¿QUÉ EJÉRCITOS QUEREMOS? (2) La enseñanza de el valor Adolfo Coloma GB (R) del ET

En un interesante artículo publicado en el N.º 922 (enero – Febrero 2018) de la Revista Ejército,  el Tte. General de la Corte hace un profundo análisis del “El valor”, al que considera como «una cualidad dela persona o de un colectivo, consecuencia de virtudes o valores adquiridos, que impulsa a obrar racionalmente ante una situación de riesgo para enfrentarse a él contemple y firmeza» y sentencia que no es el valor una virtud en si mismo, sino una consecuencia de virtudes (se refiere a las virtudes humanas y profesionales), para terminar considerando la escala de valores en nuestras fuerzas Armadas, que van desde el valor se le supone al heroico y analiza la forma de reconocer y premiar tan necesario valor (valga la redundancia) en nuestros ejércitos.

Estas interesantes reflexiones, que prácticamente hago mías, me llevan a analizar la cuestión del valor desde otro ángulo: es valiente quien tiene valor, pero ¿el valiente nace o se hace? No dudo de que Vds. mayoritariamente optarán por la segunda propuesta. Yo también. Pero esta misma certeza me lleva nuevamente a preguntarme. ¿Y cómo se hace a uno valiente? ¿Cómo se entrena uno para ser valiente? Esta es la pregunta que va a centrar mi reflexión y sobre la que intentaré aportar mi personal punto de vista. Tiene mucho que ver con la formación en las academias y centros de formación, con la práctica constante y con la selección.

A poco que eche uno la vista atrás advierte fácilmente los profundos cambios que la historia ha introducido en la forma de concebir y de hacer la guerra. Desde los tiempos remotos en los que las armas eran manejadas prácticamente a brazo y la lucha se llevaba a cabo casi sin espacio físico entre los contendientes, pasando por la invención de la pólvora cuyo uso intensivo y extensivo trataba de doblegar al contrario sin necesidad de llegar al contacto físico, pero manteniendo los conceptos de frente, flancos y retaguardia; hasta la actualidad, en el que estos conceptos se difuminan al máximo y en la que una radiación tal vez pueda ser letal. Pero, al mismo tiempo, se observa que, en todo el espectro del conflicto, en cualquier época, a los soldados se nos exige esa presencia de animo que el diccionario de la RAE define como “Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros.”

¿Es el valor un atributo exclusivo del soldado? Absolutamente no, y ejemplos hay a diario que lo ponen en evidencia. Lo que nos diferencia a los militares es que el valor se nos exige.Nos lo reconocerán y premiarán o no, pero a todos se nos supone y no podemos renunciar a él. La falta de valor supone cobardía, actitud tipificada y castigada en el Código Penal Militar (Ley Orgánica 14/2015, de 14 de octubre), que la define como: “el temor al riesgo personal que viole un deber castrense exigible a quien posea la condición militar”.

Por tanto, si el valor se nos exige, como la resistencia a la fatiga, el amor a la responsabilidad o la exactitud en el servicio, desde que uno sienta plaza ha de ser entrenado en ello. El plan de formación militar ha de incluir una serie de principios, de conocimientos, y finalmente de ejercicios que aseguren a los formadores que el individuo en cuestión va superando los estándares previstos y al mismo tiempo, que el sujeto vaya cogiendo la confianza en sí mismo, que le haga consciente de esa superación. Hoy los planes de estudio y formación son muy amplios y variados, desde los de oficiales hasta los de tropa. Me pregunto si tal formación, específicamente orientada hacia ese objetivo, el valor, está hoy en día reglada.

Un veterano y prestigioso oficial, en la cúspide de su carrera, me decía –“menos informática y más equitación”- A primera vista tal invocación puede parecer trasnochada, por cuanto la equitación, que ha sido durante siglos asignatura práctica necesaria en cualquier ejercito y base de una de las genuinas formas de combatir, está ya más que superada; mientras que los conocimientos informáticos son necesarios desde los escalones más bajos. Pero algo de verdad subyace en la frase de aquel veterano militar. La equitación ofrecía al cadete la oportunidad de subirse al nobel bruto y con la técnica necesaria, inteligencia y coraje, conducir al animal hacia el objetivo que se ha propuesto, incluso por encima de la voluntad esquiva del animal, corriendo el riesgo – riesgo calculado – de dar con sus huesos en el suelo. Este podría ser un buen ejemplo de una enseñanza específicamente dirigida hacia el entrenamiento del valor.

