Recuerdo haber leído en una ocasión que «nadie debería morir sin haber sufrido una crisis, una pandemia y una guerra».
Como nací en el 38, aún sin recordar nada se que era en medio de una guerra, he sufrido alguna que otra crisis, y ahora estoy en plena pandemia. He vivido casi todos los cánones exigidos de quien escribió aquello.
Con esa escasa experiencia me creo capacitado para decir que toparemos más de una vez con calamidades pero siempre hemos de buscar las herramientas para esquivarlas y disfrutar de la vida.
Los fallos de los cocineros se tapan con salsas; los de los arquitectos, con flores; los de los médicos, con tierra. Pero ¿con qué se tapan los errores de los políticos? Últimamente el «protocolo» ha visto realzada su importancia en el proceso de resolver y tapar esos graves problemas, y la mayoría de las veces alrededor de una mesa.
En todo conflicto suele haber tres versiones: la de una parte, la del lado contrario …y una tercera, la más completa y verdadera. Los más optimistas dicen que para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y… equivocada.
Entendemos como «Protocolo» al conjunto de reglas de formalidad establecidas por norma o por costumbre que rigen los actos oficiales y las ceremonias diplomáticas.
Empezaremos por el incidente diplomático que ya comentamos en su día, el tiempo pasa volando, ante la imagen machista en el incorrecto y provocado protocolo del Palacio Presidencial de Ankara, con el caso del sillón que no pusieron a Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quedando relegada al sofá corrido, en un estudiado nivel inferior, que le preparó Recep Tayyp Erdogan, mientras Charles Michel ocupaba un sillón al mismo nivel que el presidente turco.
A lo mejor la solución a todos estos fallos y problemas la tienen los filósofos.
Como cuando de forma poco elegante, el presidente Jonson (este no era filósofo) describía por qué mantenía al polémico John F. Hoover al frente del FBI: «Es mejor mantener a ese individuo dentro de mi tienda meando hacia fuera que fuera de mi tienda meando hacia adentro».
En el viejo continente, en un banquete oficial se sentó frente a José Ortega y Gasset (este si lo era y de los grandes) un comerciante rico, pero con poca ilustración. En la cena, la conversación derivó hacia la utilidad de la filosofía y el adinerado comerciante le preguntó a Ortega: ¿Para qué vale toda la filosofía? A mi juicio es como no hacer nada porque, ¡sea sincero!, ¿qué es lo que hoy en día separa a un filósofo de un ignorante?.
Ortega respondió: «El ancho de esta mesa, señor»
Y mucho antes, un rico comerciante encargó a Séneca la educación de su hijo. Cuando el filósofo le comunicó, alrededor de otra mesa, el importe de sus honorarios, el comerciante los encontró excesivamente caros y exclamó: Tened en cuenta que con esa cantidad puedo comprarme un burro. A lo que Sócrates respondió: «Hacedlo y tendréis dos asnos en casa».
Que manía tenemos en creer que somos lo que no somos. ¿Quien no lleva dentro un médico, un maestro o un seleccionador de futbol?.
Hay muchos listos hechos a sí mismo, que hablan demasiado y cuyo único propósito es agrandar su patrimonio mientras se hacen cargo de las riendas del negocio, y digo riendas porque lo hacen como si se tratase de ganado. Y es que se puede dividir a los hombres en dos categorías: los que hablan por tener algo que decir, en contraste con la lluvia de discursos por parte de los que nada interesante tienen que contar. No, no saben ustedes de todo. Zapatero a tus zapatos, y los trajes para el sastre y la modista. «Cuando yunque , yunque. Cuando martillo, martillo»
Para visitas, reuniones y cumbres políticas las de antes.
En agosto de 2010 invitado por Berlusconi llegó a Roma procedente de Libia el coronel Gadafi y todo su séquito, entre los que se encontraban los 30 caballos bereberes que siempre le acompañaban. El motivo de la visita a la antigua metrópoli, era conmemorar el segundo aniversario del tratado de amistad libio-italiano con el que se quiso olvidar el pasado colonial. Como hacía en otras ocasiones, en Roma Muanmar el Gadafi durmió en su gigantesca «jaima» (tienda beduina de campaña de los pueblos nómadas del norte de Africa), colocada en los jardines del parque urbano más grande de Roma, Villa Pamphili.
Años más tarde el Gobierno de Zapatero, también ofreció al líder libio, cuando visitó España con una comitiva de 300 personas y su curiosa guardia femenina, los jardines del Palacio de El Pardo para que instalara allí su gran «jaima».
Últimamente hemos visto como el protocolo dentro de la política, ha realzado su importancia.
