballería, Artillería e Ingenieros que se diferenciaban por su forma peculiar de acción y misión a cumplir. Para las Armas clásicas, un año de estudio, para las Letras clásicas ni eso. Los de letras no pueden acceder a la carrera de las armas, así que las humanidades no están incluidas en la guerra. De ahí su crueldad desde que la ciencia la dominó. Razón tenia Francis Bacon al opinar que la Ciencia es poder.

Todo está tramado. No hay paso mal dado y sin intención.

Sin darnos cuenta el enemigo ha sido más rápido e inteligente y abrió amplia brecha en nuestras defensas logrando una profunda penetración y dejando al sistema indefenso.

Una habilidosa forma de desmilitarizar al militar como en algún momento dijo sin querer queriendo un dirigente socialista dejando al descubierto una de las vías de penetración: la Enseñanza.

La situación es la siguiente: cualquier guerra que emprendamos la tenemos perdida de antemano. No porque nuestros militares no sean buenos, no porque no sepan cumplir con su misión, o desconozcan los principios y los elementos de la acción. Todo eso parece que lo conocen y su postura ante los conflictos en los que han intervenido últimamente los hace ser los más y mejor preparados. No. Rotundamente. El problema es otro.

En España el concepto, consecuencias y conocimiento del arte de la guerra está desactivado. No se forman oficiales, suboficiales y tropa para la guerra, para hacer la guerra, sino para la no guerra, para formar o conformar una ONG disciplinada que se acerca más al muro de la Seguridad sin Defensa, a fuerzas policiales y de protección civil, a funcionarios de la administración, que a un verdadero Ejército. Pretender formar a un oficial moderno en la organización, tácticas y procedimientos de la guerra moderna a base de cuatro años de ingeniería y uno de milicia es un verdadero ataque a la línea de flotación de la formación, es decir al oficio de las armas. Encaja perfectamente con el desarrollo de la idea que de los ejércitos tienen para una España desnortada que no sabe, porque nadie se lo enseña, lo que es la guerra y no percibe lo más grave: lo cerca que está de nosotros.

No hemos de terminar sin reconocer que la guerra, una vez más, ha sorprendido a Europa, algo intolerable y de responsabilidad política, cuya primera consecuencia ha sido la de replantearse la Defensa Común de Europa, es decir volver a las andadas y llamar a la OTAN o lo que es lo mismo recurrir a los Estados Unidos de América. Europa no tiene Defensa ni hay en marcha un Ejército Europeo. A día de hoy eso no se contempla. Cada nación, por separado, se ha puesto a pensar en su Defensa, cada uno a su manera, no es lo mismo Polonia que Portugal por simple posición geográfica o el caso de España, que no se sabe muy bien de qué lado está. Estructuras, doctrinas, organización, movilización, servicio militar y presupuestos militares son algunas de las cuestiones que las nuevas guerras han traído con exigentes y obligados planteamientos para aplicar medidas con carácter de urgencia.

¿Qué consecuencias tendrá este desarme, esta indefensión para nuestra nación, España? No tengan duda. Nuestra debilidad está en el sur. En el cercano sur y más abajo. El peligro es muy alto. Hemos hecho nuevos enemigos que son los que dominan la zona. Entregado nuestro mayor valor estratégico en aquellos que siendo nuestros aliados ofendemos.

De esta situación solo les interesa, por qué no decirlo, un gran negocio: las armas y la tecnología; se frotan las manos. La industria de Defensa, silenciosa y conocedora de lo que se nos viene encima se pone manos a la obra. La política interviene y ve que ahí hay negocio. Nuestro Ejército se beneficia: un 26% de aumento en el presupuesto. Claro que el retraso era de tal calibre que ni por esas. Recordemos las palabras del actual Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD):«Estamos haciendo una inversión importantísima en munición… […] de las lecciones aprendidas de Ucrania se creía que no existían guerras de larga duración, sino que todas las guerras iban a durar unos días y se iba a quedar resuelta y hemos visto que no». Es evidente que hemos fracasado no solo en el stock de munición. ¿Sabremos corregir o pronto olvidaremos? Tendrán que pasar años para que estemos en condiciones de combatir un solo día. En estos momentos no lo estamos.

