ZAPATERO Y SÁNCHEZ Rafael Dávila Álvarez

La guerra es la continuación de la política cuando cae en manos de incapacitados para el gobierno y negocios del Estado. Representan lo peor de cada familia.

Han conseguido enfrentar, de nuevo, a los españoles y cargarse de un plumazo (en principio fue un membrete que decía d´Ors) la Transición y cualquier vestigio de entendimiento. Ellos encabezan la III Guerra civil española. Les explico esto de la guerra de manera que puedan entenderlo y no haya malos entendidos, a mi manera claro. Estas guerras modernas atacan por dentro, penetran y se heredan.

Sin necesidad de recurrir a Sunzi o Clausewitz, sabemos que la guerra está en permanente evolución: la tecnología y el sentir de la gente. Para cada estado sentimental hay una guerra. Existió la de los caballeros y la otra, esa que unos se comían literalmente a los otros. Breda también, pero fue un gesto español histórico y nunca repetido. Al enemigo ni agua, aunque unas veces se publicite y otras no.

Lo malo de la dedocracia es que cualquier tonto puede ser presidente del gobierno y hasta general en jefe. Las democracias tienen que soportarlo, pero ponen sus límites los dedócratas y así se salva algo el demócrata y el banquero.

Cuando la guerra empezó a enfrentarse con el buenismo, introducido por los peligrosos analfabetos que cada mañana consultan al espejito mágico, que no leen a Platón ni a Mortadelo y Filemón, tuvo que adaptarse al nuevo eslogan de Sí se puede, de cuyo resultado se confirma que cualquier tonto hace relojes, hasta de sol.

Hemos entrado en una de las eras más penosas de la historia de España (y parte del extranjero) y como borregos sin pastor seguimos a los sofistas errantes mientras alguien con precisión matemática establece los planes que le conduzcan a la victoria de la forma más mediática, es decir más económica, y de mayor apariencia noble y humana, endiabladamente humana. Confusos: «hay que desorientar a los que dirigen al enemigo, extraviarlos y, si es posible, hacerles perder la razón», decía un Mao Tse Tung discípulo de Sunzi.

Sé que ni uno ni otro de los protagonistas entienden nada ni piensan en nada que no sea su imagen externa y vacía de contenido. Así siguen una pauta que se extiende en estos confundidos tiempos por el mundo más mundial y menos unido que hasta ahora hemos conocido.

Mires a donde mires solo la solidez de las ideas, buenas, malas o regulares, se extiende por Oriente mientras Occidente se pierde sin pensamiento y sin otra idea que no sea vivir en rebaño balando sin entenderse más que para alimentarse de pasto; gratis.

Ha regido durante siglos, una eternidad, el racionalismo o la mística como corrientes del pensamiento.

Hoy se impone otra más fuerte que se alza en España como pionera y descubridora: el «pensamiento Alicia», que bautizó Gustavo Bueno en la triste figura ya conocida por todos, junto al «pensamiento Narciso», el de Ovidio en la Metamorfosis, más conocido, por actual.

Es una corriente en sus dos caras o formas de expresión que difícilmente pueden superarse en un futuro, aunque uno ya está curado de espantos.

Por si hay alguna duda, voy a terminar como empezaba: Zapatero y Sánchez.

Si alguno no me entiende puede que esté ya en el camino acertado de la nueva corriente filosófica que mueve el mundo; al menos el de España: Alicia o Narciso.

Puro y duro enfrentamiento entre lobos con piel de oveja y aguijón de escorpión. Los otros somos eso: los otros.

Un enfrentamiento endiabladamente humano: la guerra. La continuación de la política cuando cae en manos de incapacitados para el gobierno y negocios del Estado

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 septiembre 2021

 

«Y SI VOY A SANTIAGO, VOY A SANTIAGO PERO NO A ESPAÑA, QUE QUEDE CLARO» Rafael Dávila Álvarez

Son palabras de Su Santidad el Papa Francisco sobre su posible visita a Santiago de Compostela. Que tampoco. Porque de lo que dice se deduce que no va a Galicia, ni a la ciudad de nombre Santiago de Compostela, sino a su feudo, la Catedral, a la tumba del Apóstol y no más. Así lo entiendo, aunque sin entender el resto.

¿España?

¿Es esto lo que debe quedar claro? No sé.

La elegancia de un filósofo está en la sencillez para que todos le entendamos. La de un Papa en amar y enseñar a amar, de acuerdo con una única fórmula: a Dios y al prójimo como a ti mismo. Un Papa no debe utilizar la ironía para dejar una incógnita abierta y más si esta puede causar malestar. ¿Es infalible el Papa al tratar un tema de tanta sensibilidad para un pueblo como lo es su unidad y más en tiempos recios?

Viene a Santiago, pero no viene a España. Puede ser un milagro de Su Santidad, pero me llega el recuerdo de Pascal:

«Dios no hace milagros en la guía ordinaria de su Iglesia. Sería uno extraño si la infalibilidad estuviera en uno; pero estar en la multitud parece tan natural que la guía de Dios está oculta bajo la naturaleza, como en todas sus obras» (Pascal Pensamientos en obra de Gabriel Albiac). Lo que me lleva a pensar que la infalibilidad en este caso exige un sacrificio tan grande como el de mantenerse en silencio. El milagro es de la multitud que clama sin pastor que la conduzca.

Una vez que coges a Pascal no puedes dejarlo:

«Los milagros no son ya necesarios, a causa de que ya los tenemos. Pero cuando ya no se escucha a la tradición, cuando no se propone más que al Papa, cuando se le ha engañado y, habiendo excluido la verdadera fuente de la verdad, que es la tradición, y como a pesar de haber prevenido al Papa, que es su depositario, la verdad no tiene ya la libertad para aparecer, entonces los hombres no hablan ya de la verdad. La verdad debe hablar por sí misma a los hombres. Es lo que sucedió en el tiempo de Arrio».

Espero que las palabras del Papa no sean firmadas como infalibles; en este caso.

Recordaba Gabriel Albiac: «El gran Francesco Guicciardini lo formulaba en el siglo XVI con una perfección pasmosa: todas las cosas se derrumban un día, también los hombres, también los ciudades, las naciones, los mundos; lo duro es estar debajo cuando caen».

Me siento así; sin más. Estar debajo. Irremediablemente. Se cae el sustento de una civilización, de, casi podríamos decir, la civilización. Me (nos) pilla debajo.

«Mirad, que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres…» (San Pablo, Colosenses, 2-8).

«Muéstrenme la moneda para el impuesto. Y se la enseñaron. –¿De quién son esta imagen y esta inscripción? –les preguntó. –Del César

–respondieron. –Entonces denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mateo 22: 19-21).

A pesar de estar debajo de los escombros espirituales de occidente aún es posible, casi seguro, que interpreto mal; también las palabras del Papa.

No ha querido decir lo que ha dicho. Ha sido sin querer queriendo.

«Sancte Socrates,ora pro nobis» (Erasmo de Rotterdam).

Rafael Dávila Álvarez

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6 septiembre 2021

AFGANISTÁN (3): UN MORTAL VIDEOJUEGO Rafael Dávila Álvarez

La batalla de Alejandro en Issos, 1529, pintura al temple y al óleo sobre madera, 158,4 x 120,3 cm, Alte Pinakothek, München.

Ahora los chinos limitan el tiempo que los niños pueden jugar a los videojuegos porque piensan que es una droga que perjudica la concentración y el desarrollo de sus jóvenes. Prohibirán a los menores de 18 años jugar en línea durante más de tres horas a la semana y así luchar contra la adicción a las pantallas. ¿Será eso o lo otro? Eso está claro y lo otro es la invisible invasión ideológica que temen desde occidente.

Alejandro Magno galopa en su caballo Bucéfalo a través de los juegos en línea. Darío ve juegos peligrosos que presentan batalla, algo así como Gaugamela: «…pues lo que se jugaban en esta batalla no era, como en ocasiones anteriores, ni Celesiria, ni Fenicia ni Egipto, sino Asia entera, cuyos dueños iban a ser designados en aquel momento» (Flavio Arriano, Historia de Alejandro).

Alguien comparaba la guerra de guerrillas como el tábano que picó a Pegaso, el caballo de Belerofonte, y provocó su caída y final.

Todo está escrito. Solo es necesario interpretar.

Parece que la lección aprendida está en el tábano mitológico, el que Zeus utiliza contra la soberbia del poderoso.

