GUERRA Y PAZ: HARMONÍA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Cuentan que el libro El Arte de la Guerra de Sunzi es una obra que suele leer mucha gente ajena al mundo de la guerra. Sonrío. Nadie es ajeno a la guerra; están en pleno combate los jefes de las empresas, políticos, directivos y hasta el famoseo; los psílites forman en alguno de los flancos. Hay para todos: jefes, vélites, hastarios, príncipes y triarios, incluso équites.

La guerra suelen interpretarla todos, menos los militares. Suelen entenderla todos (My way) menos los militares. Todos hablan de ella, menos los militares. De la guerra todos son protagonistas, menos los militares.

La guerra es un asunto que no está escrito sino inscrito en la condición humana por lo que su redacción entra de lleno en la metafísica, en su imposibilidad de ser o no ser. El Arte de la Guerra no es un tratado militar donde vayas a aprender la táctica de la batalla, sino todo lo contrario, aprenderás a no tener que ir a ella y, por ello, a ganarla. ¿Cómo? Sin darla. Esa es la guerra y ese es el misterio del Arte de la Guerra que se mueve en ese ámbito imperceptible, ahora ya alcanzado, que no distingue entre guerra y paz. Puede que el número de muertos sea ahora menor, pero aumenta de manera escandalosa el de esclavos. Es el resultado de una pandemia tan invisible como eficaz.

De la guerra habrá que buscar una nueva definición, más allá, su no ser, en la filosofía. Lo dice de manera rotunda e inteligible el maestro Albiac: «La guerra es el arte del no yo: sabiduría» (Diccionario de ADIOSES, Confluencias, 2020). Ese es el comienzo de todo.

Siempre la guerra. Nos asusta cuando el filósofo nos habla del experimento de 1914 «tan doloroso para el alma europea, porque no es un deseo cualquiera el que se estrella contra la realidad; es el deseo ilustrado más básico: la ensoñación de que todo, absolutamente todo, en el comportamiento humano pudiera ser gradualmente reductible a educación y cultura». Y nos dice que ese majestuoso proyecto del género humano se desmorona en el estruendo de las trincheras del 14.

Tendrá que caminar la educación y la cultura con la guerra, no hay alternativa; no habrá arte, sino guerra sin más, las armas son herramientas de mal agüero, ahora son otra cosa, de tal manera que lo que empezó siendo una parte, ahora se ha convertido en un todo donde no hay diferencias entre soldados y civiles. Todos son protagonistas en el escenario bélico, el que buscaban; ahora la guerra en un hecho total que se representa cada día, sin día de descanso.

Europa murió y en su intento de redimir culpas camina hacia una deshonrosa capitulación; «Ni un solo aliento de fuerza ha vuelto a adivinarse sobre Europa después de aquello. Europa cerró su tiempo en la guerra del 14». «La Gran Guerra primero; luego el oscuro ascenso de estalinismo y fascismo; la segunda guerra mundial, de inmediato, como colofón resolutorio. Y sus cincuenta, impensables, millones de víctimas…». Ahora esto.

Hoy vivir en Europa es, aún, «sobrevivir en los escombros de después de esa guerra».

De nuevo la inquietud cuando el maestro Albiac nos recuerda la hipótesis más original del ensayo clausewitziano: «La paz es un acto de guerra», que sale, sin duda, del fondo de Spinoza «Si los sujetos de un cuerpo político no recurren a las armas porque el terror los paraliza, debe de hablarse más de ausencia de guerra que de paz».

España acompaña a Europa en su agonía. «Lamentemos nuestra desdicha de haber venido a nacer para ver eso; la capitulación sin condiciones del 14 de marzo de 2004. Y las que siguieron luego. Hasta aquel sombrío 2018 en Barcelona».

¿Dónde está el arte? Ciencia analítica para destruir sin matar, robotización en marcha, arte difícil de asumir.

Ensoñación reductible a educación y cultura que se desmoronó en las trincheras de ratas y piojos cuando cobardeaban los que deberían alzar el ánimo. Se hizo la traición un intruso entre los ejércitos de los vencedores y de los vencidos. El mejor de sus generales se despojó del uniforme y se dedicó a otros menesteres más rentables como repartir eufemismos de misiones de paz sin saber muy bien que aquello era la guerra.

