La fecha de 1717 divide en un antes y un después la historia de la Armada y consecuentemente la de la Infantería de Marina española. Y es así que en este año de 2017 la Armada fiel a sus tradiciones va a conmemorar con numerosos actos la fundación de la Real Compañía de Guardiasmarinas origen de la actual Escuela Naval Militar, pero también es una fecha en la que la Infantería de Marina española conmemorará el trescientos aniversario de la creación del Cuerpo de Batallones de Marina antecedente más inmediato del actual Cuerpo de Infantería de Marina, si bien la antigüedad del mismo es la de 1537 reconocida por un Real Decreto de Juan Carlos I.
Fue Don José Patiño y Rosales el creador e impulsor de esta inmensa tarea quien por Real Orden de Felipe V fue nombrado Intendente General de la Marina (cargo equivalente a ministro), teniendo como labor el fomento y la reconstrucción de la decaída Marina de Guerra, y singularmente la Flota de Indias, por su notoria relación con la actividad comercial y revitalizar así las operaciones de comercio con las provincias españolas de ultramar.
Se creó así este Cuerpo de Batallones para el servicio y guarnición de los buques y sólo secundariamente para los de las instalaciones en tierra y la colaboración con el Ejército, asignándole a su comandante ( lo que hoy sería el Comandante General) el gobierno interior de unas unidades que para sus funciones tácticas y operativas, embarcadas, pasaban a depender del Jefe de Escuadra ( hoy sería el Almirante de la Flota) y del capitán del bajel pero especificándose, que, en el caso de una actuación de mando efectivo en campaña, parada y formación, el mando cuando interviniera el conjunto de los Batallones correspondería al Comandante del Cuerpo.
Las instrucciones de Don José Patiño, fechadas en Cádiz el 4 de marzo de 1717, decían que “siendo indispensable el que para el perfecto armamento de los navíos haya gente de guerra que los guarnezca, se ha formado el Cuerpo de tropas que con el nombre de Batallones de Marina, los cuales han de hacer el servicio de mar y tierra en los bajeles, puertos y plazas donde fuesen destinados”
Y así el pie de tropa de los primeros cuatro batallones de infantería se constituyeron sobre la base del Regimiento de la Mar de Nápoles, de algunas compañías del Tercio de la Armada y flotas que prestaban sus servicios en los galeones de la carrera de indias y del Regimiento de la marina de Sicilia. Estos batallones recibieron los nombres de Armada, Marina, Bajeles y Océano.
Las banderas de estos batallones, para cuando marchaban o hacían el servicio en tierra, eran tres: “la de los capitanes comandantes, moradas, con las armas del Rey, y en las cuatro esquinas, cuatro anclas; y las demás blancas, con la cruz de Borgoña, y a las esquinas las anclas”.
Siempre en los combates a bordo se distinguieron los infantes de marina, casi siempre en el anonimato más oscuro, pero en algún que otro caso, bien extraordinario, sí que se reconoció su callada labor. El 4 de junio de 1878 Alfonso XII “ para dar al Cuerpo de Infantería de Marina una prueba ostensible del aprecio que tiene en sus servicios……” decretaba que el nombre de Martin Alvarez “ deberá figurar constantemente en como presente a la cabeza de las nóminas de la primera compañía del primer batallón del primer regimiento “ pero antes en 1848 por Real Orden de 12 de diciembre se había decretado que como premio y estimulo de las clases de tropa y marinería a partir de entonces un buque de menos de diez cañones llevará siempre el nombre del héroe.
Es curioso, si bien muy corriente en nuestra historia, que el granadero Martin Alvarez fue realmente reconocido cuando con motivo de una causa formada al Comandante y oficiales del navío San Nicolás por su actuación en el, mejor no recordarlo, combate de San Vicente, resultó de varias declaraciones que con motivo del abordaje del buque inglés “Captain”, en que arbolaba su insignia el comodoro Nelson, estando de servicio en la toldilla a lado de la bandera el citado soldado, en defensa de esta atravesó con su espada a un oficial inglés atacante, clavándole en un mamparo próximo. Mientras trataba de desasir su arma, varios enemigos cayeron sobre él y fue herido de gravedad en la cabeza, no obstante lo cual, siguió peleando durante más de una hora sin rendirse, hasta caer sin sentido. Fue capturado y honrado con todos los honores por su bizarría y valentía por la Armada inglesa. “Hip, Hip, Hip Hurrah , gritaron los ingleses por tres veces en honor al granadero de marina”.
En la defensa heroica que Blas de Lezo hizo de Cartagena de Indias se encontraban 400 soldados de marina, tanto en los castillos como en las cargas a la bayoneta, distinguiéndose por su brío y serena intrepidez. Citaré tan sólo al sargento Francisco Romero nombrado por Lezo para mandar uno de los piquetes que salieron a contener el avance de las tropas inglesas combatiendo con triplicado número de enemigos o al Sargento Antonio de la Torre, encargado de la defensa del fuerte Santa Cruz, donde se mantuvo resistiendo heroicamente, al frente de 25 hombres, durante dos días, las acometidas del enemigo rechazando sus ataques tres veces ante el asombro de Lezo que le propuso para el ascenso.
Resulta muy difícil para todo aquél que no haya embarcado y sufrido la mar comprender o ponerse en situación de lo que eran aquellos hombres y lo que significaron como sostén de una Armada que mantuvo abiertas las líneas marítimas durante dos siglos y medio. Sin ellos no hubiera sido posible. Constituían el sostén militar de la Armada. He citado tan sólo tres ejemplos ilustrativos de lo que hicieron pero son cientos, miles, los que permanecen en el anonimato. Tenían como patrón a San Juan Nepomuceno y aún hoy sus descendientes conmemoran cada 16 de mayo este patronazgo ante la indiferencia de muchos, hasta el punto de que siendo Comandante General el que suscribe propuso en un momento dado que se diera nombre a un barco actual con este santo obteniendo como respuesta la extrañeza ante la misma, alegando que no era muy apropiado. Aún recuerdo la cara del interpelado cuando le pregunté si se acordaba de cómo se llamaba el barco que comandaba Churruca en el combate de Trafalgar y que no era otro que el San Juan por San Juan Nepomuceno, patrón del Cuerpo de Batallones.
Durante muchos años he tenido a mis órdenes a los que hoy siguen ocupando sus lugares en la línea de la franja roja y sardineta en boca manga. Siempre vi en sus rostros la imagen de aquellos granaderos de marina. La misma. Hoy en el Tercio de Veteranos de Infantes de Marina formado esencialmente por suboficiales y antiguos soldados sigo viendo las mismas caras y el mismo amor al Cuerpo y a España.
¡VALIENTES POR TIERRA Y POR MAR!
En 1717 se creó el Cuerpo de Batallones si bien cierto es que fue realmente en 1748 con las RROO de Fernando VI cuando se desarrolló con más exactitud y extensión sus funciones y dependencias pero el primer paso fue en 1717.
La Armada está de celebraciones este año y seguirá siempre, pese a que nos encontremos en estos momentos proa al viento, al servicio de nuestra Patria y en vanguardia sus infantes de marina.
Juan Chicharro Ortega
General de División de Infantería de Marina (R)
































