DÉJENSE DE ALABANZAS Y QUIERAN MÁS A LOS SOLDADOS EN SU DURA MISIÓN Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Oigo alabanzas que se volverán lanzas en cuanto haya ocasión. Es muy nuestro. Al abrazarse hay que mirar siempre la mano del abrazador. Recuerdo una felicitación de alguien no muy amigo.

Felicitador: <<Enhorabuena por ascenso y fuerte abrazo>>.

Felicitado: <<Acepto felicitación y rechazo abrazo>>.

El cuadro de Las Lanzas, o La Rendición de Breda, de Velázquez es significativo e irónico. Siempre me he preguntado donde miran los que miran fuera del cuadro. Observe y de paso ¿por qué Velázquez nos saca al primer plano el culo del caballo en postura de dar una coz inmediata?

Cosas del genio sin desvelar, a pesar de que su pintura se cifra en eso: sencillez. Que es precisamente lo difícil en cualquier actividad.

En aquella ocasión, en Breda, no había felicitaciones, sino derrota, vencedor y derrotado, casi ni abrazo, sino simulación, y humo al fondo, de la batalla, donde los muertos ¿ya para qué? y ¿por qué?

La guerra es un mal permanente, tanto que a lo mejor ni es a ratos, sino siempre. Lo decía Spinoza, que está más bien en el corazón que en las armas, o sea que guerra hay siempre y por eso en Las Lanzas se exhiben y ahí siguen, el arcabuz, los guiones-banderas, y las mortales alabardas no arrojadas al suelo, sino en prevengan, para más tarde. Una escena señorial nos pinta Velázquez, pasajera, que después seguirá la guerra y para ello deben estar las tropas preparadas.

Llueven las felicitaciones, empalagosas, a los Ejércitos, porque son rastreadores, como los indios, y por otras cosas más que ya, de tanto decirlas, me aburre y, de paso, con ello, me he ganado unos cuantos amigos que ya no me saludan, menos mal, porque no aplaudo con las orejas todo lo que veo e intuyo. Ya saben de lo que les hablo.

Se trata de la guerra y, claro, todos quieren ganarla.

Muchas picas y caballos en la escena, cortesía, caballerosidad, nada de humillación, algo muy inusual.

En mi paleolítico militar, joven teniente destacado con mi unidad de Operaciones Especiales en la frontera de Navarra con Francia, con misión de su impermeabilización para evitar que atravesasen la línea de mugas los etarras para asesinar, tuve la ocasión de compartir momentos con un oficial francés y sus soldados. Al terminar, con una pequeña fiestecilla, donde salió la guitarra y las canciones, el francés me dijo algo que aún recuerdo.

—La diferencia entre tu mando y el mío es que veo que vuestros soldados os quieren.

Alabar no es querer, y felicitar tampoco lleva consigo abrazar. Lo empalagoso y melifluo no está, fíjense, en la Rendición de Breda.

No he visto ni oído una palabra de afecto y reconocimiento a nuestros soldados en Irak. Por ejemplo.

Habrá que renunciar a las armas, pero les recuerdo que la guerra seguirá, mientras permanezca en los corazones de los hombres

Spinoza: «La paz no es la ausencia de la guerra, es una virtud, un estado de la mente, una disposición a la benevolencia, la confianza y la justicia».

Puede que como en Breda. No se fíen.

Ahora déjense de alabanzas y quieran a los soldados. En su dura misión también, con las armas en la mano, que es lo suyo. Si es que quieren paz.

Para empezar, por ejemplo, paguen los caballos, las lanzas y a los actores.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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LA GUERRA (II) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Es seguro que un motivo banal inició la primera contienda. Entre dos. El que la perdió creó la táctica y el que la ganó la estrategia.

-Soy más débil; mientras duerme le sorprenderé con un ataque por sorpresa.

-Mi fortaleza me permitirá construir murallas que rodeen mis fértiles tierras regadas por los grandes ríos. Crearé leyes para regular la vida dentro y ejércitos para defenderlas.

Uno construye, otro destruye.

-Mi debilidad me obliga por ahora a vivir del engaño; penetraré en las defensas de mi oponente infectándolo todo.

-Mandaré legaciones a mi enemigo ofreciéndole respeto mutuo y darle un espacio si se somete a nuestras leyes; yo respetaré sus costumbres.