Lo que trato es de poner de manifiesto la importancia de la practica reglada de una enseñanza orientada, mensurable y progresiva para asentar el valor. No tendría necesariamente qué ser una asignatura específica, más bien – como se dice ahora – una práctica transversal a todas ellas, pero con un denominador común: la superación de un riesgo medido y controlado que obligue a la superación de los temores propios y que induzca al autocontrol y al espíritu de equipo.

Y cuando hablo de valor y de riesgos, no me refiero exclusivamente a los aspectos físicos. Como muy bien argumenta el General de la Corte, se trata de un compendio de virtudes morales, intelectuales y físicas, o lo que es lo mismo, la armonía entre el querer, el saber y el poder. El querer que se manifiesta mediante la voluntad, el saber que se adquiere mediante el conocimiento y la técnica y finalmente el poder, las destrezas y capacidades físicas para llevar a cabo el fin propuesto a pesar de la voluntad del contrario o de las condiciones adversas.

Tan necesario es el valor del ultimo de los soldados como el del mando a cualquier nivel. Su naturaleza es la misma en uno y en otro, claro que sus componentes y manifestaciones son diferentes. Priman los aspectos físicos en el soldado, mientras que el componente moral tiene una especial dimensión en el jefe. Tanto valor hace falta para firmar un plan de operaciones en el que uno es consciente de los riesgos que asume tal plan, como para mantener cabalmente una decisión durante la ejecución del mismo, cuando noticias adversas comienzan a llegar – en esa “niebla de la guerra” de la que hablaba Clausewitz -atormentando la mente del comandante. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en la defensa del Alcázar de Toledo, que precisa poca explicación.

Por tanto, valor, audacia (no la temeridad) y asunción de riesgos, han de estar igualmente contemplados en los planes de capacitación de los oficiales en los empleos superiores. El estudio del problema táctico (o el estratégico) no tiene por que conducir, como sucede habitualmente, a la solución más evidente, la más previsible por el adversario y por lo tanto la que tiene más probabilidades de ser contrarrestada. La audacia, la sorpresa, el desconcierto del enemigo han de jugar su papel y los profesores, el propio sistema de enseñanza deben reconocerlo y promocionarlo. Hablamos siempre dentro de la más pura racionalidad y con la vista en “el cumplimiento de la misión con el menor número de bajas” que decía la doctrina de 1956. Es decir, con el menor quebranto propio, pero asumiendo que lo habrá. En caso contrario, no se trataría de esa “dialéctica de las voluntades que emplea la fuerza para resolver el conflicto”.

Para terminar esta esta reflexión solo me queda volver al inicio, a la selección de los militares.  Hasta hace no muchos años, posiblemente hasta la incorporación masiva de la mujer a las FAS, en las pruebas de selección para el ingreso en la Academia General Militar, junto a los test físicos y sicológicos y académicos del nivel del curso Universitario Selectivo de Ciencias, había una prueba muy singular: el salto del caballo. Un interminable aparato gimnástico forrado de un cuero cosido a base de tachuelas a un cuerpo de madera y sujetado por cuatro leñosas extremidades que daban al conjunto un aspecto insuperable. Pues bien, No dejaba de ser una prueba física más, pero con un matiz importante. Aquella “bestia” había que dominarla a base de técnica, coordinación y condición física, pero, sobre todo, con el convencimiento de que, al otro lado de aquel particular equino, estaba el ingreso en la academia. Hoy en día hay otras posibilidades otras técnicas, pero sigue siendo imperativo poder discriminar, siquiera de una forma elemental, quién es capaz de prepararse, dominarse, concentrarse y superar el obstáculo del que tiene un miedo insuperable.

Pues estas reflexiones me sugieren el interesante artículo del TGEN de la Corte en torno al valor. Como se dice en Operaciones Especiales (perdonen Vds. lo gráfico y expresivo de la cita): “a capar se aprende cortando güevos” a dominar al miedo, a ser valiente, también se aprende practicando. La enseñanza militar ha de combinar de forma progresiva y evaluable el riesgo medido con la voluntad de superarlo.

Adolfo Coloma

GB (R) del ET

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9 abril 2018

MÁSTERES Y TITULACIONES. EL JOYERO Y EL COJONARIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No recuerdo yo esos de los másteres en mi juventud. Aquí, donde la más principal hazaña es obedecer, entrabas en una Academia Militar y al finalizar te incorporabas a las unidades a desarrollar lo aprendido. Después llegaba lo de los másteres que siempre se han llamado cursos. De ascenso, de especialización, de idiomas, y no sé cuantas cosas más. Media vida haciendo cursos, estudiando y perfeccionando tus capacidades. ¿Qué quieres ascender?: curso al canto. ¿Qué quieres ese destino?: curso necesario. Másteres ninguno. A mí esa palabra no me suena en mi hoja de servicios.

