En el desfile de la Fiesta Nacional del 12 de octubre de 2017 de Madrid, pude ver una recreación de los infantes españoles que combatieron en Flandes bajo las banderas de los Tercios: Viejo de Nápoles, Borgoña y Alburquerque; soldados armados con arcabuces y mosquetes para el disparo con picas, alabardas para las acciones de asta, y con espadas roperas y dagas vizcaínas las llamadas «quitapenas o misericordia», para cuando entraban en el combate cuerpo a cuerpo.
Esta fue la brillante manera de conmemorar el 450 aniversario del llamado «Camino Español», «Camino de los Tercios de Flandes» o «Camino Sardo» es decir, los 1000 kilómetros o las 620 millas terrestres que separan Milán de Bruselas, distancia que los soldados de los Tercios recorrían en una media de 45 días. La vista de todo eso despierta en mí las memorias de aquellos días, y evocando sus recuerdos, con emoción y añoranza me agiganto, y comprendo mejor la grandeza de España y de nuestra Infantería.
****
En 1878 la Academia de Infantería se instaló en el Alcázar Toledano pues así parecía exigirlo la tradición, después de haberse establecido en la histórica Ciudad Imperial el Colegio Militar primero, y el de Infantería después. Si la Infantería beneficiaba mucho a Toledo, también Toledo hizo sacrificios por la Infantería, sacrificios que se alargaron hasta el año 1942 en que uno de los últimos solares que le quedaban a su Ayuntamiento en las inmediaciones del castillo de San Servando, fueron cedidos gratuitamente al entonces Ministerio del Ejército para edificar la actual Academia.
Parece que la Academia de Infantería y Toledo, no quieran vivir la una sin la otra.
Aquellos primeros cadetes de polaca gris con espadín, o de guerrera azul con ros de plumero rojo, junto a los alumnos del Colegio de María Cristina para Huérfanos de Infantería (cristinos, antiguos pínfanos) con sus capas azules, y los aspirantes de paisano con la tabla de logaritmos Schrön bajo el brazo, al toque de paseo inundaban las calles toledanas de colorido y rompían su tradicional silencio. Esos días en la ciudad de las «Tres Culturas», concretamente en sus paseos: del «Tránsito», de «Merchán o de la Vega» , y sobre todo en el del «Miradero», se podían oír cuplés con la música del tango criollo, cambiando la letra original por:
Van por las tardes las chicas al Miradero
a ver si pescan un cadete de tercero
las tobilleras los prefieren de segundo
porqué así dicen que su amor es más profundo.
Otras en cambio los prefieren aspirantes,
porque así dicen que hay más tiempo por delante…
Gregorio Marañón, desde su ilustrado cigarral toledano, conocido como el «De Menores», frente al Monasterio de San Juan de los Reyes al otro lado del Tajo, nos cuenta que:
-«El silencio de los conventos y patios toledanos son un remanso del ruido del tiempo, del ruido de la Historia. Allí ni pasa ni ha pasado nunca nada que tenga que ver con el fluir agitado de la vida, y sin embargo, tampoco es un silencio mortal, sino de una vida alada y supraterrenal; algo como una aspiración a suspiros que no se acaban de oír»
Conventos donde la hermana tornera siempre saludaba con un «Ave María Purísima», bendito gozne entre dos universos ocultos que se acompañan, y que debía ser contestado con un «sin pecado concebida», símbolo circular de la vida que regresa tras la vida que se acaba… ,hoy del torno hemos pasado al encuentro diáfano a través de la celosía.