-Aceptaré el pacto y buscaré el modo de que sus mismos súbditos lo rompan; me infiltraré entre sus asesores. Mezclaré a mis hombres con sus mujeres y al fruto de sus vientres lo educaré en mi doctrina.

El táctico ha descubierto la estrategia, su fin último: que su oponente no descanse nunca. El estratega tiene que recurrir a la táctica para su conservación y desarrollo.

La desconfianza crea el secreto y la información. Abundan los espías y bufones.

No había más forma de combatir: con leyes o con la fuerza. El equilibrio entre ambas mantiene la armonía. Política y Milicia deben seguir el mismo camino, se necesitan, si se repelen se obligan a estar siempre vigilantes una de la otra. A la distancia justa, en la que no haya influencia; ni atracción, ni repulsión, o el invasor, siempre al acecho, destruirá al invadido.

Después de años de guerras, nunca llega el estudio definitivo de este arte cambiante y solo apto para los grandes. Cambia como la expresión en un lienzo, en función de las pasiones, del hambre y la sed, de la injusticia, y de la justicia también; de las diferencias, pero ahora mucho más del deseo, cada vez más fuerte, de pertenecer a grupos.

Tanto la defensa como el ataque se convirtieron en una Arte. No era cuestión de cantidad sino de calidad e insistencia.

Cualquier Arte requiere técnica y estudio. Si no es un fraude que te lleva a la derrota. Lo recoge cualquier libro elemental que lo trate: unos principios y unos procedimientos para conjugar con ellos los elementos, las formas y los medios. No hay posible engaño.

Lo que llamamos inspiración no es más que acertar con el hombre mejor dotado para el arte. Alejandro Magno, para la guerra, o Velázquez, para la pintura, nacieron inspirados para ello y su vida fue desarrollar sabiduría sin entregarse al ocio de la primera victoria.

Todas las guerras empezaron por expansión; el Nilo con su riqueza atraía a las poblaciones del desierto. Alrededor del Éufrates y del Tigris surgen las primeras civilizaciones y un trozo de tierra fértil bien regada vale la vida que hay que proteger con sólidas fronteras más allá. Las delimitaron las montañas, los desiertos, los ríos y los mares. Las incursiones de los que ocupaban las zonas deprimidas a los lugares fértiles acabaron convirtiéndose en ataques y en organización de ejércitos: atacantes y defensores, ofensiva y defensiva.

La evolución ha cambiado casi todo. Hay algo que sigue igual.

El estratega y el táctico. Uno busca más allá y pide colaboración y trabajo en común, respeto, orden y conseguir que haya cosecha para todos. El otro sigue buscando la infiltración, la insidiosa penetración, sembrar doctrina en vez de trigo, robar a las mujeres para fomentar su descendencia, la única táctica que al débil convierte en hábil estratega; y le motiva en su lucha.

El general argentino Héctor Bastico en su libro Evolución del Arte de la Guerra formula en 27 conceptos las ideas estratégicas de Maquiavelo. Una de ellas adquiere bajo mi juicio especial relevancia: «Los hombres, las armas, el dinero y el pan constituye el nervio de la guerra».

En 1883 el mariscal Wilhelm Colmar von der Goltz, tentado por el sistema de militarización de la sociedad practicado por la revolución francesa y Napoleón escribió La nación en armas, donde establece claramente que el país debe estar preparado permanentemente para la guerra.

Preparados. Hombres y nuevas armas. Va a faltar el dinero y el pan. Ni a todos, ni en todas partes. A una gran mayoría. Es la combinación perfecta. Mejor estar alerta.

Un trozo de tierra fértil bien regada vale la vida. Vendrán a lucharlo. No ha habido paz. Una simple tregua para rearmarse.

Un motivo banal, entre dos, fue el origen; y será el final. Por sembrar doctrina en vez de trigo.

Es la cosecha que hoy buscan los conflictos antes llamados guerras. La desesperación siempre es bien aprovechada.

