La noticia es que una conocida parcela dedicada a cosechar repollos y lechugas ha sido invadida por jabalíes que después de comérselo todo han hozado a su gusto terminando por defecar sobre el lodazal en que la han convertido.
Hasta ahí lo que nos llega por agencia.
Parece un cuento. Los cuentos se cuentan por algo. Suelen ser enseñanza temprana y duradera. El cuento de Caperucita y el lobo nos avisa de que hay lobos con piel de oveja. El que les cuento concluye con lo que ustedes quieran entender.
La grave situación creada por los jabalíes ha hecho que se reúnan en congreso, en pleno, los representantes de la soberanía del terreno invadido para designar al dirigente que, como representante de todos los propietarios, forme el equipo que tome las medidas adecuadas y evite el desastre que se prevé en ese terreno de antigua, larga y fructífera historia.
Pero hay un grave problema sobre el que todo bascula: en el congreso convocado los jabalíes tienen participación, voz y voto. Siendo los culpables del asalto y robo a la parcela, incluso de ataques mortales a las personas, han sido admitidos y son fulcro de las decisiones.
La elección depende mucho del número de representantes que cada grupo tiene en el congreso, consecuencia de las elecciones que recientemente se realizaron para designar al legislativo. El ejecutivo saldrá de este congreso. Hay también un poder judicial, pero está a la espera.
En estos momentos de confusión las opciones que los grupos han presentado en el congreso son las siguientes:
1.- Entregar la parcela a los jabalíes. Que hocen y defequen a su gusto. La Ley no será problema. Se cambia y a otra cosa.
2.- Dialogar con los jabalíes, mantener en el tiempo el engaño y, mientras hozan a sus anchas, los propietarios les siembran los repollos y las lechugas. Se cambiará la Ley y lo que haga falta.
3.- Proteger la parcela con espantapájaros, regular su uso, ceder a los jabalíes el máximo de competencias, oficializar su arruar, rebudiar y su guarrear, que se enseñará como lengua obligatoria y única a todo el que comparta la parcela. Ajustarán la Ley.
4.- Controlar la entrada de jabalíes, detenerlos si se pasan, juzgarlos y (en su caso) permitir que alguno huya y pueda poner un huerto en parcelas vecinas (si le dejan). Con diálogo y una caña todo se verá más adelante.
5.- Había otra opción, pero no ha sido admitida y el grupo o grupos que la representan han sido silenciados. Era la siguiente: que la parcela siga siendo indivisible y su propiedad de todos; que se garantice su soberanía e independencia, defendiendo su integridad territorial y que se respete la Ley. Es decir se acabó el banquete de los jabalíes. Que se vayan a comer al monte o a Waterloo.
A los de esta opción los han acusado de extremistas y peligrosos fascistas.
El gruñido se impone. Rebudiar, arruar, es el nuevo diálogo.
“El poder tiene recursos para todo… ofrece muchas posibilidades… Todo el secreto está en saber manejar los dispositivos legales”.
Fue y puede ser.
La impresión es que nadie se ocupará de la parcela de todos, bien común, sino de su particular poder sobre ella.
Por ahora no hay final del cuento. Todo sigue igual. Podría ser que el lobo se coma a los cazadores y se convierta en amo de la parcela; y de los jabalíes.
Una última anotación: el 155 parece un número cabalístico que a más de un lobo quita el sueño.
Hemos escuchado arruar, rebudiar gruñir; incluso guarrear.
A estas horas nadie sabe nada. ¿Qué pasará? La parcela sigue ocupada, los jabalíes hozando a sus anchas.
El lobo sale de la gruta el postrero del rebaño, como si fuese el carnero amigo. Es el engaño de Nadie.
¡¡¡Que viene el lobo!!! Puede que el grito ya no sea una broma.
Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)
Blog: generaldavila.com
26 julio 2019









