Ante este mundo que vela por la vida y mata sin publicidad hay que dar la imagen de quitarse los tábanos sin dar batalla.

Empieza una nueva guerra. El mayor Ejército del mundo contrata a sus pilotos entre jóvenes que manejan en línea los mismos artilugios que conducen un misil o un avión. Les da lo mismo lo que sientan o piensen. En cualquier caso no padecen. Se les paga por ser eficaces, no por servir a su patria. Luego ya veremos.

Todo es cuestión de mover una palanca de mando (joystick) igual que la del videojuego y llevar el dron hasta el objetivo final. Nadie dispara, nadie ensangrienta su hoja de servicios, nadie es acusado, y los resultados crean incertidumbre entre los nuevos ejércitos de desuniformados que se mezclan y conforman batallones de mujeres y niños.

No hay mucho interés en occidente por defender nada intangible y los ejércitos se llenan de dirigentes burócratas, incluso uniformados, bien adiestrados, que no ven más allá de la rentabilidad de una carrera (¿militar?) a base de operaciones invisibles. Las derrotas también se hacen invisibles y se rentabilizan a base de desinformación. Caemos en el gran pecado del mundo: la desinformación como información.

Así asistimos a esta cosa nueva que no sé definir: ¿guerra? ¿contraguerra? ¿mitología?

Soy más partidario de lo que debería ser y no es.

Debería ser: «La muerte no es nada, pero vivir vencido y sin gloria es morir todos los días», parece que dijo Napoleón. Está más claro en el Credo de la Legión: «El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde».

No veo por ningún sitio el honor, el valor, la gloria y el espíritu de sufrimiento y dureza. Veo mucho paisano con el joystick en las manos.

Los chinos educan, en cualquier cosa, pero educan (en instrucción militar práctica sin duda), mientras nosotros vamos a lomos de un Pegaso desbocado esperando a que el tábano nos pique en semejante parte.

No será un videojuego. Nos toparemos con la cruda realidad.

Se irá olvidando Afganistán. No lo olvidará la venganza.

Rafael Dávila Álvarez

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5 septiembre 2021

AFGANISTÁN (2) LA CAÍDA DEL IMPERIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

«Andaban los tiempos recios» (V 33, 5) dice Santa Teresa, que en ella es hablar de lo relevante y no de la vulgaridad con la que nos acosan (y no es delito). Inefable: misterio. Todo lo grande está rodeado de lo incomprensible. El vulgo por tanto se aburre de pensar porque pensar «pa na» no merece la pena. Es la crisis mayor del avance tecnológico acompañado de la pereza intelectual. Que sean otros los que piensen y decidan por mí. Al ser humano siempre le apasionó ser mandado y hasta goza con el servilismo.

Las tropas cobran, y hacen bien, como se hacía en Flandes. La diferencia la marca la fe y el Señor: «que buen vasallo…» que la fe se ha perdido; que bajo el sol no hay quien devuelva la mirada caliente, que no hay señores a los que merezca la pena; que hay mucho servilismo.

Cualquier sacrificio es inútil y sin embargo quedan sacrificados que aun viendo este desierto de ideales y de ideas dan su vida por aquellos que no saben o no pueden defenderse.

Siento la necesidad de decir algo, ahora, cuando no sé qué decir ante la abundancia de palabras que nada dicen.

Está la guerra entre nosotros y no es cosa de hacer de la nación un inmenso campamento. Vamos camino de una derrota sin precedentes.

Dice Villamartín (Nociones del Arte militar) que «no es más fuerte la nación que más presupuesto de guerra consume, que más soldados cuenta en la paz, sino la que sabe levantar a poca costa, sobre una base permanente bien constituida, ejércitos formidables el día del peligro».

Ese día ha llegado. El ejército poderoso ha sido derrotado. La culpa no ha sido suya, sino de quienes la sostienen con premisas hundidas en las arenas del vacío moral.

Los ejércitos formidables se constituyeron sin moral, sin prestigio ante la sociedad a la que sirven, sin razones que los empujen más allá de sus fronteras, sin cultura de algo tan viejo y fundamental como qué son y para qué sirven sus hombres de armas.

No.

No han sido derrotados los ejércitos, ni siquiera el más formidable y mejor armado del mundo. Ha sido derrotada la moral que hace dar la vida por un ideal. Ni se piensa ni se siente. Es el desierto moral de occidente.

No son razones de índole material las que llevan al sacrificio. Estar convencidos de que se lucha por una causa justa ha sido históricamente para los soldados su asidero moral más firme ante la brutalidad de la guerra. El honor y la honra siempre han sido sentimientos que han acompañado a las unidades moviéndolas hasta límites insospechados. Cuando no se lucha con convicciones morales, cuando cada uno va a lo suyo y no hay una referencia a seguir, un ejemplo a imitar y una disciplina moral que cumplir, solo se lucha por salvar la vida y ese es el momento a partir del cual se empieza a perder la moral, el combate y la vida. Camaradería y fraternidad, disciplina, instrucción, adiestramiento, pero sobre todo mando, acción de mando. Concebir, decidir, preparar y dirigir. Decidir: exclusiva responsabilidad del mando. Sus consecuencias también.

Así termina Villamartín su capítulo dedicado a los ejércitos permanentes diciendo:

«¡Desgraciado país aquel que hace odiosa la carrera de las armas, aquel que alquila los ejércitos en los días de peligro, aquel que los degrada nutriendo sus filas de hombres sin virtudes ni patriotismo, aquel que con su menosprecio mata el honor militar y ahoga las nobles ambiciones! Repasad la caída de todos los grandes Imperios y veréis que el primer síntoma de ella ha sido la desorganización moral de las tropas, el rompimiento del lazo que debe unir al ejército y al país, el desprecio o el odio del ciudadano al soldado».

Son tiempos recios cuando se huye y no se defiende, cuando los ejércitos sirven para cerrar la comitiva que no se bate ni en la retirada, cuando aceptas la derrota y te matan sin plantar cara. Cuando abandonas el fusil porque la sociedad demanda unas flores. Para las tumbas de los que mantuvieron el honor que otros mancillaron.

Andan los tiempos recios y en mi opinión sin remedio.

<<Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida>> (Borges).

Termino con ese recuerdo terrible de Mozart. Quizá dicho con música penetre mejor en las nebulosas de los que todos los que creen ser el poder: <<Si el emperador me quiere, que me pague, pues sólo el honor de estar con él no me alcanza>>.

El Imperio a punto. Los tiempos cambian; para el honor y la honra también.

Es la caída del Imperio. Mientras con ello, abatidos los soldados, los que creían que el honor y el valor era su oficio, el mejor del mundo, nada ni nadie queda para defender todo aquello por lo que dispuestos a morir estamos; y dudo de lo que venga. Vaya por ellos nuestra oración.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

3 septiembre 2021

AFGANISTÁN (1) AL ABANDONAR LA POSICIÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

A mí esto de Afganistán me recuerda mucho a Annual cien años ha. Con matices como no puede ser de otra manera.

Claro que aquello fue una cosa local y ni la nación España lo recuerda o no quiere recordarlo, aunque algo dicen que preparan para octubre en Melilla. Estaremos pendientes.

Como de Afganistán, dónde nadie sabe cómo ha sido ni quién ha sido. Decir los talibanes es no decir nada.

Ahora tras la humillante derrota, entre las ruinas de la tragedia, se buscan héroes que levanten la moral de los derrotados, que somos todos.

De donde venimos ni a donde vamos. No hay respuesta.

¡Qué bien lo hemos hecho! Se atreven a decir las retaguardias que acuden con meliflua sonrisa a recibir a aquellos que no saben por qué fueron ni por qué se vienen deprisa y con vergüenza. ¿Qué hemos hecho mal?

Desde su hogar la rabia corroe sus pensamientos sin entender nada de lo que sucede. Sin explicaciones recogió su fusil, una munición ya inservible, sus cuatro cosas que le señalaban como soldado, hasta que dejó de serlo según su código de honor: nunca abandonar a un hombre en el campo hasta perecer todos. Mañana tendrá que acudir a la burocracia cuartelera a emitir informes y experiencias que de nada valdrán, pero rellenarán los vacíos cascos del despacho.

