“Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola
hasta el África que inmola
sus hijos en torpe guerra
no hay un puñado de tierra
sin una tumba española”
Cantó el poeta entre la admiración y el horror que le despertó el conflicto bélico motivado por nuestra debilidad institucional y la delirante ambición de nuestro vecino del norte. No hay un puñado de tierra sin una tumba española, a lo que con justicia habría que añadir -“y ni una ola en el mar”-
Las cosas son como son, o sucedieron como sucedieron, pero tienen todos los muertos, todos, derecho a un lugar de reposo digno, reconocible donde sus deudos les puedan recordar, visitar o rezar, como es ancestral costumbre en todas las culturas. No importa si cayeron en el frente con las armas en la mano, acribillados en masa, como en Paracuellos, caídos en la nieve en el frente de Leningrado o en un espantoso accidente aéreo en Trebisonda. Todos tienen ese derecho pero son sus deudos los que lo ejercitan, por piedad y por justicia. Honrarás a tu padre y a tu madre, dejó escrito Dios a Moisés para que lo transmitiese a toda la humanidad.
Tras nuestra incivil contienda de 1936-39 se imponían dos tareas por encima de todas: La reconstrucción y la reconciliación. Era necesario cerrar heridas. Con este propósito se construyó en las estribaciones de la Sierra de Guadarrama el conjunto monumental del Valle de los Caídos que, además de una abadía benedictina y una impresionante cruz orlada con los evangelistas, como elemento central dispone una soberbia basílica excavada en roca. “Templo Votivo del Perdón”. Fue erigido por iniciativa del Jefe del Estado, Francisco Franco, para dar cristiana sepultura a todos los caídos sin distinción de bando ni de condición, tal como lo subrayó el Papa Juan XXIII nada sospechoso de partidismo. “En este monte sobre el que se eleva el signo de la redención humana ha sido excavado una inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos de la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos, y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española.”
Más de 33.000 restos se honran en el templo, a ambos lados del altar mayor, sin distinción de bando, insisto. Todos merecen el mismo respeto. Tienen todos sus deudos el legítimo derecho de reclamar a los suyos, Háganlo si así les conviene. Pero dejen al resto descansar en la paz de esos muros de roca. No se ensañen persiguiendo al inspirador de tan piadosa obra más allá de la tumba. No desenterremos de nuevo ni el odio ni el revanchismo Dejemos que los que se enfrentaron en vida y la perdieron descansen juntos en paz.
Adolfo Coloma
G B (R) del ET
Blog: generaldavila.com
12 enero 2017
































