Apenas lleva una semana en el poder y Donald Trump, firma tras firma, va cumpliendo cuanto dijo que iba a hacer.
Admiro a este Presidente que ha dicho que para él lo más importante es su Patria y que lo único importante son los EEUU y le admiro por haber eliminado cualquier tipo de financiación oficial de apoyo a organizaciones abortistas como “planet parenthood” y le comprendo cuando dice que ya está bien de salvar los platos a todo el mundo cuando hay naciones como, por ejemplo, España, que aportan a la Defensa una cifra insignificante en el presupuesto y le apoyo en lo que parecen ser unas buenas relaciones con Putin, y la Rusia actual, lo que dará lugar a un nuevo orden mundial sin duda más seguro. Coincido con él en que ya está bien de interferir en la multisecular zona de influencia de Rusia, en sus fronteras.
Más sin embargo disiento de la política que quiere imponer a su vecino Méjico pues considero que esta no es más que una derivada del temor creciente que en determinados círculos de influencia norteamericanos se tiene a la cada vez más significativa presencia hispana en esa nación. En el mes de septiembre pasado escribí aquí sobre este asunto y a fuero de repetir conceptos y datos expuestos en aquel artículo, permítanme que así lo haga pues creo necesario ponerlos de nuevo sobre la mesa y que sirvan para una mejor comprensión del objetivo último del Presidente Trump que en mi opinión no es otro que adelantarse 50 años a lo que puede pasar en los EEUU en dos generaciones.
Y es que conforme a lo que podemos extraer de los datos estadísticos de demografía más fiables, es del todo cierto que allá por 2050/60 el porcentaje de población de origen mejicano constituirá una amplísima mayoría en aquellos Estados que otrora fueron parte de la Nueva España, y luego Méjico, y que les fueron arrebatados en la guerra de 1840. Hablamos de California, Nuevo Méjico, Arizona, Tejas, Nevada y Utah, o sea nada menos que una cuarta parte de los EEUU actuales. Y esto quiere decir que lo que fuera parte de Méjico hace 200 años, y que le fue arrebatado por la fuerza, seguirán siendo Estados de los EEUU pero dominados por una población mayoritaria de origen mejicano en todos los ámbitos de la sociedad y ¡ojo¡ en todas las capas sociales y además sin descartar que esta población ya no será la suministradora de servicios básicos como lo es fundamentalmente ahora sino todo lo contrario: instalada ya – denlo por seguro – en todos los ámbitos, incluso los del poder.
A esta segura situación cabe añadir que Méjico, hoy, con una población de unos 120 millones de habitantes, es la potencia industrial numero quince del mundo y es la nación más rica de toda Iberoamérica, si bien tiene problemas estructurales como consecuencia de una desigualdad tremenda en cuanto al reparto de la riqueza y tiene graves quebraderos de cabeza relacionados con el crimen organizado y el narcotráfico, pero si Méjico fuera capaz de solucionar estos inconvenientes internos y consiguiera una estabilidad social y política adecuada, el desarrollo económico sería espectacular y en un cuarto de siglo nos encontraríamos a Méjico como una de las naciones líderes del mundo. En definitiva, tal parece que es previsible que dentro de 40/50 años los EEUU tendrán un vecino al sur que ya no será el vecino pobre, sino una potencia mundial y con influencia por todo el suroeste de su territorio; un territorio, por cierto, que le fue robado en su día y que por historia pertenece a Méjico. Pudiera suceder entonces que allá por esos años, Arizona, por ejemplo, tenga una población mayoritariamente mejicana y que al sur linde con un Méjico potente, donde el nivel de vida no difiera en nada del resto de los Estados Unidos, al contrario de lo que sucede hoy. Tal vez suceda, entonces, que el Estado citado, así como los otros, tuvieran la tentación de reintegrarse a su Patria originaria.
Esto no es ciencia ficción sino prospectiva derivada de análisis que no son míos sino que cualquiera puede extraer de lo que nos dice George Friedman en su libro “the next 100 years” y que es bien conocido por los inquilinos de la Casa Blanca.
Tengo la impresión que Donald Trump en este caso concreto actúa como un estadista pensando en la próxima generación y no en el presente y su obsesión con levantar un muro con Méjico es un objetivo estratégico para salvaguardar el dominio en los EEUU de la clase anglosajona de la que procede. Y un paso importante para ello es controlar a su vecino del sur.
Donald Trump va a levantar un muro que inicialmente no es más que un objetivo táctico con la finalidad de impedir el permanente flujo de migrantes de Méjico a los EEUU pero su objetivo estratégico es el que les he apuntado aquí : la defensa de la nación norteamericana según el patrón anglosajón dominante desde la fundación de los EEUU.
Como dijo el Presidente mejicano Porfirio Díaz en su momento: “pobre Méjico, tan lejos de Dios y tan cerca de los EEUU”.
General de División (R.) de Infantería de Marina Juan Chicharro Ortega
28 enero 2017
Blog: generaldavila.com





















