Señor dame fuerzas para salvar uno más
Señor dame fuerzas para salvar uno más
Señor dame fuerzas para salvar uno más………….
Y así hasta 75 veces rezó al Señor el soldado norteamericano Desmond Dash demandando su ayuda para salvar y retirar a 75 soldados heridos del terreno en la batalla de Okinawa, en concreto en la colina de “Hacksaw” durante la II GM.
Por esta acción dicho soldado fue condecorado con la medalla de Honor del Congreso, la condecoración militar más importante de los EEUU.
Mel Gibson recoge con maestría sublime esta hazaña en su última película: “hasta el último hombre” y durante dos horas largas asiste el espectador a conversaciones de gran calado en las que valores morales como la fe en Dios, las convicciones personales y los principios que rigen la conducta de un soldado son tratados tanto en la paz, como luego en la guerra, con amplitud y profundidad. En ellas vemos como conjuga un soldado, adventista del último día y por lo tanto objetor de conciencia a tomar las armas, su patriotismo y su sentimiento del deber para con su Patria (por cierto, ¿hasta cuándo la manía de traducir la palabra “country” por “país” cuando quiere decir Patria?).
Hoy, cuando nos movemos en un relativismo moral que todo lo invade cobra especial relevancia el mensaje claro que Mel Gibson nos da , y, por cierto, es curioso y lamentable que, por manifestar sus ideas, este actor y director sea calificado como católico integrista y radical. ¡Hala, ya está el sambenito de siempre!
Y es que somos muchos los que pensando como pensamos, entre otros los que escribimos en este BLOG, tenemos que aguantar ese calificativo u otros similares.
Pues bien, hartos andamos ya de la pusilanimidad de tantos y tantos que incapaces de mostrar su bonhomía (que la tienen) sólo saben esconder la cabeza debajo del ala a la espera de que vengan otros a defender sus ideas.
Vivimos en una España relativista que se rompe y faltan voces que clamen contra los traidores y contra los débiles de toda la vida. Hoy todas las voces son necesarias y cuando salgan a la luz se podrá comprobar que somos muchísimos más los que queremos una España cristiana, una España grande, una España unida. Queremos un respeto para nuestra historia, un respeto para quienes forjaron nuestra Patria en mil años.
¿Por qué callan tantos?
Si uno se da una vuelta por nuestras ciudades y pueblos constatará que el españolito normal, el de a pie, tiene los mismos sentimientos y es difícil encontrar las manifestaciones de odio y rencor que podemos observar en no pocos de nuestros políticos. Algo falla en este nuestro sistema político y así lo vemos cuando los que nos representan ocupan su “poltrona” y se transforman enzarzándose en disputas, y más disputas, hasta extremos esperpénticos. Lo que debería ser una exposición de ideas diferentes y contrastables se convierte en luchas partidistas a mayor gloria de cada uno de los diferentes partidos políticos, y de sus intereses, para mantenerse en el poder o en la mamandurria. Y siquiera aún es más enervante, en estos momentos, cuando lo que algunos llaman consenso se convierte en una clara abdicación de las ideas por las que les eligieron. Alguien dijo alguna vez que llegar a acuerdos es muy fácil pues basta simplemente rendirse a lo que el adversario proclama. Así es como yo veo la presente actitud de nuestros gobernantes en la defensa, por ejemplo, de la legalidad constitucional y sobre todo de la irrenunciable unidad de España. Apenas hace algunos días escribía en esta columna que nos encontramos en una confrontación de ideas-fuerza: el “derecho a decidir” de unos pocos contra el de la clara acepción de que la soberanía nacional reside en el conjunto del pueblo español. Y la legítima defensa que los responsables de la legalidad constitucional y de la historia de España deben hacer no puede pasar de ninguna manera por ninguna componenda que minimice lo que explícitamente marca la Constitución. Andan ahora manifestando que hay que acercarse a lo que algunos llaman el sentimiento catalán y se atisban medidas ciertamente desconcertantes. No quiero ni pensar en cuales pueden ser pero las intuyo ya. Pues claro que hay que aproximarse a ese sentimiento pero desde luego desde la perspectiva de la nación española en su conjunto y para eso existen muchos medios a disposición del gobierno de la nación que no veo yo por ninguna parte, empezando por la aplicación sin rémora de la propia Ley: la del ejercicio de la autoridad contra los que se manifiestan en abierta rebeldía contra la misma desde las propias Instituciones del Estado como lo son la Generalitat de Cataluña y el Parlamento catalán.
Mucho me temo que estos que nos representan nunca comprenderán el heroísmo que el soldado Desmond Dash demostró en defensa de sus convicciones y principios a riesgo de perder su propia vida. Pese a la extrema dureza de los combates que tuvieron lugar en la colina “Hacksaw”, el soldado norteamericano condecorado con la medalla de Honor del Congreso no titubeó nunca hasta salvar “hasta el último hombre” y lo hizo con una firmeza de principios que ya quisiera ver yo cuando de defender la unidad de nuestra Patria España se trata.
General de División de Infantería de Marina (R.) Juan Chicharro Ortega








































