El pasado día 22 de julio se cumplía el Centenario de los hechos heroicos sucedidos en Annual. Digo heroicos sin equivocarme y cada vez me ratifico más en ello vista la infamia de nuestros gobernantes; y se sobrentiende que de algunos más que por pudor y formar parte de la sangre que alimenta mi alma callo.
Ese día dejaba fluir sentimientos dolorosos en mi blog. Desde el clamoroso y vergonzante silencio de autoridades de todo tipo escribía:
«Como soldado se me cae la cara de vergüenza. Como español siento la historia como un mal recuerdo que a diario me arrojan los que la reescriben; y de ellos reniego».
«¿Quién rendirá homenaje a aquellas víctimas a las que la Patria pidió el sacrificio de sus vidas? ¿Nadie las va a recordar? ¿Vamos una vez más a enterrar nuestra historia y a aquellos que sin saber más que cumplir las órdenes de su patria fueron a morir lejos de su casa, de sus sentimientos, de sus necesidades, sin saber ni nadie explicarles por qué estaban allí? Eran simples soldados españoles camino de la muerte y del heroísmo, hoy no solo olvidados, sino silenciados y ocultos».
Fue un mal día para mí por este recuerdo; algo inefable.
Hoy luce el sol de España. Como dice el lema del Regimiento Alcántara «Disipa los obstáculos como el Sol las nubes a su paso», hoy levanta la niebla de la Historia. No es todo tan oscuro como parece, aún quedan españoles de bien dispuestos a ser valientes, aunque solo sea por el recuerdo de los que murieron por España.
España es, está y hay quienes se mantienen en sus posiciones, las que el honor y la honra les lleva a ocupar, aunque estén muy solos, aunque nadie responda a su llamada.
Es por ello que quiero salir al paso de los acontecimientos y transmitirles el calor de este amanecer, hoy, después de cien años, que nos acerca a la esperanza de que lo que está pasando en España, ahora, a esta hora, es solo una mala noche en la historia.
Un amigo me transmite la noticia.
Un español anónimo, uno de los muchos españoles, que son legión, que aman a España porque la conocen, que sienten muy hondo lo bueno y lo malo, ha rendido homenaje público a nuestros héroes muertos en los sucesos de Annual. Solo, sin permiso de nadie, seguramente escandalizado, como este que escribe, por el olvido, se ha ido a una floristería y ha encargado una bella corona de flores, de rosas blancas, que lo dice todo:
EN MEMORIA DE LOS HÉROES DE ANNUAL 1921-2021
En la soledad del amanecer gallego que tanto cala en el alma, se ha ido con su Corona floreada a la Plaza de la Constitución, y al pie de la bandera, frente al edificio del mando de los soldados de la Patria, (como diciendo ¡España no los olvides!) ha depositado la Corona al tiempo que su oración, entre gaviotas blancas, subía a ese cielo de la Coruña tan nuestro, tan de todos, tan de España: «Padre nuestro que estás en los cielos…».
Nada más hay que decir. Todo se ha consumado y el sacrificio de nuestros soldados tiene su homenaje; sin abandono.
No os hemos abandonado: «Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos».
El hecho me ha emocionado y quiero compartirlo. Ha sido en La Coruña, al pie de la bandera que preside la Plaza de la Constitución, frente a la emblemática Capitanía General de Galicia, de la 8ª Región Militar, corazón de España.
Es como si de repente se hubiese abierto el libro de la Historia de España, desde Primaria hasta el último curso de Historia en la Universidad, incluso en las Academias Militares de formación: ¿Annual? ¿Héroes de Annual?
Este sencillo homenaje encierra una profundidad digna de reposado análisis de lo que nos está ocurriendo.
Rosas blancas en la plaza céntrica, a punto de disiparse la niebla. Después de una noche negra, aquella corona tan blanca, a los pies de la bandera, por la que ellos murieron, sostenía el techo de España.
Desde algún edificio cercano, tras las cortinas del noble palacio, se sumaban al homenaje en un silencio obligado, quizá prohibido, por nadie sabe quién ni por qué.
Intenté saber el nombre del anónimo caballero que rasgaba las tinieblas de la historia con aquel homenaje sincero, y la búsqueda, infructuosa en principio, dio sus resultados. Sé que no le va a gustar y puede que me lleve una severa amonestación, pero… «No hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz».
Mi sorpresa fue cuando me entero de que se trata de un eminente profesional de la medicina, un hombre de los que construyen España con su trabajo y dedicación, el doctor Francisco Vázquez de la Iglesia, hijo de don Francisco Vázquez, que fue alcalde de la Coruña y Embajador de España ante la Santa Sede. Llueve sobre mojado. Servicio a España.
¡Qué ejemplo! Lucía el sol en la céntrica plaza de la Constitución de La Coruña. Una Corona de blancas lágrimas, de avemarías interminables, una por cada héroe muerto; detrás un hombre anónimo que representaba a millones de españoles en formación, o deberían serlo, como aquel Regimiento heroico: «Disipa los obstáculos como el Sol las nubes a su paso». Levanta la niebla de la Historia.
Hay España por la que rezar y a la que defender. Solo con un gesto se puede hacer más que con mil campañas de desmemoria.
Las rosas rojas hoy ya son blancas. Aún hay esperanza.
Gracias amigo, te las da un soldado, en nombre de aquellos que por un momento se han sentido abandonados.
Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)
10 agosto 2021
Blog: generaldavila.com