Para curso y título con solera, y la base de todos los demás, el de cabo. Recuerden y divulguen; es muy necesario en los tiempos que corren: <<El cabo, como Jefe más inmediato del soldado se hará querer y respetar de él, no le disimulará jamás las faltas de subordinación. Infundirá en los de su Escuadra amor al oficio y mucha exactitud en el desempeño de sus obligaciones. Será firme en el mando, graciable en lo que pueda, castigará sin cólera y será medido en sus palabras, aún cuando reprenda>>. Ese sí que es un máster.

Los militares llevamos en el pecho los distintivos de los cursos que hemos realizado, prendidos en la guerrera, que en un soldado es un auténtico e indestructible  archivo que no requiere la firma de ningún profesor ni rector, porque, aquí, nos conocemos todos y todos sabemos casi todo de todos, entre otras cosas lo que cada uno ha hecho y ha deshecho.

El pecho de un soldado es su hoja de servicios donde en un rápido vistazo se puede leer su historial entre cursos y condecoraciones. Alguno lleva tantos que acaba con apodo: el Chapas. Todo estaba a la vista sin tener que revisar archivos o expedientes.

Luego, algo más tarde, llegó eso de la distancia, que es el olvido, aprender desde lejos, primero con envíos a domicilio, luego con internet, y sin darnos cuenta aparecieron paracaidistas por correspondencia y guerrilleros de internet, pero se les notaba mucho y pronto tuvieron que abandonar y volcarse más en un máster… por correspondencia, no presencial.

La cosa cambió mucho con la enseñanza a distancia. Empezaron a proliferar cursos, títulos, másteres, especializaciones en cosas de las más extrañas, y aparecieron esas cartulinas pomposas, llenas de sellos y firmas, que casi nunca servían para nada, pero puntuaban. Un título con firma vale mucho, y con membrete ni te cuento, que decía d´Ors que en el principio fue un membrete, así que lo que vale y pesa no es lo que hayas hecho sino lo que el papel lleno de sellos diga que has hecho. Sobre todo si está bien firmado, lleno de firmas, como esos títulos que hay en las consultas de los médicos.

Aunque ya se sabe que no todas las firmas son tales. Ahora las hay virtuales, digitales, o sellos que las sustituyen. Las hay interinas, por ausencia, accidentales, incluso hasta falsas. No todas las firmas son de quien son. Esperemos que no se invente el robot con gorra, estrellas o galones  y firma, aunque quien sabe…

Al salir de la Academia y antes de hacer ningún curso estuve destinado en un Centro de Instrucción de Reclutas. Llegaban los soldados cada tres meses procedentes de todas las tierras de España. De todos los niveles de conocimiento, formación y educación. ¡Qué buenos soldados!

Cuando empezábamos a filiarles ya les notabas en la cara y en los gestos quien iba para cabo. En cierta ocasión al preguntarle a un grandullón, fuerte como un toro, su profesión, contestó alto y claro:

Joyero mi teniente.

-¡Caramba! ¡Qué bonito oficio! ¿Y qué tipo de joyas haces?

-No mi teniente, no hago joyas, yo soy joyero de hacer joyos.

No, no me tomaba el pelo. Era así, joyos era lo que él hacía, un buen oficio para zapadores; sin título reconocido fue aquel muchacho uno de los mejores cabos que tuve en la compañía. El joyero hacía joyos, pero hubiese hecho, mejor que nadie, joyas o lo que le hubiesen enseñado. Un par de másteres y la vida solucionada. Se limitó a ser un buen cabo, pero de verdad.

Tengo para mí, para mi intimidad, un título curioso y sin máster alguno del que me enorgullezco. Me lo concedió una de mis nietas. Aunque no está firmado. Es lo bueno que tiene, que no es falso. Creo que ya se lo he contado en alguna ocasión, pero no me importa repetirme. Ya les digo que es para la intimidad.

“Cojonario” algo más que un máster

Mandaba yo la Legión cuando me llamó un día mi hija a contarme una historia al menos graciosa. Una de las profesoras de mi nieta la llamó para preguntarle por la profesión del abuelo porque la niña no hacía más que repetir que su abuelo era cojonario. Les aseguro que yo jamás había pronunciado esa palabra ni se me había ocurrido una síntesis tan magnífica para definir a un legionario con una sola palabra. Hubo que dar explicaciones en el colegio, pero como entenderán yo, el abuelo, acababa de conseguir el título más bonito y de más categoría de mi vida; y sin hacer máster alguno: cojonario.

