EJÉRCITO SOMOS TODOS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Dedicado a todos los que en primera línea de combate luchan contra este enemigo invisible con grave riesgo incluso para su vida. No tendréis recompensa, a pesar de que os lo debemos todo. Vuestro sacrificio y patriotismo perdurará por generaciones.

En la puerta del Congreso de los Diputados debería levantarse un monumento a vuestro ejemplo. Más que los leones destaca vuestro valor y fiereza ante este adversario, el más cruel hasta ahora conocido. ¡Gracias!
Ejército somos todos. Con ese título iba a dar una conferencia en un pueblo de Valencia, Quartell, organizada por la Asociación Cultural 6 de diciembre y  aplazada por razones obvias. Cuando la preparaba aún no se había desatado la guerra. Aunque sin saberlo estábamos sitiados. El título ahora cobra todo su valor. No es necesario añadir nada más: Ejército somos todos.

La guerra empezó en un lugar muy lejano, en el periodo de los Reinos Combatientes. Entonces decía el Duque de Sung que <<El virtuoso no aplastaba al débil y no daba orden de atacar antes de que el enemigo hubiese formado filas>>. Después de mucho tiempo, cuando se empeoró, el hombre supo el poder que daba el engaño, que la guerra era el reino de la traición y de los abusos, y llegamos a los tiempos actuales. Una lenta evolución para llegar hasta el poder y maldad, lo que obliga a la necesaria vigilancia y defensa, preparación y alianzas. Es inevitable. Tanto, que los guerreros tuvieron que enfrentarse incluso a un enemigo que había evolucionado hasta convertirse, paradójicamente, en un virus letal.  Para lo cual no estábamos preparados.

El que pierde la iniciativa es derrotado.

<<Conoce al enemigo y conócete a ti mismo, y podrás libra cien batallas sin saber los que es la derrota>>, dice el proverbio de Sun Wu Tzu.

Nada sabemos, nada conocemos, aunque supimos de su ataque  y no hicimos caso, pudimos y no quisimos, y con la alegría de superar las dificultades olvidamos el riesgo de la muerte.

Los generales, aletargados, gozaban de sus entorchados. Todo el arte de la guerra está basado en el engaño, y la guerra se volvió contra ellos, que somos nosotros. Cuando quisieron salir de su letargo hubo urgencia para tapar sus errores iniciales. El 8M es una losa que pesará siempre sobre sus responsables. No se había tocado generala a tiempo y el enemigo había roto las primeras líneas de defensas. Era urgente borrar aquella imagen de la inicial derrota y pusieron en marcha su campaña personal mediática.

Día D, hora H: 8M.

Por fin algunos se dan cuenta. Movilizan a sus Ejércitos. Tienen el mejor Ejército del mundo, el español. Un ejército que lucha unido, disciplinado y alejado del rumor mediático que tanto marea y tan poco colabora. Un Ejército heterogéneo que conoce que <<la guerra es un asunto de importancia vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación>>.

Creyeron que sacaban al Ejército a la calle como un velo encubridor de sus  errores iniciales, sin darse cuenta que el Ejército llevaba días luchando en hospitales, farmacias, centros de salud, con soldados de batas blancas, sin general que les guiase y dotase de coordinación y medios. Solos.

<<Hay una cosa que es de gran importancia en la guerra, y es ser rápido como el relámpago…>> <<Cuando estalla el trueno es demasiado tarde para taparse los oídos>>. Todos eran soldados, pero sin general. Han desplegado en la guerra. Sin duda una guerra con todas sus características. Muy grave y compleja, tanto que supera el juicio sensato y elemental: ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? Nadie lo sabe. Una guerra que requiere planificación, método, análisis de los factores, despliegues, armas, generales y soldados.

Los mejores. Ahí están: Médicos, enfermeros, sanitarios, celadores, conductores de ambulancias, transportistas, camioneros, taxistas, empresarios, trabajadores, policías, bomberos, dependientes, fabricantes, y soldados de uniforme. Pero sin General.  Acostumbrémonos a no diferenciar entre unos y otros uniformes. Son lo mismo: soldados en combate.  Estas son guerras variopintas de muchas y diferentes trincheras y alambradas. Esta es una guerra, como serán las del futuro, de todos, y llevar o no uniforme no será la diferencia, sino la misión de cada uno y el arma que cada uno maneje.

Estos soldados que ven son sus soldados. Los de España, de los españoles. Seguramente muchos de ustedes los conocen, porque son ustedes mismos. Otros los ven, observan, pero no los conocen. Ven una cara de soldado y es la misma, se repite, como la de otros miles.

