NO SON LAS ARMAS ES EL ESPÍRITU. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Sin Defensa en Defensa

Se acabaron las Armas. Llegaron las especialidades. No sabenos muy bien lo que significa ser especialista en infantería, caballería…

La desaparición de las Armas clásicas fue un retroceso más en la mentalidad ya que se quería construir una nueva a base de suprimir aquel lenguaje que hablaba la infantería que eran todas las armas, la que conjugaba las formas y procedimientos.

Los ejércitos en España conservan su espíriritu, creemos, a pesar de lo difícil que se lo ponen. Si vis pacem, para bellum es una quimera que bien podría retirarse de su lugar en la Academia General Militar como se hizo con el lema de la Academia de Suboficiales del Talarn:  «A España servir hasta morir». ¿Para qué en este mundo del «No a la guerra»? ¿Será para enriquecerse con el negocio de las armas? (con minúscula).

Todo empezó a salir a la luz pública con el grupo, del que tanto hemos hablado,  que encabezado por un ministro de Defensa ricachuelo, muy bono, hecho así mismo y permítanme la ironía, poco culto, se rodeó de tibios uniformados para lograr el sueño de su gran jefe socialista: convertir un ejército de combatientes en una organización para la paz y las emergencias. Una utopía que le daría los votos en una sociedad que entraba en la era de la epidemia conocida como desespañolizar todo lo que estuviera muy arraigado a la esencia de la Patria.

El plan estaba trazado, había que actuar con astucia y hacer uso de la buena voluntad de los militares mostrándoles  cariño (trato humillante con la alabanza manipulada), haciéndoles creer que sus reformas eran por España y su unidad, jugar con ascensos o destinos, premiar a los cercanos,  y mostrarse inflexible con los duros y rigurosos en el cumplimiento del deber. Deber que no era otro que el combate para cumplir con su misión principal y aquellas derivadas de la misma.

Sabían que era fácil porque los hombres que asumen el oficio de las armas son disciplinados, obedientes al límite y además en aquella época en la que se inició el proceso del cambio vivían con el estigma de sentirse acusados de ser un ejército poco democrático, mal instruido  y con escasa preparación técnica. Un estigma de incapacidades que hubo de deshechar a base de mostrar que su juramento de dar hasta la última gota de sangre era un hecho como pronto demostraron en Bosnia y en las siguientes misiones que les tocó vivir.

En numeroso escritos he dejado señalado el proceso, su iniciación y su imparable progreso, sus actores y beneficiarios, uniformados o no, y como de manera naif o intencionada han participado en él los  los que no se enteraban y los que formaban parte del proceso (les remito a mi artículo de comienzos de año: Lo militar y sus reglas (les dejo enlace).

El caso es que hemos llegado a una situación que desde el punto de vista de lo militar es preocupante y en cierto modo difícil de entender. Hablar de lo militar no es hacerlo de algo distinto al conjunto de intereses de la nación, sino todo lo contrario, ya que forma parte del poder económico y de los intereses de todo tipo de los ciudadanos españoles no solo en su patria, sino también fuera de ella. Tener un Ejército fuerte y con capacidades de disuasión no duden de que es una credencial muy importante hasta para montar un pequeño negocio en cualquier rincón del mundo. Tanto como lo es la vía diplomática. Son dos piezas fundamentales del poder de una nación y quizá por eso sean las únicas «carreras» existentes como tales, que se desarrollan en el tiempo en procesos tan largos como lentos para asumir la experiencia y el conocimiento necesarios, además de consolidar esa entrega voluntaria y sacrificada a cambio de la satisfacción del deber cumplido. Nada más; ni menos. Sin olvidar la otra carrera, la judicial, que exige las mismas condiciones.

Si ustedes quieren tomar el pulso de una nación y adivinar su futuro no tiene  más que ver como se desarrollan sus tres carreras: Judicial, Diplomática y Militar.

No voy a entrar en las que no tengo el conocimiento necesario, aunque a simple vista el proceso de desespañolizarlo todo las envuelve como a lo militar.

La desmilitarización de lo militar es evidente como he demostrado en numerosos artículos, pero he de referirme ahora muy en concreto al debate actual antiotan del Gobierno de España iniciado con la renuncia a presupuestar el 5% del PIB en materia de Defensa como la Alianza exigía y el presidente del Gobierno firmó para luego incumplir.

La postura de España ante la situación mundial en materia de Defensa es preocupante al vernos del lado equivocado y lanzar eslógan cercanos al insulto contra  los Estados Unidos e Israel. Al margen de ello nuestro Gobierno miente a los españoles cuando dijo que rompía con los acuerdos y contratos armamentísticos con Israel que tuvo que rectificar para evitar quedarnos en la indefensión y miente ahora al decir que no permitiría el uso de las bases españolas  a los Estados Unidos (de la Base militar del Reino Unido en Gibraltar no dice nada). Todo pura retórica electoral a ver si vuelven al «No a la guerra» que le da votos cautivos, aunque sí a los negocios de las armas como demuestran cada día (incluidos los que atraviesan por las puertas giratorias).

Lo de la OTAN es tan importante que quizá tengamos que arrepentirnos, ¿o arrodillarnos?

El Gobierno de España ha dejado la credibilidad de nuestros ejércitos en cotas muy bajas. No es nuevo, nuestra credibilidad es inexistente y nadie firma acuerdos con quien hoy dice una cosa y mañana lo contrario.

Lo más preocupante es el escudo que han puesto entre lo militar y la sociedad donde solo habla el ministerio con mensajes melifluos de inutil alabanza, lisonjas y adulaciones insoportables para un soldado. La verdad es otra y nuestra postura antiotan, antimilitar, antioccidental y antiEspaña nos va a costar muy cara. Esto no se va a olvidar simplemente con un cambio de Gobierno. El mal ha calado y será difícil salir de este sumidero donde estamos.

