La dirección de lo Colegios Buen Pastor y St. Mary´s de Sevilla me pidió hace días inaugurar el curso escolar de ambos Centros. Tengo que reconocer que la petición me sorprendió ya que no es usual que un viejo soldado sea elegido para esta importante labor. Desde el primer momento me sentí halagado e ilusionado con el reto. Más al comprobar el ideario del Centro, las enseñanzas de Historia de España que transmiten a sus alumnos y el sentido profundo de amor a España.Un ideario regeneracionista, seguidor de la Institución Libre de Enseñanza, donde prima formar ciudadanos libres, cultos e implicados en la regeneración del país. Un ejemplo a seguir. No podía faltar a la cita.
El acto se desarrolló este pasado viernes 20 de octubre en la Iglesia Barroca, en la que colaboran en su restauración, de San Pedro de Alcántara en la céntrica calle Cervantes de Sevilla.
No puedo describir las emociones. Había que estar allí.
Una inolvidable jornada de reflexión junto a profesores, padres, antiguos y actuales alumnos. Gracias a todos.
Buen Pastor-St. Mary´s, dos Centros de Enseñanza que dan ejemplo de lo que es educar y formar con rigor, seriedad y visión de futuro.
Les dejo el texto de mi Ponencia.
‹‹LO IMPORTANTE ES SER ÚTIL, NO IMPORTANTE››
Un día mi abuelo me cogió de la mano y sin decirme a dónde íbamos empezamos a andar por las calles de Madrid. De eso hace muchos años, pero lo recuerdo muy bien. Yo tendría doce años y sé que era primavera. Lo sé porque aquel día, cuando el abuelo llamó a la puerta para recogerme, mi madre me enseñaba un nido de golondrinas que todas las primaveras anidaban en el balcón de casa. Cada vez que había nidada nueva, ella le ponía a cada golondrino un diminuto lacito con la bandera de España en la patita; como si las anillara. Al año siguiente regresaban al nido con su bandera. Durante mucho tiempo pensé que era de nacimiento; que las golondrinas nacían con la bandera de España en sus patitas.
Adornarlas con la bandera se le tenía que ocurrir solo a una sevillana. Esa era y es mi madre. Con 96 años genio y figura.
Mi abuelo –catalán de Barcelona- fue Capitán General de Sevilla. Esa fue la razón y la circunstancia para que mi padre -burgalés- conociese a la dama sevillana que me trajo al mundo.
Y me gusta contarlo, saber que por mis venas corre sangre de esta tierra. Es bonito y necesario hundirse en las raíces. Tener raíces. Son el primer y mejor alimento educativo. Aunque las raíces estén bajo tierra cumplen con su labor para que todos florezcamos en primavera. Nuestra imagen y nuestra forma de ser suele ser fruto de raíces ocultas que velan por nosotros. ¿No decía Santa Teresa de San Pedro de Alcántara?: ‹‹parece hecho de raíces de árboles››.
Aprovecho este momento porque no puedo pasar por alto el lugar donde nos encontramos. La Iglesia de San Pedro de Alcántara, junto a la Capilla de la Orden Tercera. Sobrecoge hablar desde aquí. Esto que hacen es una lección para todos. El patrimonio cultural es la mejor biblioteca de historia que uno puede desear. Aquí permanece el ADN de la historia y cualquier día no será un simple dicho aquello de si las piedras o las paredes hablasen. Hablan y hablarán aún más. Enhorabuena por la iniciativa de la restauración y recuperación de este templo.
Vuelvo a las raíces y les cuento que en mi casa viví desde pequeñito dos pasiones: la milicia y el arte. Yo me fui por la milicia, pero mis dos hermanas eligieron el camino del arte y han sido hasta su jubilación dos importantes restauradoras de pintura en el Prado.
Yo soy un simple general ya retirado pero con ganas y alguna fuerza como para empezar de nuevo. Esto de General no es nada fuera de lo corriente. Cuando digo que he sido general de la Legión la cosa ya cambia un poco. Pero miren la acepción que mejor encaja en esto del generalato la da el diccionario de la RAE: ‹‹Lo más común…››
Antes de este paréntesis me había quedado en el Prado delante del cuadro de Goya junto a mi abuelo. Sigamos.
