CONCENTRACIÓN EN LA PLAZA DE COLÓN. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Sébastien Le Prestre, señor de Vauban (1633-1707) fue un insigne mariscal francés, ingeniero militar, que revolucionó el arte de la fortificación con Luis XIV y cuyas obras de arte siguen siendo un modelo de sencillez y eficacia. A su destreza como ingeniero y científico unía un profundo pensamiento humanístico con avanzadas ideas en el arte de la guerra.

Conocía la ciencia y el corazón del hombre y por ello hoy me viene a la memoria ante la ausencia de expertos en esta guerra que tanto se parece a la política, corrupta, provocadora y, en estos tiempos, amenazante.

«La mayoría de las plazas mal defendidas lo han sido menos por el escaso valor de los gobernantes que por no haber entendido éstos su defensa. la razón de ello es que todos los gobiernos son dados o comprados», dice Vauban en su Tratado del ataque y de la defensa de las plazas.

Si entramos en el ya conocido Sun Tzu no deberíamos olvidar que su aviso ha cabalgado a lomos de los tiempos: «Los agentes secretos reciben sus instrucciones bajo la tienda del general; están muy cerca de él y lo tratan íntimamente».

El sábado día 10 de mayo hubo una gran concentración en la madrileña Plaza de Colón cuyo lema decía «Por la dignidad de España: Sánchez dimisión. Elecciones ya«. No voy a entrar a valorar el hecho en sí que responde a un estado generalizado de dolor e indignación entre una gran parte de los españoles. Pero debo dar mi opinión con el único deseo de contribuir a salvar a España de su destrucción cada vez más cerca y porque en ello todos tenemos algo de culpa; unos más otros menos.

La convocatoria ya de entrada me recordó el Canto II de la Ilíada Catálogo de las naves donde se enumeran los participantes en número de 29 contingentes acaudillados por famosos guerreros. En la Plaza de Colón había 129 contingentes y ningún famoso guerrero,  lo que ya de entrada me llevó a dudar de la oportunidad, ¿quién manda aquí? ¿cuántos infiltrados habrá cercanos al general?

Tengo para mi que no hemos entendido la defensa y hay un exceso de voluntarismo, «una preeminencia de la voluntad sobre el entendimiento», un deseo más que una posibilidad.

Creo que mis palabras no van a ser bien recibidas, pero alguien debe de abrir los ojos a la realidad que ensombrece nuestro futuro. Sea Vauban, que no será, Napoleón, que tampoco, o el sentido común: tan escaso. ¿Quién defenderá la unidad de España?

La defensa no es un acto impulsivo, disperso, sin alférez que porte la bandera, sin planeamiento, sin un jefe. Cualquier enfrentamiento requiere de un jefe y un Estado Mayor que lo asesore e informe. Cuando Aquiles dijo que no, los troyanos vencían. Ni con Patroclo revestido de sus armas lograban la victoria.

Disputarse el mando es lo peor que nos puede ocurrir. En España debemos olvidar la lucha sucia donde los protagonismos rompen la unidad, los falsos liderazgos minoritarios que detrás esconden intereses mediáticos y económicos al fin. No se fíen de esos sepulcros blanqueados que defienden acciones de las que se juegan en bolsa. Dados o comprados, que lo mismo les da defender una cosa que la contraria.

Entonces: ¿Qué hacer? ¿De quién me fio? ¿Quién es el abanderado?