Silencio que nos recuerda la lírica popular antigua:
-«Campanitas de Toledo, oigo os y no os veo»
Por donde quiera que se fije la vista se encuentra la huella de las generaciones que pasaron. En Toledo, «la cuna y crisol de la actual Infantería Española», más que en ninguna otra parte acuden a mis labios las palabras del poeta romántico George Gordon, mundialmente conocido como Lord Byron:
– «El polvo que pisamos vivió un día»
La creación de la Academia de Infantería de Toledo supuso un enorme avance en todos los aspectos, y poco a poco se fueron eliminando antiguas corruptelas. Sobre todo en los terrenos de las novatadas y en el de la promoción a Oficial, y es que hasta entonces algunos ascendían por caminos tan peregrinos como los que nos cuenta el General Bermúdez de Castro en sus libros: «Historietas Militares» y «Mosaico Militar» al referirse a la «gracia especial», a la «instancia en verso», y a otras arbitrariedades de la época que refleja el gracioso ovillejo que nos dejó:
«Si me rompen el testuz,
cruz;
si salgo perniquebrado,
grado;
si en la acción ni oigo ni veo,
empleo;
y si les parezco feo
a los que mandando van,
entonces no me darán
ni cruz, ni grado ni empleo».
***
Vosotros Infantes de España, aristócratas del valor, vais a encontrar a granel en vuestras filas capitanes de gran talla, hombres de espíritu doble y soldados con gran valor. He aquí, en unos nombres, una pequeña síntesis de la historia heroica de la Infantería Española, «Una de las creaciones inmortales de la Humanidad en la historia», en palabras del hispanista francés Morel-Fatio.
Nunca podremos olvidar:
… A los infantes de los Tercios de Flandes en: Empel, Ceriñola, Pavía, Mühlberg, San Quintín…, a los soldados que bajo el mando del general Castaños vencieron a las tropas de Napoleón en Bailén, los que a los órdenes del General Prim consiguieron en la Guerra de África, Batalla de Castillejos, la primera victoria española en suelo marroquí, y últimamente las heroicas actuaciones de todos los legionarios, regulares y soldados encuadrados en las Banderas de la Legión, Tabores de Regulares y en las diferentes Unidades de la Infantería de línea, que combatieron heroicamente entre 1936-1939, desde Badajoz a Barcelona.
¡Pero aquella batalla de Rocroi!… y es que con esa derrota, a pesar de ser heroica, los Tercios Españoles perdieron buena parte de su dominio en Europa, dominio ganado con lo único que tenían: su vida y sus armas. En Rocroi, los Tercios lo perdieron todo menos el honor y la gloria, y además vieron morir heroicamente al general Fuentes.
El conde Paul-Bernard de Fontaine que aparece en las crónicas como conde de Fuentes, General de la Lorena al servicio de España, a pesar de padecer gota se hizo conducir en su silla de manos al centro del cuadrado sólido erizado de picas en la batalla de Rocroi, y ahí fue donde encontró la muerte. (Ferrer-Dalmau lo plasmó de forma magistral en el cuadro «Rocroi, el último Tercio», donde los pocos supervivientes esperan la acometida de los franceses).
La silla de manos se conserva como trofeo glorioso en San Luis de los Inválidos de París, en el Museo del Ejército francés, muy próxima a la tumba de Napoleón.
El victorioso general francés Luis II de Borbón-Condé al recordarlo, pronunció su famoso elogio a la Infantería Española:
-«En Rocroi la vi vencida y me pareció más grande».
Siempre estarán en nuestra memoria, los héroes del Alcázar de Toledo y los 4900 soldados españoles encuadrados en la «División Azul», que se hicieron dignos herederos de los legendarios Tercios Españoles al enfrentarse a más de 40000 soldados soviéticos en una gesta heroica en la que demostraron su valor, disciplina y sacrificio en la batalla de Krasny Bor en plena estepa rusa junto al río Neva muy cerca de Leningrado, hoy San Petersburgo.
En fín, la fiel Infantería de siempre, la del legionario Braulio…,
«La que obedeció a Prim en Castillejos, a Franco en Nador, y a Moscardó en Toledo».
