“La mala reputación” (1952) es una canción de George Brassens cantada, entre otros, por el eterno exiliado Paco Ibáñez que habiéndola convertido en canción antimilitarista no era esa la intención primera de su autor. Pero la ideología “anti” de aquella época se impuso añadiendo palabras intencionadamente para que apuntalaran su “idea fuerza”.
Se rescatan aquí estas estrofas de todo el conjunto pues son a las que se puede atribuir un significado intemporal. Son estrofas a las que a su intención primitiva se le puede dar la vuelta como a un calcetín. Hoy son otros los que pueden hacer suyas estas palabras al sentirse acosados por no compartir esta modernidad de primeros de siglo XXI.
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe.
Si con las mencionadas estrofas de esta canción icónicase pedía antaño, respeto a opiniones e ideas prohibidas o no coincidentes con las de la época, podríamos decir que es una canción eterna. Hoy vuelve a recobrar actualidad. Son estrofas boomerang que como el arma arrojadiza se revuelve contra quien la lanzó.
Nuestra actualidad también parece que nos lleva a la necesidad de tener una sola fe, no la religiosa, no, sino la que proviene de lo políticamente correcto y que nos viene impuesta si no queremos sufrir los rigores del aislacionismo social. No nos engañemos en esto y miremos en todas las direcciones, no dejemos que nos estabulen.
Veamos esta otra estrofa boomerang:
En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal.
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño.
Y en ese rebaño ya sabemos quienes pastan, los del pensamiento único, pensamiento que tratan de imponernos. Hay poco margen. Cada vez más se va comprendiendo eso de que el “sufrimiento iba a cambiar de bando”. Pero hay que insistir en esto, miremos en todas las direcciones.
Es momento de traer aquí las palabras del periodista, escritor y académico de la RAE, Arturo Pérez-Reverte:
“Nunca hemos sido menos libres. Yo viví los 70, aún bajo el franquismo, y fuera de la política, la libertad era absoluta. Ahora vivimos entre montones de inquisiciones. Y este puritanismo espantoso. Nunca he sentido mi libertad personal tan amenazada como en los últimos 10 años”.
Juan Soldadotiene esas mismas sensaciones y no disfruta de libertad absoluta pues hoy tiene que autocensurarse en determinados espacios para evitar ser tachado con cualquier insulto avalado por esa mal entendida libertad de expresión. Él y gran parte de sus conciudadanos, hoy, están en disposición de hacer suyos estos párrafos aquí traídos, ya que de intolerancia se trata.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado.
Juan Soldado, claro que peca y mucho y además sin propósito de enmienda pues se niega a seguir al abanderado de la falsedad,de la intolerancia, del mal gusto, del oportunismo, al que reniega de su historia, de la difamación, de la deslealtad, del resentimiento, de la infidelidad…
Juan Soldado cada vez más recurre al refugio de los suyos a los que, aun en las discrepancias lógicas, tolera y se siente tolerado. Mira por el retrovisor de la vida y se asombra de los cambios sufridos en pocos años. No comprende esta involución que estamos atravesando. Sí involución en muchos aspectos.
Juan Soldado aprecia la falta de sentido crítico actual pues, o todo se tolera, por aquello de las libertades individuales o bien todo se prohíbe.¿Será que haya que seguir a este nuevo desfile de banderas?“No toda la memoria es fascista y caspa y, si seguimos así, vamos a acabar mal», comentario del Académico antes mencionado.
Hoy los medios de comunicación moldean las opiniones del ciudadano de manera que cualquier preferencia o afinidad personal ha de estar perfectamente encasillado políticamente y de esta forma con unos o con otros es muy fácil tener “mala reputación”.
Haya paz. Un saludo.
Andrés Manrique. Teniente (R.)
Blog: generaldavila.com
16 octubre 2019

































