
Preparados para salir. Claustro del convento de San Juan de los Reyes de Toledo. Cenobio perteneciente a la Orden Franciscana.
El problema de este lugar al que aún llamamos España, reside en que somos incapaces de admitir una virtud del adversario o un defecto de los nuestros.
Como es sabido, oyendo hablar a un hombre fácil es comprender donde vio por vez primera la luz del Sol, si habla bien de Inglaterra es un inglés, si habla mal de Alemania es un francés, y si habla mal de España…¡ es español !
El azul para los conservadores, el rojo a los radicales, los jóvenes unieron ambos y les salio el violeta. Hoy el naranja de ciudadanos está negro, y para Vox su futuro es verde esperanza.
¿Que harán los ciudadanos? Ya se verá.
Para gustos se hicieron los colores
También en estos días yo seguiré escuchando, y como fenómeno voluntario que es, significa que prestare atención a lo que quiera oír. Por el contrario, como para mi, oír es percibir con el oído los sonidos, podré escuchar pero no oír y podré oír sin escuchar.
Ahora lo urgente es esperar.
De momento en esta Semana Santa, y preparando la Pascua, me conformé con recordar algo de mi reciente viaje a Tierra Santa, donde fui guiado por el experto Fray José María, uno de los frailes franciscanos que custodian esos Santos Lugares desde hace más de 400 años.
Como dice la tradición islámica, veo a Mahoma ascendiendo al séptimo cielo desde la Cúpula Dorada de la Roca en la Mezquita de Omar en Jerusalén, ayudado por el arcángel San Gabriel en pleno barrio musulmán, durante su viaje ultra terreno a la grupa de su yegua torda y alada llamada Al Burak (el rayo).
―«Y tomó Dios un puñado de viento del sur y echándole su aliento, creó el caballo» (Leyenda beduina)
Y sobre todos a Jesús, en el Mar de Galilea con sus discípulos pescando y conversando a lo largo y ancho de esas tierras por los caminos que suben a Jerusalén, y desde allí al Gólgota, en los extramuros de la Ciudad Santa.
También veo a los musulmanes en días de Ramadán conviviendo con cristianos y judíos bajo la misma luna.
Los judíos, como prescribe la Torá, siguen sentándose a la gran mesa familiar, invitando a huéspedes sin familia y dando buena cuenta del cordero con hierbas amargas. Días más tarde son los católicos latinos herederos de los cristianos ortodoxos orientales, los que la celebran, y como en la última cena con: pan ácimo, cordero y aceitunas, y por fin lo hacen los hijos de Mahoma reunidos para el Iftar, la comida nocturna con la que rompen el ayuno a base de: dátiles, cordero, té y dulces parecidos a los pestiños andaluces.
Todos en la cena de Shabbat, que formaba parte de la tradición familiar, usaban las mejores ropas y la mesa la adornaban con la mejor vajilla. No faltaba la mantequilla, la miel con el Jallap(pan), flores frescas etc.
Pero «La Pascua» para los creyentes es la celebración de la Resurrección de Jesús, por eso el domingo pasado al celebrarla en Zaragoza, recuerdo los huesos de los muertos, frente a la Puerta Dorada, la octava que daba acceso a Jerusalén a través del Muro, también conocida por árabes y judíos como de la Misericordia o de la Vida Eterna, y donde esperaban, llenos de paciencia y esperanza, a ser resucitados.
¡Shabbat Shalom!
A mi, todo esto, me sorprendió en el Toledo de las Tres Culturas, y dentro de mi inexperiencia, pude indagar en su pasado y presente y sorprenderme por los muchos secretos que esconde, cuando el Sábado Santo, ya de madrugada, acompañé a la Procesión de la Cofradía Penitencial del Cristo de la Buena Muerte (procesión del silencio), en su Vía Crucis por las estrechas calles de la Imperial Ciudad, recorriendo sus rincones multiculturales, y paseando por su barrio judío, nobiliario y conventual, donde las pocas monjas que quedan, olvidadas tras las celosías, rezan cantan y trabajan, pues también ellas se rigen por el viejo lema benedictino: «Ora et labora».
«El silencio de los conventos toledanos es un remanso del ruido del tiempo, del ruido de la Historia. Allí ni pasa ni ha pasado nunca nada que tenga que ver con el fluir agitado de la vida. Y, sin embargo, tampoco es un silencio mortal, sino de una vida alada y supraterrena, algo como una aspiración a suspiros que no se acaban de oír» (Gregorio Marañón).
La del Silencio, es la más sobria de las procesiones de la Semana Santa Toledana, con salida a la una de la madrugada y llegada al Monasterio de San Juan de los Reyes a las tres y cuarto. Como todos los cofrades, desfilé en dos hileras, con mi hábito franciscano, cordón blanco y crucifico en el cuello, capucha calada sobre mi cabeza y todo a la lumbre de un farol de mano con luz de cabo de vela.
La madrugada fue larga, silenciosa, y llena de sentimiento y fervor.
Abría la comitiva una Cruz de Guía luminosa con el lema:
―«Oye la voz que te advierte que todo es ilusión menos la muerte».
Y todo rodeado de un sepulcral silencio roto sólo por el sordo redoble de un único tambor desafinado, y el ronco sonido de una vieja carraca de madera.
Esa noche, Toledo me pareció más gloria de España que nunca, peñascosa como siempre, menos apesadumbrada y aunque envuelta en la oscuridad de la noche, luz de todas sus ciudades. Tesoro que se multiplica cuanto más lo comparto.
Algún día tras el silencio, también por Pascua, al fin nos veremos, con nuestras formas recobradas, y nos reconoceremos al instante, no como me ha pasado ahora en la Ciudad Imperial al volver a ver, después de muchos años, a viejos amigos de la infancia.
Y para disfrutar de todo esto, solo tuve que trasnochar un poco, para tener la mejor postal del Toledo oculto, …esa que no es necesario guardar en la galería del móvil.
¡ Buena Pascua !
Zaragoza abril 2023
Blog: generaldavila.com













