Este artículo me lo remite un buen amigo que prefiere no identificarse. Es su punto de vista sobre lo que allí, en Barcelona, se ve y palpa por la calle. Juzguen ustedes.

Edificio de la Generalidad
BARCELONA A 1 OCTUBRE 2019
He leído con el mayor interés y detenimiento tu artículo sobre el Sol que se apaga en Cataluña.
Te escribo para contarte mis impresiones sobre lo que he visto en la calle, sin meterme para nada en los ambientes políticos y sin tener amigos catalanes conocedores de la vida local. Lo que paso a describirte se refiere al mundo urbano y a una zona muy concreta de Barcelona, la situada al norte de la plaza de Cataluña, Paseo de Gracia, Rambla de Cataluña, avenida Diagonal y barrios situados al norte de la Diagonal. Esto no tiene nada que ver con el mundo rural ni con el Raval.
Lo cierto es que, en abril, vine con muchísima aprensión; después de casi seis meses, me fui muy contento por poder irme, pero también porque he perdido mis prejuicios.
Cuando vine la primera vez, hace unos cuatro años, había por las calles, terrazas y ventanas muchísimas más banderas separatistas que las que veo ahora.También se ven banderas españolas, a veces justo en la ventana del piso superior a uno de separatistas.
He hecho fotografías de fachadas en las que puedes ver lo que es el despliegue general en Barcelona que como sabes, no es lo mismo que Gerona u otros pueblos muy separatistas. Incluso en Barcelona, en la cochambre del barrio Gótico –algo tenebroso- se ven más banderas separatistas que al norte de la plaza de Cataluña.

Española y catalana
Nunca jamás, en estos seis meses se ha dirigido nadie a mí hablando en catalán. Seguramente porque me lo ven en la cara aunque también puede ser que, como estoy bastante sordo, a mi primer ¿cómo?, mi interlocutor se da cuenta de que no entiendo lo que me dice y sin más pasa a hablar en castellano.
En todas, absolutamente todas las tiendas, grandes almacenes, cafeterías, restaurantes etc. he sido tratado con una notable amabilidad y con un afán de servicio muy destacado. Me llamó la atención el interés de los empleados de esos locales por resolver cualquier pega que plantease. El espíritu comercial es notorio.
Los talibanes de la policía lingüística están ganándose su sueldo a conciencia. Los letreros de los escaparates en todas las tiendas están en catalán aunque por suerte hay muchas que también los ponen en español; no he visto ni una sola tienda que tenga los letreros sólo en español. En los supermercados y tiendas de alimentación los rótulos están, casi siempre, sólo en catalán; es incómodo pero -en general- los productos pueden identificarse visualmente aunque en alguna ocasión -con productos envasados- tuve que preguntar de qué se trataba. Otra cosa son los tickets que dan en la caja; siempre están sólo en catalán por lo que es casi imposible saber -a posteriori- lo que ha costado un producto concreto.
Respecto a la lengua, sirvan dos ejemplos. En una ocasión pregunté al camarero y dueño de un restaurante si no tenía crema catalana para tomar de postre; me respondió literalmente que no podía tenerla porque se exponía a que se enterasen los de Vox o de Ciudadanos y boicoteasen el local; contesté preguntando si ocurría algo similar con la ensaladilla rusa o el gazpacho andaluz. Por toda respuesta se me quedó mirando sin decir nada, sonrió y siguió con su trabajo.
En otra ocasión, en una cadena de alimentación muy conocida me ofrecieron la tarjeta de fidelidad. Poco tiempo después empecé a recibir SMS pidiendo datos de cuenta bancaria o algo así para formalizar el contrato; no estoy seguro de lo que querían porque los insistentes SMS estaban en catalán. Se quedaron sin la fidelidad de un cliente.

11S. Una esquina de la Diagonal
Tontos del lacito se ve alguno de vez en cuando; suelen ser personas mayores. Por decir una cantidad te diría que si me cruzo con cien personas, quizá un par de ellas llevan el lacito amarillo. En las fachadas ocurre como con las banderas, lazos descoloridos y muchas veces medio descolgados. Eso sí, cuando se ve una fachada llena de lazos amarillos en buen estado, entonces es que estamos frente a un edificio de la Generalidad de Cataluña; lazos si pero banderas separatistas no, no vaya a ser.
El día 6 de septiembre, por primera vez, vi un kiosco de la república. Lo estaban montando en la Rambla de Cataluña seguramente por la proximidad de las «fiestas». El día 7 ya no estaba.
Las banderas, los lacitos en las ventanas, los letreros etc. se ve que están bastante ajados.
Mi impresión es que parecen los restos de un funeral, como si estuviesen cansados de tanto payaso. Así se vio el día 11, con la caída espectacular de asistentes “de autobús y bocadillo” a la manifestación de la Diada.
Ese mismo día 11 pude ver que se habían renovado algunas banderas separatistas. Seguramente por la celebración y ahí se quedan hasta el año próximo, si no se rompen antes. Recorriendo por completo el Paseo de Gracia me crucé con ocho o diez grupos de cuatro o cinco personas, andando hacia la plaza de Cataluña, que llevaban puesta una camiseta pro independencia. La verdad es que me crucé con más japoneses que separatistas, quizá porque en el Paseo de Gracia hay varios edificios emblemáticos construidos por Gaudí que actúan como un imán.
Los turistas, los asiáticos, africanos etc. se ven por oleadas, muchísimos. Parece que esto, en lo que al turismo se refiere, no decae.
Es muy llamativo el número de edificios en obras, por renovación o nueva construcción; lo mismo ocurre con las tiendas, apenas se ven algunas cerradas por fin del negocio. En la zona descrita, la secuencia de tiendas de primeras firmas de importancia mundial es espectacular.
En definitiva, creo que todavía queda algún rayo de luz. Veo difícil que el mundo rural acabe imponiéndose sobre el urbano.

Sitges. Banderas locales y una española.
Otra cosa es el orden público. De la plaza de Cataluña para abajo hay que andar con mucho cuidado por los robos y especialmente por los apuñalamientos en el Raval y zona del puerto. En el interior de muchísimos locales comerciales próximos a la plaza de Cataluña se muestran avisos -por las cuatro esquinas- de precaución frente a rateros y carteristas. De hecho, pude ver dos grupos de ellos, inmovilizados por la policía, que seguramente acababan de ser detenidos en un concurrido paseo de Gracia a mediodía.
El metro también es peligroso. Es tal el hartazgo que hay brigadas ciudadanas de orden público.
Como dije al principio, me voy muy contento porque he vivido en una Barcelona distinta a la que conocía por la prensa, la televisión y mis cortas visitas ocasionales.
Barcelona fue durante muchos años una capital española y europea de referencia. Seguramente, la política de aldea de los últimos tiempos ha hecho que pierda muchos de sus encantos. Estoy convencido de que aquí hay material de sobra como para recuperar lo perdido. Quiero pensar que con unos años de «desnazificación» la situación podrá encarrilarse, a pesar de los payasos, los cobardes, los tramposos y demás gentuza.
Blog: generaldavila.com
1 octubre 2019