Hay días que cuesta un verdadero esfuerzo escribir. Sobre todo cuando madrugar significa estar en un atasco de dos horas, incomprensible, un día y otro, tragando el veneno que respiramos y llegando tarde e indignado a todo tu planeado programa. Les aseguro que las palabras dedicadas a los destructores de infraestructuras –destruyestructuras: ministro de Fomento, Comunidad y Ayuntamiento- no son para escucharlas. Las que todo hijo de vecino a diario pronuncia en los cada vez más numerosos atascos de la capital de España. Responsables hay muchos, gestores del buen hacer hay muy pocos, reguladores, escasos y malos. Un desastre.
Se comprende que un accidente, avería o incidente, provoque retenciones, pero para eso debe haber especialistas, y suficiente experiencia en los responsables de la gestión del tráfico para que repercuta lo mínimo posible. Infraestructuras también. Ni lo uno ni lo otro.
¿Cuántas infraestructuras en los accesos a Madrid se han mejorado en los últimos años? Por acotar, ¿desde Zapatero a fecha actual? Ninguna. Todas a peor.
El caso es que en las dos impacientes horas, para hacer un recorrido que normalmente lleva media hora, puse la radio para escuchar a diversos personajes de la política que tenían la desvergüenza de hablar de lo que iban a hacer y que nunca hicieron cuando podían y debían hacerlo.
Usen transporte público. Te entra la risa. Sí. Entonces dos horas no son suficientes; tres para llegar a tiempo. Trenes que no llegan, retrasos, siempre de pie (y agarrado a donde puedas o te matas), sucio, que se queda averiado a la mínima; luego coge un autobús o metro, a reventar.
He comprado un cupón de la ONCE en el quiosco próximo al lugar de mi cita. El vendedor me comentaba que sale a diario de su casa a las seis de la mañana para abrir el quiosco a las ocho. Se me ha ocurrido la imprudencia de preguntarle a quien iba a votar.
-A quien me arregle lo del tráfico y, entre usted y yo, a quien deje en paz a los muertos.
-Pues deme dos cupones y que haya suerte.
He comido en un sitio de esos de menú del día. Tengo que reconocer que precio-calidad es insuperable. Terracita de Madrid, comida casera y simpatía. Rapidez, porque en Madrid todo es deprisa.
Nos han puesto de aperitivo un poco de ensaladilla rusa. Como el camarero es conocido le he comentado aquello de que en la Academia Militar en la minuta en vez de rusa, ponían ensaladilla imperial, y que a los filetes rusos se les llamaba filetes nacionales.
-Godo, ¿a quién vas a votar?
-Bien lo sabe usted. Al que ponga un poco de disciplina de esa, y meta en vereda a tanto mangante como hay en España, el puidemont y esos cerdeerres, o como se llamen, que a mí no me duraban ni media hora. Y pa que le voy a contar de los desenterradores…
La encuesta no ha terminado ahí. Aprovechando el casi perdido día, por culpa del atascazo, he preguntado a más personajes. Me ha subido la moral. ¡Qué desastre!
¿A quién vas a votar? Y entonces ha surgido todo eso de que “ al que ponga en su sitio a los independentistas, al que mande a una pareja de la Guardia Civil a detener al Torra ese, al que deje en paz a los muertos, al que suprima la Ley de Memoria histórica, al que no robe, al que me dé trabajo… “A nadie”, “A ninguno”… “Todos iguales”…
No sé porque me da que va a haber mucha abstención.
Estamos hasta los mismísimos. Todos. Menos ellos.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
30 octubre 2019






















