El año 2021 acaba de empezar y parece que llevamos en él una eternidad. El confinamiento lo llevo regular, necesito ampliar horizontes y solo puedo hacerlo a través de este blog.
Primero me hablaron de una «curva» y de la necesidad de frenarla con todo tipo de medidas, casi al mismo tiempo que los expertos se referían a la curva, me explicaron que en un momento dado alcanzaríamos un «pico», y que cuanto menos agudo fuera ese pico mejor, al final con la cuarentena ese pico me lo convirtieron en «meseta».
Creo que ya estará todo dicho, sé que llego tarde. Muy bien. Me da lo mismo.
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Desde mi sofá he viajado por nuestra querida España y como resultado lo que encontré fue, que tuvimos largos años de ilusión, bienestar y ascenso social; por contra, lo que hoy mejor define nuestras aspiraciones y formas de vida es, sencillamente una actividad radicalmente individual. Siento que cada vez quedan menos lazos afectivos, menos vínculos comunitarios, y los pocos que permanecen tienen frecuentemente contenidos nacionalistas y separatistas. Con lo que veo, no me salen versos por los dedos, sino sapos y culebras por la boca.
A pesar de todo, salgo el sábado a dar una vuelta, y el cierre total de bares y restaurantes me baja la moral. Lo único bueno que ha traído esta pandemia es que el consumo del vino en los hogares españoles creció, en cada ola del virus, un nuevo trago. Así que vuelvo a casa a tomarme uno y ver en la tele las mentiras y contradicciones del Gobierno, que no hacen más que llamadas a la responsabilidad, cuando los primeros irresponsables son ellos.
También veo en la tele que muchos están haciendo una invitación a la violencia en las redes sociales, como acabamos de ver en Barcelona y otras ciudades españolas. Resulta incomprensible que Podemos incite a los disturbios callejeros y jalee los enfrentamientos con las fuerzas de orden. El mensaje de los morados alertando a los manifestantes es muy grave, con ellos se puede predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de sus seguidores.
¡ Por Dios, que nadie les vote !, si es que alguna vez hay elecciones.
Y entre tanto, me asombra que la ministra locuaz e inoportuna de siempre, haya vuelto a despertarme la ilusión por viajar, cuando de sobra sabe que aún no estamos en condiciones de hacerlo. Nadie del Gobierno se atreve a contradecirla, faltaría más, ni ese oráculo de la pandemia, que guardando las distancias, cada día me recuerda más a Simón o Simeón el Estilita y a los 37 años que pasó subido en su columna…cada día más alta, intentando alejarse del trajín humano. (La primera columna en la que vivió era de sólo 3 metros, la segunda de 7, pero como aún la gente trataba de subirse a ella, hizo levantar la definitiva de 17 metros).
Mal lo tenemos los viajeros. Tengamos paciencia y no hagamos caso de los discursos de la precipitada señora, ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, a la que no le vendría mal, tener a mano un ejemplar de «La prudencia en la mujer» posiblemente escrito en el Cigarral del «Santo Ángel Custodio» de Toledo donde nuestro clásico, solía reunirse con otros literatos «bolos» bajo los auspicios del Cardenal Sandoval y Rojas.
Lo único que me agrada de este confinamiento, aparte de lo del vino, es que al no poder viajar no me encontraré con gente que me eche en cara cómo hemos sido capaces los españoles de votar, y entre unos otros, hacer gobernantes a esta ralea de vividores de tan escasa valía.
« Añoramos la prudencia en la mujer de Tirso de Molina».
Apago la televisión y sigo con mi viaje que me lleva hasta el Nuevo Mundo. Me voy con los primeros caballos españoles que pisaron tierras americanas.(Hacía mucho tiempo que no hablaba de mis queridos caballos).
Los hijos de esos caballos son conocidos hoy como: «galiceño» en México, «llanero» en Venezuela, «paso-saltero» en Perú, «paso-fino» en El Caribe y Puerto Rico y «criollos» en Chile. Gracias a su gran resistencia, pocas alzadas y capas discretas, lograron sobrevivir a los depredadores de las Pampas de América del Sur.
Podemos decir que los caballos de la Conquista eran españoles y se hicieron con América caracoleando al son entre otros de Francisco Pizarro y Hernán Cortés. Este último paseó sosegado, sobre su caballo «Romo», que era castaño oscuro, ante los ojos admirados de Moctezuma.