He hablado en ocasiones anteriores de las clamorosas renuncias a la Seguridad Colectiva de España, por políticas que avergüenzan y nos ponen en evidente riesgo. Somos la nación menos fiable que existe en cualquier coalición y ningún servcio de Inteligencia confía su información o secretos a los nuestros. Vivimos de espalda a la Defensa muy propicios a la ofensa dirigida a nuestros aliados.

La confianza que nos mantiene es que a pesar de los pesares no está todo perdido. Repito: por sus obras los conoceréis.

Confío en que la transmisión del espíritu de nuestros oficiales y suboficiales que se ha llevado a cabo sin solución de continuidad de generación en generación sirva para que nuestros ejércitos sean los mejores del mundo y sepan morir por su Patria allí donde la misión lo requiera sin dudas ni retiradas políticas.

Parece que a pesar de los silenciosos cambios, inexplicados y que a nadie parecen importarle ni preocuparle, el espíritu de nuestros oficiales, suboficiales y tropa sigue siendo: «A España servir hasta morir». Confiemos. Si no es así sería porque hay un grave error ¿intencionado? en aquello que lleva a un joven a ser militar. Distinto a lo que debería ser.

Es una simple opinión que me surge ante el panorama de guerra que tenemos y que el oráculo anuncia largo y prolongado. Podría ser que hayamos llegado a una formación errónea y que estemos a las puertas de un sucedáneo y no de un militar.

La guerra se mueve en dos voluntades: la política y la militar. Si falla una perdemos. Si fallan las dos a la pérdida de la guerra se une la del honor: rendición.

«Muchos misterios hay: de todos los misterios, el más grande es el hombre… Aunque el saber domina, aunque mil artes tiene, serpentea entre el bien y el mal; ya abraza uno, ya se entrega al otro…» (Coro en Antígona).

Rafael Dávila Álvarez. General de División (Retirado)

Blog: generaldavila.com

26 enero 2026

 

 

EL MILITAR Y LA POLÍTICA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Me cuesta trabajo, mucho trabajo, ver al militar de hoy metido en la política; en la política de hoy. Parece incompatible. Podría ser que el militar, de hoy, acuda a la política, de hoy, precisamente por esa incompatibilidad que se percibe. Incompatibilidad no por impedimento legal, sino por repugnancia a lo que la política nos muestra. En una palabra: porque es repugnante para la conciencia militar que se juegue con la unidad de España.

Hay muchas similitudes entre la guerra y la política, son lo mismo, pero hoy hay muy pocas similitudes entre los hombres de armas y los políticos. Cuando no hay política aquello que decía Tallleyrand: <<la guerra es un asunto demasiado grave para dejarlo en manos de los militares>>, suena a peligroso, muy peligroso. Como dejar en manos de un niño el cuidado del rebaño cuando el lobo acecha.

Dice Clausewitz que la guerra es un acto político, nace de un fin político al que hay que atender preferentemente. <<La política penetra todo el acto guerrero y ejerce en él una constante influencia en tanto que lo admita la naturaleza de las energías desplegadas en la guerra>>. La guerra es un verdadero instrumento político. <<El propósito político es el fin, la guerra el medio, y jamás pueden concebirse medios sin un fin>>.

Hasta aquí está claro. Mi pregunta hoy va más allá: ¿Cual es el fin cuando no hay política -entendida como la acción para el bienestar, la convivencia y el cumplimiento de la Ley (cumplir y hacer cumplir la Ley)-, cuando no hay propósito político, cuando no hay medio, cuando no hay nada? La respuesta está a la vista: rendición, entrega sin condiciones a cualquier enemigo que presione. Y ahora el enemigo presiona.

<<Cuando han fallado los medios  para alcanzar un acuerdo siempre ha sido árbitro la guerra. Y el juicio que ha emitido se ha basado en el poder más bien que en derecho, aunque a veces haya prevalecido el derecho>> (Mariscal Montgomery).