Si les dijese que de nadie acertaría, pero tampoco es eso cuando la honradez y la entrega es virtud de una mayoría que pretende defender a España. Lo único que pretendo es abrirles los ojos ante los que, además de los ya conocidos, empiezan a invadir el lugar que no les corresponde haciendo uso de la indignación y la soledad en la que nos encontramos. Falsos profetas llaman a nuestras puertas. Tengo anotados sus nombres y apellidos. Ellos lo saben, nos conocemos. Nunca han llegado a nada, pero es mucho lo que se juegan, quieren su parte, aunque pequeña y han hecho bandera de lo que no es de su propiedad. No son humildes ni generosos, no piensan en toda España, sino en su parcela, no quieren el poder sino el otro lado, ese desde donde protestar se convierte en lo fácil y cómodo, porque no tienen alternativa. Muchos de esos se precipitan y nos precipitan, pero en política, como en la guerra, el momento perdido no vuelva jamás. La victoria o derrota es el resultado, aquí no hay otra vara de medir.

Por ello hay que calcular cada acción, no desperdiciar los momentos, no andar con prisas, ni con pausas, medir los tiempos y reacciones, disponer de los medios y atacar con todo. No hay ensayo posible, solo victoria o derrota.

La moral debe ser la fuerza que nos guíe y es necesario saber que el tiempo perdido desgasta incluso a las fuerzas más bravas. Cuando no se ve razón de utilidad, el soldado se siente desanimado y pierde la confianza.

Piensen lo que hacen cuando movilicen a los que no están dispuestos a que se rompa España y busquen a quien nos guíe hacia la victoria.

¿Querrá Aquiles volver al campo de batalla?

«En la  batalla todo parece tumulto y confusión. Pero las banderas y estandartes responden a planes precisos, el sonido de los címbalos, a reglas fijas».

España no es un  juego de intereses. Hagan las cosas bien y procuren que haya resultados. Nunca olviden desenmascarar a los que están muy cerca del general y lo tratan íntimamente.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

12 mayo 2025

 

 

 

LA DISUASIÓN NO ES LO NUCLEAR. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Disuadir se resume en desistir. Mejor no hacerlo porque…

La única manera de acabar con una guerra es acabar con los recursos del atacante. Es antigua la conocida filosofía guerrera de Sun Tzu:

«A un general que no cuidó de asegurar los víveres se le destruye sin pelear […]. Es gran máxima la de un general que quiere más destruir al enemigo por el hambre que a fuerza de armas».

¿Cómo disuadir?

La visita de Sánchez a China ha quedado eclipsada por Ana Obregón, Obregón de toda la vida. De esa España que te dejará helado el corazón.

Es el poder de la víscera cardiaca. Helena de Troya y esas cosas de la guerra. Esa desazón que se produce cuando ves que tienes que resumir tu vida en una sola página, vida o muerte, no una sin la otra ni la otra sin la una.

Es como el canto de primavera del viejo árbol que retoña, la efímera voz blanca del almendro, unas sí otras que la helada se llevó.

Pasar de un lado a otro sin convulsiones, paz y guerra. Al fin todo queda en casa.

Helado el presidente Sánchez por la escasa repercusión mediática de su visita a China.

Allí las palabras son moduladas por la línea recta sin necesidad de ejes de abscisas y ordenadas: pienso luego existo. No hay más. Dada la dureza que supone pensar han decidido que piense solo uno y los demás obedezcan. Era el sueño de Antonio, pero llega tarde a su destino con este mundo lo que supone su regreso muy triste, de un viaje efímero a la nada. Fin del trayecto.

Es la hora de China, de Xi, del arte de la guerra chino: vencer sin combatir. Rodilla en tierra.

Un tren recorre 13000 kilómetros de Yiwu a Madrid en 20 días. Una espada que atraviesa el corazón de Europa. España importa 50000 millones y exporta 8000.

Eso es disuasión: la economía; el resto: historias.

La fusión llegó y trae consumo. El futuro es económico y tiene un nombre: demografía. También apellidos: BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El resto seremos engullidos; subrogados.

Gran población. Es el futuro que guarda el secreto de la nueva disuasión.

Ya es tarde para pretender ganar esta guerra. El mundo ahora es otro.

Dejen paso o serán arrollados. Todo ha cambiado.

Subrogar: «Sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa».