La aspiración rota en desesperanza es una chispa que incendia cualquier cosecha.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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26 mayo 2020

LOS VERSOS DEL CORONEL (II-31, 32). VELÁZQUEZ Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

LAS MENINAS; LA FAMILIA DE FELIPE IV. 1656

Museo del Prado

  En la composición, el maestro nos presenta a once personas, todas ellas documentadas, excepto una. La escena está presidida por la infanta Margarita y a su lado se sitúan las meninas María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco. En la izquierda se encuentra Velázquez con sus pinceles, ante un enorme lienzo cuyo bastidor podemos observar. En la derecha se hallan los enanos Mari Bárbola y Nicolasillo Pertusato, este último jugando con un perro de compañía. Tras la infanta observamos a dos personajes más de su pequeña corte: doña Marcela Ulloa y el desconocido guardadamas. Reflejadas en el espejo están las regias efigies de Felipe IV y su segunda esposa, Mariana de Austria. La composición se cierra con la figura del aposentador José Nieto.

La infanta Margarita llega, acompañada de su corte, al taller de Velázquez para ver como éste trabaja. Nada más llegar ha pedido agua, por lo que María Sarmiento le ofrece un búcaro con el que paliar su sed. En ese momento, el rey y la reina entran en la estancia, de ahí que algunos personajes detengan su actividad y saluden a sus majestades, como Isabel de Velasco. Al fondo,  la figura del aposentador cuya misión era abrir las puertas de palacio a los reyes. La pequeña infanta estaba mirando a Nicolasillo, pero se percata de la presencia de sus regios padres y mira de reojo hacia fuera del cuadro. Marcela Ulloa no se ha dado cuenta de la llegada de los reyes y continúa hablando con su interlocutor, al igual que el enano, que sigue jugando con el perro. Pero el verdadero misterio está en lo que no se ve, en el cuadro que está pintando Velázquez, que se autorretrata.

La estancia en la que se desarrolla la escena sería el llamado Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid, estancia que tenía una escalera al fondo y que se iluminaba por siete ventanas, aunque Velázquez sólo pinta cinco de ellas al acortar la sala. El Cuarto del Príncipe estaba decorado con pinturas mitológicas, realizadas por Martínez del Mazo copiando originales de Rubens, lienzos que se pueden contemplar al fondo del mismo.

… Y siendo todo esto magistral, yo me quedo con lo que, que inunda la estancia y rodea a los personajes; el aire.TANGIBLE

(Soneto)

 Real, inesperada una visita,

y el mundo se detiene en ese instante;

una de ellas se inclina, pues galante,

y cuida de la infanta otra damita.

 

Ajeno al puntapié pronto y flagrante

hay un mastín, a un lado, que dormita;

un pintor, que más que pintar, medita,

y esos dos en coloquio interesante.

 

El reflejo del fondo, alegorías,

una puerta que se abre al infinito,

y las fuentes de luz que, repartidas,

 

con las sombras componen sinfonías.

… Y en su aire, tangible, deja el mito,

unas motas de polvo suspendidas.

 

LAS HILANDERAS; LA FÁBULA DE ARACNÉ. 1657

Museo del Prado

Una de sus obras más interesantes y enigmáticas es la representación compleja y altamente intelectual por parte del pintor sevillano del mito clásico de Aracné. Según la fábula narrada por el autor romano Ovidio (Metamorfosis, Libro VI, I), Aracné era una joven lidia (Asia Menor) maestra en el arte de tejer, que retó a Atenea, diosa de la Sabiduría a superarla en habilidad. Ésta, consciente durante la competición de la supremacía de la mortal y viendo su burla al representar en su tapiz la infidelidad conyugal de su padre Zeus, que en forma de toro y rapta a la ninfa Europa, convirtió a Aracné en araña  para que tejiera durante toda su vida

El mito aparece representado en dos planos bajo la apariencia de un día cotidiano en la Fábrica de Tapices de Santa Isabel. Al fondo de la escena y en una estancia a un nivel más elevado el rapto de Europa aparece hilado en el tapiz que cuelga de la pared, y ante él Atenea vestida con armadura castiga a Aracné. Las mujeres que observan el suceso, y que podríamos confundir con clientas de la fábrica, serían en realidad las jóvenes lidias testigos del momento. En primer término, las hilanderas representarían el desarrollo del concurso. Atenea, hilando en la rueda y Aracné devanando una madeja.