Estábamos los dos frente a El Coloso. En aquel momento me pareció inmenso cuando realmente mide solo un metro cuadrado. Aquel gigante entraba por mis ojos más que ninguna otra cosa del extraño lienzo. No entendía muy bien el significado del cuadro.

El Coloso
-¿Qué ves en este cuadro? Me preguntó.
Les pido que por un momento lo recuerden. El Coloso presenta un paisaje en el que una figura masculina de proporciones gigantescas camina de espaldas, rodeada de nubes, con sus ojos cerrados y el puño izquierdo levantado. En la parte baja, en tamaño muy reducido, hombres y mujeres, carruajes y animales, corren en enloquecida huida ante la presencia del gigante. El cuadro transmite: pánico.
Ante la pregunta de mi abuelo me quedé sin respuesta. El cuadro ni lo entendía ni me gustaba. Al final opté por decirle lo más fácil.
-Abuelo solo veo a un gigante que sale de las montañas y asusta a la gente que corre de un lado para otro.
-¿No ves nada extraño en la gente y en los animales que huyen en todas direcciones presos de pánico? Mira ese burrito -me indicó mi abuelo señalándome al animal que destacaba entre todas los demás-.
-¿No notas algo raro en su actitud? Entre todas las figuras del cuadro que huyen despavoridas solo una permanece quieta, impávida: un burrito.
Ese era el burrito que mi abuelo me indicaba.
Ciertamente era extraño que aquel animal permaneciese estático, sin moverse, cuando todos, hombres y el resto de animales huían.
Pueden ustedes darle la interpretación que deseen al cuadro. Las hay para todos los gustos. Mi abuelo simplemente me dijo.
-Quieres ser militar ¿verdad? A él no le hacía mucha gracia que lo fuese, pero se resignaba.
-Debes aprender una cosa: Cuando todo el mundo huye de pánico, cuando la tragedia se avecina, alguien debe guardar la calma, pensar y cumplir con su obligación. Esa debe ser tu actitud cuando te enfrentes a situaciones de pánico. Como el burrito, que sigue haciendo lo que tiene que hacer, aquello para lo que ha sido creado, aunque siempre sea un animal denostado precisamente por eso, por burro. Cada uno en cada momento debe hacer lo que el deber le impone.
No hay nada peor que el pánico o la inacción. Ni te escondas ni huyas ante los problemas. Si no sabes que es lo que debes de hacer ante un problema difícil, cuando no puedas consultar, confía en tu intuición, pues cuando se conoce el oficio y se está identificado con él, cuando se está preparado, la intuición te marcará el camino a seguir.
Quizá no me dijo tantas cosas, pero los buenos recuerdos, como las lecciones de un buen profesor se van adornando con el paso del tiempo y se les va añadiendo alimento que las enriquece. Porque lo importante no es lo que te enseñan sino que te hagan amar lo que te enseñan; única manera de que la semilla germine dentro de ti. Ser un poco burro no está de más en alguna ocasión. De acero. Como Platero: ‹‹pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Come de todo y los del pueblo dicen que tiene acero››.
La situación que vivimos tanto en España como en el resto del mundo me ha hecho recordar muchas veces esta anécdota que les cuento. Como El Coloso una gran amenaza aparece a diario en nuestro horizonte. Hay pánico y lo vemos muy cercano. Una carrera alocada, sin rumbo fijo, nos hace tener la sensación de que no hay nadie que haga lo que el deber le obliga. Incluso entre los burros cargados de letras.
Amenazas de guerra, tensa situación internacional, terrorismo, tráfico de personas, refugiados, hambre, injusticias…guerras. La inestabilidad puede crear un conflicto donde menos se espera. Afecta a España que después de años de terrorismo etarra seguimos con el dolor de la muerte y la permanente inquietud por lo que en cualquier momento pueda ocurrir. Algo de lo que nadie se libra. La situación es de tensión. Hemos visto el pánico en los recientes atentados yihadistas. El atentado de Barcelona está muy reciente. En Mogasdicio capital de Somalia este pasado sábado un atentado terrorista ha matado a más de 215 personas.