Sustituyamos a Antonio antes de que nos deje en esa línea que no admite ni abscisas ni ordenadas. Que no piense él por nosotros.

No desistan.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

3 abril 2023

 

GUERRA EN UCRANIA 9. LAS ARMAS DE AQUILES Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

No es posible entender la guerra sin leer la Ilíada. No es posible entender nada, sea ello paz o guerra. Porque lo escrito es el retrato del hombre, por el hombre y es guerra que no distingue tiempo y espacio mientras aquí estemos los humanos. La guerra se aprende leyendo la guerra que está escrita en los remansos de paz, donde se forja; como Urano que aburrido del idílico paisaje la engendró.

«Las armas son herramientas de mal agüero». Lo que Sun-Tzu dejó escrito no era un rechazo a las armas, sino al modo de resolver lo definitivo entre los hombres: eliminar y someter. Sustituir la relación por las armas, un presagio o señal de cosa futura.

El futuro está entre nosotros en forma de armas que hieren de lejos. Todo es como era y será. Si Heráclito no se bañó dos veces en el mismo río no serás tu el que lo hagas. No será nunca la misma guerra ni las armas serán las mismas. Sí los que las usen, como los bañistas, esos no cambian.

Las armas nos dicen que el que a hierro mata a hierro muere algo que no ha dejado de ser y es cadena que nos une a través de eslabones cada vez más firmes. Resplandecen las armas, luz del hombre, en error histórico que consumimos como pasto vigorizante.

Patroclo pide las armas a Aquiles. El héroe no quiere combatir, sino solo que se sepa que está allí, su presencia es notoria aun sin blandir su espada Disuade. ¡Es todo tan antiguo!

«Y dame tu armadura

para ajustarla yo a mis dos hombros

al armarme con ella,

por ver si confundiéndome contigo,

de la guerra desisten los troyanos

y los marciales hijos

de los aqueos toman un respiro

de las angustias que están padeciendo;

que breve es el respiro de la guerra.

Fácilmente, por no estar cansados,

podemos llegar a repeler

hasta la villa a unos guerreros

cansados de combate, y alejados

de nuestras naves y de nuestras tiendas».

No son las armas, sino quien las maneja, el hombre y su nombre, el que ostenta la fuerza y el poder. Carros de combate, de fuego y movimiento que es maniobra: el arte de la guerra.

El carro es un arma troyana que modificó Ciro según nos cuenta Jenofonte.  «En su lugar equipó los carros de guerra con fuertes ruedas, para que no se rompiesen con facilidad, y con largos ejes, pues todo lo que es ancho, es más difícil de volcar […] a los aurigas los acorazó completamente, excepto los ojos».

Todos quieren las mejores armas, carros y espadas, flechas, javelin, jabalinas, stinger, aguijones, leopardos…

Sin darse cuenta que no son las armas, sino quien las maneja, quien las dirige y marca el objetivo. La guerra tiene su personalidad y arte en el mando. Solo hay que tener presente una máxima: «seguir al de delante». Lo que encierra todo el arte: ¿Quién se hace seguir? No eran las armas de Aquiles, sino Aquiles.

Es el valor el que salva vidas, más que huir o protegerse con la coraza.

Ajax no quería las armas de Aquiles; quería ser Aquiles y eso te lleva a la muerte.

La guerra es mando, no ciencia ni técnica: arte. Olvidarlo para confiar en la coraza sin que esta tenga la impenetrabilidad de las tradiciones y culturas ancestrales, es el soterrado desarme artístico que deja a un pueblo indefenso y derrotado sin dar batalla, sin voluntad de vencer.

La guerra necesita un buen capitán que la encabece, porque como decía Marcos de Isaba «El que a la guerra viniere, ha de traer puesto el ojo al servir y vivir virtuoso, y no a la merced, que sin merecerla procura que se le dé, y ha de entender que no puede ser maestro quien no hubiere sido discípulo».