Trate sobre lo que trate, estamos ante una de las mejores pinturas, en la que Velázquez ha sabido dar sensación de movimiento, como se aprecia en la rueca de la izquierda, cuyos radios no vemos, y en la figura de la derecha que devana la lana con tanta rapidez que parece que tiene seis dedos. También hay que destacar el efecto atmosférico, es decir, la sensación de que entre las figuras hay aire que distorsiona los contornos y hace que las figuras estén borrosas.

CLAVES

(Soneto con estrambote)

 Es de Aracné, muchacha caprichosa,

el tejer, su afición la preferida,

y a la misma Atenea, presumida,

pretende superar, ¡mala la cosa!

 

La réplica fue pronta de la diosa,

pues la hizo en araña convertida,

tejer y destejer la eterna vida,

por fatua, por creída y vanidosa.

 

Insondable creación donde las haya

que el maestro en dos planos nos presenta.

De la rueca, veloz, la rueda gira,

 

la vieja que ni en mucho lo aparenta;

 el fallo inapelable que subraya…,

y al fondo una mujer, claves, nos mira.

 

… Que claves, mil contar 

fuera mi reto,

si mil fueran los versos

 de un soneto.

 

(Continuará)

5 mayo 2018

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LOS VERSOS DEL CORONEL (II- 23,24). VELÁZQUEZ Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

 

 

 

 

LA DAMA DEL ABANICO. 1639

Wallace Collection. Londres

Quizá sea éste uno de los retratos femeninos más atractivos de los pintados por Velázquez debido a la sensualidad con la que se representa a la modelo.

Existen diferentes hipótesis sobre quién sería la retratada: una noble cortesana madrileña, una prostituta de alto postín que conservaban la moda del escote a pesar de la prohibición, una noble dama que quería imitar la moda de las prostitutas o el retrato de Francisca Velázquez, la hija mayor del pintor, que contaba con 20 años de edad.

El rosario de oro con la cruz y la cinta azul con una medalla que cuelgan de la muñeca izquierda de la retratada otorgan un cierto toque de castidad a la imagen, obteniéndose una interesante mezcla de sensualidad y piedad que hace más atractiva la obra. sin olvidar el fuerte fogonazo de luz que incide en el pecho de la mujer, acentuando así sus atributos femeninos.

 MUY CORTO

(Soneto)

 En neutros, su silueta se recorta

de oscuros y tocada de amplio velo;

luce blancos los guantes, negro el pelo,

y encerrada ella en sí nos mira absorta.

 

Un rosario de oro al brazo porta,

en negro un abanico, y azul cielo

un lazo, y una cruz que a la modelo

de recato y modestia un toque aporta.

 

Atractivo el retrato y atrevido,

pues hace entre el desliz y la pureza,

lo casto y sensual, muy corto el trecho:

 

le basta un fogonazo, que encendido

ilumina su encanto y su belleza,

en níveas las colinas de su pecho.

 

 

ESOPO. 1640 h.

Museo del Prado.

Salvo la inscripción que acompaña la figura, nada haría pensar ante este digno mendigo callejero pintado con tan jugoso realismo popular que se trataba del fabulista griego. El lienzo fue realizado para la Torre de la Parada, palacete de caza y recreo en el bosque del Pardo, entre 1639-1640.

Velázquez ha puesto aquí (junto a su personal sentido de la nobleza, incluso dentro de lo raído de la figura) su maestría técnica y la seguridad y soltura de su pincelada.

Esopo es representado con aspecto descuidado y su mano derecha sostiene un libro alusivo a su actividad literaria. A sus pies, el balde de agua recuerda su esclava condición mientras que el bulto con el equipaje hace referencia a su muerte: Los sacerdotes de Delfos, contrariados por la crítica de Esopo a la excesiva corrupción de sus actividades (nihil novum sub solem) escondieron una copa entre sus pertenencias para acusarle de robo y castigarle

con  la pena capital:

DESDÉN

(Soneto)

 Cual mendigo indigente lo presenta,

de un burdo lo vistió, sayo harapiento;

blanco un paño por todo su ornamento,

completa del disfraz la vestimenta.

 

Un libro; y a sus pies dan buena cuenta,

de su quehacer, a un lado el instrumento,

y del otro, del fin trágico y cruento

de su vida, si la hubo, turbulenta.