Hay que tapar la cobardía de los que emiten órdenes muy elaboradas y con todos los riesgos calculados. Ellos los conocen y ocultan. Siempre me llamó la atención que cuando comenzaban unas maniobras con los anglosajones, de sus aviones siempre descargaban unos féretros calculados estadísticamente, en un frío cálculo, para las posibles muertes en los ejercicios. No fallaba la cruel estadística, Quiero decir que la inteligencia (debe ser artificial) da mucho de sí en estos conflictos y nada se deja al azar. La cobardía no puntúa ni se deja ver en las arengas.

¿Qué decir ahora del valor y del honor? Silencio memorable. Los cobardes han callado y han puesto en grave riesgo las vidas de los valientes. Han muerto y ellos, cobardes, viven mejor y a salvo. Solo han dado una orden: abandonar la posición. Queda vendida la vida, el honor y el valor. Calderilla de tropa.

Estados Unidos de América dijo: me voy. ¿Nadie se dio cuenta? El resto dijo: ¿Qué hacer? Confusión. Que fea es la frase y peor la actitud: maricón el último.

Ni héroes ni villanos. Un caos de responsabilidades, unas órdenes inciertas y malvadas. Han dejado a las tropas en un cobarde abandono. No hay otra. ¿Quién dará cuenta de las muertes? El deshonor no se tapa con dinero ni con arengas al sentimiento de los inocentes. Los que mueven los hilos de Biden —dudo que él sepa nada— sabrán qué delito han cometido.

¿En ningún momento el CNI ha sabido algo? No pagamos este servicio para que nunca responda nada ni ante nadie.

Ahora se buscan héroes mientras asistimos al espectáculo de la ¿repatriación? Esa palabra no es aplicable a un soldado. Él sabe cuál.

El espectáculo de Torrejón es equivalente al bochorno de Kabul. En ambas partes se evitan en lo posible los uniformes. Está a la vista.

Todos los gobiernos quieren pasar página y borrar las imágenes lo antes posible. Pero saben que esto solo ha sido el comienzo. Habrá mucha muerte.

Europa se queda cada día más sola y desamparada. La OTAN avergüenza. Sin mando, sin acción ni reacción, juega a justificar su elevado presupuesto en la frontera con Rusia. ¿A qué jugamos?

Más nos vale estar preparados.

La debilidad se paga y cuesta vidas y hacienda. El próximo empujón puede ser fatal, hasta que lleve a quién menos se espera a bañarse en las costas atlánticas mientras la OTAN le pone la sombrilla y le sirve Coca Cola con hielo y limón.

La puerta está abierta y los soldados en retirada. Los héroes ahora los buscan en el ciberespacio y en la inteligencia. Por eso no nos hemos enterado de nada.

«¡Non fuyáis, gente cobarde, gente cautiva, atended que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido!».

Dice la Inteligencia que aún estamos a tiempo. Puede que la culpa sea del caballo y nos quede el recurso de siempre: echar la culpa al otro.

Sin duda que aquí alguien sobra y no es el ministerio de Defensa.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

2 septiembre 2021

TERRORISTAS Y TALIBANES Rafael Dávila Álvarez

Sé que este artículo, como tantos sobre el tema escritos en este blog, pasará desapercibido; incluso en esos lugares donde se supone debería asumirse. Es todo muy extraño y aquí el sufrimiento después de haber sido asesinados tantos y tantos se lleva en la más absoluta de las soledades y olvidado por la sociedad. Casi todas las víctimas sufren este abandono.

En España, con tristeza y dolor, el término víctimas es muy amplio y las hay con orígenes distintos, según datos oficiales, aunque en mi creencia está en que toda la violencia en España tiene un único origen, conocido y harto denunciado; pero como el que predica en el desierto.

Que en una nación europea, democrática, con más historia que cualquier otra, pionera en hablar de Derechos Humanos, y de tantas cosas reivindicativa, la primera, podamos decir que se homenajea a los asesinos llamados terroristas es al menos algo inaudito.

Terroristas por allí, terroristas por allá, cuando la mayoría de los anunciadores y sabios del terrorismo nada saben:

1.- Dominación por el terror.

2.-Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.

3.-Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

Pueden elegir cualquiera de las acepciones del Diccionario de la RAE. Acertarán.

Especialmente cuando vemos que una vez conseguidos los fines políticos de los que habla se convierten en hombres de paz y se sientan en las Instituciones.

Hoy este artículo no va dirigido a esos asesinos de la ETA por mucho que ahora sean hombres ilustres y de paz. En España eso es un insulto para los hombres ilustres y de paz. Estas indignadas palabras van contra esos (podría decir que son todos) los que han permitido la proclama más vergonzosa que Europa admite: España clama contra el terrorismo cuando admite a los terroristas y los define como hombres de paz (a alguno de sus dirigentes) y les ofrece mesa y mantel en la vergonzosa tarta política del conchabeo que se traen entre unos y otros.

Miran a Afganistán y temen a los talibanes por sus posibles consecuencias en Europa, y eso ocurre cuando olvidamos las cerca de 1000 víctimas, asesinatos de la ETA, que hemos admitido legalizando sus ideas y sus proclamas asesinas. ¿Era por el bien de España, de Europa, del mundo civilizado?

Aquellos tiempos olvidados. También el Ejército español tuvo que desplegar en la frontera con Francia porque se temía que etarras organizados y armados ocupasen una localidad española y allí izasen la bandera del terrorismo e independencia. Lo contaré en mi próximo libro.

No sé si a este paso veremos a los talibanes sentados en el Capitolio y amparados por Naciones Unidas.

Si hay dudas pregunten en España. Aquí sabemos mucho de eso, hasta en el más alto tribunal.

Si usted quiere un homenaje hágase terrorista. No le faltará de nada.

Alguno debería meditar antes de pronunciar la palabra terrorista. O la de talibán.

Rafal Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 septiembre 2021

 

 

 

 

DON PIJOTE Y SANCHO CHANCLAS Rafael Dávila Álvarez

Don Pijote no era rico, pero al menos alto, hidalgo de cuna, tanto que casi no cabía en sí. Sancho, que luego surgió lo de Chanclas, no era pobre, pero al menos de poca comida desde su nacimiento. Eso les hacía, siendo iguales, distintos, como el caballo y el burro, de cuadra y pesebre. Distintos por dentro, esa diferencia que se nota en cosas, no todas, ya que la gordura o la finura no distinguen ni siempre significan, ni dignifica comer más o menos, ni de más o de menos. Quizá sea cuestión de comer mejor o peor.

Sancho Chanclas quería mandar porque le había oído a D. Pijote «que es bueno mandar, aunque sea a un hato de ganado». Así él llegó al paraíso donde la luz y la gasolina eran gratis, y te seguía una cohorte de pelotas sin futuro. Todo era divino, pero aburrido porque ocurre que la luz nunca encontró a la oscuridad ni el agua al alcohol; el día nunca recibió en sus salones a la noche y la caverna no escuchó los gritos de la taberna. No había redes porque los peces y las aves no conocían más allá de su momento y nunca sabían si era ayer o mañana, solo entonces.

Un día de esos de ensoñación, el Sol amenazante y la noche como siempre, Sancho Chanclas tuvo una iluminación y llegó a decir: «Lo elegíaco, lo ceremonial, no rigen para los inmortales» lo que a don Pijote hizo sudar por tener que entregarse al pensamiento. Uno llevaba ese día un lacoste, el del cocodrilo, y el otro una camiseta blanca de tirantes y entre sí había envidia por querer ser y usar lo contrario.

Cambió el mundo en esos arrebatos de temporada, por el cambio climático, y llegaron olas desconocidas y murieron los dinosaurios —otros aparecieron— y Madrid hubo que ocuparla por la Moncloa y Guadalajara; en el Jarama no había puentes para cruzarlo y fue un lugar de veraneo a la italiana. Ese Madrid que nunca está en lucha, pero contra él todos.

A D. Pijote le gustaba repetir «y, y…», que no dejaba de añadir «y», porque así tomaba aire, que no tenía más oxígeno que el de un cerebro necrosado de tomar tanto el sol en las alturas, más de los tres mil metros de altitud, y con la bacinilla puesta que no le cubría apenas. Además como saltaba para encestar subía aún más.  Sancho era distinto, siendo el mismo, porque era bajito y se cubría con sombrero de paja que compartía con su burro, que no subía más de cien metros, con lo que nunca pudo llegar a nada. Además Chanclas se ponía muy nervioso porque él andaba despacio y Pijote hablaba sin hablar porque hablaba para él y se escuchaba él. Así que no había manera de subir ni bajar que solo subía Pijote; y Sancho nada. Nada, de nada se enteraba. Nada decía una y otra vez. Otra vez nada; repetía.

