A mis amigos y compañeros de la generación «Tradicional o Silenciosa», para mí sois la crème de la crème, seguís siendo los de siempre y estáis donde siempre habéis estado: un poco más viejos, un poco más sabios, igual de imprescindibles.
Las personas que no tienen capacidad de autogobierno no la van a adquirir a base de aprobar leyes, lo que nos hace falta es un líder que defienda a España y afronte, entre otras muchas, la batalla cultural tan necesaria.
Yo no me conformo con una derecha de tecnócratas que enderezan la economía cada vez que la hunda la izquierda, pero que mantienen, incluso cuando tienen mayoría absoluta, gran parte de la ideología de estos.
Sr. Presidente, aunque nunca me olvido de una cara, añado la coletilla de Groucho Marx, y diría que con la suya, en las próximas elecciones haré una excepción.
Quiero un Jefe de Gobierno como el actual francés que recientemente alabó la universalidad de Joséphine Baker, símbolo de una Francia que como dijo: «es grande cuando no tiene miedo»
No tuvo miedo el Presidente Emmanuel Macron ni al género ni al color de la piel, ya que es la primera mujer negra que entra en el Panteón, templo laico y mausoleo dedicado a la memoria de los hombres ilustres de la patria.
De las cuatro generaciones identificadas a lo largo del siglo XX, la mía es la conocida como la «Tradicional o Silenciosa» (1926-1945), sigue a la «Generación Grandiosa» (1901-1927) moldeados por la Primera Guerra Mundial, y precede a los llamados «Baby Boomers» (1946-1964) resultado de la explosión de natalidad posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Cuando podíamos no supimos y cuando sabemos no podemos.
Se suele decir que el futuro es de los jóvenes, pero el día a día lo desmiente y demuestra lo contrario. La mayoría cree que están en este mundo solo para pasarlo bien, nada de preocuparse por pandemias y volcanes. Horacio ha triunfado con su lema «carpe diem», y al futuro que le den. Pero, cuidado, pues conviene tener conciencia que los cimientos de nuestra sociedad parecen estar excavados en la ladera de un volcán, y cualquier día algunas de sus coladas de lava nos pueden dar un susto.
A todos ellos les diría que si ya sabéis lo que tenéis que hacer y no lo hacéis, entonces estaréis peor que antes.
Después de una larga sesión parlamentaria, se abrió la pública. En los escaños había trece diputados. En los bancos del público, un ujier y el chofer del presidente. Yo soy uno de los escépticos, tampoco asisto a esas sesiones, pero no queda más remedio que vivir con el fraude, y por favor, no sigan mi ejemplo.
Aún pensando diferente y proponiendo políticas distintas, podrían hablar en vez de gritar e insultar. ¿Estoy soñando? No me despierten, por favor.
Ya tenemos en marcha las «sencillas nuevas normas» de este Gobierno. Notaremos el cambio de inmediato, como con la complicada actual burocracia y lo enrevesado de los aparatos de última generación. Todo aquello que no hacíamos, porque no podíamos, a partir de ahora seguiremos sin hacerlo, pero porque no sabremos.
El tiempo se pasa cada vez más rápido. De lo que no tengo duda es de que mi mundo avanza a un ritmo frenético; a trompicones, pero sin freno. Me gustaría que pasase al son de Wagner, pero con la suerte que tenemos y lo que está cayendo, seguro que suena alguna canción de Kiko Rivera.
Después de la generación «Baby Boomers» llegan los más jóvenes: nuestros amigos de las Generaciones: X (1965-1980) los que vivieron el nacimiento de internet; los de la Y (1981-1996) que no conciben la vida sin tecnología; los pertenecientes a la Z (1997-2012) caracterizados por su independencia y siempre dispuesta a emprender, y por último, los de la incipiente Alfa (2012- ) a la que podríamos definir como 100% digital.
Por favor, no olvidar que si os ha llegado el tiempo en que se podría, habrá pasado el tiempo en que se pueda.
Y ahora es cuando las Generaciones Z y la Alfa entran en escena, y les quiero recordar que hoy, cuando se busca en todo la excelencia, este Gobierno os permitirá pasar de curso sin límites de suspensos ni exámenes de recuperación en la ESO y presentaros a la EVAU con una asignatura del bachillerato sin aprobar. Ya no será necesario tener aprobado el bachillerato para acceder a la universidad. ¡Que alivio!
Pero os digo que todo esto es el mundo al revés. Pan para hoy, hambre para mañana.
Un profesor quiso socializar el sistema de calificaciones. De hoy en adelante, dijo, las notas van a ser colectivas y nadie va a ser superior ni inferior a los demás, debido según él, al sistema antisocial que premiaba el esfuerzo. La nota de todos será el promedio de toda la clase. Eso, sí, todos vamos a ser responsables y a trabajar por el bien común. Así se hizo y llegó el primer examen con una nota general que no fue mala: un 6´5. Días después llegó un segundo examen y el resultado fue decepcionante, un 2 de media. Para que esforzarme si los demás me van a salvar, pensaron unos. Y yo, para que matarme a estudiar si no voy a ver recompensado mi esfuerzo. Ante tales razonamientos, el resultado general cada vez fue a peor. De inmediato, el avispado profesor empezó a pensar en otro sistema.
¿A donde nos van a llevar todas estas disposiciones tan avanzadas y progres que quieren simplemente hacer por un breve momento feliz al alumno?
Dicen que la filosofía es el empeño de aprender a pensar y a ver los problemas. ¿Será por eso que nuestros gobernantes no quieren que vosotros la estudies y que paséis los cursos sin esfuerzo? Todo eso os llevará, el día de mañana, a sentir rabia, desánimo y humillación al comprobar que por falta de conocimientos, y por los malos expedientes académicos obtenidos, os encontréis ante un negro futuro debido a la feroz competencia del mercado laboral.
Ánimo Generaciónes Z y Alfa, a trabajar y no os dejéis engañar, vuestro esfuerzo será recompensado.
Los años pasan veloces. Cada día más. Hoy parece que fue mañana.
Parole, parole, parole… A ver cuando pasamos a los «fatti».
Ángel Cerdido Peñalver Coronel de Caballería ®
Zaragoza diciembre 2021.
Blog: generaldavila.com
7 diciembre 2021


