Hacer la guerra y olvidar la necesidad de un buen capitán nos lleva a requerir del cobijo en la coraza a la que traspasará la flecha lanzada por aquel que mejores arqueros haya formado desde el valor, el honor y la tradición.

«Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos» (Eclesiastés 9,11).

La ocasión está ahí. ¿Dónde el capitán?

Aquiles ha muerto. No hay capitán, solo quienes se disputan sus armas.

General Dávila (R.)

Blog: generaldavila.com

30 enero 2023

 

 

 

LA MINISTRA DE DEFENSA Y LA CÚPULA MILITAR Rafael Dávila Álvarez

Me preguntan si veo próximos cambios en la cúpula militar. Empiezo por no saber qué es eso de la cúpula militar, aunque me suena a unos señores que llegados al lugar empiezan a pensar en lo que hay que cambiar y no en lo que es conveniente mantener.

En la milicia solo hay tres cosas que deben preocupar al Mando: la unidad de la Patria, los medios necesarios y exigibles, y las condiciones de vida y hacienda de las tropas, individual y conjuntamente. Lo demás es hoy; y mañana puede cambiar.

La rutina se apodera del mando cuando se asoma durante un largo periodo a la misma ventana y ve siempre el mismo paisaje.

Sun Tzu rastrea los rasgos psicológicos de un general que pueden acabar con un ejército. En primer lugar el orgullo, que con el paso del tiempo llega a convertirse en enfermedad incurable. Un sentido del honor muy particular y sensible que le sube al peldaño de la maestría cuando ésta solo se alcanza al dejar la responsabilidad. Nadie es maestro en el ejercicio. Es necesario reposar.

Grave error es creerse uno mismo el tiempo, dominador del momento, cuando el futuro te sobrepasa.

Por último confundir el concepto de valor y ello te deje ciego ante la necesidad del momento.

Sunzi insiste en la lucidez como máxima expresión del mando absoluto.

Confucio fue interrogado por Tzu Lu sobre qué hombre escogería para poner al frente de los Ejércitos. Su respuesta fue intemporal:

«No escogería al hombre que está dispuesto a enfrentarse a un tigre o a precipitarse en un río sin preocuparse de salvar la vida o morir. Elegiría, sin duda, a un hombre que considerase el obstáculo con la prudencia requerida y que prefiriese triunfar por la estrategia».

Nada hay más difícil que la elección. Nadie es el mismo cuando sube un peldaño, tampoco cuando lo baja.

El gran problema de un ejército que no combate es saber qué es eso de la estrategia y a un general en la cima le cuesta entender que su arte no es la estrategia, sino saber cómo moldear la naturaleza humana. Claro que para eso es necesario ser Napoleón y tener un ejército como el suyo.

Pensar en el 2030 es un buen ejercicio de futuro cuando se desconoce casi todo el futuro para la guerra, y no se sabe muy bien lo que significa. La prudencia no es cobardía y las apariencias juegan una baza disuasoria cuando se conoce el oficio. Un general previsible es un general derrotado. Su valor se esconde en el silencio interrogante.

Dormir con Vuestros ojos, reciente novela de Gabriel Albiac, recoge un cúmulo de conocimientos; toda una vida. Una delicia fruto de un trabajo enorme.

Maquiavelo, aún demasiado joven, cena con Caterina Sforza. Este ha debido cometer una ligerísima indiscreción que a la Gran Señora no escapa:

«No sois demasiado discreto para vuestro oficio, canciller. No, no os sonrojéis o haréis sonreír a nuestra invitada. Sois joven. Ya aprenderéis los formalismos de vuestro gremio: se ve todo, no se mira nada».

El contrapunto, militar, es Lord Wellington: «Toda mi vida ha discurrido intentando adivinar lo que había del otro lado de la colina».

Son posturas distintas ya que lo son los cometidos. En común esta el servicio.

—Verlo todo, no mirar nada.