 

Pues barroco, y así a su tiempo fiel,

del vivir lo plantó en el escenario

do la fábula es, y la mentira.

 

Y del alma al saber en cada almario,

Esopo, gran actor, borda el papel

con el grande el desdén con que nos mira.

 

(Continuará)

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7 abril 2018

 

Velázquez. LOS VERSOS DEL CORONEL (II-19,20) Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

VELÁZQUEZ

ISABEL DE BORBÓN A CABALLO. 1635-36

Museo del Prado

 En este lienzo se aprecia fácilmente como en él intervinieron varias manos, ya que el vestido de la reina y la gualdrapa del caballo están realizados tan minuciosamente que no corresponden con el estilo de Velázquez por esos años.

Se piensa que la obra la iniciaría el maestro antes de irse a Italia en 1629, la continuaría otro autor en un estilo diferente y la finalizaría el sevillano en 1635, especialmente la cabeza de la reina y la del caballo. Precisamente en ambas zonas se aprecia la soltura característica de Velázquez en la década de 1630, destacando el mechón de pelo que cae sobre la cabeza del animal.

El fondo de paisaje también podría ser de mano del maestro. Y todo esto es lo que trato de reflejar en mi soneto.

 SU SELLO

(Soneto)

 Lujosa una gorguera luce al cuello,

de oro va su saya recamada;

de estrellas su jubón, plata bordada,

y discreto un tocado en su cabello.

 

De su arte el paisaje es un destello,

y a otros, al ceder la detallada

filigrana en las telas reflejada,

se reserva la impronta de su sello

 

en el cielo ambarino del ocaso,

 en la hermosa cabeza, la mirada,

y en las blancas sus crines, lo impoluto;

 

en  el brío y la fuerza de su paso

en ésa su elegancia reposada,

y en el sin par perfil del noble bruto.

 

LA RENDICIÓN DE BREDA. LAS LANZAS. 1635. Museo del Prado.

 El 5 de junio de 1625 Justino de Nassau, gobernador holandés de Breda, entregó las llaves de la ciudad a Ambrosio Spínola, general genovés al mando de los tercios de Flandes .  Su toma tras un largo asedio se consideró un acontecimiento militar de primer orden, y como tal dio lugar a una copiosa producción escrita y figurativa.

No es de extrañar que cuando se decidió la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro con una serie de pinturas de victorias obtenidas durante el reinado de Felipe IV se incluyera ésta que fue probablemente la más sonada, y que para representarla se recurriera a Velázquez, que respondió al reto creando una obra maestra, en la que da prueba no sólo de sus extraordinarias dotes descriptivas o de su dominio de la perspectiva aérea sino también de su habilidad para la narración .

Como han señalado numerosos estudiosos, no estamos ante un cuadro bélico al uso, en el que se recrea la victoria y se fomenta una visión panegírica. No hay generales triunfantes y ejércitos humillados. El pintor no soslaya la realidad bélica, y nos presenta un fondo humeante que nos habla de destrucción, guerra y muerte. Pero concentra nuestra atención en un primer plano en el que el general vencedor recibe, casi afectuosamente, la llave del enemigo vencido, en un gesto que es casi más anuncio del principio de la paz que del final de una guerra. Toda la composición tiene como objetivo subrayar ese gesto, y tanto el grupo de soldados holandeses (a la izquierda) como el de los españoles no hace sino enmarcar, acompañar y cobijar ese motivo principal, dirigiendo nuestra atención hacia él.

De todas maneras, no puedo por menos que  arrimar el ascua a mi sardina, y de un compañero de Armas, Pedro de nombre y Calderón de la Barca por apellidos tomo los entrecomillados para rendir, como él, un pequeño homenaje, no ya a la Infantería, sino a toda la Milicia; ya sabéis, religión…

HONRADOS

(Soneto)

 En liza combatieron frente a frente,

y ahora, vencedores y vencidos

enmarcan una escena, distinguidos

testigos de un hacer poco frecuente…,

 

testigos de ese modo deferente

en el que ante adversarios abatidos,

-su honra y su valor reconocidos-

la mano ésa tender, abiertamente.

 

Que “el crédito, el buen trato, la fineza”,

el honor, la lealtad, la cortesía”,

antes fueran con tal tino expresados;

 

pues ”Milicia”, lo dijo en su largueza

un soldado español de Infantería,

no es sino “religión de hombres honrados”.