Nuestras Fuerzas Armadas les recuerdo que están en estos momentos desplegadas en diversas partes del mundo (2932 soldados). Los lugares donde despliegan nos dan una idea de la situación a la que me refiero. Irak: 485 soldados. (Un mal recuerdo. Los militares sufrimos mucho. Reproches y utilización política de aquel conflicto. Mejor olvidar). Pero no olviden que allí siguen cerca de 500 soldados nuestros haciendo una gran labor. Forman un ejército, que es el primer paso para eliminar la violencia. Lo decía Ortega y Gasset: ‹‹Todo gran ejército, han impedido más batallas que las que ha dado… El estado de perpetua guerra en que viven los pueblos salvajes se debe precisamente a que ninguno de ellos es capaz de formar un ejército y con él una respetable, prestigiosa organización nacional››.
En el Líbano: 681. Epicentro de una zona de permanente desestabilización. Desplegados en los países Bálticos ante la amenaza Rusa más de 500 (entre fuerzas de Tierra y Aéreas)…
Podemos seguir citando: el Mediterráneo en lucha contra el tráfico de seres humanos y prevención de pérdidas de vidas. Turquía, Mauritania. Mali, Somalia… Así con mayor o menor presencia hasta 20 distintos lugares del mundo. No suelen ser noticia. Poco sabemos de ellos. Incluso muchos se preguntan que por qué y para qué están allí.
Les contaré un caso ya algo lejano, pero que se repite a pesar de quedar casi siempre en silencio informativo. Verán en un ejemplo lo que hacen allí nuestros soldados, en aquellos lejanos lugares y las tensiones a las que en ocasiones se ven sometidos. Fue en abril de 1993. Un jovencísimo teniente de la Legión se trasladaba de Jablanica a Konjik, en 5 blindados con 35 legionarios y paracaidistas, cuando repentinamente se encontraron rodeados por un grupo de hombres, mujeres y niños, todos bosnios, procedentes de una aldea que la noche anterior había sido arrasada por milicianos musulmanes. Los musulmanes exigían al oficial español, con violenta y agresiva actitud, la entrega de todos. En aquellos momentos de incertidumbre no había comunicación radio con el mando superior, ni órdenes… nada era claro. Como vulgarmente se dice ‹‹nadie quería mojarse››. La hora de la verdad. Momento decisivo donde te juegas la vida, la tuya no importa, pero sí la de aquella gente. Estaba absolutamente prohibido intervenir entre las diferencias que se producían entre los distintos credos y nacionalidades. ¿Qué hacer? Intervenir era arriesgado. Podría haber dado lugar a un enfrentamiento armado. No hacerlo era poner en grave riesgo la vida de aquellas mujeres y niños. Una matanza.
El Teniente no vaciló, cumplió su deber no permitiendo la más mínima agresión contra aquellos indefensos que huían. Ninguna orden por encima del honor. Lo hizo con autoridad en una situación de inferioridad numérica, de medios, y enorme tensión. Todo podía haber terminado en tragedia. La superioridad moral y la convicción que da una postura firme y decidida salvó la situación. Cumplió con su deber. ‹‹El primer héroe de la Legión en Bosnia», «héroe de la ONU». Así se referían los medios de comunicación y los representantes civiles de la Organización de Naciones Unidas al hablar de la actuación del joven teniente.
Creo que aquí hay enseñanza para todos. Civiles y militares. Todo muy parecido a la hora de tomar decisiones. Hay una cosa en común para decidir bien: estar preparado. Eso solo se logra con sacrifico, estudio, dedicación y esfuerzo. Esa responsabilidad atañe a todos. A los padres; a los que enseñan y a los que aprenden. A la sociedad entera. Es la asignatura más importante de cualquier nación, su mayor responsabilidad. Y hay que empezar desde temprana edad: Se llama Estudio, dedicación, preparación.
Jóvenes que me escucháis; es muy probable que estéis solos en muchas ocasiones. Da lo mismo el trabajo que tengáis o el puesto que ocupéis. Muchas veces a esa soledad, si el momento es difícil, se añadirá miedo, inseguridad, incertidumbre, dudas y el peso de la responsabilidad. Estos son algunos de los sentimientos y sensaciones que embargan a cualquiera en muchas situaciones. Aunque sean del acontecer diario. Sensaciones muy parecidas, aunque el grado de repercusión sea mayor o menor. Sobreponerse a esos sentimientos marcará la diferencia entre el éxito y el fracaso. Para sobreponeros debéis confiar en vosotros mismos y confiar en vuestros conocimientos. Sabéis mucho más de lo que creéis saber y estos conocimientos aflorarán en el momento necesario.