Como D. Pijote era de familia de siempre, muy amplia y mundial, de partido con muchos hijos repartidos por los mundos, por las rusias y las alemanias, las de agosto del día 23 de 1939 de no agresión, decía, a Sancho —que este nunca escuchaba más de un minuto seguido, y hacía bien—, que él castigaba con obras no con palabras, pues no era suficiente al desdichado la pena del suplicio y había que añadir las malas razones. Perdonar nunca y siempre escribir, los que saben, la historia, para que sea tan alta como nuestras miras, porque el patio de nuestra casa no es particular y cuando llueve no se moja como los demás. Para eso hay que estar siempre en vigilancia y que nadie se cuele, que enseguida se nota porque huele a los ajos que come, y a cebolla, con ribera del Duero; también a solomillos veganos. La morcilla ya dijo D. Ángel que se repite; como la guerra.

La justicia del Pijote era él, aguantarle a él, su altura (de miras) y cambiarle el colchón porque le olían los pieses cuando jugaba al baloncesto.

Tenía un espejito en un lugar escondido y oculto llamado Moncloa, con un bosque repleto de lobos y manadas de hienas, y todas las mañanas consultaba con el espejito, pero Chanclas desde que supo que se llamaba así, que fue de siempre, le decía que Gilgamesh también buscó la inmortalidad y nada. Que le habían hablado de un tal Borges que tampoco, y que a Sócrates no le gustaba preguntar a otros, sino que se preguntaba y respondía él solo. Así que Pijote no escuchaba. Solo miraba al espejo. «Existe un rio cuyas aguas dan la inmortalidad; en alguna región habrá otro río cuyas aguas la borren», dijo un día Sancho, que lo traía escrito de un amigo que se lo regaló. Pijote dijo: Eso no va con nosotros, somos el río primero, somos socios, y una cuerda nos une a unos y a otros hasta el fin que para nosotros nunca será.

Chanclas estuvo a punto de apuntarse a ese grupo o partido, que no sabía que era eterno, pero pensó en su burro que no era caballo, y decidió echar los papeles para notaría o fiscalía, así podría vivir eternamente mientras aprobaba que sería nunca jamás. Le esperaba el ejecutivo que sonaba muy bien, aunque mejor sonoridad tenía el judicial para presumir en su pueblo ante el juez de paz que se las traía tiesas con él.

Esto que les cuento sucedió con Homero, que fue una odisea que vino después de una Ilíada o liada, que no se sabe muy bien la que se armó allí en Troya por una mujer que debía ser muy guapa ¿o fueron varias?

Que mejor dejarlo porque las flechas volaban y hasta el Escamandro un día se salió de su sitio y aquello aún se recuerda. Ulises era muy listo y relata lo de don Pijote, pero el que más aprendió fue Calzas ya que fue inmortal, del que uno se acuerda. Don Pijote murió de un ataque de pijo cuando alcanzó el palacio y se lo encontró lleno de esos lobos, hienas y cuervos y empezó a subir la luz, y el gas, y el agua, y el vino, y la gasolina, y las hamburguesas de tréboles y sobre todo cuando a una manifestación de vacas que querían ser comidas le sucedíó otra de toros que querían embestir; y se dejó.

Todo fue y nada quedó; excepto Sancho Chanclas que sigue cada mañana madrugadora en un tren que nunca llega, y será eterno porque ni sabe de dónde viene ni a donde va. Se pregunta, ¿y qué más da si cuando llegue ya se habrá acabado todo y tendré que empezar de nuevo?

Pijote hace tiempo que dejó de interesar porque no sabe otra cosa que mirarse al espejo y creer que él son todos; y a todos, nadie se lo ha explicado, lo que les importa es lo del tren, que llegue pronto y la espera sea entretenida mientras lee eso de Homero, o de Diógenes.

Desnudos vinieron los dos, uno se prendó del mundo y el otro lo aborreció. Los dos querían ser inmortales, pero el tren, dicen de la vida, se los llevará a los dos.

Ninguno dijo nada para la posteridad ni nada buscaba Chanclas dejar en el monumento que se alza a la vulgaridad que está lleno y esparcido por las calles y museos.

¡Vaya usted a saber! ¡Velay!, y no me hagan mucho caso. Es el final de agosto y ya se sabe lo que viene después.

Rafael Dávila Álvarez

31 de agosto 2021

Blog: generaldavila.com

 

 

 

 

UN BANDERÍN DE LA LEGIÓN PARA DON JUAN. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Torcuato Luca de Tena en un libro titulado Franco, sí, pero nos dejó escrito este bello relato legionario.

La 16 Compañía perteneciente a la IV Bandera es una de las unidades de la Legión que más bajas ha tenido en combate; dado el número de muertos y heridos durante la Guerra Civil, bien puede decirse que todos sus efectivos fueron repuestos más de una vez. El número de bajas entre mandos y legionarios, comparado con los efectivos normales de una Compañía, supuso el 500 por ciento de bajas.

10 oficiales, 5 suboficiales y 106 legionarios muertos.

21 oficiales, 13 suboficiales y 485 legionarios heridos.

Sin detenerme en las acciones de combate de la Compañía, que pueden leerlas en los anexos, les relataré el destino final de su glorioso Banderín que, aunque contado por Luca de Tena, es desconocido incluso en el ámbito militar; quizá ocultada por esos complejos que nos distinguen.

Finalizada la Guerra Civil, los oficiales de la 16 Compañía, Capitán Victoriano Isasi, Teniente Jesús González del Yerro, Tenientes Provisionales Manuel Cortázar, Juan Manuel García Vinuesa, Francisco de Gomis, José Quintana y Antonio Rodríguez Carvajal, envían una carta al Conde de Barcelona remitiéndole como ofrenda el Banderín de la 16 Compañía de la IV Bandera de la Legión. Pensaron estos oficiales que era el más digno destinatario por ser Don Juan “encarnación de la Patria y del Ejército”.

El encabezamiento de la carta es muy significativo: “A SM. El Rey D. Juan III”.

En una primera parte de la misiva, sintetizan, con la precisión del lenguaje castrense, los hechos de armas de la Compañía, citan las acciones heroicas, sus héroes y las Laureadas concedidas. La segunda parte de la carta es una emotiva dedicatoria en la que al ofrecer el Banderín, símbolo que guarda todo el sentir de la 16 Compañía, pretenden quede  inmortalizado en la “Continuidad y el Orden que la Monarquía le asegura”.

Respondió Don Juan con palabras de Rey, de un profundo amor a España, desde la lejanía.

“Vuestro desgarrado banderín manchado de sangre ocupará en mi casa un puesto destacado de veneración y de respeto. Ante él, como ante un último capítulo de su historia, yo pediré a Dios cada día que me haga digno de esta España rescatada con tanto dolor.

Afectuosamente os saluda.

JUAN”

Hablé con el General González del Yerro de esta historia en el Escorial. Celebrábamos el bicentenario de la Orden de San Fernando a la que pertenecía por ser Medalla Militar Individual. Al terminar la conversación los dos nos preguntamos donde estaría aquel Banderín. Coincidimos en que debería regresar a la Legión; al haber ya cumplido su misión, aquél era su lugar. Pero no sabemos donde está.

También estábamos de acuerdo en que jamás debe perderse el recuerdo de  gestos como éste, llenos de simbolismo. Pero nuestra historia está llena de recelos, con lo que se destruye más que se construye; ocurre también con la historia militar.

Nuestros museos son revisados constantemente para evitar que la exhibición de una bandera capturada al enemigo pueda traer un conflicto o que la frase de un gran genio de la guerra pueda herir la sensibilidad de algún icono del pacifismo. Todavía recuerdo aquél malintencionado intento de modificar los artículos del Credo de la Legión y lo absurdo de un ministro de defensa modificando la letra que se recita en el homenaje a los caídos.

Siempre andamos con la inconformidad a cuestas, con las sospechas, dispuestos a renunciar al rigor de la historia. Preferimos repetir una mentira mil veces hasta convertirla en verdad; nos resistimos a la incuestionable rigurosidad de la historia cuando esta no es nuestro gusto.

