Con mis mejores deseos para el policía nacional Saúl Cravioto, de la Unidad de Prevención y Reacción de la Brigada de Seguridad Ciudadana de Gijón, y para el soldado Carlos Arévalo del Regimiento de Infantería «Príncipe Núm.3» del acuartelamiento «Cabo Noval» de Asturias, componentes de la tripulación del K-4, 500m, que tan brillantemente consiguieron la medalla de plata.
Como hablaremos de medallas, lo primero que quiero decir es que no me gusta que otros se las pongan a costa de mi decisión meditada y responsable de vacunarme. Los hay que no lo hacen, dicen que no son cobayas. Yo sí. Los aborregados confiamos en la ciencia, a no ser que ahora los sabios estén en las redes sociales… Pero eso sí, una vez que nos hemos vacunado, ellos se benefician de nosotros. Los negacionistas de la vacuna o de cualquier otro asunto, tienen sin duda derecho a pensar como quieran, siempre que no causen daño al resto. Por Montesquieu sabemos, que el límite de la libertad propia es el daño ajeno. Quédese, pues, el negacionista aislado en casa o donde le parezca, avise de su condición contagiosa y sepárese de los que creemos en la ciencia y queremos sobrevivir a la pandemia.
Analfabetos ha habido siempre, pero nunca habían salido de las Universidades.
Lo bueno que tiene cumplir años con serenidad, es que ya no me afectan los desprecios que seguro recibiré por algunas de estas ideas , ni los elogios en serie aunque sean en serio.
Gracián dijo que:
― «Todos deseamos llegar a viejos y, en siéndolo, no queremos parecerlo». Pues bien, a mí no me importa serlo y parecerlo, y es que al llegar a una edad avanzada uno siente, con la cabeza gacha y el alma hundida, que se acerca la hora de esclarecer los grandes misterios de la existencia, mientras tanto, me distraigo recordando el presente y el pasado.
Lo primero que veo es que hoy España está condicionada a padecer aberraciones como las que pudiera exigir el diputado de Teruel Existe, para que Teruel sea la capital de España.
Tenemos un gobierno al que le es imposible gobernar, primero por no saber, y entre otras cosas porque diecisiete autonomías van a lo suyo y continuamente están haciendo la misma pregunta cuando llegan a Madrid: ¿que hay de lo mio?, y ahí estamos.
Sería una peligrosa injusticia gravar a Madrid, como algunos quieren, por el hecho de ser la capital de España. Con sus ventajas e inconvenientes, se podría alentar una querella importante y absurda si se siguiera por ese camino. No hay que meterse en charcos y disputas territoriales estériles que hacen perder de vista el proyecto de desarrollo de territorio, de nación.
Madrid aparte de ser una comunidad autónoma, para España es un símbolo. A Madrid vienen los políticos a asaltar los cielos y, si la cosa les sale mal y las criticas les llueven, se dedican a asaltar el Congreso.
Bien lo sabía el general Narváez, político criticado e ingenioso, cuando dio una orden tajante a su jefe de policía:
― «Mientras me injurien en prosa, déjelo usted pasar. Pero si los ataques se me dirigen en verso, tome las medidas necesarias, las más duras, porque los versitos quedan…»
(El sacerdote que le asistió en el momento de su muerte le preguntó si perdonaba a sus enemigos y Ramón María Narváez y Campos, el Espadón de Loja y I duque de Valencia dijo:«No tengo enemigos, los he fusilado a todos)
Y mientras escribo esto, Tokio despidió con algo de pena los mal llamados «Juegos de la esperanza», pero contentos porque siempre nos quedará París.
Japón ya tuvo otros Juegos en 1964 y en plena guerra fría, donde quiso mostrar al mundo que superados aquellos horrores, habían sido capaces de hacer realidad el milagro económico japones . El tren bala se hizo para esos Juegos, y el elegido para llevar el último relevo de la antorcha olímpica, como símbolo de la paz, fue el atleta Sakai Yoshinori nacido el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima, el mismo día que se produjo el bombardeo atómico durante la Segunda Guerra Mundial.
Pero la pandemia borró de un plumazo las promesas que los líderes japoneses hicieron en 2013, cuando la capital del país del sol naciente se impuso sobre Estambul y Madrid (Roma ya había retirado su candidatura) en la carrera por ganar la sede de los 32º Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Juegos que no pasarán a los anales del olimpismo como los «Juegos de la recuperación» del país anfitrión, tratando de celebrar su resurgir tras el tsunami y el accidente de la central nuclear, sino que serán recordados como los primeros pospuestos, sin público en las gradas y como los más caros hasta la fecha.
También se han caracterizado por ser los Juegos en que nos dimos cuenta de la salud mental del deportista, gracias a la gimnasta Simone Biles; y por si fuera poco sirvieron para mostrar la existencia a estas alturas, de regímenes totalitarios de la Europa del este, con los casos de una atleta bielorrusa o de un halterófilo ugandés, para escapar de la pobreza y condiciones de vida penosas que tienen en sus países de origen; también donde se reavivó la polémica de la participación de deportistas transgénero, como la neozelanseda Laurel Hubbard que pasará a la historia olímpica, y no por sus resultados, pues no logró ningún éxito en la categoría de más de 87 kilos en halterofilia femenina.