De lo que se deduce que los títulos te los da la vida y los másteres te los da, vaya usted a saber, porque donde hay un buen joyero que hace joyos hay un buen refugio, y donde hay un cojonario, pero un máster solo es un papel que emborrona cualquier carrera, y además se necesitan tantas firmas, por lo menos tres y nunca se sabe, que dicen los médicos que uno cura, dos dudan y tres sepultura segura.

Dejen, dejen, no se líen con un máster más o uno menos; hagan un buen joyo y para amigos elijan a un cojonario. De los otros, del fuego amigo, ni fiarse, que luego van y te empapelan la habitación de másteres, los enseñan por ahí, y hasta te cierran la puerta y ya no sabes por dónde salir, aunque tampoco nadie sabe por dónde, ni por qué, ni para qué entraste. Cuando te quieres dar cuenta te has quedado más solo que la una. Eso sí, con tu maestría enmarcada y firmada. A nadie le importa. No importa el máster o el no máster, que en definitiva para nada vale entre tanto licenciado. Lo que verdaderamente importa es tocar… los cojonarios.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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9 abril 2018

 

 

 

 

SEMANA SANTA Y LA IMPLICACIÓN DE LOS MILITARES José Francisco Nistal Martínez Coronel Capellán

 

Semana Santa en Afganistán

Los militares actuales, en general, en el aspecto de la fe, tampoco pierden  el paso. Mayoritariamente se confiesan católicos. Luego, serán más o menos practicantes. Pero, el haber vivido experiencias dramáticas les ha hecho valorar, más si cabe, las cosas convencionales que dan calidad a la vida y cuidar, como tesoros, los bienes que nacen de los sentimientos y los afectos.

Este ejercicio no se aprende por ciencia infusa, ni interviene la magia. Las misiones de pacificación en el extranjero abren al máximo los poros del amor a la familia y del cariño a los que el corazón roza.

El Cristo de la Fe “Cristo de los Alabarderos” sale del Palacio Real de Madrid

Y, en la fe, no es distinto. Por eso, cuando llega Semana Santa, los militares católicos dan testimonio de sus convicciones y no dudan en manifestarlas públicamente envueltos en la otra piel, que es el uniforme. Es un derecho que ejercen en un estado a-confesional, que no laico. A nadie se le obliga. Por eso, nadie puede verlo ni como provocación ni como fanatismo. Los militares van vestidos de uniforme a las procesiones como, en la actualidad, pueden ir a otros actos que, en épocas no muy lejanas, las amenazas terroristas no aconsejaban. Y lo hacen libre  y voluntariamente, ejercicio que las hermandades agradecen profundamente. No es una hermandad completa sino hacen estación de penitencia militares en sus filas. La conexión vital entre unos y otros es la Fe en quien va a la muerte para devolver la Vida, Jesús de Nazaret. Y, de esto, los militares también pueden hablar. La sangre derramada por los héroes españoles de la era constitucional, fieles al compromiso contraído y sellado con el beso a la bandera nacional, ha regado paz y vida en mundos de ambiciones, odios y venganzas. En ambos casos, ni la vida fue un fracaso ni la muerte inútil. A la vista está que, en el tiempo, las semillas se han cuajado de frutos.

Los militares en las procesiones no son floreros decorativos. Son creyentes de todo el año que expresan su fe, unas veces anónimamente involucrados en las parroquias y, otras veces, identificados con su nombres sobre el borde del bolsillo del uniforme.

La BRIPAC con su Cristo de Ánimas de Ciegos

¡Ojalá los católicos en general, y particularmente los españoles, no fuéramos reos del pudor y la vergüenza que sentimos de manifestar públicamente nuestra fe que, por otra parte, fue un compromiso que adquirimos, voluntariamente, el día de nuestro Bautismo!…

Ser coherentes hoy, en todas las facetas de la vida, tiene un alto coste, por eso no faltarán indigentes culturales que no vean con buenos ojos a los militares en los cortejos procesionales. Al tiempo.

José Francisco Nistal Martínez

Coronel Capellán

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lunes 26 marzo 2018

DE NUEVO LA UNIDAD MILITAR DE EMERGENCIAS (UME) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

La UME en socorro de los atrapados en la carretera

He dicho en múltiples ocasiones (no se lo tomen al pie de la letra, solo es una hipótesis) que el día que otro “zapatero” cree una unidad militar contra la corrupción (y contra los tontos) en España disminuirán las tormentas y aparecerá un esperanzador rayo de sol.