Hasta los museos militares muestran la historia casi de puntillas y en algunos casos mirando hacia otro lado. Ya no suelo frecuentarlos, excepto algunos muy específicos, casi escondidos, de alguna unidad que guarda con celo sus tesoros de guerra.

descargaHoy hablo en voz alta contando la historia del Banderín de la 16 Compañía de la IV Bandera de la Legión. Sus acciones, y esta última de su glorioso Banderín al que dirigieron su vista tantos legionarios antes de morir, quedarán inmortalizadas siempre que difundamos su historia. Aquél desgarrado Banderín, que a pesar del elevado número de bajas jamás mordió el polvo ni cedió en ningún combate, sigue en pie dando ejemplo de valor y heroísmo. El oficial que al terminar la guerra era depositario del mismo era el Teniente González del Yerro, oficial más antiguo de la Compañía, y el más cualificado de los que sobrevivieron , por tener la Medalla Militar Individual. La sangre derramada por la grandeza de la Patria acredita el honor para ser guardadores de las enseñas de combate.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 agosto 2021

SI VIS PACEM PARA BELLVM. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Escalera del Cañón. Academia General Militar. Zaragoza

¿Sigue inscrito en la escalera del cañón de la Academia General Militar? ¿Ha sido víctima de las bondades de aquel ministro —de Defensa de España— que decía «morir antes de matar», y ¡se lo decía a los soldados!

Voluntad de vencer: Es la única forma de ganar.

Nada nuevo para un soldado ya que es un principio fundamental del Arte de la Guerra que ni siquiera es necesario dejarlo escrito. Un acuerdo intelectual, la exaltación de cuantos valores morales animan y conducen al logro de la victoria, la fe en el triunfo.

El Arte de la Guerra se aplica cada día en la las empresas y negocios, en cada ocasión y en cada momento, con la selección de sus hombres y la adecuada instrucción y perfeccionamiento de sus intereses y valores. Para vencer: voluntad de vencer.

Es el principio y el primer pilar para la victoria. Parece una perogrullada, pero también lo es que la razón de ser de los ejércitos es la defensa militar, el combate, la guerra. Hay ocasiones en las que la perogrullada se convierte en paradoja. Por ejemplo cuando dejas de creer en lo que haces, cuando el enunciado se convierte en simple propuesta sujeta al turno cambiante de grupos o partidos, cuando no te reconoces y pones en duda tus principios o los escondes con meliflua actitud.

Hace un tiempo, estaba yo aún en activo, el Jefe del Estado Mayor del Ejército nos decía que estaban muy equivocados —me sentí aludido— quienes pensaban que el Ejército estaba para la guerra, que ahora la sociedad demandaba otra cosa. Me sentí consternado porque empecé a ver que era una tendencia, un dictado quizá no casual. Acabar con la voluntad de vencer.

Eran tiempos en los que parecía reeditarse aquel periódico Pero Grullo que dirigía El Bachiller Zapatilla en el siglo XIX, ¿o era en el siglo XXI?

Valor, virtud que engalana a la voluntad de vencer. Las acciones heroicas llevadas a cabo por nuestros soldados fueron ocultadas o minimizadas.

Dar la vida, si necesario fuera, pero hablar de muertos o heridos era tabú en un ministerio de defensa donde su temporero ocupante se adornaba para la galería con total desfachatez: morir antes que matar. Cualquier cosa antes de hablar de vocación militar, de épica y de riesgo.

De Nación, nada. Discutida y discutible.

No; no se nos olvida cuando los que aquello sembraron sacan pecho, engalanan sus vitrinas y llenan con sus libros los anaqueles… y los bolsillos.

España retirada, servir a España una agresión al buen gusto, morir por España… «Espero que en pocas semanas se acabe la vergonzosa inscripción que era y es aún una agresión al paisaje, al buen gusto y la libertad». Se acabó. Se borró del paisaje, « A España servir hasta morir». Nunca del corazón ni de la memoria. No podían con la voluntad de vencer.

Toda una época en la que la actividad ministerial se centraba en aparecer como ONG, con sus soldados bomberos o deportistas de aventura. Donde los héroes dejaron de existir y se regateaban condecoraciones. Una enfermedad contagiosa que infectó a los propios soldados en sus puestos más altos.

¿Pasó la enfermedad? Simplemente distintos intereses.

¿Voluntad de vencer? El soldado nunca la perdió.

Cuando los signos anunciaban una recuperación avistamos un negro horizonte de incertidumbre en el que la voluntad de vencer inclinará la balanza a uno u otro lado. Que cada uno se lo aplique y lo entienda como quiera. Será su derrota o su victoria.

Un infante es un conjunto de capacidades medias. Pero me atrevo a decirles que la tibieza no va ser en el futuro buena consejera. «Entre soldados solo miramos al que más avanza». Lo dijo un infante español: Cristóbal Mondragón.

«Para ganar hay que tener voluntad de vencer».

Los principios del Arte de la Guerra eran (?), la Voluntad de Vencer, la Libertad de Acción y la Capacidad de Ejecución. Desatender cualquiera de ellos puede conducir al fracaso. No son viejos postulados.

A veces, por la actitud y los hechos, me da la impresión de que algunos quieren perder, conducirnos al fracaso. Cada paso que avanzan dos retroceden. Faltos de voluntad ni convencen ni vencen.

La voluntad de vencer no es doctrina pasada, es el futuro. Y no solo en la milicia. Es la clave para no quedarnos anclados en el pasado… ¡que vuelve!

Una mañana de otoño
llegaron los ‘nuevos’ a la General
y toda la ‘alferecía’ con mucha alegría
se puso a cantar:
¡No subirán… subirán la escalera…
aunque Juren Bandera…
¡¡¡los novatos de la General!!!
«¡No hay, no hay, no hay…!»

¿Hay?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 agosto 2021

PRESENTACIÓN LIBRO EN LA CORUÑA. Rafael Dávila Álvarez

El 23 de agosto, en La Coruña, será la presentación de mi libro La Guerra Civil en el Norte. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto. En el Sporting Club Casino y correrá a cargo del Excmo. Sr. D. Francisco Vázquez que fue Alcalde de La Coruña  y Embajador de España ante la Santa Sede a quien muestro desde aquí mi profundo agradecimiento por su gentileza.

Para este libro y su autor es un honor que quedará enmarcado entre sus páginas como un sello que marca el fin para lo que fue escrito: mirar nuestra historia con humildad y entendimiento; aprender, perdonar y comprender.

Contamos con la ayuda de La Esfera de los libros, de la Librería Arenas de la Coruña y del Sporting Club Casino y su presidente a quienes agradecemos su apoyo.

Les espero con muchas ganas de volver a esa bendita tierra que me deparó una vida en feliz compañía.

¡Gracias!

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17 agosto 2021

LA DERROTA: KABUL CAPITAL DEL MUNDO General de División Rafael Dávila Álvarez

Hace más de cincuenta años Walter Krause escribió al dar las doce en Cabul, un viaje por las encrucijadas del Asia Central. Detenerse un momento para entender más allá es buena virtud. Dice que Kabul es, antes que nada, tiempo. ‹‹la prisa –dice un proverbio asiático- fue inventada por el diablo››. En Afganistán se les paró el tiempo a los ingleses. Por tres veces. No solo a ellos, pero ellos dejaron un cañón, botín de guerra que marca la hora de aquel mundo. Al mediodía, sin faltar uno solo, asciende desde la Puerta del León una humareda a la que le sigue un fuerte trueno que despierta de su letargo a la ciudad. Se conoce como el top-i-shast o disparo del mediodía. Es el nombre del tiempo cabulí. Distinto al del resto del mundo. Nos lo cuenta Walter Krause. No ha variado un ápice la moraleja de la historia. A diario el gran mullah se sienta delante de un reloj de arena esperando que la sombra se acerque a las doce. Es el momento en el que levanta la mano y la deja caer rápidamente. Un mullah subalterno empieza a dar vueltas a la manivela de un viejo teléfono de hilos por donde emite su señal hasta la montaña Puerta del León. Allí un funcionario descuelga el teléfono y transmite el aviso a dos soldados que con la mecha encendida en la mano dan fuego al fogón de uno de los dos obuses. Si hay suerte el disparo se produce, aunque es frecuente tener que recurrir al segundo de los obuses. Cuando el cañón dispara ‹‹son las doce en punto››. Y ese es el que vale y no otro.