Montgomery no quiso apuntalar que en ocasiones no prevalece ni el poder ni el derecho, sino la cobardía, que se convierte en perdedora. Tenemos el poder, el derecho, pero nos falta el propósito político. Nos hemos entregado. Se llama rendición o traición; alta traición.

¿No será que la política es un asunto demasiado grave para dejarlo en manos de estos políticos inconscientes, que basan su actuación en lo personal o partidista?

La incompetencia política, como demuestra la historia, nos ha conducido a las mayores calamidades: La guerra. No echemos la culpa a quienes no la tienen.

Aunque hay grandes políticos, trabajadores honestos, minimizados por sus propios partidos que no les permiten destacar por su espíritu crítico. Cuando no hay política, no hay objetivo, no hay nada. Sin propósito, llega el despropósito.

Nuestro caso: La unidad de España, su integridad territorial, el ordenamiento constitucional. Esa es la acción de la política, toda su obra debe estar dirigida al objetivo fundamental, la unidad de España, su integridad territorial, el ordenamiento constitucional. Esa es la razón por la que la Constitución acoge el artículo 8 y deja en manos de los poderes del Estado la ultima ratio. Porque lo es todo; conviene repetir: la unidad de España, su integridad territorial, el ordenamiento constitucional.

Mantener a cualquier coste ese objetivo significa progreso, bienestar y convivencia. Lo otro, lo de ahora, es desasosiego permanente y ruina; a la que vamos de cabeza. Hemos perdido cobardemente. Nos han entregado sin luchar.

De Maquiavelo extraemos las claves de la política y de la guerra: organización y disciplina. Sin ello no es posible ni política ni guerra.

De vez en cuando los políticos continúan su actividad con la guerra, pero ahora se ve a los militares retirados dar el paso al otro lado: la política. ¿Les extraña? Intentan remediar el desaguisado en lo poco que pueden hacer; antes del desastre total; por su conciencia y honor. Lo extraño sería que ese paso les llevase a lugares donde ni se ama a España ni se defiende lo que durante años han servido, y juraron muy jovencitos. También ha ocurrido.

Si un militar da el paso al otro lado, es porque: ama la paz y sabe hacer la guerra. Nunca para destruir su Nación ni saltarse la Ley a capricho. Lo suyo, como debería ser lo de los políticos, es defender la unidad de la Patria, la integridad territorial, el orden constitucional.

<<Amar la paz y saber hacer la guerra, estimándome y premiándome mi rey, no solo por mi competencia en la guerra, sino por lo que le aconsejo en la paz. A ningún rey que sea sabio y prudente y quiera gobernar bien, le conviene tener junto a sí otra clase de personas, porque si son demasiado amantes de la paz o de la guerra, le harán cometer errores>> (Maquiavelo- El Arte de la Guerra).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

2 enero 2019

 

VISUS MILITIS “Miles familiaque” (El militar y su familia) General de Brigada (R.)Adolfo Coloma Contreras

Las Familias de los soldados. Monumento en el Mando de Operaciones Especiales

A la milicia se suele llega por dos caminos: el de la vocación o el de la necesidad. Algunas veces ambos se combinan, otras añaden algún vericueto más. Pero el final es siempre el mismo: un tiempo, una vida de servicios allá donde a uno le manden, por un tiempo que no siempre se elige y en ocasiones, en condiciones poco propicias para el desarrollo de una vida social y familiar estable. Lo llevamos en el oficio y lo asumimos con espíritu, pero créanme, no siempre es fácil de sobrellevar.

Hay que anotar – y agradecer – las iniciativas que la política de personal del ministerio desarrolla para “conciliar la vida familiar”. Son iniciativas que en mucho han tenido en cuenta la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas, máxime cuando hay un creciente número de parejas en las que ambos miembros visten el uniforme militar. Basta con comparar, por ejemplo, los permisos por matrimonio, la reducción de horas por motivos familiares o el régimen de vacaciones en la actualidad; con los que regían hace apenas dos décadas.