Ministerio del Interior, Dirección General de Tráfico, Autonomías con todas las responsabilidades en protección civil y emergencias, delegaciones del Gobierno, empresas concesionarias y un larguísimo etcétera que todos ustedes bien conocen.

Ministerio de Fomento, Red de carreteras del Estado, Dirección General de Carreteras con cinco subdirecciones, 1.364 máquinas quitanieves, 242.297 toneladas de fundentes (principalmente sal), distribuidas en 352 almacenes y 530 silos. Vigilancia 24 horas al día en autovías y carreteras de alta intensidad de tráfico.

Seguro que muchas más cosas para luchar contra el general invierno. Y resulta que llega un general de muy bajo nivel y ninguno de todos estos costosos y numerosos organismos son capaces de hacerle frente. A temperaturas bajo cero más de 3.000 vehículos se quedaron atrapados en la carretera, principalmente en la autopista AP-6, con casi 80 kilómetros de corte, y miles de familias asustadas y sin atención durante 18 horas. Información nula. Nos cuentan que llegaron a pasar pánico conforme pasaban las horas. Nadie sabía lo qué hacer. Niños y mayores. Angustia.

Hasta que apareció la Unidad Militar de Emergencias. Otra vez. No es, ni será la primera vez, que le cubren las espaldas a la incompetencia. En definitiva allí apareció el Ejército.

No voy a entrar ahora en la discusión, por otro lado no olvidada, sobre la oportunidad o no de la creación de esta unidad y sus presupuestos restados del conjunto de las FAS cuando fue una misión que desempañaron siempre con máxima eficacia los ejércitos sin necesidad de crear un unidad específica y de tal envergadura y coste.

Lo ocurrido en síntesis y lo que interesa es que la Unidad Militar de Emergencias, como antaño lo hacían las unidades, ha sido la que ha sacado del monumental atasco a los responsables de estas imprevisiones e irresponsabilidades y, un vez más, los ciudadanos han comprobado en quien pueden confiar.

Después de oír las escusas de siempre, las palabras incluso ofensivas que pretenden echar la culpa a los automovilistas, o las que se dirigen unos a otros dependiendo del lugar donde estén, gobernando o en la oposición, lo que queda es una severa preocupación por la inseguridad a la que nos enfrentamos. Una añadida a otras más: la de no poder viajar en vacaciones o tener que hacerlo con equipamiento como para escalar un 8.000.

Al final siempre estarán <<los de la UME >>, los soldados, los militares. Como siempre que truena, aunque pasada la tormenta se les olvida.

Gracias de nuevo a <<los de la UME>>. Gracias soldados por vuestro buen hacer y en esta ocasión por llevar la tranquilidad  y sonrisa a los españoles en un momento muy crítico para muchos de ellos.

Veros aparecer entre la niebla y la ventisca fue su mejor regalo de Reyes.

No puedo terminar estas palabras sin hacerme eco de la anunciada subida de un 2% del precio del peaje de las autopistas. Momento muy oportuno.

Como dejaba caer uno de los responsables del desaguisado ante la imprevisión lo mejor será quedarse en casa.

La UME sin descanso para ayudar a los miles de atrapados en la carretera

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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8 enero 2017

 

 

 

COMIDA SANA Y ABUNDANTE La Legión siempre en vanguardia Adolfo Coloma GB (R) del ET

Comida sana y abundante

Encaramos este nuevo año con la incertidumbre sobre la sostenibilidad del sistema españolde pensiones. Un informe de la OCDE emitido en el otoño del año pasado así lo ponía de manifiesto. Es una cuestión de equilibrio entre los ingresos y los gastos, entre el haber y el debe. Los ingresos han sufrido una considerable merma desde que entramos en la crisis que el gobierno de turno negó, y los gastos se han ido incrementando(pese a la congelación de las pensiones los últimos años) debido al espectacular incremento de la esperanza de vida de los españoles. Según los datos de la OCDE, que viene a ser lo mismo que el club de los países más desarrollados, ocupamos el segundo puesto con una media de 83 años, tres años más que la media delos 35 países que integran dicha organización.

Estamos envejeciendo

Estamos envejeciendo, lo cual no es malo en sí. Todos aspiramos a vivir más y mejor, mientras podamos disfrutar de una calidad de vida razonable. Y como venimos sosteniendo desde este blog, las Fuerzas Armadas no dejan de ser un reflejo de la sociedad a la que sirven. El modelo de ejército profesional tiende inexorablemente al envejecimiento si no se buscan soluciones que permitan prolongar la vida de nuestros militares, especialmente de la tropa, en ocupaciones fuera de filas.No como un premio, sino en base a su mérito y capacidad. Asunto este tan serio como necesario, pero que merece más espacio del que hoy le puedo dedicar. Yo diría que se merece un auténtico pacto de Estado.