Olvidarse de la posición estratégica de España, de su situación atlántica y sus riesgos, de la necesidad de asumir alianzas con todas sus exigencias y consecuencias, es una irresponsabilidad que asume el Gobierno y no lo hace solo. En ello están también los partidos políticos y las Fuerzas Armadas que deben ser conscientes de nuestra situacón y obligaciones en la Defensa y elevar a esos que tanto las alaban  la importancia de ese lugar tan olvidado que forma el conjunto de nuestro valor estratégico más valioso y más descuidado: Canarias, Ceuta, Melilla y el Estrecho de Gibraltar donde se nos ha posicionado el Reino Unido con una base militar que nos ridiculiza y ofende.

Si eso es nuestra mayor debilidad como nación más lo es el proceso que nos ha llevado hasta este punto y del que todos somos culpables.

Porque las Armas (con mayúscula) no se basan en las armas (con minúscula), sin en el espíritu y formación de sus hombres, en la misión y cumpolimiento del deber.

El deber no lo marca ni señala un Gobierno, sino la Ley. Hubo un tiempo que se transmitía por el espíritu de su hombres. Éramos la mejor infantería del mundo.

Ser expertos en retiradas no nos deja en buen lugar.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

24 marzo 2026

 

NO A LA GUERRA. FUNCIONARIOS UNIFORMADOS. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Este Gobierno nacido en las entrañas de Rodríguez Zapatero ha logrado destronar la unidad de España. Lo que parecía un ligero desvarío de alguien sin formación se ha extendido hasta lograr romper la historia y sobre todo la unidad de España. El maestro Gustavo Bueno definía al autor del presente que vivimos en un libro inolvidable. Zapatero: el pensamiento Alicia.

Con el respeto y admiración debida a D. Gustavo ahora vemos que aquello nada tenía de ingenuidad y que Alicia era más bien el lobo de Caperucita cuyo sucesor se acerca a la madrasta de Blancanieves. Todo lo que tiene que ver con los espejos da miedo.

Salvador Dalí: “Narciso, / ¿comprendes? / La simetría, divina hipnosis de la geometría del espíritu, / colma ya tu cabeza con ese sueño incurable, vegetal, atávico y lento”.

Nos gobierna una obsesión, la de quien cree que todo requiere de su presencia. Siempre. Vive en un espejo, paranoia de su propio reflejo.

No era tan ingenuo el inventor del juego; el de los espejos es un engaño de los ritos eleusinos muy propio de quien busca la inmortalidad en los reflejos de luces y sombras. Todo promesas, ninguna realidad.

Había que penetrarlo. Iglesia y Estado eran espejos rotos donde antaño se reflejaba una historia de siglos.

Los efectos de las luces proyectadas en la oscuridad de un mundo encerrado en vidrio no deja de ser la caverna platónica donde el que viene contando lo que hay fuera es expulsado violentamente. Presenciamos un espectáculo de luces en la mayor oscuridad personal.

Creemos que todo es honradez sin saber que vivimos en la paradoja de Epiménides. Adaptamos el modelo: «Yo miento». A partir de ese momento todo es un caos. Esa es nuestra política. «El Gobierno miente. Yo soy su presidente». Claro que este no es Epiménides.

Taladrar la costra de las Fuerzas Armadas para llegar a su médula era un juego peligroso. Otros lo habían intentado. El pianista quiso acabar con la Legión creyendo que era un símbolo temporal que debía ser borrado en estos tiempos. Pero aquel Credo había calado ya por generaciones porque no en vano era la traducción del sentir desde los Tercios de Flandes. No entendieron que desde entonces sus Armas condensaban el espíritu de «Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir«, inquebrantable disciplina de la que nunca se han alejado. No eran funcionarios a sueldo y permanencia.

Las Fuerzas Armadas españolas son esas que no se dejaron engañar un 23 de febrero, aunque la trampa estaba bien montada. Los ejércitos no seguían sus oscuros deseos. Eran más democráticos que ellos.

Hubo que demostrar lo que no se creían y nuestra participación con la Legión en Bosnia, primera en el exterior desde 1975, supuso un reconocimiento, descubrimiento inesperado de la herramienta de disciplina y sacrificio de la que disponían. Nuestros ejércitos salía de años de aislamiento, de miradas de reojo, y su imagen cobró un valor como ninguna otra institución había alcanzado en el marco de la sociedad.

Después se estabilizó el proceso en algo parecido a la normalidad lo que supuso un intencionado camino hacia el olvido. Poco protagonismo, pocas y viejas armas, unidades envejecidas y obsoletas, rutinas y engaños creyendo ser lo que no éramos, todo reconvertido en proyección a misiones en el exterior y olvido interior.

No estaban contentos y había que buscar otra forma de penetración más medular. La encontraron.

«Capitán mande firmes«. El uniformado que buscaba un sitio que nunca encontró supo colocarse en el lugar adecuado para lograr conducir el proceso.

El año 2004 es una fecha inolvidable para todo aquel que sepa contar del uno al diez. Desmilitarizar lo militar. Con mano firme y herramienta de cirujano. La enseñanza era la clave. Mientras se entraba en honduras, mientras llegaban hasta la médula, distraían la mirada con bengalas (flares o chaff).

La indecencia y falta de respeto de un ministro de Defensa modificaba el texto del Homenaje a los Caídos, aunque él culpaba del hecho a una propuesta hecha por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa. Vayan ustedes a saber. Retiraban del monte Constanza en la Academia de Suboficiales del Talarn el lema «A España servir hasta morir» que molestaba al independentismo catalán. Todo era admitido por quienes deberían defender el espíritu que encerraba ese lema y hasta el teniente general Mena fue arrestado por leer el artículo 8 de la Constitución.