Sin embargo, se podría hacer más, mucho más. A un militar lo ascienden, o cumple el tiempo estipulado en su destino y lo trasladan. A veces a un destino que escoge según sus aspiraciones profesionales, pero otras a uno que le asignan por necesidades del servicio. Un militar, cada vez es más frecuente, pasa largas temporadas haciendo cursos, en destacamentos, en comisiones de servicio o en operaciones militares lejos de nuestras fronteras en tierra o embarcado. Todo esto conlleva para las familias una serie de cargas motivadas no solo por la ausencia, aun temporal, del “paterfamilias” que no es poco, sino otros inconvenientes derivados de su azarosa vida,

¿Por qué hay tan poca demanda para algunos destinos, o para determinadas plazas? Se preguntarán los responsables de la política de personal. ¿Por qué hay tan pocas medidas de apoyo a la movilidad? Responde con sorna el soldado. Y a fe que no le falta razón.

Lo destinan a otro puesto como consecuencia de una especialización, un ascenso, reorganización, disolución de su unidad y se ve en la tesitura de tener que romper su núcleo familiar y marchar solo a nuevo su destino o por el contrario meter a todos los suyos en su mochila y llevarlos con él. En ambos casos, no resulta nada fácil la decisión. Irse solo supone privar a los suyos de su presencia cercana y de su aliento, en un tiempo en el que cada vez es más frecuente el que trabajen fuera del hogar los dos miembros de la pareja. Llevar la familia consigo (cuando es posible) supone cambios de ambiente, de amigos, de colegios y – cada vez más – de idioma, costumbres y normativa. ¿Quién le garantiza que puedan volver sus hijos al colegio de donde salieron? ¿Quién le apoya para que puedan seguir cursando sus estudios en el idioma en el que lo venía haciendo, o que la temporalidad en un territorio no suponga ni una rémora para los estudios, debido a la diversidad de planes en las distintas comunidades autonómicas? ¿Quién le ayuda a integrarse en una sociedad que, en principio, le es extraña?

Derecho comparado. Hemos conocido otros ejércitos “de nuestro entorno” donde de verdad se han previsto medidas sociales y aún legales que palían en mucho todos estos inconvenientes. Ejércitos donde se ayuda desde la institución a instalarse en un nuevo destino, facilitando a la familia acomodación hasta que encuentren morada donde acogerse, reserva de plazas en centros escolares de características similares a aquellos de los que provienen. Ejércitos que proporcionan apoyo psicológico, tanto al militar como a su familia, para ayudar a sobrellevar la separación física, extendiéndolo incluso la reunificación familiar. Y un largo etcétera.

Sí queda mucho por hacer ¡mucho! piensa el soldado mientras espera con ansiedad e ilusión volver a su hogar y conocer al hijo que no ha visto nacer.

 

Adolfo Coloma

GB (R.) del ET

Blog: generaldavila.com

7 mayo 2017

SOLDADOS DE ESPAÑA. EMOCIONES CONTENIDAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

1479572030_818151_1479572122_album_normal

La ministra de defensa en su primera visita a las tropas

‹‹Se me llenan los ojos de lágrimas y el corazón de emoción con vuestra labor››.

Estamos acostumbrados a que el ministerio de defensa lo ocupe gente que nada sabe de lo militar, incluso que no lo siente; alguno ha llegado hasta el repudio. En cualquier caso conviene estar bien rodeado porque este es un oficio, el de las armas, en el que poco se habla, pero todo se sabe. El primero en enterarse es el afectado, pero estamos en un momento en el que nadie se cuestiona nada. Es el mejor camino para lograr la disciplina de la desgana junto a la obediencia de mínimos. Lo preciso del deber sin que la propia voluntad adelante cosa alguna. La derrota. Directamente a la moral. Los soldados de verdad saben que ese no es el camino y están en guardia. Siempre y en todas direcciones.

No saber no es pecado. No sentir lo es, pero mortal. Si entras como enemigo, tendrás que luchar y, aunque a ti te lo parezca, jamás vencerás. Ejemplos múltiples. Algunos de los que han pasado por ese ministerio lo intentaron, pero son hoy unos derrotados. Aunque su peligrosa inercia continúa haciendo daño.

Aquí cualquier brisa es analizada en el laboratorio del alma.