La alzada de nuestros caballos fue siempre un impacto definitivo en el alma de los indios que en un principio creyeron que eran dioses. Su prestigio divino disminuyó al comprobar que no eran carnívoros ( para ellos condición imprescindible de toda divinidad) , y acabó de hundirse cuando vieron morir al primer caballo. Entonces se dieron cuenta de que no eran dioses, pues bien sabían que la inmortalidad era su atributo esencial.
Nuestras señorías a pesar de no tener las alzadas de aquellos caballos, y aún comiendo de todo, más bien carnes y mariscos, su pretendida ascendencia divina hace tiempo que acabó por los suelos. Merecido lo tienen por ignorar y ningunear las conquistas españolas en tierras americanas.
«A pesar de comer carnes y mariscos, ellos con su cinismo predican el veganismo».
Y de los caballos del Nuevo Mundo nos retrotraemos a los de la Antigua Grecia.
Lo que un día nos contó Platón me hace pensar que con tanto «penco» resabiado en el hemiciclo, lo más fácil es que a los que guían alguno de los muchos coches de este Gobierno, se les vaya de «caña» la collera, pierdan las alas y al no poder seguir a los dioses, caigan del escaño a modo de pescante, entre nubarrones, a la oscuridad y pierdan la cabeza. De cualquier manera a estos impresentables hay que cortarles las alas.
Al vicepresidente Pablo Iglesia y su particular forma de entender la plena normalidad democrática de España, le diría que si fuera el vicepresidente del gobierno de cualquiera de sus «repúblicas bananeras favoritas» su suerte no sería la misma. Es posible que por aquellas tierras, se hubiera llevado ya a cabo, cosa que nunca desearé, su envenenamiento con polonio, como nos contó su polémico y provocador portavoz Echenique.
Todo este personal, lo mejor de cada casa, ya no practican el «stalking» al Congreso pues se han instalado dentro, pero su estrategia sigue siendo apoyar y respaldar a todos los que se enfrentan a España y denigran su diseño constitucional y sus instituciones, aunque lo más sorprendente, lo más inquietante y lo más peligroso, sea el continuo silencio del presidente, admite que la situación es insoportable pero cree que la ruptura sería un suicidio. Situación que convierte al Ejecutivo en rehén de un peligroso extremismo.
Recientemente hemos visto que los ganadores de las elecciones catalanes gritaban, saltaban, tiraban cohetes, bailaban. Muy bien. Lo malo es que desgraciadamente ¿los nuestros?, se conforman con esperar al próximo «congreso nacional de resurrección», que es donde solucionan todo (o nada) tras sus aciagas noches electorales.
Después de tres noches seguidas de altercados violentos en varias ciudades de España por la entrada en prisión, del para mí desconocido rapero Pablo Hasel, en pretendida defensa de la libertad de expresión, aunque creo que lo que circula por las letras de sus raps no es precisamente el amor, sino el odio más profundo.
Propongo que el rapero por mí desconocido, siga donde está, y a los vándalos, que los manden a hacer trabajos sociales, pero de los duros, de los que producen callos en las manos.
Y mientras tanto entre los Mossos d´Esquadra, parece ser que crece la sensación de desamparo, se sienten huérfanos después de que ningún miembro del Govern haya condenado con contundencia los disturbios violentos de estos días, llegando a afirmar que«les hieren más los silencios de los políticos que las piedras».
Una vez más, con sus contradicciones internas, el Ejecutivo nos ha demostrado su vergonzante y peligrosa manera de actuar.
Como mucha gente, estoy cansado de esta pandemia y de sus consecuencias. Cansancio producido por el covid-19, con sus «olas», sus «picos» y sus «mesetas» y sobre todo con tantas muertes diarias, a las que nunca debemos acostumbrarnos.
Cansancio que no me hace olvidar, a aquellos que sin tocarles, ya tienen puesta la vacuna.
Pero, ya veis, vienen unos vándalos y me trastocan estas notas, este viaje y mi buena voluntad.
«Mientras la encina alimenta a las ovejas, otros dan de comer al lobo que a su vez provocará al rebaño».
Zaragoza febrero 2021.
Ángel Cerdido Peñalver Coronel de Caballería ®
Blog: generaldavila.com
24 febrero 2021

























