Ese desbaratado senil, metepatas acreditado de los que invitan a levantarse a un paralítico y tildan a su presidente de negro simpático, gafe acreditado que detenta la presidencia de los Estados Unidos tras una campaña electoral fraudulenta, se ha permitido llamar asesino al Jefe de Estado de una potencia con la que mantiene relaciones hasta ahora diplomáticas y, a partir de ahora barriobajeras. No recuerdo, ni en tiempos de guerra, una gesta similar.
He querido averiguar cuál ha sido la reacción de la prensa rusa y, tras leer Kommersant, Izvestia y Pravda, he quedado sorprendido por la moderación de sus respectivos artículos, lo que atribuyo a que tal vez deban considerar que lo que dice ese anciano gagá no merece ser tomado excesivamente en serio.
La declaración, que por cierto hundió el rublo y la bolsa rusa ante la amenaza de nuevas sanciones, estuvo precedida por la publicación de un informe de la inteligencia estadounidense que acusa a Rusia, sin pruebas, de intentar ayudar a Donald Trump a ganar las elecciones del año pasado desacreditando a Joe Biden.
«Esta es una buena oportunidad para intentar evaluar lo que el equipo de Joe Biden está haciendo bien y lo que no. Lo principal para nosotros es determinar cómo arreglar los problemáticos lazos entre Rusia y Estados Unidos, que en los últimos años han llegado esencialmente a un callejón sin salida», dijo la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, el miércoles por la noche, añadiendo que el embajador ruso en Washington, Anatoly Antonov, ha sido llamado a consultas a Moscú.
Para que el panorama de las relaciones con Rusia no parezca una ruptura definitiva que descarte cualquier interacción, Biden recordó: «Tenemos áreas en las que nuestros intereses coinciden. Por eso amplié el START (Tratado de Medidas para la Reducción y Limitación Adicional de las Armas Estratégicas Ofensivas)». Dice que esta decisión se tomó «en interés de la humanidad» para que Rusia y Estados Unidos «reduzcan la probabilidad de un intercambio de ataques nucleares» (!).
Mientras tanto, las agencias de noticias Bloomberg y Reuters, citando a sus fuentes, aseguran que la próxima semana se impondrán nuevas sanciones que afectarán a los dirigentes rusos. Un informe de la inteligencia estadounidense publicado antes de la entrevista de Joe Biden decía: «Creemos (!) que el presidente Putin y el Estado ruso aprobaron y llevaron a cabo una campaña para influir en las elecciones de 2020». El objetivo de esa campaña era desacreditar al presidente Biden y al Partido Demócrata, apoyar al ex presidente Trump, socavar la confianza pública en el proceso electoral y exacerbar la división social y política en Estados Unidos. «Los autores del informe concluyeron que no hubo ningún ciberataque directo a la infraestructura estadounidense por parte de Moscú y, al mismo tiempo, señalaron que hacían las afirmaciones «con un alto grado de probabilidad» (!).
La inclusión de Rusia en la misma lista que Irán, Hizbolá, Cuba y Venezuela, excluyendo a China, hace que la lista sea aún menos fiable si se tiene en cuenta que esa otra eminencia llamada Kamala Harris detenta la vicepresidencia de los Estados Unidos, siendo su marido quien dirige el lobby prochino en ese país.
El presidente somnoliento, gafe y metepatas se ha estrenado con acciones militares y declaraciones belicosas que hacen dudar de su salud mental, aunque considerando que su inevitable reemplazo será la vicepresidenta Kamala Harris, hay que pensar que todavía no ha llegado lo peor.
(*) Ministro plenipotenciario jubilado.
Blog: generaldavila.com
21 marzo 2021
























