PUBLICADO EN EL DIARIO EL MUNDO EL DÍA 26 FEBRERO 2022. Rafael Dávila Álvarez.
El recuerdo es inevitable y aquella fecha del 6 de agosto de 1945 parece que no sirvió de nada.
Desde el 1 de septiembre de 1939 al 7 de mayo de 1945 Europa fue campo de batalla. Soldados y máquinas de guerra enfrentados de manera salvaje y sin que leyes de guerra, humanas al fin y al cabo, suavizasen la contienda más brutal y absurda a la que el mundo se ha enfrentado. Era el paso obligado, siguiente a la Gran Guerra, que nadie quiso adivinar. A día de hoy no hay respuesta: ¿por qué? Quedó una temblorosa civilización, ruinas y muertos. Los vivos hubiesen preferido morir.
Fue y es algo parecido al fin del mundo para el que nunca estamos preparados. No lo estábamos entonces. El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La siguiente piedra da claras muestras de encontrarse en el camino.
Los Estados Unidos salvaron a una Europa indefensa que no supo estar preparada militarmente para el momento. A partir de aquello nada fue igual.
El 24 de octubre de 1945 los representantes de 50 países se unieron en la Conferencia de San Francisco para redactar la Carta de las Naciones Unidas. Ratificada por China, Francia, la Unión Soviética, Reino Unido, Estados Unidos; y el resto.
De nada sirve cuando la ambición política te lleva a manejar a tu antojo la máquina militar. La imaginación es aspirante a gobernar el mundo, pero los cañones son el instrumento que utiliza la imaginación para llevar a cabo sus propósitos. Así lo dejó plasmado Napoleón.
El mundo en nada ha cambiado, y si lo ha hecho es a peor.
Las fronteras son fuente de preocupación y rugen, detrás de la tragedia humana utilizada como arma ofensiva, las formaciones disciplinadas a la espera de que les abran las puertas. La inteligencia se cuela por los resquicios de unas redes infectadas de espías cibernéticos que pretenden paralizar la vida cotidiana. Las materias primas están en manos de unos y otros que controlan el suministro. Aunque ellos mantengan a sus pueblos en la miseria y sin libertad.
El fracaso político da entrada al siguiente modo de hablar: con las armas.
“Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador. ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos?” (Mateo 16:3).
Las señales eran claras. En cualquier Academia Militar, no necesariamente de Estado Mayor, se estudian las señales que anuncian un posible conflicto, los síntomas de una posible guerra.
En la última reunión del G20 nadie le dio importancia a la ausencia de Rusia y China. Iba precedida de otras muchas señales: la pandemia, los movimientos en las fronteras, nuevos y desconcertantes despliegues de tropas, reactivación del servicio militar en algunos países (algo impensable hasta ahora), aparición de grupos armados sin control, ciberguerra declarada, focos de tensión que entran en actividad: Taiwán, Báltico, Kaliningrado, Bielorrusia, Crimea, América española, Argelia-Marruecos; y los de siempre agazapados con sus átomos a cuestas.
Vivimos sobre una paz amenazadora y eso no es paz. El gran pensador de la guerra, Carl von Clausewitz (1780-1831), dejó el vaticinio de los males que anuncian el futuro: “las guerras son el reflejo de las sociedades que las sostienen”.
Nadie hacía caso, han fallado las previsiones, algo esperado ya que ninguna guerra se profetiza y entre los soldados sabemos que un general previsible es un general derrotado. El fulminante rayo desplegado sobre los cielos de Europa llegó antes de que sonasen las sirenas de los bombardeos.
Cuando el General Eisenhower analizaba el esfuerzo que tuvieron que hacer los ejércitos para hacer frente a la invasión alemana decía que en la mayoría de las unidades se había prestado más atención a los deportes, diversiones y entretenimiento que a la instrucción. Les sorprendió la guerra. Como ahora.
No podemos dejar a los ejércitos para melifluos cometidos porque no todo se resuelve en adornadas mesas de negociaciones. La tentación de dominio y el temor al fracaso en su gestión lleva a los dictadores a esconder los propios problemas creando otros mayores. El fracaso político les conduce a hacer uso de la maquinaria militar de manera dictatorial. Si te lo consienten.