Empezaban a verse cosas extrañas entre las más altas jerarquías de nuestros ejércitos. El compañerismo hacía agua. El Mando del Estado Mayor de la Defensa acababa en manos de quien -nadie lo suponía, aunque se sabía-escondía ansias de pasarse ¿militaba?) a un partido antimilitarista. Increíble, pero cierto.

Todo empezaba a romperse. No era necesario acabar con la Legión. Había procedimientos más elegantes e insidiosos para romper con la unidad y el compañerismo. La reforma de la enseñanza militar y la creación de unidades para el despiste, alejadas por completo de las misiones militares, bautizadas como oenegés con pistolas, iba a ser el camino estrella para lograr sus objetivos. Rápidamente caló en una sociedad engañada y manipulada con el «No a la guerra«, lema que introdujo la confrontación y el rechazo a la institución militar banalizando su trascendente misión.

La educación es un tipo de manipulación cuando se hace sin consenso y lleva intenciones sectarias. Cuando se permite y se asume son muchos los que deben responder ya que la responsabilidad no es solo del partido político que la propone. A veces es necesario salir de la disciplina para, individualmente, uno mismo, contemplar el conjunto y, también disciplinadamente, exponer los errores a los de dentro. Siempre hay una puerta para entrar y otra para salir. Con dignidad.

Dudo de que estemos preparados para soportar la verdad. Nos escondemos cuando aparece porque es exigente.

«Nosotros tenemos los pacifistas y los soviéticos tienen los misiles», dijo, como el que no quiere la cosa, F. Miterrand.

Nosotros no tenemos nada; ni lo uno ni lo otro.

En las Estrategias de Wu se puede leer: “Cuando el mundo está en paz, un hombre de bien mantiene su espada al alcance de la mano», lo que recuerda que Alejandro dormía con la Ilíada y la espada bajo la almohada.

Las virtudes faltan; hay que buscarlas entre una densa niebla que oculta el pasado y permite solo ver las sombras proyectadas en un virtual futuro que nunca será. Es el viejo cuento de la caverna. Hace algún tiempo que la abandoné y no daba crédito a lo que fuera era la cruda realidad.

Por arriba se despiden de la cortesía, el buen trato, la verdad, la firmeza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito y la opinión, la constancia y la paciencia, la humildad y la obediencia. Cada vez es mayor la distancia entre las tropas y sus mandos. Los políticos las manosean y adulan, lo que repugna a la virtud militar.

El futuro es el progresismo que viene cargado de misiles. Ya es tarde. Han disparado y no funciona el sistema antimisil.

Una de las cosas que ahora más condiciona la vida militar es el ascenso junto al destino. Una vulnerabilidad que los políticos saben manejar con verdadero arte de la complacencia.

Las Fuerzas Armadas eran cuestión de Estado. Ya no lo son. No se sabe muy bien de quién dependen. Ni el Mando Supremo tiene fuerza para decir aquello de «la unidad es nuestra misión».

Olvidado está que hay que defender el interés general de la nación y no el interés personal. Las virtudes y vicios, las cualidades y los defectos se intuyen bajo los que aparentan. Vuestras menores faltas son siempre importantes; las grandes son irreparables y funestas. Cuando un reino ha sido arruinado, es imposible devolverle su antigua prosperidad.

Un general hábil no desdeña nada para formar buenas tropas. Ahora interesa la técnica más que la formación ética.

«No contentos con destrozar lo interno ahora se baten con los que nos prestan alianza. Los principales cimientos en que asentar un Estado -sea nuevo, viejo o mixto- son las buenas leyes y los buenos ejércitos. Y dado que no puede haber buenas leyes donde no hay buenos ejércitos y donde hay buenos ejércitos hay buenas leyes dejaré  al margen la consideración de las leyes y hablaré sólo de los ejércitos» (El Príncipe. Maquiavelo).

Los nuestros entran en la era del aislamiento y la inoperancia. Nos quedamos indefensos y desarmados.

Los funcionarios que uniformados deben asumir nuestra Defensa ¿nada tienen que decir? El momento es de máxima gravedad y el ascenso o el futuro destino no deben ser limitaciones para plantear con lealtad  lo que significa quedarnos sin defensa.

Nadie duda de la continua necesidad de adaptación a los tiempos. Nuevos procedimientos son necesarios para hacer frente a desconocidas formas de guerra y enfrentamiento en nuevas dimensiones, aunque conviene no olvidar que la razón de ser de los ejércitos sigue siendo la lucha armada justificándose su existencia en la defensa de la sociedad y de la Patria. Eso requiere una legislación de naturaleza moral, algo que solo la tradición escribe en los pliegos internos del alma y que se hereda de generación en generación. Un oficio como este, épico, vocacional y de riesgo, solo se rige por las leyes del espíritu. Quien no sepa interpretar lo que intento decir es mejor que se dedique a otra cosa, siempre que esa otra cosa no sea organizar la milicia. No hay soldados que vigilen las fronteras, no hay ni siquiera fronteras. Aquí todo se ha cambiado por progresismo y sostenibilidad. Ese es un uniforme que destruye las formaciones de soldados. No hay progreso sin ejércitos dotados de moral, virtudes y armas. El progresismo lo quiere Europa para su industria: gas; energía. Pero sin soldados con virtud no hay ejército sostenible.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

 

 

RIESGOS EN NUESTRAS CAPACIDADES MILITARES POR LA DERIVA DE NUESTRAS ALIANZAS DEFENSIVAS ¿OFENSIVAS?

Quizá lo más destacable es la falta de confianza que provoca la deslealtad con aquellos que hombro con hombro forman parte de tu despliegue defensivo u ofensivo. Abandonarles es algo que nunca se olvida.