Si el cañón no funciona o llueve y el reloj de sol no funciona, la torre del reloj es una buena referencia. Y en último caso el mullah contaba con relojes magníficos de la época victoriana con la hora correspondiente de Greenwich. Es otro tiempo el que allí cuenta.

Los cañones son fruto de la captura a los ingleses en la batalla de Maiwand (1880). En Afganistán los relojes dan las horas de otra manera. A veces incluso se paran y empiezan a correr hacia atrás.

Es necesario que empecemos a entender estas cosas y otras muchas para que comprendamos por qué la muerte se extiende por todos los rincones y en tiempos distintos.

No sé si convendría retirarse a los cuarteles de invierno y meditar. La cruda realidad se impone y lo importante es acabar con el terror que nos acompaña. En Kabul o en Londres.

Allí manda alguien que no existe, sin redes, sin organización. No se conocen entre ellos, no asisten a reuniones, no forman grupos. ¿Sabe, quién debe saberlo, a qué y a quienes nos enfrentamos? Empezamos a tener la sensación de que nos han robado el cañón y la hora; el tiempo lo marcan ellos. Desde un viejo reloj de arena; o si llueve y les ocultamos el sol tiran de un buen rolex, pero la hora la marcan ellos. Nos han robado algo más que el tiempo.

Sin duda hay que reducir la tolerancia de la sociedad con el extremismo, endurecer y endurecerse ante el riesgo. En Kabul o en Londres.

‹‹Extiende el cojín de la paciencia sobre la alfombra de la esperanza››, dicen los afganos. Pero esa tranquilidad se gana cuando no cierras los ojos a lo que te rodea y eres valiente.

También dicen que la mansedumbre hay veces que no es una virtud sino un defecto.

Estamos cometiendo un gran error que nos lleva a ser esclavos del miedo. Empezando por los gobiernos tibios y cobardones.

No hemos entendido nada y la invasión ahora se invierte —lleva tiempo, el que para ellos no existe— y tarde o temprano lo viviremos con nefastas consecuencias. Internacionalmente no hay política internacional y esa es la causa de muchos de nuestros males que suelen acabar en sangre, sudor y lágrimas. Pronto nos llegará el sunami.

La conquista de Kabul es la de París, Londres o Berlín. Incluso la de Washington con Capitolio incluido.

Abandonar la posición tiene consecuencias. Has abandonado a tus hombres y no has cumplido con tu deber.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 agosto 2021

15 AGOSTO DE 1936 LA BANDERA DE ESPAÑA EN LA GUERRA CIVIL (De mi libro La guerra civil en España. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto)

Hubo un tiempo en que colgábamos nuestra bandera en los balcones…

Durante la guerra civil hubo un ligero retraso en disponer del uso oficial de la bandera roja y gualda porque el sentimiento republicano había calado en mucha gente, también entre el generalato que quería combatir los crímenes y el desorden, pero no consideraban a la República como el enemigo.

El general Luis Redondo en su libro El Requeté cuenta que el primer contacto de Manuel Fal Conde y Mola, representante de los Tradicionalistas, se realizó el 11 de junio a través de José Luis Zamanillo, y este entregó al general en su nombre una nota con una serie de puntos para el acuerdo de participación en la sublevación. Al final de la nota decía: «Se da por supuesto que el movimiento será con la bandera bicolor».

Era algo muy arraigado y casi cuestión indiscutible para que los carlistas se unieran al movimiento. En conversación de Franco con Don Juan en diciembre de 1954 dice Franco: «El general Sanjurjo perdió el 10 de agosto de 1932 porque, a la ligera, creyó que la opinión pública republicana reclamaba entonces lo que tardó cuatro años todavía en reclamar. En 1932, y hasta 1935, había mucha gente que todavía creía viable la República. Y por eso, todavía en julio de 1936, tuvimos que hacer el paseíllo con la bandera del himno de Riego, menos en Pamplona» (Pedro Sainz Rodríguez. Un reinado en la sombra, pág. 230. Planeta, colección Espejo de España).

Sanjurjo escribe a Mola el 9 de julio: «Mi parecer sobre la bandera es que debería por de pronto solucionarse, dejando que los tradicionalistas usen la antigua, o sea la española, y que aquellos Cuerpos a los que hayan de incorporarse fuerzas de esta Comunión no lleven ninguna. Esto de la bandera, como usted comprenderá, es cosa sentimental y simbólica, debido a que con ella dimos muchos nuestra sangre, y envuelta en ella fue enterrado lo más florido de nuestro Ejército, y se dio el caso de que nuestra guerra civil entre tradicionalistas y liberales unos y otros llevaron la misma enseña. En cambio, la tricolor preside el desastre que está atravesando España. Por eso me parece bien lo que me dicen de que usted ha prometido que el primer acto de Gobierno será la sustitución de la misma» (Antonio Lizarza Memorias de la conspiración, citado en el Requeté de Luis Redondo y Juan de Zavala).

Por fin la Junta de Defensa restableció la Bandera de España, la bicolor, rojo y gualda, por Decreto nº 77 de 29 de agosto:

«El movimiento salvador de España, iniciado por el Ejército y secundado entusiásticamente por el pueblo, fundidos en el fervoroso anhelo de reanudar su gloriosa historia, ha sido presidido espontánea y unánimemente por el restablecimiento de la tradicional bandera bicolor. Rojo y gualda.

Solo bastardos, cuando no criminales propósitos de destruir el sentimiento patriótico en su raíz pueden convertir en materia de partidismo político lo que, por ser símbolo egregio de la Nación, está por encima de parcialidades y accidentes.

Esa gloriosa enseña ha presidido las gestas inmortales de las sucesivas generaciones; ha ondeado los días de ventura y adversidad patrias, y es la que ha servido de sudario a los restos de patriotas insignes que, por los servicios prestados a su país, merecieron tal honor.

Bajo sus pliegues gloriosos se ha producido, ahora, esta vibración patriótica jamás superada y al recoger este clamoroso anhelo popular y restablecer oficialmente la bandera bicolor como pabellón de España, la Junta de Defensa Nacional no hace sino dar estado oficial a lo que de hecho existe ya en todo el territorio liberado».

Antes de publicarse el Decreto y con autorización de la Junta de Defensa el 15 de agosto se realizó el cambio de bandera en el Ayuntamiento de Sevilla. El general Franco cedió al general Queipo de Llano la retirada de la tricolor y él izó la bicolor. Hablaron Queipo de Llano, Millán Astray y Franco ante una multitud que abarrotaba la plaza de San Fernando después de haber asistido a la procesión de la Virgen de los Reyes.

Dijo Franco: « ¡Sevillanos¡ Ya tenéis aquí la gloriosa bandera española; ya es vuestra; el heroico general Queipo de Llano la ha inaugurado en esta fiesta solemne y en forma oficial. Esta bandera roja y gualda es la que está en el corazón de la inmensa mayoría de los españoles. Él os ha explicado el origen de la bandera y os ha repetido como nuestros heroicos soldados se batieron y supieron morir en defensa de la Patria, a la sombra de la bandera roja y gualda».

Poco tiempo después, el 13 de septiembre, se regulaba cuanto hacía relación a las dimensiones oficiales de la Bandera de España, sus honores y juramento de fidelidad.

TOQUE DE RETRETA

Un día no muy lejano escribía:

En el recuento hay días que falta alguien. Se reza y se llora, pero no habrá novedad mientras el deber y el honor no mueran. Lágrimas de soldado, secas y duras como perlas milenarias, invisibles, rostros que, a pesar de todo, transmiten sosiego y paz. El servicio de noche ya se prepara. Centinelas de la noche, sombras del servicio, que aseguran una aurora de paz.

La Bandera se ha recogido. En la noche no se ve la Enseña, pero no descansa, no se esconde, cubre el silencio con su manto de protección esperando izarse de nuevo. Otro día y siempre, como horizonte permanente del soldado que la ha besado al jurar que siempre estará en lo alto.

Nuestra Bandera ha sido arriada del territorio nacional y su brillo ha sido eclipsado con la infamia del consentimiento de todos, sin que nadie haga nada, sin cumplir ni hacer cumplir la ley. Deberíamos sonrojarnos, todos. De seguir así perderemos el honor y tendremos que dejar de decir: ¡Sin novedad!

Hemos perdido el honor. No es retórica. Es lo que veo.

