Todos ustedes han podido seguir a través del blog el caso curioso, por no definirlo de otra manera, del vicealmirante de la Armada española Alfonso Carlos Gómez Fernández de Córdoba. Una historia sin antecedentes parecidos y que cada día se enreda más.
No sé, no sé. Cuestión de dudoso proceder del ministerio de Defensa. ¿De la ministra? A ella le corresponde responder a la pregunta que hacemos; de paso que conteste al requerimiento del Tribunal Supremo.
La Sala tercera del Tribunal Supremo, a la que perteneció la ministra de Defensa, actúa con rigor y firmeza; el ministerio de Defensa recurre a piruetas inverosímiles para evitar definirse y huir. La Armada ni está ni se la espera. En definitiva un vicealmirante luchando solo ante el peligro.
El tema, sencillo en principio, se ha convertido en algo árido y farragoso; sobre todo muy doloroso para la Armada (supongo), y para el resto de los ejércitos (supongo) al no ver o haber una explicación clara.
Entre providencias, recursos, alegaciones, recursos de reposición y no sé cuantas cosas más acaba uno perdiéndose.
Procuraré ser breve y resumir la situación. En román paladino.
El almirante tenía un puesto en el ministerio de Defensa: Subdirector de Reclutamiento y Orientación Laboral.
Hubo una oposición para psicólogo militar. Se presentó una aspirante que llevaba un tatuaje en el pie. De acuerdo con la normativa vigente fue eliminada del concurso, decisión que le correspondía tomó el vicealmirante por ser su deber. La opositora eliminada recurrió. Con las pruebas de la oposición finalizadas y definidos los aspirantes aprobados para empezar el curso correspondiente, el Subsecretario de Defensa, en contra de lo reglamentado, decidió aceptar el recurso y ordenó realizar de nuevo las pruebas con el consiguiente perjuicio para los que habían aprobado. Estos recurren y ganan el recurso por lo que deberían haber sido admitidos de acuerdo con lo sentenciado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. A día de hoy ni se han realizado de nuevo las pruebas ni los admitidos han iniciado el curso correspondiente. En el proceso el vicealmirante comunica a su superior jerárquico, la Directora General de Reclutamiento y Enseñanza Militar, su desacuerdo en la decisión con argumentos y razones evidentes, pero dentro de las formas y corrección que corresponden. Es al poco tiempo cuando este se entera por la llamada telefónica del Subsecretario que va a ser destituido de su puesto, como así ocurre. El vicealmirante vuelve a la Armada a la espera de destino. La ministra de Defensa comunica al Jefe de Estado Mayor de la Armada que le asigne un destino irrelevante, a lo que el AJEMA contesta que en la Armada todos los destinos son relevantes. Ni corta ni perezosa la ministra se quita el problema de en medio con una decisión asombrosa. Por Real Decreto del Consejo de Ministros, sin trámite de audiencia, sin aviso previo, sin nada, el vicealmirante es pasado a la reserva, truncando su brillante carrera militar y causándole un grave daño moral y material inexplicable. Nadie nunca le dio explicaciones, ni razones, ni porqués; ni una palabra. Nadie.
El vicealmirante recurre ante el Tribunal Supremo la decisión del Consejo de Ministros. Cautelarmente, mientras el recurso se estudia y decide, el TS. ordena que el vicealmirante vuelva a la situación de actividad y se le asigne un destino. Así lo hace la ministra, tras cuarenta días de espera, que primero le nombra Alto representante del Ministerio de Defensa para los actos de conmemoración del V Centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano; y luego asesor del Secretario General Técnico.
En fin burla burlando, que no te damos destino de los de verdad: ¡que no hombre, que no!
El vicealmirante, en su soledad, tiene que seguir navegando.
«En tí estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sinti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!»
Vuelta al recurso, cuando ve las sinrazones del ministerio y sus misterios.
La Administración no cumple, el Tribunal Supremo apremia para que cumpla.
Argucias legales, el tiempo que pasa, la moral ¡Ay la moral! ¡¿Qué será eso?! ¡Cosas de militares!
<<Los oficiales generales ejercen la acción de mando en la estructura orgánica y operativa de las Fuerzas Armadas y la alta dirección y gestión de sus recursos humanos, materiales y financieros. Accederán a esta categoría los oficiales que hayan acreditado en su carrera militar de modo sobresaliente su competencia profesional y capacidad de liderazgo>>.
Solo eso, eso es lo que se pide. Que se cumpla.
Ahora estamos en una nueva fase. El Tribunal Supremo dicta una providencia en la que dice que <<no cabe descartar aún que la Administración esté dando un cumplimiento sólo aparente al Auto dictado en esta pieza separada de medidas cautelares el día 23 de octubre de 2018>>.Es decir que le den un destino de los de verdad, de almirante de la Armada española. Es por lo que le pide al ministerio de Defensa que alegue las razones, y detalle todo lo que rodea a esos destinos al menos extraños que le han dado al vicealmirante.
El ministerio vuelve a las andanzas y contesta huidizo, mareando la perdiz. Creo que se llama recurso de reposición y ya se sabe: que si no saben quién debe contestar, que a quién van dirigidas las preguntas del Tribunal, que si esto o lo otro.
Con dureza contesta el TS: No ha lugar. Conteste a lo que se le pregunta.
Y en esas estamos. Un inexplicable enredo.
Difícil es lucha contra los elementos, pero es peor luchar contra algunos elementos.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
31 enero 2019