La desconfianza genera distanciamiento y la Inteligencia, base de tus despliegues y criterios de acción operativa, se perderá  en la más absoluta soledad. Nadie nos va  a admitir en el restringido grupo del conocimiento que proporciona la información transformada en Inteligencia. Nada sabremos, nada veremos, nada oiremos.

La Defensa Nacional está en grave riesgo al situarnos frente a nuestro mayor proveedor de Inteligencia, Armas y Tecnología: Estados Unidos e Israel. Costaría años sustituirlos como proveedores si es que lo lográsemos.

Para empezar peligran nuestras bases de Rota y Morón con el riesgo económico para la región (sobre todo de Cádiz) que ello supondría. Gibraltar, Base Militar clave en el Mediterráneo, acabamos de entregarla con sus tomahawk a punto.

El Mando estadounidense para África, clave para nuestro futuro y Seguridad, está en proceso de traslado y muy probablemente será a Marruecos.

El avión EF-18 actualmente es la base de nuestra defensa aérea y su disponibilidad y mantenimiento depende de su fabricante: Estados Unidos. Los radares y motores requieren de un constante y urgente mantenimiento. No adquirimos el F35 y los AV-8B Harrier II Plus en su última fase de posibilidades dependen al cien por cien del mantenimiento y suministros de los Estados Unidos. Nos quedamos sin aviación embarcada. El avión de entrenamiento recién adquirido a Turquía TAI Hürjet dispone de  motores fabricados en Estados Unidos.

Aviación de transporte, helicópteros actuales y futuros, misiles y lanzadores (AIM-120 AMRAAM y AIM-9 Sidewinder), (Patriot), drones (General Atomics MQ-9 Reaper), Artillería de Campaña y sus municiones, vehículos de transporte y blindados, todo ello es dependencia de Estados Unidos.

Nuestras fragatas irían al paro. El sistema AEGIS que monta la «Colón» es y depende de los Estados Unidos. Estaba previsto para nuestras próximas fragatas (?).

Nos quedaríamos solos no solo por tecnología, sino por los procedimientos operativos que tendríamos que recomponer al quedarnos aislados.

De Israel tenemos absoluta dependencia tecnológica:

-Misiles multipropósito Spike LR2.

-Sistemas de comunicación entre las pequeñas unidades.

Sistema Lanzacohetes de Alta Movilidad (SILAM), que sustituye a los cohetes Teruel.

-Torres del vehículo de combate del vehículo 8×8.

-Morteros sobre VAMTAC.

-Sensibles sistemas para el Ejército del Aire y del Espacio, la Armada y los Helicópteros de ataque.

De como afecta a la industria militar española tendremos que hablar otro día mientras se dirime el enfrentamiento en los tribunales de Santa Bárbara (General Dynamics) con la española INDRA por los contratos de armas concedidos por el Ejecutivo.

09 marzo 2026

Blog: generaldavila.com

SÍ A LA GUERRA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Nada peor que un eslogan que recoja en nada todo, especialmente cuando todo es nada. Aquél noalaguerra era el más guerrero de los antiguos nopasarán cuyo interés, ahora como entonces, no es la guerra ni los que en ella mueren, sino la ideología de la guerra, mantener en alto las espadas, pero pintadas del color vencedor de un yugo regresivo. La ideología sabe armarse para evitar la paz.

Aquel noalaguerra era el antónimo del «Sí a la paz», permanecer siempre en el punto de partida y jugar dentro de ese límite entre darte la mano y el empujón a su abismo. Nunca creyeron los belicosos del noalaguerra en paz alguna, sino en una guerra a su manera, y así ha de seguir «a su manera».

Permítanme que muestre mi sorpresa ante la avalancha de fervorosos partidarios de la guerra que de repente surgen ante el inicio de conversaciones de paz en Riad para llegar a un acuerdo que termine con la de Ucrania.

Cuando no hay armonía surge la guerra. Nadie supo ganar la guerra antes de empezarla. ¿No existía una mínima posibilidad de hacerlo? Sí, responde el análisis más elemental. No se quiso. Como ahora, que parece que no se quiere terminar con ella.

No deja de ser sorprendente que los que en aquel entonces caminaban tras el noalaguerra sean los mismos que ahora se apuntan a criticar al presidente de los Estados Unidos de América por querer acabar con ella. Para más inri se les han sumado advenedizos seguidores que nunca sospechábamos, aunque sea evidente que el poder del dinero tapa las conciencias más lúcidas. Es el llamado dinero democrático donde siempre el que parte y reparte se lleva la mejor parte.

¿Qué es esto que nos tiene sometidos a los caprichos y vaivenes de aquellas personas que encabezan un grupo de poder? ¿Cómo puede hacerse uso del hombre como una materia a destruir para más tarde concluir que aquello no sirvió para nada? ¿Quedará sin responsabilidad? ¿Acogerá la misma bandera a los que mandaron a tantos a la guerra, a los que en ella murieron y a los que ahora muestran que era posible la paz? ¿Se construye el mundo con la guerra destruyendo a los que no tomaron decisión alguna sobre el enfrentamiento? Cuando resulta que había alguna otra solución más allá que la de las armas. ¿Se concluye que es la fuerza rey y señor de todas las cosas?

Un resumen trágico: «Había alguien, y , un instante más tarde no hay nadie».

Al utilizar su poder, nunca sospechan de las consecuencias de sus actos. Porque en la guerra no se quiere algo, sino todo, y en la guerra todo es nada.

La prolongación de la fuerza del hombre es la máquina y con ella se inventa el negocio de las armas, inversión del momento, y pasan los muertos al macabro número de una estadística. Justificada, dicen.