El Arte de Sunzi nada tiene que ver con esto que hoy vemos al otro lado de la colina.

No asomen la cabeza; mejor vivir, como lo hacemos, en la ignorancia.

El Diccionario de Adioses del filósofo abre una puerta por donde entra la sombra de lo que hemos sido. Imprescindible. Falta saber lo que seremos. Pendiente de los resultados de esta nueva guerra, nosotros, los que ya cumplimos, decimos adiós. En paz y en guerra, que no deja de ser Harmonía.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 marzo 2021

 

CORREOS. CUANDO LAS CARTAS NO LLEGAN Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

De nombre oficial Sociedad Estatal Correos y Telégrafos, cien por cien pública y presidida por un amiguete del presidente del Gobierno, que así funciona lo uno y lo otro.

Nada hay (había) tan personal y sagrado como la correspondencia que hasta la Constitución protege (art. 18).

Cualquier envío; una carta es tan delicada como la intimidad de dos personas. Claro que hoy eso es un cuento de niños, ¿intimidad? ¿cuando los ataques diarios del agitprop llegan a tu más profunda recámara y es prácticamente imposible elegir la vida en soledad familiar?

Algunos seguimos usando el buzón de casa, el depósito de la carta con su sello, preferible al correo electrónico para ciertas comunicaciones. Abrir esa casita de noticias es todo un ritual.

Hay una gran empresa que se ha hecho amo y señor de envíos de todo tipo y me resistía a hacer uso de ella. Siempre he sido de carta, sobre y sello. Me pasa algo parecido con el periódico de papel, hay algo que me lleva a no abandonarlo.

El caso es que ni el domingo, ni los sábados, abro el buzón, pero a partir de ahora  tampoco los lunes, ni los martes, ni los miércoles… Aquí no aparece nadie.

Llevo 15 días esperando la que me envían por correo que es importante; también un libro que he pedido, y me dicen enviado por «correo exprés»; hace un mes. Me llegan en ocasiones cartas y recibos dirigidos a calles y nombres que nada tiene que ver con el mío o dirección. Unos se echan la culpa a otros. Que si hay atasco de correspondencia, que somos pocos, que no hay medios, que si la pandemia.

Como justificante solo nos queda la palabra y un sello. Es decir que pagar se ha debido pagar por un servicio no realizado. Todos se lavan las manos.

Lo normal siempre —en este caso ni les cuento— es echar la culpa al mensajero. Nadie repara en la ausencia de inspección y trabajo bien hecho; La verdad profunda de todo esto es que les importa un bledo. Pero la culpa la tenemos nosotros que hemos llegado a un estado de aceptación —de todo— que para sí quisieran los estoicos. Esta dependencia de lo mal o bien que otros hacen y todos pagamos es lo que nos caracteriza: sumisión.

La carta que usted escriba no llegará a su destino y si llega, es tan tarde, que el contenido nada tendrá que ver con lo que usted escribió.

Solo protesta quien sabe que está amparado y que su nombre no será grabado en los archivos profundos.

No interesa la letra, no escriba cartas privadas, se ha terminado el correo íntimo entre dos. Será tarde. O no llega o lo hará con otras palabras ya pasadas.

Todo empieza cuando las cartas no llegan. No echemos la culpa a los funcionarios. Revisemos el sistema que requiere modernización. Activarlo.

«Arrasado el jardín, profanados los cálices y las aras, entraron a caballo los hunos en la biblioteca monástica y rompieron los libros incomprensibles y los vituperaron y los quemaron, acaso temerosos de que las letras encubrieran blasfemias contra su dios, que era una cimitarra de hierro. Ardieron palimpsetos y códices…» (Los Teólogos. Borges).

Así estamos y seguiremos, en la pura especulación… Absortos, casi no percibimos el mundo físico.

Cuando lo lean, ni el presidente del Gobierno ni su amigo, el de Correos, entenderán nada, pero comerán perdices y nadie les dará con un canto en las narices.

Mañana empiezo a solicitar los servicios de la empresa privada. Esa tan famosa que, aunque sea cara, es segura, y te permites el lujo de recurrir y ganar cuando la razón te ampara.

