España y las Fuerzas Armadas son la razón y objetivo de este BLOG en el que escribimos cuatro Generales que peinan más canas de las que nos gustaría, pero que no hemos perdido la ilusión por la defensa de nuestra Patria y el honor de nuestros ejércitos.
Y es en esta tarea autoimpuesta donde podrán haber leído, o releer, mi oposición explicita al movimiento subversivo que dirigen los dirigentes de la autonomía catalana, la ignominia que supone la aplicación de una Ley sectaria como la de Memoria Histórica contra los que nos precedieron, la glosa de actividades y recuerdo de nuestra inmemorial Infantería de Marina y desde luego siempre un recuerdo obligado a la División Española de Voluntarios – la División Azul – ante la que me siento deudor por razones de sangre.
Respecto a los movimientos secesionistas comencé el año indignado por la afrenta que el Gobierno de Navarra le hizo a S.M. excluyéndole de la entrega de los premios “Príncipe de Viana” y a propósito de la sinrazón de lo que sucede en la querida región catalana traté de dar mi opinión en cuatro artículos: “Autonomías y algo de historia”, “Secesión y Constitución”, El Parlamento de Cataluña y el Ejército” y “A propósito de la Alcaldesa de Barcelona y algo más”.
Disconforme con la aplicación sectaria y llena de rencor de la Ley de Memoria Histórica pueden seguir mi criterio en: “A propósito del callejero de Madrid” o en dos otros denominados “Reconciliación y Honor (I y II).
Como infante de marina no podía dejar de recordar a este viejo Cuerpo y mi pluma me llevó a escribir sobre el 479 aniversario de su fundación por Felipe II o sobre el 50 aniversario de la creación de la Unidad de Operaciones Especiales, hoy reconvertida en la Fuerza de Guerra Naval Especial. Y desde luego mostré mi extrañeza o preocupación por las posibles reformas orgánicas no del todo bien comprendidas en otro artículo denominado “La Infantería de Marina y las reorganizaciones orgánicas”.
Y siempre recordaré, como he hecho este 2016 en el que se ha cumplido el 75 aniversario de la entrada en fuego de la División Azul, a los españoles que allí lucharon y murieron combatiendo contra el comunismo soviético. Son dos los artículos al efecto: “La División Azul, 75 años” y “27 de diciembre de 1941 y algo más”.
E independientemente de los cuatro asuntos apuntados no pude inhibirme ante el error que creo que se comete con la reforma de la enseñanza militar o de la mal entendida neutralidad política de los militares.
En fin, termina un año y comienza otro en el que deseamos para España y nuestros Ejércitos toda clase de bondades no sin proclamar que los que aquí estamos seguimos y seguiremos en la brecha.
Feliz 2017.
General de División de Infantería de Marina (R.) Juan Chicharro Ortega




























Así de claro y contundente, con el laconismo propio de la expresión militar, se enunciaba el artículo 21 de las antiguas Reales Ordenanzas que desde tiempos de Carlos III han sido la norma de conducta en nuestro ejército hasta hace bien poco. Estaban en vigor cuando yo entré en el Ejército. Y naturalmente lo estaban en el año 1898 cuando un puñado de españoles, que con justicia han sido llamados “Los últimos de Filipinas”, se vieron inmersos en la defensa del puesto militar de Baler, aislados, sin conexión alguna con el resto de sus fuerzas, durante 337 días.
Batallón Expedicionario nº 2 y contando con el apoyo sanitario del médico provisional del cuerpo de sanidad Rogelio Vigil de Quiñones más tres sanitarios; se vieron en la necesidad de hacerse fuertes en la iglesia de San Luis de Tolosa de Baler rodeados de una fuerza muy superior de rebeldes katipuneros que no respetaron el pacto de Biac – na – Pacto firmado entre Primo de Rivera y Aguinaldo. Las prematuras muertes del capitán y del teniente Alonso, dejaron al Tte. Martín Cerezo la mayor parte del asedio al frente del destacamento.
También aciertan acercando al espectador a un escenario físico y geográfico muy real que se caracteriza tanto por voluptuosa vegetación como por su falta de comunicaciones y le introducen directamente en el escenario de la acción. La iglesia de Baler y sus alrededores. Pero yerran ¡y de qué manera! En los perfiles históricos, psicológicos y profesionales de los propios protagonistas. Puede que no fuera intención del director hacer una película puramente histórica, pero no ha tenido la decencia de poner al principio el consabido anuncio “esta película sin ser histórica, está basada en hechos reales”
“El sitio de Baler, notas y recuerdos” en 1904. En las memorias del padre Minaya, que han permanecido casi un siglo inéditas hasta que recientemente han sido publicadas, disiente en algunos matices de lo que el principal protagonista de esta historia, el Teniente Martín Cerezo, da a conocer en el suyo. ¿A quién puede extrañar tales diferencias? Félix Minaya era un fraile que se debía a sus feligreses, que eran todos tagalos. No era un capellán militar al estilo de los Padres Huidobro o Caballero, cuyo primer cometido es auxiliar espiritualmente a los soldados. Era un hombre ajeno a todo concepto u ordenanza militar. Difícilmente podría entender la “obstinación” del oficial por no entregar el puesto.
abanderados por Ab el Krim se le autorizó a capitular. ¿Cuáles fueron las funestas consecuencias de aquella capitulación pactada? 3.000 soldados españoles fueron inmisericordemente masacrados. Intuyó seguramente el Tte. Martín Cerezo que algo así le podría suceder a los suyos ante unos rebeldes a los que había causado no poco quebranto y frustración. Su determinación se centraba en defender aquel puesto sobre el que ondeaba la bandera que había jurado y a sus hombres. El cumplimiento de su misión y la seguridad de su tropa. Así de claro.