No es posible estar sometidos a este juego en el que todos somos conscientes del engaño, pero después de siglos el único cambio ha sido a mayor destrucción. No puede haber élites de la conciencia que sometan a las multitudes inconscientes. Dura ya demasiado tiempo. La historia comenzó con la destrucción de Troya, un crimen. Al menos hubo virtudes en contraste con el dolor.

¿Se habrá convertido la guerra en costumbre?

Nos señala Simone Weil (La fuente griega) que el verdadero héroe, el verdadero tema, el centro de la Ilíada, es la fuerza, «La fuerza es lo que hace una cosa de cualquiera que le esté sometido». Juguetes rotos en manos de locos. El miedo, la derrota, la muerte de compañeros, el porvenir mismo, «hacen al fin desvanecer toda idea de objetivo, incluso de los objetivos de la propia guerra». Nada ha cambiado y morir por la destrucción del enemigo prevalece, incluso «la muerte de los compañeros amados suscita una sombría emulación del morir».

Cada vez que una guerra finaliza, ¿qué deberíamos pensar de tanta muerte? ¿a quién señalar entre los vivos? ¿a quién servía el combate?

Finalizará la contienda por cansancio político. Inútil agotamiento hasta coger fuerzas para la próxima. Con el tiempo, viudas o huérfanos se avergonzarán hasta de las medallas; las arrojarán porque serán señalados y sus banderas quemadas. La guerra sigue.

Ucrania se ha batido con valor y honor mientras la política asistía desde su balcón privilegiado a la contienda. Nadie movió un dedo para evitarla y una vez que se oyeron los primeros disparos se echó leña al fuego para que se no se extinguiese. ¡Qué espectáculo!

Sois vosotros políticos con y sin nombre los únicos responsables. Los que seguís alimentando de guerra nuestros corazones. Solo sois vosotros, los de uno y otro lado, los culpables. Dejad de meter vuestras sucias manos en la paz. Retiraros o acudid a las trincheras a relevar a los que ya han muerto; demasiados. Sois los Paris más cobardes de la guerra.

Las deserciones entre los soldados aumentan de manera escalofriante junto a la fatiga de la guerra. ¿Cerca de un millón de bajas no es suficiente para tentarse las ropas? Se acerca la cifra a los trescientos mil muertos sumando las de ambos bandos. La invasión por parte de Rusia de Ucrania no admite la más mínima justificación, como no la tiene estar durante tres años de destrucción sin la más mínima aproximación a un acuerdo, sino todo lo contrario. Desde el balcón de Europa, con asiento en primera fila. Se os acaba el espectáculo; y el negocio.

Lo que es inadmisible es que el primer intento de paz, tanto en Ucrania como en Oriente Próximo, sea recibido con una oleada de SÍ A LA GUERRA que más bien parece una campaña organizada y dirigida por los mismos del NO A LA GUERRA. Porque no  es solo Ucrania. Habéis pasado por alto el 7 de octubre. Habéis pasado y silenciado el ataque despiadado a la libertad. Ahora tembláis ante la paz.

Cualquier acuerdo de paz debe de tener en cuenta a todas las partes y hacer justicia sin olvidar exigir responsabilidades a los responsables de la invasión, pero es necesario dar un primer paso que detenga los cañones. Tres años sin un susurro de aquellos de noalaguerra dejan en evidencia a muchos, tantos como los que ahora, -nadie sabe las razones- se suben al carro del síalaguerra.

Ya no es un problema de izquierdas o derechas, más bien lo es de subvenciones, porque solo de pan vive el hombre. Y de desvergüenza.

El hombre es un animal que come pan. Lo dijo Hesíodo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

24 febrero 2025

 

 

EL POTENTE EJÉRCITO ESPAÑOL Y EL «NO A LA GUERRA». Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

No entiendo cómo la izquierda española, la de los eslóganes y mítines cerveceros no se echa a la calle con el viejo cartel del «No a la guerra» ya que tantas ganas de guerra tienen. La suya y con sus armas. Por ahora ganan, pero nos están dando gato por liebre.

Cuando utilizo el término guerra lo hago de acuerdo con los parámetros militares y no el de los modernos politicólogos subvencionados.

España, de acuerdo con el algoritmo manejado por los intereses de la industria de las armas, se sitúa entre las veinte principales potencias militares del mundo. Parece ser que hace la número veinte. Además de eso nos estamos convirtiendo en una de las principales potencias exportadoras de armas al mundo entero, incluidos los países árabes, Europa, del norte y del sur, las Américas y más allá, creo que incluso más acá. Sin la menor duda. Que se maten entre ellos.

No a la guerra. Sí a las armas. Si la hacen con nuestras armas, con las que fabrican nuestros amigos del cole y de partido y sin nosotros. Rentabilidad. Hasta ahí de acuerdo.

Las armas son una fórmula de disuasión, dicen los expertos en armas que los hay en todos los negocios. La figura de Aquiles se queda encogida ante tanto luchador musculado en gimnasios y estrictas dietas que impone el partido.

Lo que no saben estos modernos guerreros es que su capacidad armamentística y sus científicos y técnicos conocimientos de nada valen en la guerra. La única y auténtica fórmula válida y disuasoria es la vieja y conocida voluntad de vencer. Ahí está el truco de nuestra subida del presupuesto de Defensa y el impulso a la industria del armamento: fabricar armas y desmontar la voluntad de vencer de la nación. Esa voluntad es un factor integrador de la conciencia de nación, de la unidad e integridad territorial y quizá el único obstáculo (más fuerte que la Ley) que puede evitar el desmembramiento de España. Para manejar sus apoyos y así seguir en el Gobierno necesitan anular el sentimiento de España como nación y ese espíritu que encabezan los ejércitos transmitido generación a generación y sellado con la sangre de millones de españoles. Roto ese eslabón de la cadena que nos une con el pasado y nos hace fuertes para el futuro por muchas armas que tengamos y mucha escalada en la clasificación de «ejércitos más potentes» no somos nadie ni nada. Nuestros cañones disparan ideología (por un tubo).