—Mirarlo todo adivinando lo que está oculto, enmascarado o mimetizado.

Es un juego precioso que debe ser preciso para que cada uno interprete y cumpla correctamente su misión: elector y elegido.

Si hay un ministerio que tiene clara su misión, escrita en el preámbulo de la Constitución, ese es el de Defensa.

En la guerra el enemigo está claro. En la paz hay que adivinar cada día quien provoca la debilidad interior, causa de la ruina de muchas naciones. Por ejemplo acabar con su unidad e integridad territorial. Dar facilidades para ello es también debilitarla.

Que usted elija bien.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

28 septiembre 2021

 

 

 

 

 

 

LA GUERRA (III) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

<<Pues si el príncipe esclarecido y el general competente derrotan al enemigo cada vez que pasan a la acción, si sus hazañas se salen fuera de lo común, es gracias a la información previa>>, dice Sun Tzu cuando habla de los agentes secretos.

<<Voy a esconderme detrás de los tapices para enterarme de lo que ocurra>>, le dice Polonio al rey que para calzarse la corona ha matado al rey anterior, su hermano, y casarse con la viuda.

La guerra actual tiene mucho que ver con los tapices. En los mejores edificios se sientan los negociadores de nuestras vidas mientras los ce-ene-íes intentan aconsejar y a la vez oír los de los otros. Es la guerra que prepara la guerra, y con ello puede ganarse o perderse. A veces por  comenzar antes de tiempo, sin las condiciones de información previa que exige cualquier guerra; otras por engaños. Entre nosotros hay una guerra subterránea hace ya algún tiempo. Por la información. Nadie se ha atrevido a atravesar las cortinas con la espada a pesar de que hasta en los despachos del Palacio de la Zarzuela llegaron a esconderse tras los tapices y bajo las alfombras, Polonio o Pausanias, que nadie aún lo sabe.

Si en estos días el Gobierno ha salido detrás de su cortina y ha revelado la identidad, el nombre como los apellidos, del director de Inteligencia de los servicios secretos españoles, no es casualidad sino causal. ¿Cuál es la causa?

Sin darnos cuenta la guerra ha estallado hace tiempo y lleva varios capítulos; este es el tercero. Los espías suelen pasarse la vida, según leo, entre restaurantes de muchos tenedores y despachos plagados de micrófonos que no funcionan.

Suelen atacar por la misma vía y caer en las mismas trampas. Han olvidado la norma fundamental de un espía para la guerra: <<inteligentes, pero de apariencia estúpida, y hombres intrépidos, a pesar de su aspecto inofensivo; hombres ligeros, humildes y capaces de soportar el hambre, el frío, la suciedad y la humillación>>. Conozco a algunos y son todo lo contrario. <<Hay sicofantes y validos que ambiciona la riqueza […] y aquellos cuyo único deseo es aprovecharse de los periodos turbulentos para ampliar su poder personal>>. Estos, como dice Sun Tzu:<<pueden provocar disensiones entre el soberano y sus ministros, de forma que no reine entre ellos un acuerdo perfecto>>.

En la guerra está casi todo inventado, pero solo nos acordamos de atacar y defender; cuando eso es lo de menos. Hoy la guerra se juega entre cortinas y haría falta un Hamlet que acabase con tanto Polonio y vigilar a los Pausanias que merodean por los palacios.

<<Por este motivo solamente el soberano esclarecido y el general de valía que sepan utilizar como agentes a las personas más inteligentes tendrán la certeza de realizar grandes cosas. Las operaciones secretas son esenciales en la guerra […]. Un Ejército sin agentes secretos es como un hombre sin ojos y sin oídos>>.

Claro que cuando uno de estos inteligentes provoca disensiones hay que dudar para quien trabaja.

Así es la guerra de los espías. Es decir: la guerra que hoy libramos.