Los conocidos y clásicos ejércitos están normalmente en el frente en primera línea, hoy les toca la retaguardia, el enemigo ha roto la barrera defensiva y ha llegado al fondo, donde despliega la logística, donde se mezcla con la vida inocente. Es otra guerra no inesperada pero ha llegado explotando un factor que la hace muy peligrosa: la sorpresa. Mientras atacaba el jolgorio seguía, los soldados avisaban, pero nadie al enemigo veía.

Es una vida dura la del soldado. Requieren tu presencia mal y tarde. Es una vida de incomprensiones y de segunda fila, hasta que les rebosa la situación. Una vida llena de constantes riesgos, fatigas y sacrificios. Duras jornadas de incertidumbre en lejanos horizontes donde eres permanente centinela que espera la aurora. Siempre es dura la guerra, pero lo es más cuando te enfrentas a un enemigo escurridizo, cruel y duro, que no suele dar la cara y -¡cuántas veces!- limitada tu posibilidad de reacción. Pero estos soldados de los que hablo son los de siempre y, ahora, mezclados con los soldados de las batas blancas, médicos, sanitarios, celadores, limpiadoras; soldados que se han encontrado sin la dotación adecuada, sin munición, y se defienden con valor, lucha incansable, sacrificio y dolor al ver al compañero herido, moribundo, muerto. Se han encontrado con un enemigo que les ha roto las barreras de defensa normales y nadie les ha avisado. Ahora no tiene tiempo para descansar y verter lágrimas ni expresar dolor. Solo luchar. Otros uniformes, que normalmente son los de primera línea de frente, amparan a las vanguardias, las apoyan en lo que pueden, desinfectan, transportan, vigilan, regulan, animan, todos soldados.

Es una vida dura la del soldado. La de hombres que cuando el amor a la vida les dice al oído que se separen del peligro, les dice su espíritu militar que se mantengan en el puesto de honor.

Es una vida dura la del soldado, que acepta el sacrificio, incluso el mayor de todos, sin que haya razones de índole material que le lleven a ello. Estar convencidos de que se lucha por una causa justa es su asidero moral más firme ante la brutalidad de la guerra.

Es el honor y la honra los sentimientos que han acompañado a las unidades moviéndolas hasta límites insospechados.

Es una vida dura la del soldado cuando te envían a una guerra sin nombre, enmascarada con mensajes que limitan el espíritu de lucha propio y la voluntad de vencer.

Es una vida dura la del soldado que vive pendiente de un contagio, de un descuido, de una emboscada, una infección que atraviesa la mascarilla, la permanente incertidumbre que acontece cuando en soledad recuerdas lo que está ocurriendo.

Es una vida dura la de soldado cuando te juegas la vida mientras en las moquetas se discuten y ponen en entredicho las razones y las órdenes por las que te han trasladado a estos confines.

Es una vida dura la del soldado, pero no hay vida más honrosa y hermosa siempre arropado por la camaradería y la fraternidad de tus compañeros.

Al ver a esta gente, a estos soldados que podíamos llamar de bata blanca, siento un enorme orgullo patrio. Las alabanzas y elogios les suenan a quimeras lejanas, a promesas siempre incumplidas. El elogio no forma parte de su fortaleza sino el deber cumplido. No se prestan al juego mediático y huyen de los discursos y brillante literatura. Es tan dura la lucha de estos soldados que hablan poco, cuentan lo imprescindible y piensan y sueñan con la victoria; para los demás.

Estos soldados a los que hoy dirijo mis palabras y mi agradecimiento somos todos. Porque Ejército somos todos. A la hora de luchar cada uno cumple con su deber. Uniformes blancos, batas, mascarillas, ambulancias, hospitales, consultas, farmacias, laboratorios, heridos leves, menos graves, graves y muertos. Triaje de guerra, selección, encierro, aguante paciencia, dejar que trabajen los que saben, los que curan, los que se entregan y buscan la solución.

El mejor Ejército del mundo, la mejor Infantería del mundo.

<<Por esto el general que no busca su gloria personal cuando avanza, ni se preocupa de evitar una sanción cuando retrocede, y cuya única finalidad es proteger a la población y servir al superior interés de su Soberano, es una joya para el Estado>>, dice Sunzi.

Y digo yo: ¡Ay! si tuviésemos buenos generales.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

26 marzo 2020

Blog: generaldavila.com

FUERZAS ARMADAS. QUE CADA UNO CUMPLA CON SU DEBER General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Es el lema que propongo para esta crisis impredecible y que cambiará el mundo. Nada será igual que antes.