Todo esto ha tenido un recorrido que no ha sido fácil, aunque otros partidos con su culpable inocencia o visceral postura (sin inteligencia) les han alfombrado el camino y siguen haciéndolo.

En el proceso han sabido disponer de tres bazas fundamentales:

-Dominar una gran empresa -la mejor-de tecnología

-Dominar una gran empresa de armamento

-Dominar una gran empresa mediática

Conocidas por todos no es necesario ponerle nombre ni apellido. Forman parte del partido.

La cabeza de nuestros generales y almirantes desborda de alegría. ¡Armas!, que es la voz ejecutiva del ¡Firmes!

Ahora solo les hace falta definir de manera clara quién es nuestro enemigo y llevar a cabo el planeamiento adecuado para nuestra Defensa. Defensa ya que el ataque es un término que ha desaparecido de nuestra Doctrina militar. «No tenemos enemigos» es la orden.

Armas para no usar, letras para no entenderlas, gobiernos para incumplir la Ley y aliados para abandonarlos en cuanto suena el primer disparo.

¿Podría ser esto el inicio de una catarsis en la que alguno (s) tengan (n) tarde o temprano que dar cuenta de sus acciones ante la ley moral (y la legal) de todo un pueblo traicionado? Dios quiera que no sea tarde.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 enero 2024

ESPAÑA ANTE LA GUERRA. NADIE SE FÍA DE NOSOTROS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El EMAD. Imagen obtenida de su página web.

El puesto de mayor nivel de nuestros Ejércitos y Armada, Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), lo ocupaba un pajarito que cantaba en primavera «No a la guerra», un individuo que bajo un uniforme alado ocultaba su forma íntima y peculiar manera de pensar, algo muy válido, pero que en este caso hubiese sido más honrado haberse declarado objetor de conciencia antes de aceptar el puesto que le hacía responsable de mantener no solo materialmente a punto a las Fuerzas Armadas, que es muy importante, pero en ocasiones no decisivo, sino tenerlas armadas moralmente. Ar-ma-das. Doy fe de que no fue así por mucho que intentase disimularlo. Era como tener un Papa que no creía en Dios. Lo malo es que no era el único, estaba acompañado de todo un equipo de cantores a la primavera, era algo organizado desde dentro, nata y fresa, pero aquellos otros han corrido mejor suerte en lo mediático y económico para después de ocupar puestos (a un lado y otro del espectro político) desde donde han aprendido interioridades y secretos de muchos (y muchas) han salido bien protegidos y premiados. Quiero decir que ha aumentado su nómina, han pasado como si aquí nada hubiese sucedido en aquellos años tan definitivos y definitorios para España y sus Fuerzas Armadas, de los que ni se han recuperado ni están en vías de hacerlo.

Todo esto, que a algunos les parecerá muy bien, no es solo un problema de falta de fiabilidad en materia de Defensa. Lo más grave es que en lo económico nos pasa algo parecido. Pregunten al presidente del Gobierno por qué piensa una cosa y hace la otra. Por qué la hipocresía domina su vida política. En el viaje de Sánchez a Abu Dabi, dicen sus íntimos, que se le ha atragantado el sapo, pero no ha habido más remedio. Allí han tomado nota y ha quedado comprobada su importancia moral y material. Lo malo es que esa visión que existe de nuestra mediocre política se generaliza en el mundo.

España camina a su insignificancia militar, política, económica, y todo ellos tiene dos nombres: Zapatero-Sánchez, aunque por mucho que se escondan otros políticos del socialismo, ellos también deben asumir su culpa, y muy grande, por no plantar cara decididamente. Pasa con la derecha que con tal de ser, y querer ser, no son ni unos ni otros.

Se nos olvidan las cosas, pero no a los responsables cuando tienen al enemigo en términos militares enfrente, y anotado en su Diario de Operaciones que las Fuerzas Armadas españolas estuvieron en manos de un elemento que cambió el uniforme militar por uno partidista y comunista que preconiza el «no a la guerra», y, lo que es infinitamente peor, forma parte del Gobierno de España.

Sepamos dónde estamos y que baza jugamos antes de echarnos las manos a la cabeza y hablar de estrategia en boca de tanto estratego que todavía no se ha enterado de donde está y quienes somos.

El problema de España a nivel internacional, político y militar, no es otro que tener un Gobierno donde manda el «no a la guerra», el comunismo y los herederos del terrorismo.

Todo esto nos ha llevado de manera persistente a que ninguno de nuestros generales o almirantes hayan presidido el Comité Militar de la OTAN, algo muy sospechoso.

Esto que les cuento, ¿es importante? Tanto que es extensible a la empresa, a los puestos de trabajo, a la reforma laboral… Sí: al futuro de España y a su economía.

Pongan flores en los cañones y encima no las rieguen. El que les dio la flor se encargará de que se seque y pondrá una fábrica de misiles en la nube: de nuestros sueños. No es que Europa sea un ejemplo a seguir y los Estados Unidos el primo de Zumosol, pero lo nuestro es peor por falta de fiabilidad, que es la cualidad de fiable. No lo somos.

Ya saben cual es el problema de la guerra: Ninguna nación occidental se fía de nosotros. De nuestros políticos. Ni siquiera  Putin.

Yo tampoco.

¡Y saber que tenemos a los mejores soldados del mundo!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 febrero 2022

LA GUERRA Y LAS RESOLUCIONES DEL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

«Por regla general, hacer la guerra no es lo mejor. Solo la necesidad debe obligar a emprenderla. Independientemente de su resultado y su naturaleza, los combates resultan funestos incluso para los propios vencedores. Únicamente hay que librarlos si la guerra no se puede conducir de otra forma. Si al soberano le mueven la cólera o la venganza, no debe declarar la guerra ni movilizar tropas».