Y una de las consecuencias de ese envejecimiento es sin duda una cierta pérdida de la condición física y una tendencia hacia la obesidad. ¿O no es el incremento de la obesidad un problema de toda nuestra sociedad? Claro, que a los militares se nos exige una condición física de base que, sin llegar a ser muy rigurosa, no deja de excluir a una parte de la población. Además, para determinadas unidades o puestos, las condiciones llegan a ser verdaderamente exigentes.

En definitiva, el envejecimiento y la perdida de condiciones físicas, en particular el sobrepeso, es un problema que a todos los que tienen responsabilidades les preocupa.No es más que un reflejo de la Reales Ordenanzas para las fuerzas Armadas, cuyo artículo 25 comienza “Mantendrá una sólida formación moral,intelectual, humanística y técnica, un elevado conocimiento de su profesión y una adecuada preparación física...”

Y eso es lo que ha hecho la Brigada de La Legión, con su general al frente.Ha cogido al toro por los cuernos: ¡guerra a la obesidad! No pueden hacer nada contra el envejecimiento de sus miembros que viene señalado por la ley, pero si contra una de sus derivadas: la tendencia a la obesidad. Y vaya si lo han hecho. No como una orden recibida de los mandos del propio Ejercito ni de las autoridades del Ministerio de Defensa, como pretenden trasladar algunos medios de comunicación, deslizando la idea de que solo este problema afecta a una de las unidades más punteras y queridas de los españoles.Lo hacen porque como digo el sobrepeso comienza a ser un problema y La Legión siempre, siempre se ha puesto en vanguardia.

Es sin duda otra muestra de que La Legión no se ha quedado anclada en las Guerras de Marruecos, como algunos vocingleros proclaman. Y lo hace dando la cara a un serio y complejo problema cuya solución requiere un adecuado entrenamiento y mantenimiento de la condición física, una alimentación y hábitos de vida sanos y una supervisión facultativa adecuada.

¿Puede alguien dudar de la condición física del conjunto de las unidades legionarias? Los hechos hablan por sí mismos. En todas y cada una de las bases legionarias, incluidas las que se ubican en nuestras plazas de soberanía en la costa norte de África, organizan y pruebas de inusitada dureza y en la que los legionarios participan masivamente: Los 101 kms. de Ronda es la más veterana. La Africana en Melilla y la Cuna en Ceuta, ambas de 50 kms. Y últimamente la Desértica en la Base de Viátor. Por lo demás, La Brigada de la Legión se ha alzado los últimos cuatro años con el trofeo que otorga el Jefe de Estado Mayor del Ejército a la unidad que más se distingue por los resultados deportivos.

La alimentación ha sido una constante preocupación desde los tiempos fundacionales.  Como ahora hace el General Jefe de la legión, el Teniente coronel Millán Astray, fundador de la Legión cogió el toro de la alimentación por los cuernos, en una época en la que lo que la asignación que el Estado entregaba a las unidades  a tal fin, dejaba mucho que desear. Con imaginación e iniciativa, dispuso el fundador que los legionarios heridos,una vez dejaban el hospital y hasta que se encontraban completamente repuestos para volver a afrontar la vida en campaña, se ocupasen de una granja de la que extraían verduras y carne de cerdo y de cabra, para mejorar la alimentación de los legionarios. De ahí que se popularizase aquella canción:

“Comida sana y abundante

la que dan en el Tercio de Extranjeros

cocinada por cinco o seis mangantes

a los cuales llamamos los rancheros”

Hoy las cosas ya no son así. En los cuarteles de La Legión, como en el resto del Ejército, la alimentación corre a cargo de compañías civiles especializadas que se contratan por concurso público y son supervisadas por las unidades de servicio de los acuartelamientos. De cualquier forma, estoy convencido de que los mandos de La legión habrán encontrado la forma de negociar con tales contratas, una alimentación especializada para aquellos que lo requieran por razónes dietéticas,asistidos por los  médicos y  por el nutricionista que ha contratado la Brigada

Los profesores e instructores de educación física, de los que la Brigada de La legión está bien dotada, asistirán a los jefes de unidad en programas específicos y progresivos para colaborar con este proyecto integral  cuyo único objetivo es la mejora de la condición física de todos y el control del sobrepeso de los que lo padecen o tienden a ello.