1479572030_818151_1479572127_album_normal

La ministra de defensa a bordo

‹‹Se me llenan los ojos de lágrimas y el corazón de emoción con vuestra labor››. Dice la ministra de defensa en su primera visita a las tropas españolas en misión fuera de España.

Tenemos memoria y sentimientos, aunque rara vez se nos refleja en el rostro. No olvidamos sus primeras palabras en el debate de investidura como presidenta de Castilla-La Mancha en recuerdo a los soldados que acababan de sufrir un atentado en Afganistán.

Los primeros análisis se enmarcan en la esperanza y el sentimiento. Sentir no lo es todo, pero es mucho, muchísimo. Fluyen las lágrimas desde el corazón. Es una sensación que experimentan con frecuencia los soldados.

Nadie espera de usted, señora ministra, que sea un soldado. Sí que tengamos, sin fisuras, idéntica misión: ‹‹garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional››.

Se hace cargo, señora ministra, de los mejores soldados del mundo. No lo dude. Allí donde esté un soldado español jamás habrá derrota. Ya quisieran todos los países que sufren el horror de la violencia y la guerra tener con ellos una unidad de soldados españoles. La inseguridad huye ante ellos. A ellos no les oirá hablar con frecuencia de sus cosas; a sus familias tampoco. Ya sabe. Lo ha oído en más de una ocasión en sus visitas a la Academia de Infantería.

Aquí la más principal

hazaña es obedecer,

y el modo cómo ha de ser

es ni pedir ni rehusar.

dgc-150620-graducacion-irak-05-g

Soldados españoles en Irak

También a ellos y a sus familias se les llenan de lágrimas los ojos y el corazón de emoción. Usted lo ha descubierto al hablar con sentimiento, en directo, sin palabras de gabinete, insensibles y preparadas. Hacen falta. Una arenga no se prepara. Al militar hay que arengarle y no alabarle. A los soldados las alabanzas y elogios les suenan a quimeras lejanas, a promesas siempre incumplidas. El elogio no forma parte de su fortaleza. No se prestan al juego mediático y huyen de los discursos y brillante literatura. Sus leyes por difíciles son escasas y sencillas. Escritas con el honor, el valor, la tradición y el ejemplo de sus héroes.

Señora ministra. Estoy seguro que le han dejado una herencia larga en necesidades. Esperemos que esté completa.

El presupuesto, la deuda… ¿¡Cuántas veces se lo habrán repetido!?

Los Programas Especiales de Armamento, el vehículo 8×8, las ininteligibles Brigadas Polivalentes, aviones de transporte, reabastecimiento en vuelo, submarinos (fallidos sin explicación), la industria armamentística…, y, cómo no, la revisión de los despliegues en el exterior. Muchas cosas que atender y poco dinero para repartir. Para colmo Europa se asusta, de repente, y aprieta. ¡A las Armas! ¡El presupuesto! También le habrán dicho que la mayor parte del dinero se va en gastos de personal. ¡Qué cosas! Habría que analizar qué personal sobra y excede.

Porque aquí a la sangre excede

el  lugar que uno se hace

Duro es que el tiempo, el corto y sacrificado tiempo de servicios a la Patria, el beso agradecido, te lleve a engrosar la lista del paro sin que nadie tenga respuesta. Ocurre en mal momento. En esos momentos nadie se acuerda de Irak, Líbano, Índico… ¿No lo sabía? Pues es una prioridad, quizá la más importante. Dar una salida digna a nuestros soldados cuando la Patria decide prescindir de sus servicios. Una urgente tarea.

Todo lo que se hace fuera, los éxitos en cada misión, dependen de lo que se hace aquí dentro. Formación, instrucción, adiestramiento e ilusión. Eso también es una prioridad de la que pocos hablan. Ni pedir ni rehusar no debe ser una excusa para mirar a otro lado.

Escribo de España y sus soldados que son la prioridad del ministro de defensa. De usted depende el orden de prioridad de las muchas tareas que tiene pendiente su ministerio.

