‹‹Sin novedad en el Alcázar, mi general››. Todavía causa extrañeza que esta frase fuese pronunciada por el general Moscardó al ser liberado el Alcázar de Toledo el año 1936 a comienzos de la Guerra Civil.
Tras un edificio en ruinas, muertos, heridos y una gesta que recorría el mundo ¿cómo se podía decir ‹‹sin novedad››? La explicación reside en el fondo del espíritu castrense. Esta frase breve pero contundente lo resume. Es el parte espiritual del combate. No hay novedad cuando, pase lo que pase, no se ha faltado al honor y al valor, cuando se ha derramado hasta la última gota de sangre en cumplimiento del juramento a tu Bandera. Eso es todo. Sin novedad es todo un compendio de virtudes practicadas día a día y que en un momento determinado se subliman hasta la muerte. No es novedad morir dignamente. Lo es perder la dignidad, día a día y transmitir la cobardía y la mentira. Los partes de guerra se firman y permanecen. Unos en los archivos, en la literatura, son la historia de los pueblos; otros hacen historia con un único mensaje espiritual: SIN NOVEDAD EN EL ALCÁZAR. Algo que se debe enseñar, practicar y exigir, aunque no todos viven en la dignidad de poder hacerlo y transmitirlo.

LOS GENERALES VARELA, MOSCARDÓ Y FRANCO RECORREN LAS RUINAS DEL ALCÁZAR DE TOLEDO, POCO DESPUÉS DE LA LLEGADA DE LOS LEGIONARIOS
El Alcázar de Toledo es conocido en todo el mundo y su ejemplar gesta narrada en todas las Academias Militares. Hoy es sede del Museo Militar y permanente vigía de la formación de la Infantería española. Ser infante es ser soldado y solo se requiere honor y valor. Al cumplirse 80 años de aquella heroica acción nos encontramos con una novedad en su sede. Ya sabemos lo que eso significa. Más grave cuando esta se produce en ese Alcázar de héroes convertido en Museo Militar. Donde debe depositarse el parte espiritual por encima de ningún otro.
Incalificable cuando la novedad se refiere a la presentación de un libro cuyo título es Los Héroes del Alcázar, escrito por Manuel Casteleiro de Villalba. Estaba anunciada para este jueves día 15 en el auditorio del Museo. Se ha cancelado sin más explicaciones.
Sinopsis del libro: ‹‹Honrar el reconocido valor heroico que demostraron todos los defensores de la Academia de Infantería, Caballería, e Intendencia de Toledo, reconocer las virtudes que con abnegación inducen a acometer acciones excepcionales o extraordinarias, individuales o colectivas, siempre en servicio a España››. Es decir lo que se debe enseñar en las Academias Militares y ejercer cada día quien viste el uniforme.
No solo es nuestra obligación denunciar el hecho sino que es la de todos exigir una explicación argumentada y someterse, los responsables, al juicio y crítica que merezcan, uniformados o no. La cadena de mando está clara. Del Director de Museo pasa al Director del Instituto de Historia y Cultura Militar. El siguiente paso es el JEME (Jefe del Estado mayor del Ejército) y de ahí salta directamente a la ministra de defensa. Deduzcan ¿uniformado o no? Nosotros no lo sabemos.
Hemos leído que IU había elevado al Congreso una pregunta al Gobierno sobre si había autorizado la presentación ya que según su memoria el libro no se ajusta a la Ley de Memoria Histórica.
¡Ah! la memoria. Resulta llamativo porque estos que acuden a la memoria deben de tener algo que ver los que formaron un gobierno teóricamente salido de las urnas que se reunió en Consejo de Ministros con su presidente al frente para votar dinamitar el Alcázar de Toledo, un punto de resistencia que no era realmente una amenaza en la guerra y en el que habitaban multitud de mujeres y niños.
Hoy hay novedad en el Alcázar. Novedad militar, con lo que eso significa. Que cada palo aguante su vela, pero no insulten a los HÉROES DEL ALCÁZAR DE TOLEDO:
1090 militares, 106 paisanos militarizados, 555 personas entre mujeres, niños, paisanos no combatientes y Hermanas de la Caridad.
Ellos sí pudieron decir:
SIN NOVEDAD. BAJO ESTAS RUINAS EL HONOR ESTÁ INTACTO.