(Continuará)

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3 febrero 2018

LOS VERSOS DEL CORONEL (II- 5) Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

 

 

 

 

LOS VERSOS DEL CORONEL (II- 5)

Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

VELÁZQUEZ

 LA FRAGUA DE VULCANO

1630. Museo del Prado

Otro cuadro de inspiración mitológica aunque, como ya se ha apuntado,  tratado de un modo bien distinto a como se acostumbraba en la época tanto en la composición como en la iconografía es éste, pintado hacia 1630 en su primer viaje a Italia y que  fue posteriormente comprado por Felipe IV en 1634.

El tema elegido está inspirado en las Metamorfosis de Ovidio: Apolo se acerca a la fragua de Vulcano para contarle la infidelidad de su esposa, Venus, con Marte. Al escuchar la noticia toda la fragua, que precisamente está trabajando sobre armaduras para el  propio Marte dios de la guerra se queda petrificada: esta sensación la ha conseguido perfectamente el artista.

Velázquez se ha puesto en contacto con el arte italiano como se observa en las anatomías de los ayudantes de Vulcano, situados en diferentes posturas para demostrar el dominio de las figuras. También se advierte el interés mostrado por conseguir el efecto espacial, recurriendo a disponer figuras en diferentes planos, ocupando todo el espacio, relacionándose a través de líneas en zig-zag. La luz también ha experimentado un sensible cambio al modelar con ella las formas de los cuerpos que revelan la estructura de los huesos y músculos bajo la piel, por no hablar de su incidencia, y así lo resalto,  en el acabado de los aceros.

Sobre el estrambote, volveremos a hablar en su momento.

 

PETRIFICADO

(Soneto con estrambote)

 

Apolo el dios, olímpico niñato,

cual un correveidile allá en la altura,

volando el muy chismoso se apresura

y a Vulcano en su fragua, ¡qué chivato!,

 

le viene con el chisme de inmediato,

 de que Marte su cliente, un caradura,

con Venus  aprobó la asignatura,

¡y en chico que no fuera el arrebato!

 

E incrédulo quedó, petrificado,

-turulatos los  cíclopes herreros-

absorto y boquiabierto el consentido

 

de flamantes apéndices ornado,

entre el fuego, los rayos y el bruñido

de imposible igualar en los aceros.

 

… Pero el mundo en su andar

sigue girando,

y ya el tipo en la revancha

está pensando.

 

(Continuará)

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LOS VERSOS DEL CORONEL (II-1) Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

LOS VERSOS DEL CORONEL (II-1)

            Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

 

 

 

 

VELÁZQUEZ

 1.- Sevilla: formación y aprendizaje.

 En 1599 y en el seno de una familia de la pequeña hidalguía local nace en Sevilla Diego Rodríguez de Silva Velázquez  de padres sevillanos, si bien el padre era de ascendencia portuguesa.

Y algo tuvieron que ver en él cuando antes de cumplir los diez años ya lo introdujeron como  aprendiz en el taller de Francisco Herrera el Viejo, que entonces andaría por los veinte años, prestigioso pintor de al parecer un genio un tanto desabrido y un carácter que el joven alumno no pudo soportar, con lo que pasó antes de cumplir los doce al taller de Francisco Pacheco, pintor académico más famoso por sus escritos sobre pintura y ser maestro de Velázquez que por sus obras en sí, y vinculado a los ambientes eclesiásticos e intelectuales de Sevilla donde Velázquez adquirió su primera formación técnica y sus ideas estéticas.

Esta estancia mediaría notablemente tanto en el desarrollo de su vida posterior (se casó con Juana, su hija) como  en la influencia que hubo de ejercer sobre él en los aspectos teóricos y de  carácter iconográfico, como en lo que se refiere al reconocimiento de la pintura como un arte noble y liberal, frente al carácter meramente artesanal con que era percibido por la mayoría de sus contemporáneos. Los temas que Velázquez pintó en esta primera etapa son religiosos, de género, y populares extraídos de la vida cotidiana.

Como en cada una de las sucesivas etapas (Sevilla, Madrid, dos veces en Italia, Madrid…)  en las que irá evolucionado su pintura, traeré de cada una los, en mi opinión, cuadros más representativos. De momento y para abrir boca, una  exposición de motivos o declaración de intenciones, y un guiño.