Como saben he mandado a lo largo de mi vida militar a muchos hombres en unidades tan dispares como la Guardia Real o la Legión. Hoy más viejo y con un poco más de experiencia pienso que es en el liderazgo de los jóvenes en los que debemos confiar y alentar. Deberemos confiar en su amor a la responsabilidad, en su capacidad de decisión y también en sus conocimientos. Que los métodos y procedimientos aprendidos en las largas horas de estudio, aplicados con sentido común y serenidad, les ayudarán a adoptar las decisiones más convenientes aún en soledad. Deberemos confiar en su profesionalidad y buen hacer y darles la flexibilidad y libertad de acción que para nosotros pedimos. Muchas veces un líder no lo es solo por el empleo que ostenta o por la edad que tiene, lo es por que reúne un conjunto de cualidades que harán que sus hombres lo sigan sin condiciones.
Tan difícil es decidir porque eres responsable de ello como obedecer.
Para dirigir, organizar, investigar, enseñar, mandar u obedecer hay que estar preparado y eso se logra solo con aprendizaje y disciplina.
Tenemos que tomar decisiones a menudo, todos. Hay una frase en el Ejército un tanto dura, pero muy real:
‹‹El sudor de hoy evitará la sangre de mañana››. Creo que tiene su traducción en la vida civil y que sirve para todos: el esfuerzo y el estudio de ahora te servirá para no cometer errores mañana.
Nuestros soldados están allí porque como decía los lugares de tensión son muchos. Ellos son simplemente útiles, no son importantes; ni lo necesitan.
Decía Churchill que ‹‹El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes››. Esa debería ser la guía permanente de comportamiento de cualquier servidor público. De todos porque, servidor público o no, todos debemos servir y no servirnos.
Lo importante es ser útil, no importante. Es el título que he puesto a esta conferencia porque resume quizá la fractura social que existe entre la sociedad y la política, aquí y en todo el mundo. Hoy demasiados importantes inútiles fomentan el relativismo generalizado, la vanidad, el éxito fácil, el dinero, huir del esfuerzo y de la disciplina que debemos exigirnos. Ser importante no es el camino. Hoy en la inauguración del curso escolar de los Colegios Santa María y Buen Pastor de Sevilla es un día de ilusiones y preparación para el camino que debéis andar juntos. Hay que respirar optimismo y estar preparado para caminar. Mi mensaje es solo uno. Y vuelvo a recordar a la familia, esta vez a mi abuela, también sevillana. Me decía constantemente:
–Rafaelito estudia que los libros son pan.
Ahora que el tiempo ya ha pasado compruebo que son algo más que pan. El futuro y con ello la felicidad se forjan en los años de formación, desde muy pequeñito, en la primavera de la vida, aunque siempre estás aprendiendo; hasta el último suspiro. Los libros, el aprendizaje, la formación, es algo más que pan y además exige responsabilidad. Cada uno debe responder en función de sus talentos. Estoy convencido que la única forma de superar los conflictos que vivimos, la tensión que nos rodea es la educación, la formación en valores. Educación y formación que deben responder a la verdad y a la libertad. Diría que son lo mismo. La verdad se conjuga en libertad.
Les he hablado de lugares lejanos donde es necesaria la presencia de nuestros soldados porque la violencia o el riesgo de enfrentamientos son evidentes o porque el crimen organizado hace uso de los seres humanos como si fuese mercancía sin valor.
Hay otros problemas que también crean tensión. Muchos de ellos creados de manera artificial y en lugares donde la educación, formación y cultura se supone alcanzan un nivel alto más allá del término medio. No puedo eludir el problema que llevamos meses, años diría yo, sufriendo en España. ¿A quién no le preocupa y ocupa?
Como no teníamos suficientes problemas surge el de Cataluña. No voy a detenerme mucho en él porque creo que están consiguiendo que nos venza el aburrimiento. Pero no podemos vivir de espaldas a los acontecimientos y de esta situación debemos sacar lo positivo si es que existe. No voy a eludir el problema y les daré mi opinión.