La Bandera de España no se iza en todo el territorio nacional. En Cataluña y en muchos rincones del País Vasco se ha arriado la Bandera de España. Incluso se la ofende a diario. Nadie hace nada, no pasa nada.

No lo olvidemos. Ese es el parte, la novedad más importante que hoy y siempre comunicaremos al mando.

Mañana será otro día…, pero todo seguirá igual.

Sentencia del Tribunal Supremo del 24 de julio de 2007:

La bandera debe ondear diariamente con carácter de permanencia, no de coyuntura, no de excepcionalidad sino de generalidad y en todo momento.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 agosto 2021

 

MESSI LLORA, LLORA Y LLORA… POR DINERO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Dejar de escribir es tentador. Quiero decir que a todo se acostumbra el cuerpo (y el alma); tentado estaba de hacerlo. Si no lo hago es porque sé que hay unos cuantos que me señalan y se indignan porque este humilde general retirado diga lo que le venga en gana. Eso me motiva; que para silenciarme ya me valgo solo, cuándo, y dónde me dé la gana. Con mis seguidores me basta y con sus comentarios, fe de que España no está sola. Este blog no está en la Liga de Campeones, pero doy también fe de no estar solos.

Hablando de fútbol y en pleno verano no sé si las lágrimas de Messi les habrán servido de refresco. Son una mueca heladora.

Saben el chiste. Se lo recordaré ya que ahora no hay mili. El coronel de un Regimiento pide que lleven a su presencia al soldado más valiente para una misión secreta y de mucho riesgo. Debe ejecutarla el soldado más valiente del mundo. Los que van llegando no superan la prueba que el coronel les ha puesto para sopesar su valentía:

-¡Soldado tíreme de la barba! ¡Es una orden!

Ninguno se atreve.

Al final llega un soldado bajito, con aspecto de poca fiereza, como si nadie fuese. Ante la orden de su coronel y dada su pequeña estatura, prácticamente se cuelga de la barba y al coronel el dolor le provoca que una lágrima corra por su mejilla. No se achantó el valiente y casi de puntillas sobre el rostro de su jefe se atrevió a espetarle:

-¡Y no me llores, no me llores!

Esto del fútbol es como lo vulgar, que es lo cotidiano. Un espectáculo que por encima de todo es un negocio; nada más.

Hubo una época en la que me gustaba el balompié. Ahora menos, aunque siempre me atrevo a entrar en las tácticas de los entrenadores que recuerdan a las batallas y sus maniobras de enfrentamiento. Un entrenador es como un buen general, es decir un buen capitán, un mando en definitiva que sepa aprovechar los recursos. En el fútbol, como en casi todo, el recurso es el dinero. En la guerra depende. No es cierto lo de Napoleón: dinero, dinero, dinero. Quizá el Emperador se adelantó a sus tiempos; ahora puede ser que eso del dinero sea para todo, hasta para predicar. Menos para la guerra donde a base de dinero se pierde la vida, unos por dinero, otros por algo que ya hasta tiene precio: el honor. A Napoleón, de la misma manera que le hicieron ganar batallas, le derrotaron pobres soldados que ni para eso tenían, ni para ser del oficio peor pagado y valorado del mundo: soldado. El honor es lo que tiene. Antes el dinero era eso, dinero; ahora es hasta un honor depositado. La cuenta corriente respalda todo.

A un pelotón de soldados le une todo menos la paga. A un pelotón de futbolistas lo que más les separa es la ficha y unirles no hay nada que lo haga. Cobran y es lo que más separa al darse cuenta de que hay alguien que pone precio a su vida.

¡Oiga a mi no me compra nadie! Claro que enseguida otro diría: yo soy soldado gratis. En España los hubo durante muchos años (soldados). Ya nadie se acuerda. Entonces esto era España y por ella nos la jugábamos gratis. Ahora puede que también, pero cada vez hay menos pelotones. Masa sí, toda la que quieran, a la que se unta o se pastorea con una vara que se nombra de muchas maneras. Todas se resumen en dinero.

Un buen pelotón no hay dinero que lo pague.

Nada ni nadie es algo más que un Club; son lo mismo: dinero, dinero, dinero. Tendrá que ser así.

Hasta ponerse en contra de ello cuesta dinero, con lo que dudo hasta de mí mismo. No sé si recuerdan aquello de Todo por la Patria. ¿Sigue en pie?  Esto no hay quien lo sostenga, por eso está a punto de caerse, por falta de dinero no creo que sea. ¿Qué será del honor y esas cosas llamadas intangibles?

Cuesta marcar goles si los de tu propio equipo no te pasan la pelota. Todo es cuestión de una pelota, o dos: ¡Goool! Si hay dudas entra el VAR que no sé muy bien si lo compone el Poder Judicial, el Ejecutivo o una impalpable mezcla de aquí y de allá.

Llorar es, entre otras cosas, «encarecer lástimas, adversidades o necesidades, especialmente cuando se hace inoportuna o interesadamente».

Este es el caso, inoportuno e innecesario. Dinero; no hay más; ni menos. No hay necesidad de lágrimas que se enjugan con una firma en una servilleta. Lo demás forma parte de este show en el que pretenden que seamos actores de última fila, de los que entran por el vomitorio.

Al cine o al teatro se debe ir llorado de casa. Con mascarilla y sin salirse de la fila. El orden en la cola lo impone el contrato y las lágrimas se reproducen de la misma manera: por contrato.

Llorar por dinero cuando uno se jarta de eurotitis causa pudor e indigna. Claro que a todo se acostumbra el cuerpo; y el alma.

Ahora, como se nos escapa de las manos (entra por los piés), al honor y la honra le han puesto nombre: la fuerza de los valores. ¿Intangibles como ahora les llaman? Con eso no te fichan. Así que al menos no llores.

Valor el del dinero.

¡Ay España!: «No hay en el mundo dinero para comprar los quereres. El cariño verdadero ni se compra ni se vende». ¡Ah, que es una copla!

Hoy les he querido refrescar con uno de sus ejemplos. Deportivo, claro.

¡Goool de Messi! ¡Que valor!

¡Y no me llores, no me llores!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

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9 agosto 2021

LAS MILICIAS UNIVERSITARIAS (General de División Rafael Dávila Álvarez)