Estas sabias palabras de Sun Tsé están separadas de nuestros tiempos por una evolución en el pensamiento que trajo terribles combates —dialécticos y explosivos— en los que el número de muertos era una estadística, funesta, pero estadística (para Stalin) que se repetía hasta llegar a cifras desoladoras como las de la la I y II guerras mundiales.

Clausewitz dejó escrito que «jamás puede introducirse en la filosofía de la guerra un principio de moderación sin cometer un absurdo». Escalofriante verdad de la guerra.

Real y cercano es el pensamiento de Arthur Wellesley, duque de Wellington, al que todos felicitaban después de Waterloo por lo que tuvo que contestar: «Salvo una batalla perdida, no hay nada tan triste como una ganada».

En lo que coinciden los tiempos es que la guerra es un fenómeno inevitable y no sabemos el tiempo que tenemos para retrasarla y al menos poder reducir al mínimo sus efectos.

El terrible ejemplo de acabar una guerra con una explosión mayor que todas las habidas hasta el momento debería hacernos pensar más allá de los despliegues de tropas intimidatorios  «Ya no había nada más que temer». Era la peste atómica.

Inevitable parece perder la memoria y que se borren los mayores horrores vividos por la humanidad de consecuencias todavía sin análisis suficiente. Era una guerra, pero el final fue peor: una sola bomba que ni siquiera hizo ruido: luz y silencio. Se terminó todo.

Hasta hoy.

La estrategia analiza, la táctica mueve peones y la política desencadena lo peor cuando los intereses particulares y el afán de protagonizar la historia están por encima del corazón humano.

Un día, ante tanto horror, el hombre invento una mesa redonda donde reunirse antes de provocar un enfrentamiento. Le pusieron el nombre de Organización de Naciones Unidas. «Las Naciones Unidas nacieron oficialmente el 24 de octubre de 1945, después de que la mayoría de los 51 Estados Miembros signatarios del documento fundacional de la Organización, la Carta de la ONU, la ratificaran. En la actualidad, 193 Estados son miembros de las Naciones Unidas, que están representados en el órgano deliberante, la Asamblea General».

Unas veces aparece y otras no. Es y no es. Al final los mismos que se enfrentan son los que toman decisiones o se limitan a hablar en tono conciliador y falso. El problema es que solo son cinco. A saber: Estados Unidos de América, Rusia, Francia, Reino Unido y China. Poder de veto. Consejo de Seguridad. Los demás son sonorosa comparsa. Nada más.

En el conflicto actual de Ucrania la primera reunión del Consejo de Seguridad (pedida por los Estados Unidos de América), ha sido este pasado lunes día 31. Ninguna Resolución ni solución. Tiempo perdido. Han salido peor que en el momento de entrar y todo se ha desarrollado entre graves acusaciones. ¿Ha servido para algo? ¿Para agravar el conflicto?

Mientras el mundo de la calle parece mirar en otra dirección y esto (creen) ni les va ni le viene.

En España la intervención en Irak echó a la gente a la calle con el famoso «No a la guerra» y la discusión estuvo manipulada con la falacia de si había o no resolución de ONU. Le costó las elecciones a un partido político a la vez que volaban un tren en Madrid con cerca de 200 muertos sin que aún sepamos quién y por qué se cometió aquel crimen.

Fue otra guerra. No igual, aunque los procedimientos, el algoritmo era el mismo. Grandes intereses energéticos. Económicos.

Hoy nadie menciona a Naciones Unidas.

¿Por qué será? Nadie responde.

En el Poder que otorga la Tierra el necio solo conoce el mal cuando ya está hecho. Y en sus manos está la decisión, no en la nuestra.

El momento se agrava y se solidifica por momentos. Como vemos tras la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. No hay Resolución.

Parece que el «No a la guerra» guarda silencio ante lo inevitable.

La presión aumenta hasta hacerse insoportable. El mundo es una olla de presión y la temperatura aumenta bajo ella.

No miren a los soldados. Pregúntense: ¿En manos de quienes estamos?

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

7 febrero 2022

 

LA GUERRA: LA PECULIAR NATURALEZA DE SUS MEDIOS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

«La guerra es un acto de fuerza para obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad».

Podría haber dicho Clausewitz: La política es un acto de fuerza para obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad. De ahí la sutileza de su definición: «La guerra es la simple continuación de la política con otros medios. Queda sólo como exclusivo de la guerra la peculiar naturaleza de sus medios».

Las cosas han cambiado de manera que ya los tratadistas militares se quedan a mitad de camino; solo aciertan y son válidos los que emplean la filosofía en sus análisis porque la guerra ya no tiene definición, ni frentes, no hay límites geográficos ni se distinguen las vanguardias de las retaguardias. Es total y sin periodos de descanso; vive con nosotros.

Entendemos a Freud. Dice que la superioridad intelectual comienza ya a desplazar a la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: eliminar al enemigo, matarle. Ya no es exclusiva característica de la guerra la naturaleza de sus medios. Se mata sin recurrir a la fuerza bruta; y eso es la guerra, ahora más sibilina y dulce.

La guerra actual no marca líneas que diferencien la política de la guerra y se usan los mismos medios de destrucción en uno y otro caso, porque no es el medio, sino el fin lo que a la política le interesa. Toda la palabrería de guerra es un vano recuerdo ni servible ni comparable a aquellos conflictos. No cambia desde Gilgamesh o, más conocido, desde la Ilíada, el concepto de guerra: matar al contrario. No le queda más remedio a Freud que sacar a relucir la teoría de las pulsiones: «conservar y unir (eróticas) — destruir y matar (de destrucción)». Es como fue y es como es y será.