Han sido los Juegos en que se han introducido nuevas modalidades deportivas para atraer al público más joven como: karate, surf, skateboarding, la escalada deportiva y el baloncesto 3X3.
Japón al sentirse menos protegida por Estados Unidos y tener cerca la competencia de China y a Corea del Norte armada, intenta ir con pies de plomo. Técnicamente no tiene ejército ni puede entrar en guerra.
Y hablando de Juegos Olímpicos, conviene recordar que tanto en la vida como en el deporte, triunfar no es ser mejor que tus rivales, sino superar las dificultades que las diferentes disciplinas imponen, como la vida misma, sin compararnos con nadie, pues todos somos diferentes. No se trata de apabullar a otros ni de ganar siempre , sino de participar en el campo de juego y en el campo de la vida diaria.
El ejemplo a seguir es Italia, noveno país en el medallero de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021. La delegación italiana ha ganado 39 medallas en total, de las cuales 10 son de Oro, 10 de plata y 19 de bronce. (más del doble que España), igualada con Francia, Holanda y Alemania, y por detrás de Estados Unidos, China, Japón, Reino Unido,el Comité Olímpico Ruso y Australia.
Todos estos campeones italianos tienen una peculiaridad y es que el 70% de ellos forman parte de la Policía, del Ejército (Carabineros y Guardia de Finanza), de la Aeronáutica Militar o del Cuerpo de Bomberos de su país, (i vigili del fuoco).
Son conocidos como los «Atletas militares», aunque se les suele denominar también «Atletas de Estado», puesto que es un sistema que recuerda al que se usaba en los países del Pacto de Varsovia.
Una vez superadas las pruebas de selección, los atletas italianos entran con contratos públicos de cuatro años, desde lo más bajo del cuerpo policial o del Ejército. Estos contratos son prorrogables y pueden ser ascendidos por méritos deportivos. Cuando acaban sus carreras deportivas pueden quedarse en los cuerpos a los que pertenecen. Bien sea como entrenadores o trabajadores en sus instalaciones deportivas, o bien reactivados dentro del trabajo habitual policial o militar.
Y todo esto sin tener que esconderse en las competiciones, y mostrando sin complejos en sus camisetas los anagramas del Ejército, la Policía , la Guardia di Finanza o la de los Bomberos de su país.
Aquí en España estamos a años luz de todo esto.
Una de las mayores vergüenzas deportivas que sufrí hace unos años, fue en una competición de Mountain bike en el Parque Primo de Rivera de Zaragoza (Hoy llamado Parque Grande de José Antonio Labordeta). Participaba un equipo de la Policía Nacional, y todo el circuito estaba plagado de carteles con letreros. «Policía terrorista, aunque sea deportista».
La alergia a denominar a nuestros deportistas por lo que son, es decir, españoles, es algo tan bochornosos como ridículo. Oímos hablar de los alemanes, de los checos, de los franceses… , y cuando toca hablar de los españoles, ahora la moda es llamarlos, por ejemplo «hispanos».
A España la llaman también «la Selección», así sin apellido, mientras que las demás se denominan selección inglesa, francesa, alemana… Y con lo de «la Roja», no quiero pensar que la memoria histórica pretendiera retrotraernos al pasado.
Entre: «los de la Roja» del futbol, los «hispanos y guerreras» del balonmano, los «chicos de la ÑBA» del baloncesto, y la «Armada Invencible» que lidera Nadal en la Copa Davis, anda el juego.
La cuestión es que la palabra España solo ha quedado para la marca España, menos mal, para todo lo demás es tabú.
En lo que atañe a las ayudas que los estados dan al deporte, solo decirles que mientras nuestro COE (Comité Olímpico Español) recibe de nuestro Gobierno 9 millones de euros al año, el CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano) 75.
Sea como fuese, la medalla más deseada, aunque me pille un poco mayor, nos la ponemos nosotros mismos. La mejor victoria es participar, el que lucha ya ha vencido. No se trata de apabullar a otros ni de ganar siempre, sino de tomar parte en el terreno de juego y en el campo de la vida diaria. Hace años que caí en la cuenta de que, no compiten cuerpos, sino personas, y lo que estamos admirando en los Juegos son precisamente la adecuación entre el cuerpo y el espíritu, y es que el espíritu olímpico tiene «alma», no es solo cuerpo.
Que bien nos lo advirtió el Teniente General D. Francisco Girón Ezpeleta las Casas y Enrile, II Duque de Ahumada y fundador de la Guardia Civil, insigne militar prudente sin debilidad, firme sin violencia y político sin bajeza, que supo conservar sin mancha su principal divisa: ¡el Honor!.
El hombre debe tener
un proyecto bajo el brazo,
un sueño siempre en la mente,
y actitud en el trabajo.
El hombre debe tener
dos virtudes por si acaso,
la sencillez
para el triunfo
y el valor para el fracaso.
Zaragoza agosto 2021
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver (Olímpico en Seúl´88)
Blog: generaldavila.com
29 agosto 2021

