Esta carta, con sobre y sello, va dirigida a la Moncloa y a su amigo el de Correos. No llegará.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

21 febrero 2021

 

 

 

 

COMUNISMO O LIBERTAD: ¿SUSTO O MUERTE? Rafael Dávila Álvarez

Este Iglesias, que no es comunista, sino un cara, quiere aprovecharse de todo lo que se menea para no dejar de cobrar. Que al fin es lo que le interesa y busca. Nada hay con más valor —que persigue con saña— para un comunista que el dinero; vivir bien a costa de los demás; la pobreza es el caldo de su engaño, donde disuelven su odio y resentimiento que luego hacen beber a los incautos.

El resumen histórico es así: los comunistas no existen nada más que en el papel (de estraza) y los que dicen serlo o dirigir el partido son unos vividores por cuenta ajena que se dedican a sacar renta del sufrimiento del otro, que fomentan y multiplican para que el negocio siga siendo productivo. ¡Vaya que lo es! Made in… Los hay a millones, cada vez son más abundantes y peligrosos porque dominan la miseria.

Ni una sola medida para lograr la felicidad de la gente, evitar el desasosiego y levantar una nación. Solo imposición, dictadura de las ideas y pobreza, la peor de las miserias: material e ideológica. Hagan un repaso al panorama internacional. Estos, con nuestro comunista de ahora en cabeza, vienen de un lugar que no se llama precisamente libertad. Es un importado.

El personaje busca la lucha en las madrigueras o en los bajos fondos porque se le acaba el chollo.

Anuncié hace unos días que las cosas no pintaban bien entre Moncloa y Galapagar (y más). Cuando le iban a quitar el despacho (Europa pide pasaporte) agarra el micrófono, que es su arma favorita: ruido. Detrás está la máquina de siempre, la que no oirán: «La insurrección es una máquina que no debe hacer ruido…»

Las consecuencias son conocidas. Gritos aquellos: ¡Lenin danos Varsovia!, que terminan cuando los soldados vuelven de la guerra y los soviets en virtud del «socialismo de la tierra» ya no son libres: «За что мы боролись/Za chto my borolis’»: ¿Para qué hemos combatido?

¡Iglesias danos Madrid!

Se cumplen cien años de las palabras de Churchill, aquella terrible definición del comunismo «que alejó al hombre de la civilización del siglo XX hacia una condición de barbarie peor que la de la Edad de Piedra, dejándolo en el más horrible y lamentable espectáculo de la experiencia humana, devorado por los gusanos, carcomido por la pestilencia, y desprovisto de esperanza». Tal cual. Alarguen la mirada. Estamos en el siglo XXI e insisten.

Lo primero que suelta Su Señoría Iglesias en el Congreso es una perla democrática: «En España los comunistas se jugaron la vida y la libertad por traer la democracia en este país. No le llegan a la suela de los zapatos a los comunistas españoles».

Fue en Paracuellos donde empezó la libertad después de pasear por los infiernos a las víctimas y enseñarlas modales democráticos con pistolón a la cintura antes de fusilarlas en aras a la libertad. Pero insisten en su talante democrático con permanente gesto y actitud desabrida, inculta y maloliente.

El pacto que hay por medio es el del reparto. Como el de agosto de 1939 que se repartían Europa. Ahora, el señor, reparte España y su mayor obstáculo es Madrid. No hay duda. De ahí su importancia.

Ahora piensen en España y también en cada uno de ustedes: ¿A quién dejarían la educación de sus hijos y su dinero? ¿Ayuso o Iglesias?

—Cuentos chinos.

—¡Ya! ¿Los ha leído usted?

Después de muerto, no hay susto; ya no hay posible elección, así que piensen bien lo que hacen con su voto.

¿Quiere pelea? La tendrá. ¡Voto a Bríos!

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

18 marzo 2021

PABLO IGLESIAS Y EL GESTO DEL MARQUÉS DE LAS SIETE IGLESIAS Rafael Dávila Álvarez

Francisco Rizi. Auto de fe en la Plaza Mayor de Madrid. 1683. Museo del Prado

No es necesario recordar la importancia de un gesto en el momento indicado. España gestual, lugar donde lo perdido se puede ganar, o todo lo contrario, con un simple gesto.

