No se dejen sorprender por este dilema que les propongo. Como tantos aforismos que han hecho fortuna se atribuye a cien padres. Desde Herman Goering , quien en una Alemania derrotada y muy injustamente tratada tras el primer gran conflicto armado del siglo XX, sentenció aquel “Los cañones nos harán poderosos, en cambio la mantequilla solo nos hará engordar” hasta Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía en 1970, que desarrollando la teoría de la escasez de recursos y el coste de oportunidad postulaba que los países tienen que elegir destinar sus siempre limitados recursos a la producción de unos bienes renunciando a la de otros.
Y es bien fácil hacer demagogia al respecto, pues cuando a un ciudadano le sorprenden con la pregunta – ¿Gasto en defensa o en sanidad? – por ejemplo, la respuesta es evidente. Y no digamos si formulamos la cuestión dentro del sublime templo de la demoscopia. Como es bien sabido, España está a la cola en gastos de defensa entre los países de nuestro entorno, y no digamos de nuestros propios aliados en la OTAN o en la UE.
Es cierto que los presupuestos de defensa se prestan a muchas interpretaciones. Tantas como cifras se quieran meter en el análisis. Porcentaje del PIB, parte de los gastos del Estado, I + D, aportaciones de Industria y otros ministerios, inversiones plurianuales, etc. Pero no les voy a aburrir con cifras, mi propósito es bien otro. Es traer a este foro en el que habitualmente debatimos asuntos militares la realidad de nuestros recursos económicos y en qué se emplean, partiendo en todo momento de fuentes abiertas, como no podría ser de otra forma.
Dos hechos han puesto nuevamente sobre el tapete la cuestión de los gastos de Defensa. Por una parte, el nuevo panorama que se abre tras la superación del impasse de casi un año, con la constitución del nuevo gobierno, en minoría y el cambio del titular del ministerio. Por otro lado tales cambios han coincidido en el tiempo con las elecciones presidenciales estadounidenses, en las que el triunfo del Partido Republicano – muy singularmente personalizado en su candidato, el Sr. Donald Trump – anuncia importantes cambios en la estrategia de este país, adalid de occidente en materia de defensa entre otros ámbitos.
Las consecuencias que para nosotros europeos, y en particular para los españoles puede acarrear este cambio, han sido expuestas en diferentes medios especializados o no de la prensa nacional e internacional. Nínguna síntesis del problema he encontrado mejor que el soberbio artículo del Almirante Tafalla el pasado día 9 de este mes en la Razón. Bajo el sugerente titular “LA HORA DE LA VERDAD”, dando por sentado que mejor nos va juntos en este negocio de la seguridad, sentencia “si tenemos que caminar juntos lo haremos al paso del más lento”
El primer aspecto que les apuntaba, el nombramiento de Dña. María Dolores de Cospedal como nueva ministra del ramo – cargo que ha de compatibilizar con otras importantes responsabilidades – sí nos toca más de cerca. Desde que se hizo con la cartera de Defensa viene haciendo guiños sobre el incremento del presupuesto de su ministerio, sin duda en consonancia con el nuevo panorama que se auspicia tras la designación del sr. Trump como próximo inquilino de la Casa Blanca que ya hemos apuntado. Pero sus intenciones tal vez se vean truncadas por el hecho de su departamento ha de tener que hacer frente a un significativo pago aplazado al ministerio de Industria que puede ascender a 30.000 millones de euros, de los cuales la anualidad de 2017 rondaría los 2.000 millones, cantidad que se ha de detraer del presupuesto de defensa del año en curso.
Se trata del monto correspondientes a los años 2016 (no pagado debido a la interinidad del gobierno) y del año en curso, de los programas especiales de armamento (PEA) cuya financiación excede en mucho a la presupuestación anual y que desde hace ya casi una década se venían financiando por gastos corrientes del gobierno cuyo desembolso no necesitaba la aprobación del parlamento. Pero dos sentencias recientes del Tribunal Constitucional declararon ilegal este procedimiento.
Básicamente los gastos comprometidos tenían un doble objetivo. Por un lado la modernización del parque acorazado del ET mediante la adquisición de tanques Leopardo de última generación y vehículos de combate Lince, las fragatas de la serie F-100 de la Armada y los aviones de transporte A-400 llamados a reemplazar a los veteranos Hércules C-130 del Ejército del Aire. Por otro lado, proporcionar un fuerte impulso tecnológico a las empresas del ramo españolas generando al mismo tiempo un buen número de puestos de trabajo estables.
Los recientes discursos de la Pascua Militar, iban encaminados en el mismo sentido. Si SM el Rey nos conminaba a “no escatimar esfuerzos contra el terrorismo” La ministra de Defensa nos recordaba que «la seguridad es esencial para el desarrollo y prosperidad de un país libre y democrático». Combinando ambos asertos y sin perder de vista que la seguridad no es patrimonio exclusivo de las FAS pero sí son estas su principal vector, concluimos que el vector lucha contra el terrorismo ha de ser potenciado en dirección e intensidad, aunque queden otros aspectos algo más desnudos. El adiestramiento, por ejemplo, va mucho más allá del empleo de las Unidades en la lucha contra el terrorismo. La defensa del territorio nacional ante una agresión es mucho más compleja, demandante y en definitiva es la razón de ser de los ejércitos de acuerdo con el artículo 8 de nuestra constitución. Requiere muchos ejercicios y maniobras, horas de vuelo de nuestros pilotos y días de mar de las tripulaciones de las plataformas navales. El mantenimiento de los materiales y equipos costosos y sofisticados requiere un gasto considerable si queremos que, a la hora de la verdad funcionen y respondan a las expectativas de empleo. Es mucho más que poner un porcentaje de los materiales sobre polines o envasados al vacío.
No pinta bien pues eso de aliviar la presión sobre los presupuesto de Defensa. No lo va a tener nada fácil el gobierno de la nación en el actual encaje parlamentario. Tendrá que pescar en otros caladeros y se le pone a uno la carne de gallina solo con pensar ¿a cambio de qué? En fin, prefiero no ahondar más. Termino dónde empecé no sin antes recordarme a mí mismo que este año que ya comienza a desperezar sería un año de esperanza. Pues no cifremos la esperanza en ver las barbas de nuestros vecinos cortadas para poner las nuestras a remojar.
Adolfo Coloma Contreras
General de Brigada (R.)




































