Como sabemos, las misiones de las FAS son “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el orden institucional”, además de todas las que pudieran serles encomendadas fruto de nuestra integración en organismos internacionales para contribuir a la defensa de la paz y seguridad internacionales… Pero no hay que olvidarse que, como servidores públicos, también han de hacer frente a todas aquellas misiones encomendadas y que aun no siendo misiones específicamente militares redunden en el bien de la Patria. Este es el caso del tema que traemos hoy, obsoleto afortunadamente en la actualidad pero muy presente aún a finales de los años setenta del pasado siglo. Cierto es que tenía menos predicamento y publicidad pero era también misión de combate aunque esta vez…contra el analfabetismo.
A partir de 1970 se dejaron de publicar las cifras de analfabetos estatales puesto que ya toda la población, por ley, se había escolarizado, pero no hay que olvidarse de los que hasta esos años no habían pisado una escuela. Mirando la encuesta de población activa del año 1979, publicada por el INE de 1981, se señalaba como analfabeta a un 8,2% de población mayor de 14 años, es decir algo más de 2 millones de personas. Claro que el grueso de ese porcentaje estaba en población mayor de 45 años. El % de población analfabeta en edades militares era de alrededor del 2%. El Ministerio, como decíamos, se centraba más en el aumento de la escolarización, pues le obligaba la ley, que en la erradicación del analfabetismo, pero analfabetos, haberlos, aún los había y les llegó el momento de su ingreso en filas. Ahí vamos.
No son estas páginas lugar para anegarlas con cifras, vayan solamente algunas significativas de cada uno de los años finales de tal década.
En el E.T.:
- Reclutas incorporados……….208.019
- Analfabetos……..……………….7.970
- %……………………………………………4,31
- De los C.I.R., salieron sabiendo leer y escribir al terminar los cursos de alfabetización + de un 30%.
- En las unidades, el 97% de la tropa que terminaron los cursos (la mayoría) aprendieron a leer y escribir.
- Por unos u otros motivos (bajas durante el curso, etc.) el total de reclutas licenciados del Servicio Militar que no acabaron los cursos de alfabetización fue sólo del 1,4%.
En los C.I.R.s, y resto de unidades hubo oficiales, suboficiales, capellanes y tropa con título, que tenían incluso dedicación plena a labores de alfabetización. Se contrataron maestros nacionales y en muchos acuartelamientos la mayoría de tropa con título se dedicaba a labores docentes con sus compañeros de armas.
Juan Soldado, por aquellos años iniciaba su andadura en la milicia. Todo era muy distinto entonces, tanto que incluso desconocía eso de las misiones internacionales. Además de la instrucción táctica, técnica y servicios de guarnición en el seno de las unidades, él y sus compañeros, junto a sus superiores, tuvieron que sacar adelante misiones de las que ni remotamente Juan sospechaba que les pudieran corresponder. Con modestia, dedicación y la mejor de las voluntades sabía que serían capaces de sacar adelante cualquier misión encomendada.
En cualquier unidad era raro que en sus compañías no hubiera algún que otro analfabeto. Éstos, por norma, estaban excluidos de prestar servicios de armas y acudir a ejercicios de tiro. Normalmente eran personas humildes, de gran corazón, ganándose la simpatía de sus compañeros y cuadros de mando.
Muchos fueron los momentos en que Juan Soldado tuvo que supervisar los cuadernos de “ejercicios de escritura y cuentas”, mientras los educandos desempeñaban sus servicios de “cuarteleros”. Siempre agradecidos ponían gran empeño en aprender.
Pero esta no era la única labor cultural que se desarrollaba en el seno de las unidades del ejército de aquella época, por eso es necesario recordar también la existencia de la llamada “extensión cultural”.
Veamos. El Servicio Militar suponía un instrumento a través del cual el ciudadano podía promocionarse culturalmente puesto que se le ofrecían los medios para ello, como las clases de Extensión Cultural. La normativa vigente en aquella época amparaba esas clases de Extensión Cultural, en el seno de las unidades, como educación permanente de adultos, es decir, como si hubieran sido impartidas en centros oficiales, siendo sus títulos expedidos reconocidos por el Ministerio de Educación y Ciencia de la época.
Existían varios grupos de clasificación cultural, uno de ellos dedicado a la obtención del Título de Graduado Escolar. También se extendían Certificados de Escolaridad bajo la dirección de la Inspección Técnica del Ministerio de Educación y Ciencia.
Como dato hay que decir que en 1976 fueron expedidos 24.628 Certificados de Escolaridad a los soldados que prestaban el servicio militar.
Sirvan estos comentarios como recordatorio de esas otras misiones “no de combate”, que tuvieron que acometer las FA,s en apoyo de la población a través de la función docente, hace ya algunos años.
Andrés Manrique
Teniente (R)
1 feberero 2017
Blog: generaldavila.com






