Por primera vez como ministra de defensa ha visto el rostro de nuestros soldados. La severidad de su mirada refleja una acostumbrada actitud a ver pasar los acontecimientos con cierta indiferencia. Mientras te miran sobrecoge ver como escrudiñan y analizan el más mínimo gesto, hasta la más ligera brisa. Vigilancia extrema a través de la austeridad de su mirada. Solo comparten su canción con quien con ellos va.

Respondiole el marinero

tal respuesta le fue a dar

yo no digo mi canción

sino a quien conmigo va.

España es su canción. Este es su ministerio señora ministra. Con leyes muy antiguas, no rancias, y ancladas en la tradición. Pocas leyes, pero severas. Subraye alguna de ellas y cúmplalas y hágalas cumplir. Este es un ministerio de emociones contenidas.

Porque aquí a la sangre excede

el lugar que uno se hace

y sin mirar cómo se hace

se mira cómo procede.

presentacic3b3n1

España es su canción

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

LOS ERRORES DE UNA VIÑETA (General de División Juan Mateo Castañeyra)

IMG_0059

Imagen referida «EL ROTO»

En la viñeta de El Roto del diario el País correspondiente al día 12 de Julio, aparece la caricatura que quiere representar a un militar con uniforme de gala, de mirada  entre fanática y robotizada, que parece lamentarse con la siguiente frase: «los jóvenes de hoy carecen de ideales por los que matar».

Aunque el uniforme que viste el personaje caricaturizado no se parezca al español, no hay duda de que la viñeta se refiere a un ejército en general; al menos la mayor parte de los que puedan leerla no apreciarán este matiz; por otra parte, los valores de los ejércitos son similares en todos los países del  mundo.

El Roto es sin duda un artista, un artista acreditado; pero los artistas, como todos los humanos yerran, y a mi modo de ver con  esta viñeta, El Roto ha  errado tres veces; es lo que tienen las viñetas, que si bien en una imagen o en una frase se pueden concentrar los  aciertos, también puede ocurrir lo contrario.

jura de bandera en caceres

Jura de Bandera en Cáceres

Reconozco que tiene que ser muy difícil, encontrar diariamente un motivo de sátira y ser capaz de plasmarla en un dibujo somero. Reconozco que aún es más difícil, que esa sátira conecte con una parte importante de los lectores de un periódico de gran tirada; no voy a olvidar tampoco, que la mayor parte de los aspectos de la vida, pueden ser objeto de una sátira inteligente; ni que a veces, obligado por las circunstancias de la  sequedad de ideas, la sátira no satirice nada; ni que detrás de ella, más que el intento de señalar un defecto social, a veces lo que hay es un  oscuro resentimiento de juventud o tal vez una frustración personal. No quisiera tampoco  hacer notar, como ocurre en  este caso, que gracias a los satirizados se pueda estar escribiendo la viñeta. Sólo quiero señalar los tres errores de bulto que desde mi punto de vista ha cometido el viñetista.

En primer lugar, para matar no se necesitan ideales, se mata por dinero, por envidia, por celos, por venganza, por codicia, por soberbia, o por cualquiera otras de las miserias inherentes a la naturaleza humana. Se necesita solo, que los frenos morales y legales que las convicciones y la civilización han impuesto a los hombres, hayan desaparecido.

301307_476247122408350_781884793_n

Joven Soldado español

En segundo lugar, es falso que los jóvenes de hoy día carezcan de ideales para matar. Hoy, por desgracia, existen miles de jóvenes dispuestos a matar por sus ideales, aunque estos ideales sean perversos. Y lo demuestran a diario matando en París, en Bruselas, en Boston, en Siria, en Irak, en Madrid, en Niza o en cualquier otra parte del mundo donde, según ellos, anide Satán. Y el número de esos jóvenes pertenecientes a diferentes clases sociales y a diferentes países, no parece que disminuya; y haríamos bien en preguntarnos cómo es posible, que eso ideales perversos, se infiltren en las mentes de esos miles de jóvenes, que por otro lado no son  una parte marginal de la sociedad; tal vez sea, porque como ocurre en la física,  cuando un alma está vacía de verdaderos valores, ese vacío tiende a llenarse con cualquier cosa.