 El sobrepeso es pues un asunto nada fácil de embridar pero al que la Legión le ha plantado cara con una sola finalidad cual es la mejora de la condición física y por ende, la salud de los legionarios y contribuir a la mejor imagen de la unidad. Lejos están ya aquellos días en los que algún veterano, entrado ya en años y en carnes mostraba tales excesos en uniforme reglamentario confundiendo al conjunto de la población sobre las unidades  legionarias y los que ya no  pertenecemos a ellas, pero que fieles a su espíritu y su credo, nos agrupamos en torno a las Hermandades de antiguos Legionarios, cuya uniformidad, a tono con la de la Real Hermandad de las Fuerzas Armadas y la Guardia civil consiste en una chaqueta azul marino, pantalón gris y zapatos negros. Eso sí, con la verde camisa legionaria y el chapiri por prenda de cabeza. Eso, que nadie nos lo quite.

Desde estas líneas proclamo mi confianza en que todos legionarios y mandos colaborarán con esta iniciativa por el orgullo de pertenecer a La Legión sin necesidad de coerción alguna. No me resta sino felicitar a La Brigada de La Legión por tal iniciativa.

Adolfo Coloma GB (R) del ET

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5 enero 2017

 

SOBRE EL HONOR, EN LO MILITAR Y EN LO CIVIL. (Pedro Motas Mosquera)

El Honor

Como es bien sabido, el honor y el llamado espíritu de cuerpo han servido a lo largo de la historia a los propósitos más sublimes; sobre todo el honor militar que es antes que nada, la depurada actitud moral que sirve de presupuesto en el militar, junto a la disciplina y el valor para el más exacto cumplimiento del deber.

El honor, que no es patrimonio exclusivo de persona o grupo alguno, y por tanto tampoco de los militares, puede serle exigido a los mismos, bien por la transcendencia de la función pública que se les encomienda, bien por la delicadeza o potenciales efectos de los medios que se les confían. El militar tiene otros deberes y derechos; obedece a otras leyes y disposiciones, amén de las que obligan al ciudadano normal, viste de manera diferente y utiliza una jerga a veces no entendible por el común de los humanos.

El militar está armado y a él, como buen centinela, se le confía la defensa de la nación, la integridad y seguridad de sus territorios, su soberanía, la custodia de sus símbolos, y en ocasiones, incluso la vida de sus ciudadanos. Al militar se le confiere la potestad para disponer de los más sagrados valores de la patria. Este privilegio se le otorga a cambio de una sola y solemne garantía: su honor.

Culto al Honor

Por ello, el honor es el más noble estímulo del valor militar, representa el respeto hacia uno mismo; el ejercicio de la virtud, el deber y la rectitud, indica lo que se debe hacer, pero sobre todo lo que se debe evitar. La base del honor esta en nuestro corazón, en el corazón de los militares como soldados leales, dignos, íntegros e inalterables en el cumplimiento del deber. Ello permite el decoro y la reputación del soldado y su familia.

Hubo un tiempo en el que el honor era la principal fuerza motriz de cada gran hombre, bueno y decente. Todas las acciones de sus manos, cada pensamiento de su mente a su boca estaba terminando en sus labios, toda motivación para cualquier propósito válido para sus empresas; todas ellas fueron dictadas por un innato sentido del honor, objetivado para sostener el honor existente. El honor ha sido para un milenio el punto central en las historias que contamos a nuestros hijos con la esperanza de que también crecen para vivir con honor. Para hombres y mujeres de valor sería matar lo malvado, todo en un intento de satisfacer su sentido del honor.

No relegado solamente a los cuentos de hadas, el honor también se encuentra en todas las grandes narrativas de la historia. Los hombres y mujeres de honor hablan a las almas; que dicen lo que es real y verdadero en cada ser humano. La razón de esto es debido a que el honor, lo que determina, en sí es honesto, benévolo, bello y verdadero. El hombre honra a Dios, los profetas, y sus padres. Se hace honor a sus promesas, sus votos, sus leyes y sus deudas. Se rinde homenaje a sus atletas, los sabios, y un sinfín de grandes triunfadores en nuestra sociedad.

EL CÓDIGO DE LOS CABALLEROS

El código de los caballeros era el código de conducta para los caballeros de la Edad Media. Vivir bajo este código se esperaba que un caballero protegiese a los pobres, los débiles y los indefensos; servir al bien, buscar la justicia, y la justicia tenía en su conducta. Es a partir de ahí que el sentido del honor se convierte fácilmente identificable.

Es una obligación moral de actuar con honor, bondad y generosidad. En nuestra cultura de usar y tirar moderna no es de extrañar que tal noción ha pasado de moda. No solo en su culpabilidad, el individuo debe, por otra parte, admitir que un cinismo desconcertante invadió la actual psique moderna.