Creo que a aquellas golondrinas que anillaba mi madre se les cayó la bandera cuando volaban hacia Cataluña. Decía el profesor Gabriel Albiac
‹‹Que vivimos en Cataluña un drama, un drama español. España era, hasta el XIX, tanto esta orilla del Atlántico cuanto la otra. Los habitantes de la Nueva España nunca se juzgaron menos españoles que los de Extremadura, Madrid, Andalucía, Galicia, País Vasco o Cataluña. De ahí el trauma catastrófico que culmina, con la guerra de Cuba, en la reducción territorial a la sola Península. Desde 1898, la identidad de España ha sido agónica. No hay ningún país europeo en donde esa tragedia haya resonado tan fuerte. Y haya durado tanto. Cerrarla hubiera debido ser la tarea prioritaria de la transición y del régimen constitucional de 1978. Hemos de constatar, con pesar, que no se hizo. O no se hizo, al menos, con suficiente consistencia››.
Efectivamente algo hemos hecho mal. No hemos superado el drama. Algo nos ha fallado en la obra de la convivencia democrática. No puede haber mayor drama para una vieja y noble nación como lo es España que surjan desde dentro dudas acerca de la condición española.
Hemos marcado demasiado nuestras diferencias en lugar de fomentar lo que nos une y nos identifica. La convivencia integradora no debe dar culto a las diferencias o particularidades y en eso hemos desgastado demasiadas energías. Tampoco hay diferencias entre izquierda o derecha a la hora de ser español. No debería haberla. De consumarse la tragedia en Cataluña ocurrirá lo mismo en otros lugares y toda España será una regresión al feudalismo. Incluso a algo peor. Señalar las causas es difícil. ¿Acaso hemos perdido la confianza en nosotros mismos? ¿Nos hemos creído la leyenda negra inventada y por inventar? España no es la Inquisición, sangre de enfrentamientos; ni siquiera la corrupción. No es la derrota ni el abatimiento, ni fuimos a ningún sitio como sanguinarios descubridores.
Acabamos de celebrar -12 de octubre- el Día de la Fiesta Nacional de España en unos tristes momentos para la unidad de España.
Escuchen: ‹‹No se comprende que nos quedemos aparentemente impertérritos ante estas dos nuevas verdades inventadas: «España nos roba» y «Los españoles que llegaron con Colón a América son unos genocidas”. Es decir que, comúnmente, ahora se nos ve como ladrones y algo que nunca hemos sido porque la acepción de la palabra genocidio nada tiene que ver con nosotros. Pero ante esto ¿qué se puede hacer?››.
No lo digo yo. Son palabras de una de las máximas autoridades académicas que tiene España: la sevillana Enriqueta Vila Vilar. Doctora en Historia de América por la Universidad de Sevilla, Profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y directora que fue de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras… Lo escribía en una magnífica tercera de ABC el pasado día 10 que titulaba Columbus Day (no dejen de leerlo).
Su pregunta nos la hacemos casi todos: ¿qué se puede hacer?
Los Ángeles es la ciudad más grande que decide eliminar de su calendario el nombre de Colón. El Día de Colón es sustituído por el de los Pueblos Indígenas. Antes lo habían hecho Seattle, Minneapolis, Berkeley, Santa Cruz, Phoenix, Denver y estados como Vermont y Dakota del Sur.
La estatua de Colón lucía en Central Park desde 1894 y hace unos días ha sido destrozada. Pero no hace falta irse tan lejos: La estatua de Colón de Barcelona corre el mismo peligro. La CUP pretende derribarla para poner en su lugar una alegoría de la resistencia de los pueblos indígenas.
No. España no roba a nadie, ni somos genocidas. España no es la ignorancia ni la mala fe de los que hablan con odio de ella. A los que portan la estelada pueden preguntarles. Pocos contestarán sobre su origen y significado. No lo saben. Pregúntenles por el significado del Condado de Barcelona que ostenta nuestro Rey Don Felipe. No lo saben ¿Por qué? Ignorancia de unos manejada por la maldad de otros. España es pensamiento profundo, arte en cada esquina, emprendimiento, cultura y amor por lo nuestro. España no es un tópico ni tampoco una utopía.
Pero ¿qué hacer? Nadie da respuesta. ¿Negociar?
