El pasado día 30 de Enero se conmemoraba el XXV Aniversario de la División Castillejos. Tal vez a muy pocos les suene el nombre de Castillejos asociado al de una división, porque apenas lleva desde primeros de este año formalmente establecida como tal división. Pero la División Castillejos, y más concretamente su cuartel General carga ya con 25 años de experiencia. Y es que al paso que evolucionan la organización y los procedimientos militares, un cuarto de siglo no es poca cosa.
La actual División Castillejos es la heredera del Mando de Fuerzas Ligeras (FUL), que a su vez lo era de la Fuerza de Acción Rápida (FAR). He ahí el origen de esta corta pero fecunda historia. Echemos un poco la vista atrás, tan solo 25 años. Tras la caída del Muro de Berlín que simbolizó de alguna manera el fin de la Guerra Fría y del mundo bipolar, España se había unido a la OTAN. Lo hizo muy “a la española” sin integración en la estructura militar, regulando nuestra participación a través de seis Acuerdos de Coordinación. Era pues preciso ajustar nuestras estructuras militares a las de nuestros aliados y entrenarnos juntos.
En el ámbito del Ejército de Tierra, esa fue la razón del nacimiento de la FAR. La directiva del MINISDEF que la creaba venía a exponer que la FAR “…surge ante la necesidad del Gobierno de disponer de un instrumento ágil y flexible con el que pueda dar una primera respuesta a aquellas situaciones de crisis o de conflicto que requieran la presencia de Unidades del Ejército de Tierra…” Nacía pues de una necesidad expresada por el Gobierno ¡nada menos!
Como es bien sabido una división y en general una Gran Unidad, se compone de su Comandante en Jefe, de su Cuartel General, del que es parte muy sustancial el Estado Mayor y de un conjunto de Unidades subordinadas. Empezaré hablando de estas últimas.
Desde el comienzo de su andadura la FAR tuvo bajo sus órdenes diferentes Unidades bajo diversas modalidades de mando. Inicialmente no disponía de más Unidades que las que le proporcionaban un apoyo inmediato: Transmisiones, Policía Militar, Inteligencia y una compañía para asistir al Cuartel General. El grueso de las Unidades se le asignaba ad-hoc para cada plan operativo o ejercicio, por el tiempo de duración de los mismos. Estamos hablando de los inicios de la década de los 90, cuando las primeras Unidades de nuestro Ejército fueron desplegadas en la antigua Yugoslavia bajo mando de Naciones Unidas (UNPROFOR). Era el Cuartel General de la FAR quien, con las fuerzas puestas a su disposición, encuadraba el contingente, organizaba la proyección a la zona de operaciones y una vez allí realizaba el seguimiento de las mismas y velaba por su sostenimiento.
Desde el principio a la FAR le fueron atribuidas para estos empeños fuerzas de las Brigadas de Infantería ligera: La Brigada Paracaidista, la Aerotransportable y las Unidades de La Legión – que por aquellas fechas se estaba constituyendo en Brigada – además de otras Unidades de menor entidad. Entre todas ellas, por decisión del primer jefe de la FAR (COMFAR), el General Agustín Muñoz-Grandes, fueron unidades legionarias las primeras en abrir camino en esta empresa en el exterior, precisamente cuando se cuestionaba el futuro de la Legión. Los legionarios nunca le agradeceremos bastante su confianza y su decidida apuesta por el futuro de La Legión. A la vista están los resultados. 
No todo fue un camino de rosas. En el desempeño de estas misiones ha habido que lamentar las primeras bajas en acto de servicio, comenzando por la del Teniente de Infantería Arturo Muñoz Castellanos, del 2º Tercio de La Legión y, a la sazón, formando parte de la Agrupación Canarias, bajo el mando del Coronel del 3º Tercio, que dependía de la FAR. Así eran las cosas en el origen. Hoy, el Acuartelamiento que acoge al Cuartel General de la FAR en Cuatro Vientos, ostenta con orgullo el nombre de su primer caído. 