Unos cumplen y otros menos. Unos son ejemplares, otros se ponen las medallas. Los humildes y sencillos, profesionales amantes de lo que hacen y ejemplares en su esfuerzo cumplen ese espíritu del Credo de la Legión que más que una norma militar es una definición del ser humano cuando en crisis como esta, hacen lo que ni ellos mismos suponían capaces de hacer. Sin darle importancia. Es su deber. Lo primero: no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. ¡Que fácil es decirlo! Pues estamos viendo con qué facilidad y normalidad se hace: Médicos, enfermeros, policías, bomberos, limpiadores, vendedores, comerciantes, empresarios, autónomos, soldados…

Es la España de Infantería, la que “curra”, sufre, vive, disfruta, y trabaja; trabaja como siempre se ha hecho en España, a destajo, y ahora más, amenazados con los despidos, pero sigue haciéndolo por los demás, arruinándose y perdiéndolo todo. No abandonarán a nadie hasta morir todos. ¿Eso lo hacen todos?

Hay enemigos que sólo aparecen y responden con su violento sentimiento de odio cuando surge el honor y la honra. No comprenden que hay héroes que asumen el riego de la muerte por otros, para dar vida a otros; incluso solo para dar compañía a otros.

Todo esto lo digo con indignación, que no es buena consejera a la hora de escribir, pero me arriesgo y asumo mi mala sintaxis y mis errores. Voy al fondo, estocada entera.

Obedecer es la primera misión. A pesar de que los que mandan dejan mucho que desear y ordenan para ellos primero; luego los demás. Además mienten.

Las Fuerzas Armadas han cumplido y cumplen con su deber. Que esto sea lo que deben hacer u otra cosa es un tema distinto y que trataremos en momento más oportuno. Porque todavía resuenan en mis oídos las palabras del General Fernando Alejandre, cuando era JEMAD, ante la Mesa de Defensa del Congreso de los Diputados: <<A día de hoy para alistar una unidad o un sistema de armas para un despliegue o una operación determinada hay que canibalizar otras unidades o sistemas de armas que quedan fuera de servicio. Estamos al límite>>.

Ahora hay que estar unidos para superar este momento. Sin duda. Pero ni callados, ni sometidos. Que cada uno cumpla con su deber significa exigir al que no cumple.

Solo voy a poner el punto de mira en un escándalo mayúsculo del que hay que hacerse eco con urgencia. Las Fuerzas Armadas están haciendo lo que se la has ordenado y ponen su esfuerzo y mejor cara sin rechistar, todo lo contrario, con ganas e ilusión por ayudar a sus compatriotas cuando llevan años ayudando en el exterior. Lo mismo desinfectan, transportan material, atienden en sus hospitales, regulan el tráfico, llevan la compra de una anciana o vigilan un aeropuerto. Lo que sea. Lo que se nos mande.

En Cataluña, España, en las queridas tierras vascas, el País Vasco que le llaman, nos han prohibido la entrada, o ha sido toda una proeza poder entrar. Todo por esos gobernantes, o lo que sean, monopolistas del pensamiento, el único para ellos, el odio a España y por tanto a lo militar. Es muy grave, pero además de por ser conocido, por ser admitido y hasta diría que fomentado por estos gestores del odio a España, de su destrucción, que ni en momentos de crisis de muerte tienen el más mínimo respeto. ¡Cobardes!

Las Fuerzas Armadas no abandonan a nadie en el campo hasta morir todos.

Otros nos abandonan a nosotros a sus ciudadanos no admitiendo nuestra presencia. Quien lo consiente es reo de delito, moral, pero de grave delito a España. Por admitirlo.

Apoyo en lo que sea y cumplo con mi deber, pero no me callo señor presidente y señora ministra de Defensa. No necesitamos palabras hueras y menos manoseos inútiles. Cumplan con su obligación, constitucional. ¿Que las puertas de Cataluña y el País vasco se cierren para nuestros soldados? ¿Pero esto qué es? ¿Aquí quién manda?

Y a ti, mi general, Jefe del Estado Mayor de la Defensa, te pido que lo cuentes todo, no a medias. Aquí parece que mienten todos. ¿Te suena? Los militares no.

