Cuando nuestros ancestros rupestres y cavernícolas empezaron a comunicarse mediante el uso de la palabra, lo primero que hicieron es poner nombre a las cosas que les rodeaban; primero -les iba la vida en ello- a las fundamentales que tenían que ver con el sustento y la seguridad, para después ir ampliando su forzosamente rudimentario léxico.
De ahí la importancia de la palabra, porque en las relaciones humanas no existe lo que no tiene nombre; de ahí el objetivo fundamental, siempre logrado e imitado, de la izquierda en usarla en su propio beneficio sea el que sea: Todo consiste en usar una palabra que suene bien y aplicarla a lo que suena muy mal. ¿Ejemplos?: por cientos: basurero, “punto limpio”; aborto, “interrupción – irrecuperable, por cierto- del embarazo”, IVE en su acrónimo con lo cual quitamos de la escena el hecho criminal; matar al anciano no productor pero sí consumidor, “eutanasia”, muerte buena o muerte digna…¿Los hechos?, malísimos; las palabras ya ven , eufónicas, bien sonantes.
Y si es para ensalzar sus ideas y eliminar las del adversario, o incluso al mismo adversario lo deshumaniza, lo “deshominiza” y si lo considera como rata o gusano (Lenin) será mucho más fácil suprimirlo sin cargo alguno de conciencia: en esto unos auténticos maestros; v. la Historia.
Pues en este orden de cosas, rebajado ese listón, de momento, y como paradigma de la pijo progrez “nos vino de Galicia” una representante de las “mareas” comunistas; las que lucían como logotipo el de la Mahou, la conocida cerveza madrileña, la ministra de no sé qué, Yolanda Díaz.
Leo por ahí que como “curta” o “curtivada” que se cree, se encuentra con este deber moral (¿?) y se ha auto constituido como la gurú del neo lenguaje orvelliano con, cada uno da lo que tiene, un éxito más bien escasito; antológica su intervención en la defensa de su término “matria”, que comentado y aclarado por el bueno de Ozores circula por las redes; si no lo conocen búsquenlo. Me lo agradecerán.
Y en el tema que nos ocupa, ayuna de conocimiento como en todos los que toca, ha acuñado para el SOLDADO, la persona que más da – la vida- y menos pide –nada- un nuevo término, el de trabajador público, rebajando el ya poco afortunado de servidor de público de su jefe de Gabinete y enemigo del alma; y así, trabajadores públicos ha tildado la ínclita dama a ese “pelotón de soldados”, que llevó a cabo la expatriación y que en definitiva será el que , éste u otro, salve el Mundo (Spengler): ya lo hecho unas cuantas veces. Claro que de esto, como de todo, tampoco su compañera -la de los hijos sin padre- (Iglesias dixit) anda muy sobrada de históricos conocimientos. Pero volvamos a lo nuestro.
¿Objetivo de la ministra?¿Del gobierno que ya apuntó y abogó por su desaparición?: Eliminar la Institución más valorada por el pueblo al que dicen -no les oí bien- servir o servirse de…Primera medida, suprimir el nombre de su pieza esencial, EL SOLDADO, y llamarle equis; qué sé yo…Y es que si no hay SOLDADOS no habrá EJÉRCITO, naturalmente; lo que haya será otra cosa, que es lo que se pretende y ante lo que, aun sea como retórico deseo, uno se rebela.
Y no tengo nada contra los trabajadores públicos que cumplen la función que les ha sido asignada; pero es de Justicia el “dar a cada uno lo suyo” del Catecismo Ripalda que lo toma de Ulpiano y Sto. Tomás.
“Comunicado” de la ministra Yolanda Díaz
Don Eufemio, ago. 21
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LOS VERSOS DEL CORONEL
El amable lector tal vez los conozca; pero por si acaso le llega este escrito a la eximia dama gallega de las letras (a aquella, no; a ésta) se los brindo para que vaya aprendiendo de la vida de la Milicia. Lo que a través de su más genuino representante, el infante, hace, es, sufre, goza y aguanta la indiferencia cuando no la declarada animadversión de unos y de otros, de aquí y de allá. Lo que en definitiva siente un SOLDADO en palabras de uno, ya veterano.
Son cinco sonetos entresacados de SONETOS DEL ARMA MÍA (Ediciones Alymar. S.L. Madrid 2018). El soldado es bastante más de lo que usted piensa, señora. Lea y aprenda, repito. ¡Va por usted!
Félix Torres Murillo
Coronel de Infantería, DEM. (R)

