Miren debajo de la cama antes de acostarse.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

19 junio 2020

EL EJEMPLO DE GALICIA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

A mí me puede gustar, o no, el señor Feijóo como candidato a la Junta de Galicia por el PP; es cosa mía y a nadie más interesa.

Pertenece al Partido Popular y hoy por hoy sigue su disciplina y principios elementales. Que son, a saber: la unidad de España, el respeto y cumplimiento de la Constitución. Principios en grave peligro.

Por lo que se ha demostrado, Galicia, sale adelante y camina con solvencia, sin alharacas, sin inútiles exhibiciones, dando cada día un pasito más y siempre con escasa ayuda del Gobierno central. Avanza. Es un hecho que incluso con Franco, gallego, y veraneando siempre allí, Galicia estuvo mucho más abandonada que Cataluña o Vascongadas, por poner un ejemplo. Como hoy.

Galicia, en elecciones ya, es una más de la España fraccionada en partidos, en facciones, en intereses desconocidos, ejemplo de lo que está pasando en cualquier lugar, y de cómo el absurdo lenguaje y propaganda calan hasta en los que se creen más listos y más españoles que nadie. Las encuestas apuntan a una mayoría (¿absoluta?) del Partido Popular en Galicia, de Alberto Núñez Feijóo, y descubrimos a algunos de los que defienden la unidad de España y su Constitución con el hacha de guerra contra el actual Presidente de la Junta Gallega. ¿Por qué nos tiramos piedras a nuestro propio tejado? ¿Por qué le hacemos fácil lo difícil al adversario? ¿No defendemos la misma España? Tiempo habrá para los matices, pero por encima de todo el actual problema es España, su unidad, su Constitución, y un drama económico que nubla el horizonte con una izquierda incapaz de hacerle frente. O vamos juntos o no vamos. Bien está defender sus posturas cada uno, pero, siendo en el fondo la misma, no atacando la de tu posible aliado.

Me preocupa la división y las traiciones. Las hay.

Reconozco mi escasa capacidad para la política y lo difícil que me resulta entender lo que está pasando en España. Creo que la mayoría de la gente está preocupada por su quehacer diario, su familia, su futuro, y la dignidad personal de poder trabajar con honradez recibiendo la justa y adecuada respuesta económica. No creo que haya esa crispación y enfrentamiento social, verbal, que reflejan estos representantes (?) que dicen ser nuestros. Lo que menos entiendo es que un mismo equipo se fraccione y sus derivadas ataquen con saña sus orígenes con tal de subir un peldaño.

Al señor Feijóo un retiro espiritual para rebajar su soberbia política tampoco le vendría mal. Admitir errores y aceptar consejos de los, al fin y al cabo, hermanos tuyos, es buen camino. A cada cual lo suyo, pero juntos, sin necesidad de estar revueltos.

Puede que El Arte de la Guerra sea una invención y que nunca se escribiera. Puede que Sun Tzu nunca existiese. Son trece capítulos en los que empresarios, militares y docentes intentan explicarse lo inexplicable y encontrar fórmulas mágicas para la guerra artística, tan difícil como cotidiana.

Puede.

María Pita. La heroína de La Coruña.

Respuestas hay; si se sabe leer y entender.

<<Si está unido, divídele.

Chang Yu: Clavad una cuña entre el soberano y sus ministros; o, si no, enemistadle con sus aliados. Sembrad entre ellos las sospechas mutuas, de manera que reine en ellos el malentendido. Así podréis conspirar contra ellos>>.

Es lo que vemos, oímos y tememos.

Las elecciones están en marcha. Es la guerra.

Cuando has conseguido la división siempre gana el peor.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 junio 2020

EL PASTOR Y SUS OVEJAS CON LA TECNOLOGÍA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No sé cuanto ha que no me pedían la hora (la hora no se pregunta, se pide, ¿me puede dar la hora?, como el turno en la pescadería: ¿quién da la vez?).