Debo serles sincero. Es lo mínimo que me exige la honradez intelectual, que es también moral, al dirigirme a ustedes. He escrito recientemente que el golpe al Estado de Derecho que hemos vivido (dicho por los fiscales) puede ser la primera parte, pero que haya una segunda. Creo que los españoles no aceptaríamos nunca que sutilmente se quiera propiciar un cambio para hacer legal lo que ahora no lo es. Me quedo con aquella frase ignaciana que dice sabiamente que en momentos de crisis no se debe hacer mudanza. Es indudable que antes de cambiar la Constitución hay que cumplirla. Miedo me da todo aquello de la nación de naciones, la España plurinacional y federal.
La ideología independentista, además, se aprovecha del populismo de quienes tampoco creen en el imperio de la ley y todo lo fían a la calle.
El discurso del Rey ha sido definitivo y milagroso. También la aparición de los tanques por la Diagonal. Sí, no se asusten, los tanques han sido el Sabadell y la Caixa. El poder económico a lo que todo se subordina.
Eso ha hecho renacer el lema de una pretendida «mediación» o «diálogo». ¿Mediación en un caso de flagrante ilegalidad? La mediación es posible cuando existe buena fe e igualdad de armas y se realiza en el marco de la ley. Nunca, en democracia, entre golpistas y un gobierno constitucional.
No voy a extenderme más en un tema que llevamos años arrastrando y que en mi opinión tiene un origen muy claro. Es algo de lo que desde que he empezado a hablar les intento transmitir: educación, formación. No adoctrinamiento. Quizá una fina línea, casi imperceptible, separa una cosa de la otra. No se puede entregar así por las buenas el aparato cultural y educativo de una histórica nación para ser troceado y repartido a gusto del consumidor de turno. No podemos consentir que lo malo se magnifique y lo excelente se desconozca o se oculte. España no son 17 historias distintas.
Aunque luchen por lo contrario la realidad es que los españoles hoy somos mucho más parecidos entre nosotros que nunca. Se han armonizado las diferencias y eso es fruto de la educación, de la libertad. Es cultura con mayúscula.
Ustedes mejor que nadie conocen los principios en los que debe basarse la educación.
Su ideario tiene sus fundamentos en las Escuelas del Padre Manjón y de Siurot y en la de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos. En su ideario está la clave del futuro: Formar ciudadanos libres, cultos e implicados en la regeneración del país. No hay más. Ese es el camino: cultura, espíritu abierto.
El futuro está en eso y no en los gritos de la calle ni en la mentira o manipulación. El futuro es un pasaporte cultural de convivencia. El futuro está en ser útil a la humanidad no en ser importante. No es más quien más talentos tiene sino quien más da de su talento por corto que este sea. No os eduquéis en la diferencia sino en la ayuda a los demás, en el compañerismo, la amistad, la fraternidad. Sin diferencias entre unos y otros. Todos estamos capacitados siempre que haya esfuerzo y honradez con uno mismo. Esfuerzo. Trabajo.
Os voy a contar una pequeña historia. Perdonadme porque siempre me refiera a la vida militar, pero es la que mejor conozco y de donde he aprendido lo poco que sé. Sobre todo compañerismo y servicio. Nada más. Cuando yo mandaba la Legión tenía la costumbre de reunir a los legionarios en el salón de actos sin sus mandos. Estaban ellos solos conmigo. Me acompañaba mi jefe de Estado Mayor y el ayudante. Allí en un ambiente relajado, dentro de lo que cabe, les decía que me contasen sus problemas y sus necesidades más urgentes. Un día se levantó una Dama legionaria. La recuerdo muy bien. Sin vergüenza ninguna ante todos sus compañeros legionarios me dijo.
-Mi general yo nunca podré llegar a ser nada en el Ejército. Quiero ser cabo. Cumplo a diario con mi obligación, me esfuerzo como el que más, pero jamás podré ser cabo. Hay que estudiar y cada vez que abro un libro no entiendo nada. A mí, mi general los libros me hacen sudar (eso me dijo literalmente, así de gráfico).
Recuerdo perfectamente su nombre que no voy a decir. Sigue en la Legión.