Apenas dos años tras su creación la FAR, que dependía del JEME como parte de la reserva General, pasó a depender de la Fuerza de Maniobra, cuyo cuartel General estaba en Valencia. Esta reorganización trajo consigo además el que las Brigadas ya mencionadas pasaran a depender de COMFAR orgánicamente. Es decir, que ejercía sobre ellas el mando completo y no solo ligado a las operaciones que se le encomendaban. Se le fueron agregando nuevas Unidades: La Brigada de Montaña, la Brigada ligera San Marcial, la brigada de Caballería y otras Unidades que constituyeron el núcleo de apoyo, como el Regimiento de Caballería Lusitania, el Regimiento de Transmisiones y la BOEL. Pero ni entonces ni ahora dispuso esta Gran Unidad bajo su mando la organización logística necesaria para sostener sus operaciones.
Esta situación se prolongó en el tiempo hasta el año 2006, en el que ya bajo el mando de la Fuerza Terrestre, cuyo Cuartel General está en Sevilla, la FAR se transformó en el Mando de Fuerzas Ligeras (FUL) perdiendo su capacidad operativa como cuartel General de División. Pasaba a ser un mero mando orgánico para la preparación de sus fuerzas. Pero dos años después recuperaba tal capacidad. Finalmente en 2015 se dispone que la FUL pase a constituir una División con su tres primigenias brigadas orgánicas y se le asigna el nombre de “División Castillejos” en recuerdo de aquella singular batalla en la que bajo el mando del General O´Donell, el General Prim bandera en mano, arengó a sus soldados diciéndoles: “Soldados, podéis abandonar vuestras mochilas, porque son vuestras. Pero esta bandera es de la patria.”
Me resta solo referirme a lo que ha sido el cerebro a lo largo de estos 25 años: El Cuartel General y muy en particular su Estado Mayor. Muy reducido al principio pero integrado por unos oficiales personalmente escogidos por COMFAR, ilusionados, imaginativos y comprometidos, pero también con algunas carencias. Poca experiencia teníamos entonces en la conducción de operaciones, muy justos de inglés y faltos de procedimientos andábamos. Aún sin pertenecer a la estructura de mandos de la OTAN, bajo los Acuerdos de coordinación la FAR fue asignada al Cuerpo de Reacción Rápida de la OTAN (ARRC). Se trataba de un Cuartel General de origen británico al que se le atribuía fuerzas multinacionales en forma análoga a la que la FAR se le atribuyó las nacionales. Y de la mano del ARRC tuvimos que adaptarnos a estructuras y los procedimientos. ¿por qué tanta importancia en eso de los procedimientos? Pues simplemente porque constituyen la forma de planear y conducir las operaciones.

Con esto y para esto nació la FAR, más tarde la FUL y en la actualidad, la División Castillejos. Una “gran unidad” como digo al principio, que ha sido un revulsivo en el aspecto operativo y de integración multinacional. Un conjunto bien articulado, aunque no siempre equilibrado, compuesto por un corazón, el de los comandantes que han ejercido el mando. Representan el QUERER. Impulsado por un cerebro bien amueblado, su Estado Mayor, el SABER. Y por último un músculo bien tonificado siempre en pura contracción, el de sus unidades subordinadas, particularmente la infantería Ligera, todas con muchísima personalidad, constituyen su mayor orgullo. Representan el PODER. Esto es lo que ha aglutinado esta unidad a lo largo de sus veinticinco años de servicios a España y a su Ejército. Yo tuve el honor de formar parte de aquel proyecto en sus tiempos iniciales. 25 años después, ya desde la situación de reserva me siento inmensamente orgulloso de haber sido parte de él.
¡Felicidades a la FAR y a la FUL. Larga vida a la División Castillejos!
Adolfo Coloma
GB (R) del ET