Sabes, porque eres el responsable, que las Fuerzas Armadas han desplegado en toda la geografía española. Pero no en Vascongadas y en Cataluña a medias y con harto dolor de corazón. No has dicho que se envió a la UME al aeropuerto de Sondica y el gobierno vasco los envió con cajas destempladas a la base militar de Araca sin admitirnos en ese trozo de España. ¿Es cierto? El Correo dice que el Ejército, que se dirigía al municipio de Loiu (junto a Bilbao) para desinfectar el aeropuerto, cambió su rumbo para cumplir con la misma función en Valdecilla (Cantabria) ante una llamada de queja del Gobierno vasco. ¿Es cierto

Necesitamos un Gobierno que nos diga la verdad.

No mi general, los soldados no están en toda España y tu deber es al menos decirlo. La órdenes desde arriba son breves y concisas, pero trascendentes.

Que cada uno cumpla con su deber. ¿A demanda? El deber necesita una explicación.

Hay mucha gente no dispuesta a abandonar jamás a un solo hombre en el campo (aún siendo viejos) hasta perecer todos.

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 marzo 2020

LA LEGIÓN CAMINO DEL CENTENARIO (56) 20 DE SEPTIEMBRE. FUNDACIÓN DE LA LEGIÓN ESPAÑOLA

Camino del Centenario de la fundación de la Legión,

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El 20 de septiembre de 2020 se celebrará el Acto Central del nacimiento de la Legión, fecha que, aunque no es exactamente la de su fundación, quiso el fundador aceptarla como tal debido a que fue el día en que se alistó el primer legionario.

Han pasado 100 años. Llegamos con alegría -y algo de preocupación- al Centenario fundacional. Es buen momento para empezar a reflexionar y alcanzar la histórica fecha con los honores que esta unidad se merece, con la verdad por delante.

No sin dificultades la Legión ha sobrevivido a lo bueno y a lo malo, que todo tipo de intenciones han sobrevolado por esta gloriosa unidad que ha sabido mantenerse en el blocao o irrumpir en las alambradas, dependiendo de los avatares del combate.663

Todos los que vistieron la camisa legionaria, la visten, o la vestirán, y los que sin vestirla la llevan en el corazón, tienen  el compromiso de que la Legión perdure sobre los tiempos. Es un deber contraído en honor a aquellos que vivieron y murieron con el pensamiento puesto en la Legión y en España.

Su espíritu debe seguir siendo el ingrediente que la hace única y sin igual, de ciega y feroz acometividad, a la vez que inmensa en la fraternidad que hace hermanos a los hombres de las más diversas condiciones.

A la Legión en ocasiones se la conoce más por los tópicos al uso o por historias pintorescas y emocionales que por su auténtica realidad, y esto no le ha beneficiado en nada. El desconocimiento y la falsedad de muchos de los datos que se han aireado a lo largo de la historia, han deformado la realidad de este glorioso cuerpo que, en algún momento no muy lejano estuvo al borde de su desaparición. El desconocimiento también existe en el mundo militar desde donde no siempre se han tenido las mejores intenciones y, en algún caso, simulando cambios aparentemente sin importancia, se ha intentado despersonalizar esta unidad suprimiendo o cambiando sus ritos y símbolos.

La Legión desde sus inicios es una unidad que contagia, un ejemplo a seguir por su entrega y profesionalidad. Después de más de noventa años así continúa a la vez que evoluciona adaptándose a las nuevas situaciones sin cambiar una coma de su espíritu fundacional.397757_371141179649443_117552680_n

No son razones de índole material las que han llevado a la Legión a escribir una gloriosa historia de cumplimiento del deber y sacrificio. Estar convencidos de que se lucha por una causa justa ha sido históricamente para los soldados su asidero moral más firme ante la brutalidad de la guerra. El honor y la honra siempre han sido sentimientos que han acompañado a las unidades moviéndolas hasta límites insospechados. Cuando no se lucha con convicciones morales, cuando cada uno va a lo suyo y no hay una referencia a seguir, un ejemplo a imitar y una disciplina moral que cumplir sólo se lucha por salvar la vida y ese es el momento a partir del cual se empieza a perder la moral, el combate y la vida. Al margen de la formación técnica, de la preparación, de la instrucción y el adiestramiento, la camaradería y la fraternidad, forjan unidades muy sólidas cuyos miembros se sacrifican individualmente en beneficio del grupo.

1286382734_g_0Con ese espíritu la Legión se crea apostando por la modernidad en cuestiones orgánicas, de armamento, uniformidad, logística de campaña así como con la introducción de una adecuada proporción entre elementos de maniobra y fuego, evolución radical que permitía organizar una base de fuegos muy potente y próxima a la maniobra de las compañías. Así mismo se introdujo un elemento muy importante y pionero en España: el fusil ametrallador.