El tercer error es atribuir a la actividad militar, la acción de matar; ni siquiera en el marco satírico de una viñeta me parece admisible. En nuestro Juramento a la Bandera, acto que simboliza con el gesto de un beso, el conjunto de los ideales que mueven a los soldados españoles, estos juran o prometen por su conciencia y honor…… derramar si es preciso hasta la última gota de nuestra sangre. Ni una  palabra, ni una sugerencia, ni nada interpretable con un doble sentido, puede hacer pensar que entre esos ideales, figure la idea de matar. En ese juramento lo que sí está por el contrario implícito, y está en la mente de todos, es que lo de derramar si es preciso hasta la última gota de nuestra  sangre, no se reduce al acto heroico de hacerlo literalmente, sino también a la de entregar hasta la última gota de  nuestra dedicación en el cumplimiento del deber. Tal vez el que no ha Jurado Bandera, o lo ha hecho desde la rutina o la reserva mental, desconoce que la Jura es un acto de entrega en cuerpo y alma a  la nación española, y representa el mayor gesto de generosidad del que es capaz una persona: estar dispuestos a entregar su vida, en paz o en guerra por los demás.

la patrullaultim

«La Patrulla» de Ferrer Dalmau

Lo que necesitan los ejércitos no son jóvenes dispuestos a matar. Lo que necesitan los ejércitos son hombres dispuestos a luchar hasta morir si es preciso, en defensa, en nuestro caso, de la nación española. Y esos fines se pueden conseguir con nuestro quehacer diario, con nuestra entrega sin límites, con la sola presencia de una institución armada fuerte, preparada para la guerra, disciplinada y por tanto creíble;  es lo que se  llama disuasión, que se consigue sin disparar un tiro y que por otra  parte ocupa la mayor parte de la actividad de los ejércitos; y cuando se llegue al combate, lo que se necesitan son jóvenes cuyos ideales les impulsen, no sólo a superar el instinto de conservación, sino también a no emplear más fuerza que la necesaria; a que el empleo de la misma se haga según las leyes de la guerra; a que recojan y cuiden a los heridos adversarios; a que traten a los posibles prisioneros con humanidad; a que respeten los derechos humanos de la población civil; a que sean capaces de contener sus instintos más bajos en circunstancias de tensión extrema; y a que estén dispuestos a hacer todo esto y mucho más, poniendo su vida en juego. Valores que se compadecen bien poco, con los que sugiere la caricatura.

No se trata de aquello que dijo el ministro de defensa Bono, que él prefería morir antes que matar; lo cual es admirable a nivel individual, pero que no parece muy propio en boca de un ministro de defensa, pues esa idea puede sugerir que los ejércitos estén en la disyuntiva entre rendirse o dejarse matar. Aunque no sé por qué me malicio, que incluso a nivel individual, salvo aquellos que son llamados a los altares, serían muy pocos los que puestos en riesgo de sus vidas, se inmolaran mansamente. Aunque no me cabe tampoco duda, que el ministro que pronunció esas palabras, dado su comportamiento en otras facetas de su vida, alcance también en este caso, el grado de excelencia necesario para sacrificarse.

30

Nuestro jóvenes soldados saben muy bien cuales son sus ideales

Se trata, en definitiva, de que lo que define al militar, lo que hace singular su profesión, es la entrega potencial de nuestras vidas en defensa de los intereses superiores de la Patria. Si, he dicho bien; de la Patria.

El ironizar sobre la misión de los ejércitos y sus valores, puede resultar rentable para aquel que tenga que buscar diariamente una idea; de hecho la milicia, por su  especificidad, ha sido y seguirá siendo, una fuente inagotable de sátiras. En la mayoría de los casos, la sátira y los sarcasmos, son sin duda, además de divertidos, inocuos. Pero en este caso, la viñeta pone al mismo nivel al «soldado del DAESH», cuyos ideales le impulsan a matar, que al soldado de un ejército regular, cuyos ideales le impulsan a defender la libertad y la justicia; y esto, en unos tiempos en los que a nivel global se libra una lucha de valores, no resulta ya, ni tan divertido, ni tan inocuo.

Juan Miguel Mateo Castañeyra, General  de División (R)