Hace algunos años que, en la Hermandad Nacional de la Legión, presentaba el libro del escritor y académico Jesús López Medel La milicia universitaria. Alféreces para la paz, obra imprescindible para poder hablar desde una perspectiva entrañable e histórica de este fenómeno de las milicias universitarias tan desconocido como trascendente para la historia de nuestros ejércitos y de España.
Hemos escrito sobre el servicio militar obligatorio, la famosa mili, que en ocasiones echamos de menos, y parece justo que de la misma manera recordemos la valiosa y fructífera relación que, durante muchos años, tuvo la sociedad universitaria con sus ejércitos.
El injusto silencio, siempre reprobable, sobre este capítulo de nuestra reciente historia es difícil de entender (piensa mal y acertarás). Algunos, muy pocos, han sido muy cautos, por decirlo amablemente, y han querido esconder su pasado. Durante cerca de seis décadas cerca de trecientos mil estudiantes pasaron por las filas de la Milicia Universitaria. Muchos de ellos dieron su vida, en el diario servicio o en combate, al frente de sus hombres, con sabiduría y ejemplar actitud, heroica en muchas ocasiones. ¿Podemos olvidarlo? No debemos. No solo por justo agradecimiento patrio sino para, con visión de futuro, recoger esos valores castrenses que ellos supieron transmitir más allá del ámbito militar como el amor a España, el valor y el honor, responsabilidad, jerarquía, disciplina o lealtad y que al dejar la milicia han ejercido en su actividad profesional. Una obra que rebasa el ámbito de lo militar y de la que todos deberíamos sentirnos orgullosos. Las Milicias Universitaria deben ocupar, como señala don Jesús López Medel, un puesto destacado en los ejércitos y en la sociedad actual. No hablamos de historia militar sino de historia de la sociedad, de un fenómeno social con imprescindibles enseñanzas para lo que hoy se conoce como reservismo.
Desde la profesionalización de las Fuerzas Armadas mucho han cambiado las cosas, entre ellas la percepción que la sociedad civil tiene de sus ejércitos, cada vez más valorados. Como contrapunto, en mi opinión, los ciudadanos cada vez tienen una menor conciencia de defensa nacional -de Cultura de Defensa mejor no hablar- y algunos problemas afloran en el horizonte. El deseo de muchos españoles de servir a su Patria desde sus ejércitos no puede quedar limitado al actual reservismo que no ha cubierto las expectativas y deja sin resolver el mandato constitucional (artículo 30), por el que cualquier español tiene el deber y el derecho de defender a España. Con ello nuestra Constitución persigue ese anhelo histórico de incorporar a todos los españoles a la común defensa y seguridad. Por ahora es simplemente un enunciado.
Servicio militar, por tanto, suspendido y no suprimido como alguno erróneamente cree y que ya expliqué en mi artículo: ‹‹Abuelo ¿qué es la mili››, publicado hace tiempo.
Lo que ha aportado la Milicia Universitaria a las Fuerzas Armadas y a la sociedad ha sido mucho y bueno y sus frutos todavía los estamos recogiendo. Es una historia de aportación recíproca, intercambio de conocimientos y enriquecimiento mutuo, difícil de encontrar en otra relación. Un ejército profesional es muy caro y solo pueden permitírselo naciones muy ricas, o muy irresponsables. Aquí, como ya hemos explicado en otras ocasiones, se hizo precipitadamente y, aunque los resultados van siendo excelentes, la precipitación y posterior olvido de sus consecuencias nos deja en una situación que debería reconsiderarse, no para volver al anterior servicio militar sino para recuperar el gran aporte de conocimientos y afrontar el legítimo deseo de una parte de la sociedad, y no pequeña, que anhela formar parte de los ejércitos de España.
Quizá no hemos pensado en las enormes posibilidades de contar con profesionales de distintas materias y su utilidad en el campo de la Defensa. Deseo, lugar para ellos y materias hay en abundancia; faltan ideas y voluntad política. El actual reservismo es una de las muchas disposiciones que, para salir del paso y como consecuencia de la precipitación, introdujo el ministerio de defensa y que a nadie satisface.
El año 1942 se inicia la Milicia Universitaria (MU) en el Ejército de Tierra, Milicia Naval Universitaria (MNU) en la Armada y Milicia Aérea Universitaria (MAU) en el Ejército del Aire. También conocido como Instrucción Premilitar Superior (IPS), cambió su nombre por el de Instrucción Premilitar para la Formación de Oficiales y Suboficiales de Complemento (IMEC) en 1972 para posteriormente en 1991 denominarse SEFOCUMA hasta el año 2001 fecha de su desaparición. Nombres como Estrecho de Quinto (Tierz-Huesca), Seva (Vic-Barcelona),
Robledo (La Granja-Segovia), Los Castillejos (Reus-Tarragona), Santa Fe del Montseny (Gerona), Montejaque (Ronda-Málaga) o Las Navas (Zaragoza), todos campamentos universitarios, junto a las canciones como Margarita se llama mi amor… y tantas y tantas anécdotas, formaron parte del entorno universitario-militar de la sociedad española durante cerca de sesenta años. untitled
Sus componentes rindieron un servicio que la Patria agradece y nunca debe olvidar. Y dejaron su tributo como héroes y caídos, como soldados españoles, entre los mejores. El primer caído de la Milicia Universitaria fue el alférez Miguel de la Mano Ruiz, nacido en Bilbao y caído el 8 de octubre de 1944 con el Batallón de Cazadores de Legazpi 23 en la guerra contra el maquis en el sector Aróstegui-Erice. Al caer herido su capitán, lo rescata, tomó el mando de su unidad y herido por una granada en el vientre y pierna derecha, se evacuó él solo mientras enardecía a sus soldados. Moriría a los pocos días en Pamplona. Tuvo una calle en Uribarri que la intransigencia y el desconocimiento borró.
Francisco Rojas Navarrete formó parte de un Batallón Expedicionario a Sidi-Ifni. El 7 de diciembre de 1957 salió al frente de su Sección en protección de las tropas de ingenieros encargadas de la reparación de Tenin, adelantándose a la vanguardia de la Legión en misión de cobertura. Se entabló un duro combate en el que el alférez Rojas cayó herido mortalmente continuando alentando a sus tropas hasta su muerte. Se le concedió la Medalla Militar individual y fue promovido a teniente.
Allí dejaron sus vidas Antonio Sánchez Barranco (Ifni-1957), Santiago Cristos Astray (Ifni 1957) y Juan Serrano Leite (Ifni 1958).
En combate o en el servicio diario, profesionales de las armas como sus compañeros de carrera, universitarios y soldados, españoles que amaron a España y la sirvieron con todas sus consecuencias.
Santiago Arizón Munte, artillero. Leopoldo García del Campo, asesinado por ETA siendo Coronel de Intervención.
Moisés Pallarés Pollina, y Miguel Bascones Alonso (MAU), o Fernando Merino Guardia son nombres de oro de las milicias universitarias a los que hay que añadir el de los magistrados Rafael Martínez Emperador y Francisco Tomás y Valiente también asesinados por la alimaña etarra.
Los caballeros aspirantes Manuel Vaca González, José Serrano Montero, Evaristo Cabezas Sánchez y Sebastián Gallardo murieron en acto de servicio.
Ahora que los Centros Universitarios la Defensa se introduce en la Universidad, no estaría de más que la Universidad se acercara de la misma forma a la Defensa, a sus ejércitos, desde dentro y no desde la alejada visión teórica o retórica. Que no deben estar alejadas y menos separadas las armas y las letras, tan necesarias unas para las otras y las otras para las unas.
Un buen ejemplo fueron las Milicias Universitarias.
¡Qué pena que no exista algo parecido y que olvidemos lo que tan buenos frutos dio a España!
Con Fe y Voluntad
avanza hasta el fin
ni un solo paso atrás.
No admitas jamás
un imposible para ti.
No dejes que te venza
la inquietud,
pues todo se alcanza
cuando sabe combatir
con fe y con voluntad
la juventud. (Del himno del Campamento de Montseny)
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

Mi admirado y querido Maestro Antonio Burgos escribió, hace exactamente 18 años, un artículo antológico y muy burguiano que les dejo como cierre de este recuerdo a las Milicias Universitarias: Alféreces de complemento en Montejaque.

GENERALES EN CUBA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Algo tendrá el agua cuando la bendicen, decía mi abuela como si supiese que los rumores insistentes terminan en la confirmación o en el ocultismo. En cualquier caso un rumor no es una noticia, sino un intento para ver por donde sale. Ahora veremos en lo que queda eso que dicen de los generales cubanos muertos. No tendrá largo recorrido porque generales no hay muchos; cubanos menos.

En la guerra los generales no suelen morir. Sus menesteres parecen otros. En la civil española solo murió uno, heroicamente, era almirante, el Comandante del buque Baleares.

En la paz, como todos, cuando llega su hora.

Ya se sabe: morir en el combate es el mayor honor; lo peor es vivir siendo un cobarde.

La cobardía, pero no olviden ustedes la traición. Cobardía y traición están hechas con los mismos ingredientes. Es toda una técnica comunista que bien encaja como el arte de la alevosía: a traición y sobre seguro.

Esto es Cuba ahora.

Algún español fue general del Ejército de la Revolución cubana. Incluso antes, aquí en España, fue capitán de la Legión, que eso si que es ser, y llevó a cabo en la civil un desembarco en Mallorca del que se reía Indalecio Prieto. Se fue a Cuba y murió siendo general con estrellas voladoras.

Nos cuentan que hay un virus que está matando a los generales en Cuba. Van seis.

Los mata para siempre y los remata la sospecha y el silencio.

En esto de la información uno se siente desamparado. Los hechos son los que son, pero las explicaciones nunca son, sino que parece. Sobre todo cuando el comunismo anda por medio. Esta cosa del comunismo no es el hombre del saco. Es. Una religión ante la que el mundo se arrodilla y los generales mueren en un porcentaje diseñado por los soldados del comunismo.

Da lo mismo Cuba que España. El comunismo es el mismo, aunque los métodos se ajustan a la geografía y a los tiempos. Son tan cansinos que siempre alcanzan su meta, como la estalactita acaba abrazando a la estalagmita.

Solo hay que darles tiempo, aunque aquí les damos tiempo y espacio. Dinero también.

Esto no es Cuba, pero cada vez se le parece más y ellos están en todas partes.

Lo de los generales ya se sabe. Es lo más común, frecuente, usual. Según leo en el Diccionario de la RAE.

Me quedo en Capitán, aunque sea de bandidos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 de julio 2021