Pero si importante es la orgánica, el material, la organización…, el cambio más profundo que se produce es el de la mística, su base espiritual que es su fundamento y vida.

Todo queda resumido en uno de los compendios más bellos y sublimes que sobre la milicia se hayan podido escribir “EL CREDO LEGIONARIO”.credolegionariooriginalne0

Es la base espiritual de la Legión, médula y nervio, alma y rito de ella.  Porque la Legión, nos dice su fundador, es también religión y sus oraciones están en él comprendidas: las del valor, compañerismo, amistad, unión y socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento a la fatiga, compañerismo ante el fuego, y las cardinales: Disciplina, Combate, Muerte y Amor a la Bandera.

La historia de los legionarios es una de las poesías épicas más bellas y duras de la historia de España. Poesía de la vida construida con la pobreza y la grandeza de una vida efímera en la mayoría de los casos, pero vivida con la intensidad del que sabe que puede  morir, que va a morir cuando entre en combate.

Porque esta Unidad, la Legión se construyó con los luchadores de la vida, los aventureros, los soñadores, los esperanzados y los desesperados.

Por qué aquí aflora la complejidad humana con sus pasiones, necesidades y desarraigos. La República mejor y más política del mundo, en que nadie espere que ser preferido pueda, por la nobleza que hereda sino por la que es adquirida…

El legionario necesita verse envuelto en una aureola romántica, en un poema de lucha entre la vida y la muerte, en la vida misma. La Legión trasciende en el tiempo y ser o haber sido legionario es pertenecer a una hermandad que te acompañará siempre, si tú quieres, sin imposiciones.

Es necesario que esto se conozca. “Es imprescindible para la vida de la Legión que se hable de ella, que la conozcan, que no se olvide, que hasta es aceptable la propaganda negativa; en una palabra, la que habla mal de la Legión o de los que la componen. Porque la Legión actúa de potente crisol que todo lo funde. Y apartando las escorias, al verter su contenido, el rojo de la fundición, al hablar de la Legión, reverbera sobre ella, convirtiéndola en propaganda positiva”, decía su fundador.

 ¡Cuantas organizaciones, Instituciones, asociaciones, empresas…!, quisieran tener algo que cohesione con tanta fuerza y verdad.legionario

La razón no es sólo el sufrimiento del combate, ni un intenso entrenamiento, ni siquiera el combatir juntos, ni compartir el espíritu de cuerpo…que todo esto es común a muchas otras unidades. ¡Dios mío! Es simplemente doce espíritus de un Credo, austeras reglas que convierten a unos hombres en Hermandad, Militar, Guerrera y Heroica.

Un Credo legionario que reclama a sus componentes la disponibilidad permanente de su propia vida en el cumplimiento de su misión, que les exige entregar la vida como vocación. Misión insoportable a todas luces si se carece de una visión espiritual, moral de la existencia.

El Credo legionario no es un articulado sino que se compone de “Espíritus” es decir de la esencia y la sustancia de la profesión, de algo que va más allá de su disciplinado cumplimiento y se enfoca más a un profundo sentimiento. Es un sobrecogedor desafío a la guerra y a la muerte, un canto a los fundamentos castrenses de la raza española. Es como un resorte que hace revivir el espíritu de la infantería imperial, que despereza las virtudes innatas de la nación. Quizás por eso no ha dejado indiferente a nadie y ha sido objeto de alabanzas y críticas. También es un código capaz de hermanar con los mismos ideales a los hombres de todas las razas y de todas las creencias. Es un código prodigioso y extraño, y ya se ha dicho, que resulta humano a fuerza de ser severo y duro.

Pasa el tiempo, ya vamos camino de los cien años y cada día estoy más convencido que no hay que cambiar ni una coma.

El Credo es una oración interna y externa pero siempre hermandad y unión; nunca debe de utilizarse para provocar división o enfrentamiento por una mala interpretación.cristo-mena

Y que nadie olvide que ser legionario es obedecer, cumplir con tu deber y obedecer hasta morir. Ser legionario es no quejarse de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño, hacer todos los trabajos, cavar, arrastrar cañones, carros; estar destacado, hacer convoyes y trabajar en lo que le manden.

Si no es así podrás ser otra cosa pero no serás legionario.

Si esto es así, y así continúa, la Legión será eterna. De nosotros depende.