En una sociedad como la nuestra, en la que la carga cívica básicamente está en la ley, es común que el concepto de honor pierde rápidamente su relevancia en la sombra de la ley omnipotente. El hombre tiene la ley, que no tiene la más mínima necesidad de el honor o la moral o la ética, que dice lo que está bien y lo que está mal. Definir bien y el mal de esta manera es descuidado, y nada más.

El hombre debe ser libre de actuar como quiera, siempre que no haga ningún daño a los demás, y así sigue la filosofía moderna. Cada decisión en todos los hombres creará inevitablemente un efecto secundario porque ningún hombre es una isla. Mientras que el cáncer social del relativismo moral continúa extendiéndose en la sociedad moderna, nuestro sentido colectivo de honor sigue disminuyendo.

Un hombre, como ser honrado, debe defender las obligaciones humanas de una manera mucho más centrado que en el individuo y la sociedad materialista, esto es en lo espiritual y bueno; pero esta opción honorable a menudo requiere renunciar a los ideales modernos.

Debemos estar agradecidos porque el relativismo sea sólo una sombra, y no sea capaz de producir un objeto sombra. Debemos regocijarnos, porque aunque en declive, el honor no estará muerto, siempre y cuando aquellos que desean vivir una vida honorable lo conserven. Después de todo, recordemos que, para ser honestos, vivir de acuerdo con un código de honor, el mal nunca será una manera cómoda para caminar, pero como dicen en las palabras del Antiguo Testamento “La puerta es estrecha y angosto el camino”

Pedro Motas Mosquera

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27 junio 2017

Comentario del día EL JEME CON LOS MILITARES EN SITUACIÓN DE RESERVA GENERAL DE BRIGADA Adolfo Coloma Contreras (R.)

Jefe del Estado Mayor del Ejército

Solemos decir los militares, que el que es el militar lo es hasta que le llevan con los pies por delante, a menudo de uniforme en ese sublime momento, con independencia de la situación administrativa en la que se encuentra; activo, en la reserva e incluso cuando te retiras. Hace unos días un nada habitual comentarista de este blog me lo decía con un gracejo muy suyo: “Puedes dejar a La legión, pero La Legión nunca te deja a ti” tan afortunada sentencia podíamos sin duda ampliarla al Ejército, a las FAS y a todos los militares con independencia del color de nuestro uniforme.

Por eso agradecemos tanto iniciativas como la del Coronel Delegado de Defensa en Madrid, Jorge Bonal, que ha organizado un encuentro del General de Ejército JEME con militares del ET, en la Escuela de Guerra del Ejército en la calurosa mañana del día 14 de este agobiante mes de junio. El General Varela aceptó con entusiasmo el envite y allí nos dimos cita un largo centenar de militares en la reserva, sin distinción de empleos, escalas ni procedencia, porque la mayor parte asistió de paisano, para escucharle.

En poco más de veinte minutos, el General de Ejército compartió con los asistentes su visión de la situación del Ejército de Tierra desde su privilegiada perspectiva, dejando un amplio margen para responder a las preguntas e inquietudes que le quisieran formular los asistentes. Entre ambas partes, el General Varela nos habló de la situación actual del Ejército, calificándola de “defensiva” por razones de todos conocidas. Habló de los grandes retos, del plan de acción de personal, del material, de la enseñanza, de las instalaciones y cuarteles. En fin, un somero pero actualizado resumen con algún apunte de futuro

Pero lo que puso de relieve el turno de preguntas – y por eso lo traemos hoy aquí como comentario del día – es el deseo de unos militares preocupados, sí por la situación personal de cada cual, pero más allá de eso, llenos de iniciativas y propuestas al JEME para que contara con ellos para algo más que para contar en una simple lista. Ideas que iban en torno a que el Ejército aprovechase las capacidades y experiencias acumuladas por tantos militares durante tantos años en áreas que van desde voluntariados asistenciales, pasando por la contribución a la cultura militar y de defensa hasta foros de pensamiento. Todo ello en beneficio de la institución.

Desde este modesto foro del Blog General Dávila, aplaudimos la iniciativa del coronel Bonal y agradecemos la disposición del JEME a secundarla. Es más, invitamos sus representantes a lo largo de la geografía nacional, los comandantes militares de cada provincia, o los delegados de defensa para que organicen encuentros similares en sus respectivas demarcaciones. Es una forma más, pero muy eficaz, para conocer de primera mano, lo que se cuece en el kaki, más allá de las redes sociales, siempre intoxicadas con bulos y medias verdades.

Adolfo Coloma

GB (R.) del ET

Blog: generaldavila.com

15 junio 2016