El cambio en nuestros días es tan sutil como profundo: ya no hay enemigos, ni declaraciones de guerra, todos son adversarios y mediáticos ataques contra el honor y la razón como sustitutos de la más agresiva artillería. Las doctrinas militares no hablan de enemigo, hablan de adversarios, crisis o conflictos armados; con cinismo apartan de sus vocabularios la palabra guerra, indefinible, inasumible en su ortodoxia. Moderna.

Las concesiones políticas, el no a la guerra de Irak o la retirada de Afganistán, como válidos ejemplos, ha causado más muertos y tragedias humanas que la misma guerra, que el peor de los misiles. El mundo avanza hacia el desequilibrio total, desconocido, que hace que todas las teorías de la guerra, los estudios ancestrales y los análisis más consecuentes se queden como simples panfletos; ante lo que se avecina.

Es la dominación pacífica, dominación a la postre que, en cualquier momento y por cualquier nimiedad, puedes estallar en una explosión tan inimaginable como Hiroshima, no distinta del objetivo de la guerra: «obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad». Matar.

No hay más. En este juego de la guerra, tan íntimo y humano, ya no hay vencedores o vencidos, hay muertos y vivos y la muerte no es exclusivamente la pérdida de la vida, sino andar sin rumbo ni horizonte con el que soñar.

Es decir: lo que ahora tantos y tantos viven como consecuencia de esta guerra que padecemos.

Son las nuevas víctimas de esta guerra a la que solo se le ha cambiado el nombre y la naturaleza de sus medios. Ya no son tan peculiares. Ni los soldados llevan uniforme.

El final me lleva a pensar que la guerra, como locura que era, se ha hecho; y es: racional, moderna y homologada. De ahí su verdadero peligro.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

3 noviembre 2021

 

ESPAÑA UNIDA JAMÁS SERÁ INVADIDA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No sé muy bien el color. Marcha era. La que todos hemos podido ver y acompañar en defensa de nuestra soberanía e intereses nacionales después de la llamada invasión marroquí. La de ayer mañana ha sido una marcha-manifestación espontánea del pueblo español en defensa de España y en concreto de Ceuta y Melilla. Multitudinaria; como no se conocía otra desde la invasión napoleónica, si es que la hubo o fue un asunto menor.

Ayer era motivo de orgullo patrio ver como en todos los rincones de España el pueblo único, unido, clamaba por su soberanía y por los derechos humanos a la vez: ¡Ceuta y Melilla españoles! ¡Abre la muralla!

¡Qué bonito ver como se pedía paz y guerra!

De fronteras nadie hablaba, incluso nadie mencionaba al Frente Polisario y algunos decían no se qué del Sahara, algo así como el Sahara español. El caso es que era una alegría ver mezclados a los del ¡No a la guerra!, los de Irak, y los de ¡A la guerra!, ahora muy numerosos, todos a una Fuenteovejuna, como si fuese de nuevo Napoleón, pero por el sur. Hasta se veía alguna pancarta que decía: ¡Nunca máis!, que no se entendía muy bien, pero parece que venía del norte al centro.

La gran pancarta que abría cada una de las diecisiete marchas, todas una, diecisiete en una, decían: ¡España unida jamás será invadida!

Sánchez estaba en Ceuta vestido con el uniforme árido y desde el S-80 (submarino) animaba al personal, incluso se lanzó al agua a salvar a alguien, y luego quería ir de compras a Xauen.

El caso es que ayer España era una marcha, verde, roja, y de colores, unida contra el invasor y muy unida a quien la provocó, esa que habita en el palacio de Santa Cruz y visita con asiduidad al de la Moncloa sede del designio de España.

Junto a la marcha espontánea, las cancillerías de España en el mundo se reunían con sus homólogos agradeciendo el apoyo prestado en esta crisis con Marruecos y sus firmes comunicados. Sobre todo y el más agradecido ha sido para la OTAN por mostrar su firmeza en la defensa de la frontera sur de Europa y la inviolabilidad del territorio de uno de sus miembros. El despliegue de Letonia, incluso el de los misiles de Turquía, podría ser trasladado al sur.

Muy de agradecer es la postura de los Estados Unidos de América que para entretener a las fuerzas armadas, hasta los dientes, marroquíes, va a hacer unas maniobras con ellas, y que tendrán como base la de Rota como símbolo de su apoyo y amistad con nosotros. No pueden olvidar el nuestro en Irak con Zapatero, muy recordado ahora por Biden, que no tanto por Trump.

Marruecos debe avergonzarse del ataque enmascarado que ha hecho contra España en un intento de invasión que es prolongación del que como gota de agua hace cada día y nosotros obviamos. Ahora España y el mundo se ha dado cuenta, han descubierto la traición.

Y clama ese mundo, solidario con España, contra Marruecos; el Consejo de Seguridad de la ONU ya se encuentra reunido para imponer sanciones a la nación del norte de África.

OTAN, ONU, UE, AED, PCSD, PESC… ¡UF!, no falta nadie. Hasta las bolsas y los mercados internacionales han lanzado su preaviso.

La situación se ha vuelto contra Marruecos y el futuro es de España. Un futuro en el que está garantizada «la soberanía e independencia de España, su integridad territorial y el ordenamiento constitucional».

El mundo con nosotros. Sánchez en la Moncloa. Laya en Exteriores. Grande-Marlaska en Interior. Los españoles manifestándose en defensa de su integridad y en contra de ser invadidos.

La tranquilidad es plena.

España unida jamás será invadida.

Solo falta gritar los «vivas» reglamentarios.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En el barranco del lobo Artículo publicado en el mes de junio de 2017 

Blog: generaldavila.com

21 mayo 2021