Le dije que si era capaz sería cabo, pero que nunca esperase una ayuda adicional que no fuese la de su esfuerzo y tesón. Le ofrecí que se apuntase al curso y que los viernes fuese a mi despacho únicamente para decirme si estudiaba o abandonaba. Sin ayuda de nadie aprobó el curso y lució sus galones de cabo. Su primera misión fue Irak. En los peores momentos. Con sus galones recién estrenados era jefe de una escuadra de legionarios. Entró en combate. Su pelotón fue el primero en ser felicitado por su actuación.
La educación, el aprendizaje no es cuestión de talentos. Nadie es más que otro si no sirve más que el otro. Nadie es más importante por ser más listo, más alto, más guapo… Al hombre se le mide por lo que sirve, por su bondad y esfuerzo, su entrega a los demás. Por administrar bien sus talentos.
Decía que hay una imperceptible línea que diferencia la educación del adoctrinamiento.
Creo que estaremos de acuerdo al señalar algunas de sus diferencias y matices. La verdad es educar, es libertad. Si enseñas a odiar, a excluir, a rechazar estás adoctrinando. La agresividad como la violencia indiscriminada es adoctrinamiento no educación. Educar en las diferencias, en el resentimiento es adoctrinar. Enseñar a no respetar la ley, las reglas democráticas, nuestros símbolos, que nos unen y protegen, es adoctrinar y no enseñar.
Igual que hay concejales de urbanismo, incluso de educación, no estaría de más que se inventase el de urbanidad: cortesanía, comedimiento, atención y buen modo. Eso es educar.
No solo de pan vive el hombre. No se trata solo de cuadrar las cuentas y ver la cuenta de resultados y beneficios. España depende de otro tipo de cuenta de resultados. El de sus colegios y universidades, el de la libertad de enseñanza en la verdad. Depende de conocer y saber interpretar su historia y estar orgullosos de ella sin necesidad de inventar ni pedir perdón por absurdos complejos.
Tenemos demasiado abuso de simbología autonómica, que está muy bien siempre que no sirva para mostrar el rechazo o educar en las diferencias. Dependemos de perder el miedo a lo español, a lo nuestro.
Decía el académico de la Real Academia de la Historia Juan Van-Halen: ‹‹Concesiones de varios decenios y la dejación de los Gobiernos de la Nación en materia de inspección educativa serán ya muy difíciles de enderezar››. Es una tarea ardua, pero no permite más demora.
Miren a mí el tema me preocupa y ocupa. Durante el mes de septiembre desde el blog que dirijo y coordino hemos reunido a personas ilustres para que nos diesen su opinión sobre el gravísimo problema que amenaza la unidad de España. Me quedo con las palabras del profesor Albiac (pienso como él):
‹‹Está bien que usted nos recuerde a todos esa tradición mayor de la cultura española, de la cual surgió lo mejor de nuestro Siglo de Oro: que las armas y las letras se entretejen y que, en lo más profundo, son lo mismo. Y que el alma de una nación está hecha de la armonía de ambas››.
Armonía que significa unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. Eso es necesario entre todos.
Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Alonso de Ercilla fueron soldados españoles. Shakespeare no lo fue. Eran algo más. Ellos como tantos otros no son hombres reducidos a la historia sino los forjadores, entre otros muchos españoles, de ese sentimiento de identidad llamado patriotismo.
El patriotismo como virtud es un valor principal, tu deber, y cumplirlo una íntima satisfacción. El patriotismo consiste en amar a España, es decir, cumplir con tu deber siempre. No es una virtud militar sino una virtud ciudadana. Así ocurre con el honor. El honor deberá presidir cada una de nuestras actividades, estando solo o en compañía, sin buscar el elogio o el aplauso. En la soledad de la noche o con las luces del día hay que ser coherente entre lo que debes hacer y lo que haces. El honor es la virtud que te lleva al cumplimiento de tus deberes respecto del prójimo y de ti mismo.
No sé si les servirá de algo. Al final de mi vida militar hice un breve resumen de lo que significa para mí mandar. Creo que se parece bastante a lo que es enseñar. Mandar se asimila a lo militar olvidando que la vida en todos sus aspectos es una alternancia entre mando y obediencia. Mandar no es un poder sino un deber. Cuando se manda bien, es la autoridad moral la que motiva y emociona moviendo al grupo hasta límites insospechados porque tiene una referencia a seguir, una disciplina moral que cumplir, un ejemplo a imitar. Son esas viejas virtudes del honor, austeridad, sacrificio, abnegación, camaradería, las que arrastran. Creo que es muy parecido todo esto a la enseñanza. Enseñar al fin y al cabo es una manera de mandar, de influir. Educar.