Gloriosa fue la respuesta que dio un General extranjero durante nuestra Guerra Civil:
-«La primera Infantería del mundo es la nacional de Franco; la segunda, la de los republicanos españoles (textualmente dijo la de los rojos españoles), y la tercera, la de mi país»
***
Con esa historia, esos hombres y esa Academia solo le faltaba a la Infantería Española tener un himno que acompañase a su Patrona la Inmaculada. Por eso, en 1907 el cadete Fernando Díaz Giles en el viejo piano del Antiguo Casino de Toledo de la Plaza de la Magdalena, dio forma definitiva con su música al «Ardor Guerrero» o «La Fiel Infantería».
A partir de entonces, el himno se repitió en infinidad de ocasiones durante la guerra civil, y al ser retransmitido con frecuencia desde el Paseo del Espolón por Radio Castilla-Cadena SER de Burgos EAJ-27, se hizo muy popular. En 1938 adquirió gran difusión cuando la banda del Regimiento San Marcial y el Orfeón Burgalés lo grabaron en disco, pasando muy pronto de ser el himno de la Academia al de toda la Infantería Española.
De la misma manera, en la División Azul fue cantado muchas veces, sobre todo en los Regimientos de Infantería que componían esa División: los numerados como 262, 263 y 269, más conocidos por los nombres de sus Coroneles: el Regimiento Pimentel, el Regimiento Vierna y el Regimiento Esparza.
¡Avispa! ¡Alcornoque! ¡Fuego, Movimiento y Choque!
¡In-fan-te-rí-a!
Grito que de nuevo oiremos dar el día 8, a «Hernán Pérez del Pulgar» (llamado el de las hazañas), gloria cumbre de los infantes de España quien, en 1490 con sus más allegados compañeros de batallas, desde Alhama partieron hacia Granada. Llegados a la Alhambra y más concretamente a la Puerta del Corral del Carbón, Pérez del Pulgar clavó un puñal, gemelo al de Tarifa, en la puerta con un pergamino que decía:
– «Sed vosotros testigos de cómo tomo posesión de esta mezquita, en nombre de los Reyes de Castilla, consagrándola a la Virgen del cielo, que nos ha servido de guía».
También gritará el toledano «Garcilaso de la Vega», poeta y militar español del Siglo de Oro, quien en calidad de fiel servidor del Rey Carlos I, en la batalla del rio Salado y con desprecio de su propia vida, como nos cuenta la leyenda, al arrancar de la cola de un caballo moro la cinta en que iba grabado el nombre de la Inmaculada. Marcelino Menéndez Pelayo nos lo contó en «La Comedia de los Hechos de Garcilaso de la Vega y el moro Tarfe».
Seguro que con todas sus fuerzas también lo hará «Gonzalo Fernández de Córdoba» el noble militar castellano. En su honor, el Tercio N.º1 de la Legión Española acuartelado en Melilla lleva su nombre. El de las detalladas cuentas históricas a su Rey; tan hombre supo ser que la historia unas veces le llama «el Gran Capitán» y otras «el Capitán más grande».
Y como no, el «Cid Campeador», aquel Infante que con cada tranco del galope de su yegua Babieca iba ensanchando Castilla. Fue tanto el prestigio de su espada, que «con ella supo ganar batallas hasta después de muerto…»
Camilo José Cela, plasmó de forma magistral ese espíritu en su conocida «A pie y sin dinero», loa al Arma de Infantería publicada el día de su Patrona, el 8 de diciembre de 1949 en el periódico diario «El Alcázar». En la dedicatoria el premio Nóbel decía: «A mi Coronel, el General Millán – Astray».
***
Poco tiempo después de la toma de Amberes por las tropas de Alejandro Farnesio, tuvo lugar un suceso prodigioso que dio origen al patronazgo de la Infantería. Todo empezó en la madrugada del 8 de diciembre 1585 en la Batalla de Empel (guerra de los 80 años) en Holanda, cerca de Amberes entre los ríos Mosa y Waal.