Antes de terminar como legionarios que somos y así sentimos tengamos un recuerdo de agradecimiento y reconocimiento a nuestros caídos y muy especialmente a los que este año han dejado su vida en cumplimiento de nuestro Credo.

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!

General Rafael Dávila Álvarez (R.) (General de la Legión entre 2001-2004)

Blog: generaldavila.com

18 agosto 2019

“LA INMACULADA CONCEPCIÓN” PATRONA DE LA INFANTERÍA ESPAÑOLA

Son los primeros días de Diciembre de 1585. La infantería española está desplegada por Europa en defensa de la fe católica y el derecho a la paz, a la vida, ante las matanzas de los calvinistas. Para los soldados aquella es una causa justa. Pronto van a ser conocidos como la mejor infantería del mundo. Una dura instrucción, estar bien mandados, o una disciplina aceptada no son las únicas razones. Hay otras que residen en el alma y que hacen a la infantería española ser distinta y única. Es el honor y la honra lo que mueve a aquellos hombres hasta límites insospechados.
Pero aquellos primeros días de diciembre de 1585 la situación para nuestros soldados en Flandes roza la tragedia. Defendían el monte de Empel en una pequeña isla holandesa. El Tercio de Francisco de Bobadilla después de la toma de Amberes estaba bloqueado por la escuadra holandesa. Cercados y aislados, el hambre y el frío ponían a prueba la resistencia de aquellos infantes españoles. El sábado 7 de diciembre la situación era desesperada y el Maestre Bobadilla llamó a los capitanes y soldados exhortándoles “a rezar para que Dios los librase del espantoso peligro en que estaban”.

“En esto, estando un devoto soldado español haciendo un hoyo en el dique para guardarse debajo de la tierra del mucho aire que hacía junto a su tienda y cerca de la iglesia de Empel, a las primeras azadonadas que comenzó a dar para cavar la tierra saltó una imagen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora, pintada en una tabla, tan vivos y limpios los colores y imagematices como si se hubiera acabado de hacer”.

La imagen, entre las banderas, es llevada en procesión a la iglesia y los soldados rezan con fe a su Virgen Inmaculada. Por la noche ocurre algo que no era normal en esa época del año; una gran tormenta de frío congela la superficie de las aguas, aprovechando los infantes para salir de su asedio caminando sobre el hielo sorprendiendo y derrotando, no sin grandes sufrimientos, a la escuadra holandesa. Todos atribuyen a la protección de la Inmaculada su salvación y victoria y allí mismo la proclaman Patrona de los Tercios de Flandes. La Virgen Inmaculada se instaló en el corazón de los infantes para siempre. Será su Patrona, su Madre protectora, ayer, hoy, y mañana, que ningún infante de España pide permiso para sentir el fervor y el amor a una madre. Poco han cambiado las cosas para estos hombres de a pie, que siguen encomendándose cada mañana a su Virgen Inmaculada antes de empezar el caminar incierto por esos mundos de Dios.
Como nos enseñan nuestros compañeros de la Armada, “El que no sepa rezar que vaya por esos mares, verá como lo aprende sin que le enseñe nadie”.

image Todos, los que todo lo andamos y vivimos somos infantería. Ser infante es sentir mucho y haber vivido intensamente cada instante. Es sentir la necesidad del centinela que espera la aurora. Es saber caminar con las plantas de los pies calcinadas y derrumbarte si te paras. Es conocer y haber sufrido quebrantos, los del enorme esfuerzo que exige enfrentarse cara a cara al enemigo en las cortas distancias.

Ser infante es valorar los horizontes que se atisban cuando el descanso te permite mirar por encima del punto de mira de tu fusil. Y saber que siempre hay alguien que te coge la mochila con treinta kilos de equipo cuando llevas los hombros desollados por el correaje y el sudor.

Y sobre todo, ser infante es haber sentido la angustia anhelante de intuir que en unos instantes todo desaparece para siempre.

El que no es infante es que no ha rezado nunca, ni ha sentido la tragedia, la desolación y la muerte; muy cerca.

Por eso es la Inmaculada nuestra Patrona. Porque el infante encuentra la fe en medio de la batalla. Y esta batalla de la vida ya sabemos como termina. La fe no exime al que cree en su Patrona de la angustia de tener que morir, pero Ella es el alivio, es la única esperanza.
Ser de infantería es ser una canción que brota de almas que son suyas y de labios que han besado la Bandera; haber besado la Cruz aquella que formaban la enseña de la patria y el arma con que habían de defenderla.
¡Feliz Patrona! Infantes de España.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 diciembre 2018