
Esta vez si. Les traemos una noticia, una magnífica y esperanzadora noticia, que ya ha sido aireada ampliamente por los medios de comunicación, de la que queremos hacernos eco en este blog. Aunque no se relaciona directamente con los temas que en él habitualmente tratamos, si la queremos reproducir a modo de reflexión, para dejarles a vds, queridos lectores un buen sabor de boca cuando afrontan un merecido descanso findesemanal en medio de la canícula veraniega.
Ya conocen los hechos. La foto lo dice todo. Permítanme ahondar un poco más en la naturaleza humana de esta noticia que tiene dos protagonistas principales.
Uno se llama Wilmer Arias, un guatemalteco de 28 años de edad que, cuando sólo tenía 8, un accidente por arma de fuego le produjo una herida en el cuello que lo dejó tetrapléjico. Tras permanecer más de dos meses en coma, recobró el conocimiento, pero no la sensibilidad, por lo que se vio postrado en una camilla, sin ninguna esperanza, con grandes dolores y para colmo, desarrolló una ulcera que le impedía descansar y amenazaba seriamente la poca salud que le quedaba.
Su familia no podía hacerse cargo ni del coste de los medicamentos que precisaba ni tan siquiera de su manutención, por lo que fue ingresado con sus dos hermanos en una institución benéfica religiosa, la Fundación Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) donde permaneció 10 años. Recobró algo de movilidad, pero la úlcera y los dolores requerían una operación que, ni siquiera en los Estados Unidos se atrevían a hacer.
El otro protagonista se llama Pedro Cavadas Rodríguez, un valenciano que se doctoró en medicina por la universidad de su ciudad natal y más tarde completó sus estudios en los Estados Unidos. Un reputado profesional de la cirugía plástica y reparadora que tras alguna estancia en Kenia, “en el África de mis sueños” cambió la comodidad por la ayuda a los a los más necesitados por medio de una fundación que el mismo creó con la finalidad de “ayudar a aquellos que no pueden elegir y a la vez devolver aquello que nos ha sido dado”.
La conjunción de ambos protagonistas ya la conocen en palabras del doctor Cavadas llegó allí «partido en dos y ahora, Wilmer es capaz de sentarse sin sentir dolor”.
Es la conjunción si de la ciencia que avanza a pasos insospechados, con la labor humanitaria, social y asistencial de organizaciones religiosas y seglares que hacen posible estas cosas casi milagrosas. Es la conjunción también de un profesional que ha hecho todos los esfuerzos para aprender todo lo que ha sido capaz y la de un muchacho, con unas inmensas ganas de vivir y personas es instituciones que le han ayudado.
Es, no me lo nieguen, un rayo de esperanza. Si, una esperanza cierta para los muchos Wilmer que están afectados de casos aparentemente intratables de enfermedades poco conocidas, de difícil tratamiento, o simplemente de cáncer. Es un rayo de esperanza, cuando hemos visto algunos casos de personas e inclusos instituciones que amparadas en la compasión que inspiran enfermos incurables, especialmente niños, recaudan fondos para su lucro personal o hacen un uso fraudulento de lo que legítimamente recaudan sus organizaciones. Es un rayo de esperanza para todos los donantes y benefactores que contribuyen con sus fondos a la investigación y al tratamiento de estos casos.
Naturalmente, ni todos los futbolistas son Cristiano Ronaldo, ni todos los médicos el Doctor Cavada, pero las generosas aportaciones y contribuciones de todos, personas e instituciones, a la investigación y el tratamiento, tienen como ven su recompensa.
Enhorabuena, doctor Cavadas. Mucha suerte en el futuro, Wilmer. Y gracias a los dos por habernos proporcionado con vuestro ejemplo este rayo de esperanza.
Adolfo Coloma
Blog: generaldavila.com
20 julio 2018





