Como si se tratase de una prevención del coronavirus, la escena moscovita del presidente ruso, Vladimir Putin, con su homólogo francés, Emmanuel Macron, en la que el eslavo había preparado al galo un cara a cara a través de una mesa de más de cinco metros de larga, con vistas a agotar las vías diplomáticas (…), para resolver el conflicto ucraniano, restablecer el alto el fuego, y de paso, tratar de impedir el nuevo orden mundial que quieren imponer Rusia y China.
La mesa de Moscú, surrealista y a la vez razonable, como las palabras del presidente francés de que era la alternativa por no quererse hacer de nuevo las pruebas diagnósticas de la covid-19, no fuera a ser que sus intimidades genéticas quedasen en poder del antiguo dirigente de la KGB soviética.
Los casi seis metros reunió o, mejor dicho, separó a Putin y Macron durante su encuentro en Moscú. La mesa era de mármol blanco, un material poderoso y frio pero con aires de «La caza del Octubre Rojo», y nos sugiere muchas preguntas.¿Faltan invitados y por eso resulta peligrosamente vacía?, o es una metáfora directa que lanza el Kremlin como la foto de su presidente montando a caballo con el dorso descubierto. Cuando el interlocutor se sienta a seis metros de distancia, está claro que la conversación que puedan tener será improductiva, pero se puede comparar la escena con la famosa «jaima» de Gadafi, ambas con el único fin de asegurarse la foto. Posteriormente en un mensaje a la nación difundido a sus doce husos horarios por las cadenas de televisión, el presidente ruso, reconoció a las repúblicas rebeldes de Donetsk y Lugansk como Estados independientes (a decir verdad, con la alegría de muchos de sus activistas prorrusos). Algo similar pasó cuando Moscú se anexionó Crimea en 2014.
Otros se preguntan ¿por qué en la mesa de la la reunión del presidente de China, Xi Jinping, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, en Beijing previo al comienzo de los Juegos Olímpicos de Invierno, no había más de 50 cm de distancia?.
Donde me parece que falló el protocolo de la curia romana fue en el último episodio vaticano. El ver a dos papas, uno al lado del otro, con el mismo blanco ropaje me hizo daño a los ojos. Me ha recordado lo que conocemos como el Cisma de Occidente, cuando la Iglesia se encontraba dividida bajo dos obediencias, la del papa residente en Roma y la del antipapa residente en Aviñón. Eso de ver a dos papas juntos sentados en una mesa, no me da mucha tranquilidad, sobre todo hoy, cuando más necesidad tenemos los hombres de creer de verdad en algo. . Para nosotros los no iniciados en esto del protocolo, el lenguaje diplomático, como el que se desprende de nuestras mesas, está lleno de sutilezas, pero no se dan cuenta que lo mejor que se puede hacer en toda cumbre alrededor de una mesa, es comer.
Y es que en todo banquete, hay momentos de compartir, de ver el estado de ánimo de cada uno y las cosas que nos preocupan; alrededor de una mesa todo el mundo se abre y se vuelve transparente, y como estamos en carnaval, las máscaras nos ayudarán a olvidar las mascarillas y transformarnos en actores ocasionales.
Jean Anthelme Brillat-Savarin, jurista francés, gran cocinero y autor del primer tratado gastronómico, (Fisiología del Gusto), nos dejó escrito las condiciones que debe reunir todo buen banquete, los detalles del número de comensales y la forma de la mesa ideal: seis u ocho invitados con paridad de hombres y mujeres, y por supuesto, ningún político invitado. En cuanto a la forma de la mesa: nunca rectangular o cuadrada, siempre redonda u ovalada pues decía, que por las esquinas se marchaban los secretos. Como resumen confesaba que lo ideal sería comer solo dos personas: el mejor cocinero y él.
En este «menú», cualquier ingrediente diplomático es bueno para mejorar esos guisos, aunque a veces como ahora, con tanto hablar de mesas, banquetes, cocinas y cocineros, explota todo y… ¡Se me va la olla!
Zaragoza marzo 2022
ÚLTIMA HORA.-«Parte de guerra en Ucrania, jueves 24 de febrero 2022. (05:50 hora de Rusia, 02:50 GMT)»
El presidente de Rusia anunció este jueves: «he tomado la decisión de una gran operación militar especial en la región de Donbas en Ucrania», y poco después empezaron a escucharse explosiones de ataques con misiles en las ciudades de Kiev, Jarkov, Mariúpol, Odessa y Kramatorsk.
¡Fracasó la diplomacia!.
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver.
Blog: generaldavila.com
25 febrero 2022