
(1860) Batalla de los Castillejos. El «cabo Mur» arrebatando la bandera de la Unida Marroquí nº5 . Autor: Juan Alaminos López . Museo del Ejército de Toledo
Hoy mis recuerdos van dirigidos a Prudencio Mur Galindo, el «General Mur» como le llamaban cariñosamente los cadetes, que fuera durante 40 años, jefe de los servicios de peluquería de la Academia General Militar de Zaragoza. Gran persona con el que coincidí durante los dieciséis años que estuve destinado en la misma, y con quien entablé una gran amistad.
Cuarenta promociones de la actual tercera época de la Academia han pasado por los útiles y las manos de aquel querido peluquero, ejemplo de servicio, de disponibilidad, de educación y de respeto.
Entre ellos nuestros reyes: Juan Carlos I , alumno de la XIV Promoción, entre los años 1955 a 1957, y Felipe de Borbón y Grecia, que lo fue con la XLIV Promoción, entre 1985 y 1986.
Era una auténtica institución. En 1979 el Rey Juan Carlos le impuso la Cruz al Mérito Militar de tercera clase, y en 1982 le concedieron, a propuesta de la Academia, la Medalla del Trabajo en categoría de bronce.
Solo pretendo sacar a la luz pequeñas vivencias que con él tuve. Para muchos puede que no sean desconocidas pero creo que agrandarán, aún más si cabe su recuerdo, y pienso que podrán servir de agradecimiento por su total entrega a la Academia durante tantos años, como hicieron tantos otros. Entre ellos y que ahora recuerde: a Sor María Montalbán monja Hija de la Caridad de San Vicente de Paul destinada en la enfermería de cadetes (era tan jóven y guapa cuando llegó a la Academia que los cadetes la llamaban «Sor Guayabo»); y al cocinero jefe Echandía, creador del famoso arroz que lleva su nombre y que disfrutábamos los días de fiesta.
En la película «Cuna de Héroes», dirigida por John Ford y ambientada en la Academia Militar de los Estados Unidos de West Point, encontré a un personaje que me recuerda a nuestro amigo Mur. Me refiero a la vida de un sencillo irlandés ayudante de cocinero llamado «Marty», personaje interpretado magníficamente por Tyrone Power.
El «general Mur» y «Marty» envejecieron con los cadetes.
El reloj del torreón.
Mur, además de la peluquería, era el responsable del estanco, de la perfumería, de la prensa diaria, y del reloj del torreón (situado encima del entonces cuerpo de guardia), que ponía en hora y engrasaba periódicamente.
En vísperas de una visita de SM el Rey Juan Carlos a la Academia, el entonces director, general Pinilla, reunió a todo el personal civil y les dio las órdenes oportunas para que ese día nada fallara, ni siquiera el reloj, que por aquellas fechas sufría frecuentes paradas.
— «Sr. Mur, hasta el reloj tiene que funcionar mañana», comentó el general.
Todo salió a la perfección, y por supuesto el reloj no se paró. Al cabo de unos días Mur me confesó que había puesto a un hombre de su confianza sentado toda la mañana en el torreón junto a la maquinaria, por si tenía que mover a mano sus saetas.
Los partidos de frontón.
Aunque me sacaba 17 años, formábamos pareja para jugar al frontón en la especialidad «paleta-pelota goma», él de «delantero» y yo de «zaguero». Era muy habilidoso sobre todo con las carambolas a «dos paredes» entre la «pared larga ó izquierda» y el «frontis».
Como era socio del zaragozano Club Natación Helios, algunas tardes nos acercábamos a sus instalaciones junto al río Ebro para jugar unos partidos, pero del mismo modo que en la Academia casi no teníamos rival, allí la cosa estaba más difícil.
La carpeta del jefe de servicio.
De comandante, cuando entrábamos de jefe de servicio, dormíamos en la Academia. La habitación estaba en el pasillo de la enfermería junto a las que fueron las habitaciones de nuestro Rey Juan Carlos cuando era Príncipe de España.