Hoy, alejado del mundo activo de la milicia, no olvido a los que mandé ni a los que obedecí. Todos unos y otros en definitiva fueron mis maestros y de todos aprendí.
Mandar, como educar, es una tarea tan absorbente que nunca habrás dado nada hasta haberlo dado todo, hasta que no te hayas vaciado por entero. No es un privilegio, es un honor. Es una obra de arte, muy distinto a obligar.
Lo que enseñas como lo que mandas ha de ser claro, que se entienda, que se aprenda, que cada uno sepa lo que se le pide, y si es posible, por qué se le pide.
Se debe enseñar como mandar sin vacilaciones ya que no hay nada más amargo que verse sometido a las oscilaciones de alguien vacilante en sus decisiones.
Hay que estar atento a conocer nuevas ideas y aceptar propuestas ajenas incluso de aquellos a los que enseñas o mandas.
Ser constante en el esfuerzo, evitar prisas y desorden. Ser cortés, pues la cortesía es inseparable de la disciplina. Cortés en la precisión y limpieza de la palabra, en la actitud, en el gesto, en la voz y en los modales.
Contar siempre con el apoyo de tus colaboradores y el consejo de los más cercanos y buscar en todos la lealtad por encima de todo.
Nunca pensar en ti, primero en la misión que te han confiado y en aquellos que tienes para cumplirla.
Voy terminando. Decía que los problemas que nos rodean se resuelven con cultura y educación.
Para ello yo pondría también algo de poesía. Cuando empecé les hablaba de las golondrinas. Las que llevaban la bandera de España. En la sierra de Madrid hay un cerro que lleva su nombre El Cerro de las Golondrinas. Desde él se divisa la mejor vista que hay de la Sierra de Guadarrama y el mirador de Luis Rosales. En el duro granito está escrito:
Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Son versos que dedicó Antonio Machado a Ginés de los Ríos. Amaba la enseñanza tanto como la naturaleza y en aquella sierra vio el vuelo de las golondrinas en su afán de hacer a España cada día más nación, más libre, más culta y enseñada. En la dura roca están escritos.
Hay que recorrer despacio el camino, con humildad y paciencia. A la cumbre no se vuela, súbese poco a poco y con discurso de tiempo. Pero no olvidéis que aquí el esfuerzo y dedicación nunca están de vacaciones.
Todo lo que cuento es más sencillo de lo que puedas pensar. Creo que es más difícil hacer las cosas mal que bien, pero por lo que se ve no estoy muy seguro de esto.
Quisiera que esta primavera las golondrinas trajesen en sus patitas la bandera de España. Lleguen a Sevilla, a la sierra de Guadarrama, y lleven hasta Cataluña su mensaje.
Este año al llegar la primavera a Sevilla miren al cielo y cuando vean las golondrinas busquen entre sus patitas nuestra bandera.
Si en ese momento se acuerdan de mis palabras me sentiré satisfecho de haberles hoy hablado en este templo de sabiduría.
‹‹Las obras lentas son duraderas. ¡Ojalá esta nación lo comprenda algún día!››, decía don Francisco Giner de los Ríos. Termino con lo que todos ustedes conocen mejor que yo. Los versos de Antonio Machado al maestro don Francisco Giner de los Ríos que soñaba con un nuevo florecer de España.
Es su herencia por la que luchamos y soñamos.
‹‹Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana me dijo:
Van tres días que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió? . . .
Sólo sabemos que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos:
Hacedme un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más,
sed lo que he sido entre vosotros:
alma.
Vivid, …
la vida sigue, los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; …enmudeced, campanas!
Y hacia otra luz más pura partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa. . . .
Oh, sí, llevad, amigos, su cuerpo a la montaña,
a los azules montes del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose bajo una encina casta, …en tierra de tomillos,
dónde juegan mariposas doradas . . .
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.
(Baeza, 21 febrero 1915 Antonio Machad)
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez.
SEVILLA. 20 OCTUBRE 2017