 

DE

(Soneto con estrambote)

De almireces, de cántaros, pucheros,

de almuerzos, de poetas y  manteles,

de damas, caballeros y lebreles,

de abanicos, de bronces y de aceros.

 

De infantes, los que vistes de monteros,

de los reyes y reinas, tus pinceles;

de batallas, de ruecas, de corceles,

de sabios, fabulistas y de arteros


De esclavos, guardainfantes y de espinas;

de cielos, de tu aire que se toca,

y de cómo desmontas tú los mitos.

 

De bufones, enanos y meninas,

de repartir ternura, que no poca,

¡y de aquel soberbio un par de huevos fritos¡

De todo rimaré, y Dios mediante

veremos de su obra

y de su vida;

ya sé que la misión

es atrevida:

espero la tarea “no me espante.



CRISTO EN LA CASA DE MARTA Y MARÍA (1618-20)

National Gallery. Londres


En lo que se ha venido en llamar un “bodegón a lo divino” nos presenta Velázquez esta escena dividida en dos cuadros perfectamente diferenciados. El del fondo es sobradamente conocido, pero en el primer plano ya se nos presenta una primera incógnita: ¿Cuál es su significado, y qué pretende la anciana al señalar tan descaradamente a Marta?

Parece haber dos respuestas: de una parte, la recriminación a la joven embebida en las cosas terrenales mientras su hermana enriquece su espíritu, o de otra, la que prefiero y recojo en el soneto; la que hace referencia a un pensamiento de nuestra más grande mística, Doctora de la Iglesia.

El bodegón, género no muy del agrado del maestro Pacheco que no tiene más remedio que rendirse ante los que salen de los pinceles de su alumno, se explica por sí solo


ENTRE PUCHEROS

(Soneto)

 

Allá al fondo se abre una ventana,

-o tal vez en espejo reflejado-

donde María en reproche no fundado,

al Maestro se queja de su hermana.

 

Señala con su índice una anciana

a Marta, en un plano destacado;

y hay un, genialmente solventado,

bodegón en escena cotidiana.

 

Mientras una a Jesús atiende atenta,

afanosa, la otra hace sonar

el bronce de almireces y morteros;

 

caer nos hace el genio así en la cuenta,

-ya Teresa lo quiso resaltar-

que Dios, anda también entre pucheros.


.

TRES HOMBRES A LA MESA. EL ALMUERZO (1618-23)

Museo del Hermitage. San Petesburgo

 

Iluminada por una luz, muy suyo este recurso, que aparece por la izquierda el lienzo retrata una escena en la que parecen tres personajes que representan las tres edades del hombre sentados a una mesa cubierta con un mantel blanco sobre la que descansan un plato de mejillones, un vaso de vino y varias piezas de pan.

Tras ellos la oscuridad de la pared es rota por un sombrero, un espada y  una golilla colgados de la misma.

Las características de esta composición son las habituales en la etapa sevillana: colores oscuros; realismo en las figuras y en los elementos que aparecen en el lienzo y expresividad en los personajes, características tomadas del naturalismo tenebrista que Velázquez conocería gracias a las estampas (¿Caravaggio?)  y cuadros procedentes de Italia que llegaban a Sevilla.

Como en otras obras de esta época Velázquez representa escenas de la vida cotidiana, al tiempo que parece querer demostrar su dominio de la composición y de la pintura en unos cuadros en los que los personajes aparecen como independientes, sin relación de unos con otros; cada uno en su propio mundo.

 

UN TRÍO

(Soneto)

En la humilde pared, justo de frente

su atuendo alguien colgó de una puntilla;

destaca sobre el fondo la golilla…

y el mantel, del motivo referente.

 

Y de un foco que alumbra suavemente,

en un trío de rostros la luz brilla;

rostros son del común, gente sencilla,

cada cual en su mundo diferente.

 

Pues si el joven comparte confidencias;

brindando con el vino y su sonrisa,

 otro, el niño, nos mira frasco alzado.

 

Y, seguro, doctor en abstinencias,

el almuerzo acomete con gran prisa

 el tercero, por viejo y avisado.

 (Continuará)