“Por regla general, hacer la guerra no es lo mejor. Sólo la necesidad debe obligar a emprenderla. Independientemente de su resultado y su naturaleza, los combates resultan funestos incluso para los propios vencedores. Únicamente hay que librarlos si la guerra no se puede conducir de otra forma. Si al soberano le mueven la cólera o la venganza, no debe declarar la guerra ni movilizar tropas» (Sunzi)”.
Putín no recibe consejos, sino que impone y ejecuta la opción más favorable a su propio interés, copia de otros viejos conocidos provocadores de guerras.
¿Qué pasará ahora? En las operaciones militares, antes de tomar una decisión, se manejan dos hipótesis de trabajo en el planeamiento: la más probable y la más peligrosa. De acuerdo con la primera se establece la maniobra y la segunda es la base de la seguridad. Luego interviene el azar que la mayor parte de las ocasiones es quien manda en la guerra.
Si analizamos la situación del ataque a Ucrania les daré mi humilde opinión a sabiendas de que solo poseo los datos que los medios nos ofrecen y no creo que haya en estos momentos nadie que se atreva a hacer una predicción.
La hipótesis que se nos presenta como la más probable se acerca a lo que ocurrió ya en Crimea. Una ocupación militar y política del territorio de Ucrania que le dé ventajas en algo prioritario en estos momentos: la energía. El varapalo sufrido por la negativa a poner en marcha el Nord Stream 2 que bajo el Báltico llevaba el gas directamente desde Rusia a Alemania ha sido muy duro para Putin.
La hipótesis más peligrosa es que haya un previo acuerdo Rusia-China.
Xi Jimping es seguro que conocía los planes rusos. Dentro de los evidentes riesgos no hay que descartar que en poco tiempo tengamos que prestar nuestra atención a Taiwán. Las invasiones pueden ponerse de moda y el tablero del juego mundial cambiar de manera radical. Europa podría pasar a depender de Rusia. Incluso darse el cambio que se produjo con Alejandro Magno.
Todo depende de nuestra capacidad y postura para defender la libertad que es lo que está en juego. Volviendo a Clausewitz: “los errores que se dejan subsistir por benignidad son precisamente los más perjudiciales en la guerra”.
En estos momentos Rusia ha pasado la gestión de la guerra al instrumento militar y por tanto las Fuerzas Armadas reciben la responsabilidad de alcanzar los objetivos estratégicos militares necesarios para lograr la situación final deseada, cumpliendo las condiciones de ejecución establecidas.
La OTAN ha puesto en marcha su planeamiento de respuesta de crisis (Crisis Response Planning). Todo puede ocurrir como planteo en las hipótesis de guerra, pero que hay signos muy preocupantes es algo evidente. De guerra. No sabemos cómo se desarrollará, pero el esfuerzo para estar preparados corre prisa y hay que ponerse a trabajar en la política de Defensa y Exterior, en los pactos, fuertes y solventes; decididamente hay que apostar por un mundo en guerra.
¿Lo vamos a notar? Probablemente. Nos deja en peligro a todos y expuestos a que mañana estemos sin gas, sin gasolina, sin electricidad, sin identidad. O algo mucho peor.
Hay que enderezar el rumbo y no es fácil cuando la próxima Cumbre de la OTAN que se celebrará en Madrid este año queda definida por un nuevo concepto: La brújula estratégica. Tiene nombre de película: Dunquerque.
Por último les planteo un serio interrogante: Supongamos que Putín ha decidido reconocer la independencia de Cataluña y se presenta mañana con su Armada y sus aviones de guerra en Cataluña. ¿Qué haríamos?
Recurro a Jenofonte: «Si alguien les hace cambiar de actitud, de modo que dejen de pensar únicamente en lo que les puede pasar y piensen también en lo que pueden hacer, se encontrarán mucho más animosos, porque sabéis perfectamente que no es el número ni la fuerza lo que consigue las victorias en la guerra: sólo a aquellos que con la ayuda de los dioses se lanzan con ánimo resuelto contra los enemigos, la mayoría de las veces, su oponente no logra contenerlos».
General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)
Blog: generaldavila.com
