Diariamente, el bueno de Mur al cerrar la peluquería, recogía su carpeta de «jefe de servicio» y sin decirnos nada la dejaba en nuestro cuarto encima de la mesilla de noche. A la mañana siguiente la recogía y celosamente la guardaba en la peluquería.
La carpeta que diariamente nos dejaba y a la mañana siguiente recogía, contenía, además de la órden del día, toda clase de revistas, más o menos censuradas, que nos entretenían las horas que en ese inhóspito cuarto pasábamos.
El libro de contabilidad de la peluquería
En aquellos años a los profesores, además de nuestras clases y prácticas de instrucción correspondientes, se nos asignaban cargos administrativos diversos. El que esto escribe, entre otras cosas, fue capitán administrador de la quinta compañía, y un año el responsable de la peluquería.
Cuando al final de cada mes, le llevaba al teniente coronel mayor el libro con la liquidación de la peluquería para que con su firma diera el visto bueno al mismo, todo eran felicitaciones y palabras de admiración al ver la exactitud de la contabilidad, y la letra redondilla hecha a mano con la que el citado libro estaba redactado, que por supuesto eran obra exclusiva de Mur.
La gesta del «cabo Mur»
Cuando me sentaba en su sillón para hacerme las crines, siempre le preguntaba:
― ¿Cómo está el cabo Mur?
― Los de Caballería estamos bien contestaba.
Por aquel entonces la peluquería tenía ocho sillones, cuatro frente a la puerta abatible de la entrada y otros cuatro laterales dos a cada lado. El de Mur era, de los situados frente a la entrada, el de la izquierda, y junto al espejo tenía colgado un pequeño cuadro con la gesta del cabo trompeta de húsares Pedro Mur y Escalona, y a la menor insinuación, el bueno de Prudencio nos contaba la hazaña del cabo que decía era familiar suyo.
«El 1 de enero de 1860 el general Prim mandó cargar a los húsares contra la Caballería mora, en el Valle de los Castillejos situado a cuatro kilómetros de Ceuta. En vanguardia marchaba el primer escuadrón del Regimiento de Húsares de la Princesa 19 de Caballería, donde estaba encuadrado nuestro cabo Mur.
En un momento difícil de aquella batalla, donde parte las fuerzas de Prim cayeron en una emboscada, el cabo Mur, que había conseguido salir de la escaramuza, se lanzó a caballo contra un teniente que llevaba el banderín amarillo de la 5ª Unidad Marroquí. Le dio alcance, lo derribó, le arrebató la enseña y regresó a su regimiento con el estandarte de la Caballería del Sultán. (Actualmente este estandarte se conserva en el Museo del Ejército del Alcázar toledano)».

Trompeta de húsares
Reinando Isabel II y siendo Presidente del Gobierno y Ministro de la Guerra Leopoldo O´Donnell, por su gesta al haber mostrado tanta valentía ante sus compañeros, le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando de Primera Clase, pensionada con 50 reales/mes, y ascendido al empleo de sargento. Por los méritos contraídos en esta batalla, al general Prim, que ya era conde de Reus y vizconde del Bruch se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos con Grandeza de España.
Gracias
Por las escrupulosas liquidaciones de la peluquería que me presentabas con letra redondilla.
Por los maravillosos partidos de frontón jugados en la Academia y en Helios.
Por la carpeta del Jefe de Servicio que nunca me faltó.
Por no haberse parado el reloj aquel señalado día.
Por sentirte orgulloso de tu antepasado el cabo de Caballería Mur, tú que para los cadetes eras el «general Mur».
Por acompañarnos vestido con tu uniforme gris a Mª Cristina (campo de maniobras de San Gregorio, Zaragoza), Rioseta (Candanchú), Ezcaray (La Rioja), Batiellas (Jaca), a todos las marchas por San Gregorio, a los desfiles de la Victoria…..
Y sobre todo, gracias por tu amistad. Tu memoria permanecerá imborrable entre los muchos que tuvimos la fortuna de conocerte y tratarte.
Descanse en Paz.
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver
Zaragoza diciembre 2022.
Blog: generaldavila.com