En la isla de Bommel, el monte Empel donde se refugió el Tercio Viejo de Zamora, quedó rodeado de agua y para hacerse fuertes, en él se atrincheraron. Un arcabucero, cavando con la zapa el terreno para hacer la trinchera, tropezó con un objeto de madera allí enterrado. Era una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción. La colocaron en un improvisado altar y el Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla, considerando el hecho como señal de protección divina, arengó a sus soldados a luchar encomendándose a la Virgen. Y allí mismo, sobre el campo de batalla, la Purísima Concepción se instaló en el corazón de todos los infantes y fue proclamada Patrona de los Tercios de Flandes, de Italia y de la Infantería Española.
Más tarde, las Órdenes Militares afianzaron su fervor a la Inmaculada, haciendo honor a la fe de sus antepasados.
Así, la de Calatrava erigió la capilla de Santa María de los Mártires, sobre la fosa común de los caballeros caídos en la derrota de Alarcos en Ciudad Real. La de Alcántara, aparte de los votos de: pobreza, castidad y obediencia común a todas, estableció el «cuarto voto» el de creer, profesar y defender a la Inmaculada Concepción, y para terminar la Orden de Montesa, que al recibir por concesión regia el castillo de Montesa de Valencia, le puso el nombre de Santa María para demostrar su fe y amor a la Inmaculada.
El mismo fervor tuvieron en 1936 los 1785 defensores del Alcázar toledano a la Inmaculada que se encontraba, en un pequeño oratorio que las monjas tenían en la enfermería de la Academia. Por la devoción de los sitiados comenzó a llamarse Virgen de Nuestra Señora del Alcázar.
***
El 8 de diciembre de1854, Pio IX proclamó en el Vaticano el dogma de la Inmaculada. España para conmemorar la fecha, quiso que se erigiera en Roma un monumento a la Virgen que se inauguró en 1857, precisamente en la plaza de España frente a nuestra embajada ante la Santa Sede. Al bendecir el monumento el Papa dijo a nuestro embajador:
– «He tenido la mayor complacencia en venir a la embajada de su Católica Majestad, por haber sido siempre España la nación más devota de la Virgen y la que más culto ha tributado siempre a la Inmaculada Concepción.»
Después de las palabras del Pontífice solo resta decir, y perdón por el latinajo:
-«Roma locuta, causa finita.» (Roma ha hablado, la causa ha terminado).
Hoy como todos los 8 de diciembre, los primeros en hacer acto de presencia en la Plaza de España de la Ciudad Eterna serán los «Vigili del fuoco di Roma» (los bomberos de Roma), que colgarán con la ayuda de una larga escalera telescópica la corona de flores blancas tradicional en el brazo de la Virgen. Al finalizar el acto y desde la base de la columna, antes de retirarse, saludarán militarmente a la Inmaculada.
Acabo con el primer cuarteto del excelente soneto de Quevedo ,«Miré los muros de la patria mía» y que hoy más que nunca por desgracia están de plena actualidad:
« Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía…»
Y a Quevedo la réplica se la dieron, en otro cuarteto, los hermanos Jorge y José Díaz Cuevas autores de la letra del «Ardor Guerrero»
«El esplendor y gloria de otros días
tu celestial figura ha de envolver
que aún te queda la fiel Infantería
que, por saber morir, sabe vencer…»
Leones de la Infantería Española, soldados como vosotros fueron ellos y triunfaron; también vosotros si os lo proponéis, triunfaréis, pues sois cantera inagotable de valientes cachorros indomables de nuestros Tercios de Flandes.
Vosotros Infantes de España, aristócratas del valor, no solo sois el futuro de la Infantería, sois el presente, y aquí tenéis la que ha de salvar una vez más a España, vuestra Patrona la Inmaculada Concepción, la ¡Virgen de manto azul y túnica de nieve!
¡ Rodilla en tierra !
Zaragoza 8 de diciembre de 2020.
Ángel Cerdido Peñalver Coronel de Caballería ®
Blog: generaldavila.com
8 diciembre 2020. Día de la Inmaculada Concepción. Patrona de España y de su Infantería