Teniente General (R.) Emilio Pérez Alamán. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez. General de División de Infantería de Marina (R.) Juan Chicharro Ortega.



Sin embargo, y para los más “retorcíos” -como dicen en mi tierra-, hagamos la pregunta al revés: ¿ Qué se es sin bandera, sin himno, sin patria, sin idioma, sin religión, sin tradiciones, sin raza …; ni orden, ni valores, ni cultura … ? Hoy, la chismografía y la falta de modales está de moda. Negarse a portar el guión de la Unidad en procesión; o desfilar dentro de una Unidad de Música Militar un suboficial con su instrumento en ristre, detrás de una imagen en procesión también es un fenómeno al uso, sea arraigada o tradicional o no lo sea; porque por otro canal podría constituir algo más serio dejar abandonado al jefe, y lo menos malo, sería negarse a “arrimar el hombro”, dejando al jefe tirado en la cuneta ante una situación no obligatoria (vamos, recogida en los papeles). ¿ Se imagina el lector que llegue, alguna vez, el día en que no existan voluntarios para portar a nuestro Cristo solemnemente ? Yo, por supuesto, no lo creo porque sería anticonstitucional en diversos aspectos, un tanto largos de debatir … Dice mi admirado amigo, el conocido periodista y escritor -ex-director de ABC, y autor de numerosos artículos, libros y programas de TV, y admirador de La Legión-, Nicolás Jesús Salas, lamentándose, que “con reiteración, algunos investigadores se acercan a las fuentes documentales y a los testimonios orales con un prejuicio favorable a sus propias ideas”.
Al final, no llegué a decidirme. Hubo otro capitán de la misma promoción, aunque no digo el Arma ni nada, que allá en tierras desérticas sería un modelo a seguir, intachable, muy admirado y valorado por el jefe de la Unidad, pero con los años cambió radicalmente, convirtiéndose en un conocido incordiador, aflorando una conducta extravagante que jamás hubiera pensado que adoptaría, y aquí lo vamos a dejar. Ya muchos años después, en la península, hubo un alto mando, exquisito, inteligente, trabajador, buena persona … que tras el toque vespertino de ¡ alto ! solía ir alguna vez a la cantina a charlar y tomarse una cerveza con la tropa, con su gente, y aquí, los estrategas de la obstrucción, le dieron un tirón de orejas, y creo que le quitaron el mando …
Subinspección se celebraron, con carácter extraordinario, corridas de toros. En Villa Cisneros (tal cual lo cuenta el teniente general Mariñas en su libro “El Sáhara y La Legión”, páginas 489-491), se incluyeron en los actos representaciones de lo que entonces se conocía como los “Festivales de España”, con la participación de excelentes instrumentistas, grandes voces y hasta “ballets”. Volviendo a los acontecimientos taurinos, debía ser la única corrida de toros que se celebraría en el desierto (ignoro qué ocurrió en el Tercio 3 tal efemérides), porque para su celebración hubo que empezar por el coso taurino, y sus “avíos”: burladeros, puertas de toriles, tendidos, asientos y palcos. La arena del ruedo, naturalmente, sería una gran ventaja autóctona, y lo único que se escapó de la instalación fueron los tendidos de sombra. En la distribución de tendidos y graderíos pusieron dos curiosos carteles que decían : SOL y MÁS SOL. Los saharauis acudieron en masa. Los espadas participantes, anunciados en los correspondientes y reglamentarios carteles, eran dos legionarios que, tras matar a los astados, hubo de retirarlos del ruedo (a manera de “caballería”, como no podía ser de otra manera) arrastrados por una autoametralladora del Grupo Ligero Sahariano II, ante la inexistencia de las mulillas (arrimándome al vehículo, a tenor de lo que dejé entrever más arriba, cuando se disolvió en Grupo de Caballería, ya en la plaza de Ronda, algunos vehículos-autoametralladoras, ya en desuso, conformaron la ordenación del acuartelamiento de nuevo asentamiento del Tercio 4. Un grupo de mandos de Logística, destinados en el Tercio, consiguió arrancar uno -con todo el motor inundado de agua durante tantos años- hace unos meses, y que hoy funciona perfectamente e, incluso, desfila en las solemnidades del “Alejandro Farnesio”, y “ganándose a pulso” el vehículo la cadena de fotografías de las que se ha hecho acreedor).


