Suelo correr durante una hora todas las mañanas por los campos cercanos a Madrid. Uno de estos días me encontré con un rebaño de ovejas que pastaba en un barbecho mientras el pastor junto a sus perros las vigilaba sentado al borde del camino. Al pasar a su lado me pidió la hora. Eran las diez y veinte. Me ha asombrado. ¿La hora? Ni reloj, ni móvil, ni radio, nada, nada, o todo; un zurrón, un bastón, sombrero de paja, sus perros y sus ovejas. Todo. Menos la hora. ¿Sabrá cuando tiene que irse para el pueblo que está a unos 3 kilómetros? Después de hablar durante un rato con él he sacado la conclusión que conoce las horas y los días mejor que yo con la información que me da el móvil. Su petición al borde del camino ha sido de cortesía, él no necesita saber la hora, la lleva dentro por la posición del sol. De la misma manera que conoce  y mira de reojo a la pareja de aguiluchos ceniciento que nos sobrevuelan o cuándo llegan o se van las avutardas que en la lejanía me enseña levantando el bastón.

¿Lleva usted hora? Así se iniciaba en tiempos una amistad, al menos una conversación. Hoy me cruzo con alguno que como yo corretea por los caminos y es difícil que conteste al saludo.

El caso es que el pastor me ha dejado pensativo. Hay mucho que pensar. ¿Será un caso único? Me da la impresión que cada vez va a ser más frecuente. Que se estabilice esta epidemia, vivir enganchado (¿conectado?) las veinticuatro horas del día; regresaremos a otros modos de vida. Hoy vivimos conectados al que está lejos de nosotros  y desconectados del que está a nuestro lado; eso es lo que yo veo. No rechazo la tecnología, la uso como bendición y avance que es, me limito a ser un observador de lo que acontece y ya me gustaría poder colocar en su sitio las piezas de este puzle. Hoy mi asombro es por culpa de esta pieza que no encaja: ¿me da la hora?

El caso es que estos días como habrán podido comprobar me estoy dando un banquete de clásicos del Arte de la Guerra y al llegar a casa me ha saltado lo que intento entretejer de uno y otro.

Creía Sun Tzú,  y más tarde Lidell Hart, que el estratega hábil debía ser capaz de someter a su enemigo sin combatir, tomar sus ciudades sin sitiarlas y derribar sus gobiernos sin derramar sangre. Lo cual es un hecho patente en nuestra querida España. Hace falta saber quién es el estratega. Creo adivinarlo.

Aguilucho cenizo

Si tengo que reclutar un ejército recurriré a las Instituciones Militares de Flavio Vegeccio y mi primer recluta será el pastor, <<porque para la guerra no hay gente mejor que la del campo>> y porque <<más vale tener soldados fuertes que grandes>>. Porque el pastor ni está aborregado ni sometido al  hábil estratega.

¿De qué te sirve saber la hora si no sabes la posición del sol ni conoces el augurio de las aves? ¿Será por el abuso de lo que entra por ese cordón umbilical que llevamos colgando y que no sabemos muy bien a qué y a quién está conectado? ¿Será al hábil estratega?

No; no sabemos la hora sino que vivimos al dictado de la hora que nos envían. Si solo fuese la hora…

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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7 agosto 2019

«EL ARTE DE LA GUERRA» General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El Arte de la Guerra

<<Almas humanitarias podrían concebir fácilmente que exista una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra. Por muy bello que esto nos parezca, nos vemos obligados, sin embargo, a destruir el error, pues en asuntos tan peligrosos como es la guerra, los errores que se dejan subsistir por benignidad son precisamente los más perjudiciales>>. Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz no sabía el giro que iban a tomar las cosas.

En el arte de la guerra no existen reglas fíjas. Las reglas se establecen de acuerdo con las circunstancias. La suprema habilidad consiste en vencer sin derramar una sola gota de sangre. Se sabe desde el periodo de los Reinos Combatientes, cuando la guerra se convirtió en actividad fundamental. Entonces se profesionaliza su práctica y los grandes pensadores se ocupan de ella como una filosofía de influencia y expansión del poder de las ideas.

Desde un principio no es apoderarse del terreno lo más importante sino de las voluntades. Poco ha cambiado desde entonces.

Clausewitz vivió la guerra caliente, en su más alta temperatura: un acto de fuerza para obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad. Para él la fuerza, es decir, la fuerza física es el medio; someter al enemigo a nuestra voluntad, el fin.

reinos Combatientes

Hoy no hay diferencias entre los fines perseguidos. Tampoco las guerras se declaran formalmente. Simplemente suceden como algo habitual, sin mucho sentido mientras estén lejos. Hay distintos tipos de enfrentamientos. No todas las guerras se desarrollan igual, aunque todas buscan el mismo fin. En siglos de historia se ha producido un salto cualitativo. Se tiende a vencer sin derramar una sola gota de sangre, algo impensable para Clausewitz.  Es la forma más hábil de ganar una guerra. De máxima actualidad. Los que son expertos en el arte de la guerra someten al enemigo sin combate. La fuerza física no es el único medio.

Los principios de la guerra poco han variado. Los procedimientos lo han cambiado todo.

El arte del engaño es la máxima que hoy impera. En la guerra o si quieren en el día a día. Es en definitiva lo mismo. Ganar voluntades mediante el engaño. ¿Para qué derramar sangre? Se engaña al enemigo mediante la creación de apariencias o de ilusiones. Es lo que hoy nos brinda la nueva cultura de las redes que nos atenazan mientras seguimos creyendo nadar en el mar libre. Todo el arte de la guerra, o si quieren del día a día, está basado en el engaño.

La OTAN (¿Trump o Europa?)  despliega su músculo en una exhibición  de juguetes de guerra frente a su enemigo: ¿Rusia o Putin?

La OTAN despliega en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania

Si tu enemigo está unido, divídele.

Chang Yu: <<Clavad una cuña entre el soberano y sus ministros; o, si no, enemistadle con sus aliados. Sembrad entre ellos las sospechas mutuas, de manera que reine en ellos el malentendido. Así podréis conspirar contra ellos >>.

Dos despliegues. Uno lo forma un conjunto de intereses, no muy claros, de aliados en tanto en cuanto beneficie a su individualidad. Despliegue aparatoso y probablemente inútil. Armas que tiene una probabilidad mínima de empleo. También con una brecha de capacidades y cierta incapacidad para operar de manera conjunta. En ello están: la interoperabilidad.

El otro. El del otro, más avanzado, despliega en todos los campos, el clásico visible y lento, junto al virtual, eficaz y veloz. Sin distinguir fronteras: la guerra en red y la ciberguerra. Plantea conflictos de carácter social e ideológico entre naciones y sociedades. Propaganda, campañas psicológicas, sabotaje o interferencias, provocar un cambio de opinión o inducir a decisiones erróneas.  Ejemplos sobran. También su despliegue se ocupa de los sistemas de mando y control del adversario así como de sus sistemas de información, inteligencia y distribución.

¿Cuál es más eficaz? ¿Virus, gusanos, caballos de Troya, bombas lógicas, spywares, phisings… o carros de combate, cañones y misiles?

Sun Tzu ha dicho: <<La guerra es un asunto de importancia vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación>>.

Pero como decía el Libro de las Metamorfosis: <<Con la alegría de superar las dificultades el pueblo olvida el riesgo de la muerte>>.

O peor. Que a nadie importe ser un simple terminal de la red y vivir una libertad compartida por los impulsos que te inyectan.

Es así y así se lo contamos: <<Se engaña al enemigo  mediante la creación de apariencias o de ilusiones>>.

Al amigo también. Es el desarme artístico en el que no creía Clausewitz.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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29 noviembre 2017