No sé por qué he recordado aquello de «tener más orgullo que don Rodrigo en la horca». Seguimos sometidos a lo teatral en la plaza pública, autos de fe en los que algo se quemaba por motivos ideológicos. De manera solemne y pública. «Sí se puede» saltarse la norma y la forma.

Don Rodrigo Calderón, marqués de las Siete Iglesias (ahora caigo y espero que me acompañen en la caída), empezó como paje en casa del duque de Lerma y acabó como hombre poderoso de Felipe III. Se forró en el cargo, amasando riquezas y enemigos. Fue condenado al cadalso por sus trapicheos de todo tipo y de él se dijo que «Viviendo pareció digno de muerte, / muriendo pareció digno de vida». Vamos, uno más de la larga lista de los que han vivido del cuento del gesto y con él les ha llegado el final. El marqués de las Siete Iglesias pasó de político corrupto a héroe popular cuando se negó a entrar a la plaza Mayor camino del cadalso por la calle de la Amargura porque su orgullo no le permitía ser cualquiera. Cuando abrazó y besó al verdugo fue aclamado por las masas enfervorizadas que veían el espectáculo. Lo popular, como el gesto, es de rápido efecto y más rápido olvido.

La política en España se parece cada vez más al Oeste americano. Se trata de ser el más rápido y certero y batirse en duelo cuando llegan al estrecho callejón por donde solo cabe uno: ¡No pasarán! es algo que no olvidan. Pasaron y ni perdonan ni admiten. Madrid es mucho Madrid para el comunismo, Caracas y la Habana juntos, pero Ayuso es un bastión nada fácil y como ella misma dice «España me debe una: hemos sacado a Pablo Iglesias de la Moncloa». ¡Ojo! La guerra acaba de empezar. Sus armas son tan sucias como desconocidas y un personaje obligado a dar este paso (puede que no me equivoque y que ciertas circunstancias le hayan obligado) es un peligroso contrincante que pasa de siete iglesias a una, capaz de rezar en todas sin creer en ninguna.

Es el momento de la unidad, no de ser el más rápido, sino el más creíble, el más honrado y el más equipado. Durante la pandemia Madrid ha sido un milagro en manos de una eficaz presidenta —hay que decirlo— ayudada por un magnífico equipo político y de gestión. Eso duele a alguno, que viene con la guadaña a segar la hierba fresca que ya crece en la Comunidad de Madrid.

Camino de la sierra volaba de mañana una golondrina recién llegada a Madrid. Siete Picos, Montón de Trigo, Peña del Oso, la Maliciosa, la Bola del Mundo, la Barranca, el Valle de Cuelgamuros y el Puerto y el Embalse de Navacerrada, su primer recorrido hasta  el cerro de la Golondrina donde  inauguraba un nuevo amanecer para Madrid. Era la tierra y la poesía de Luis Rosales («sentí en tu mano un desfile de golondrinas que vuelven»). Un trueno se oye por la sierra, el nublado con piedra amenaza Madrid y rompe el verso de esperanza.

No quiere ganar las elecciones. Sabe que es imposible. ¿Ha sido respuesta a la petición?, ¿y entrega en bandeja de plata?

No es para estar preocupado; sí lo es para atender a los movimientos inmediatos. Los peones de brega ya han ocupado sus lugares y esto solo es el paseíllo. No den la plaza por ganada. Va a ser una dura pelea.

Seguro que el comunista no conoce, ni quiere conocer el poema del cubano Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, Placa en la puerta del partido y que le ofrezco entero para que no se corte ni recorte.

¿A qué viene el señor Iglesias? No vale un gesto; Madrid exige esto. ¡Anda valiente y atrévete con ello!:

Si no vienes a dar,

a dar el tiempo, el corazón, la vida

no desesperes por entrar

que en la entrada comienza tu salida.

 

Si vienes a buscar

el privilegio, la ocasión mullida,

no desesperes por estar

donde la flor más bella es una herida.

 

Este lugar es un lugar propicio

para el amor al sacrificio.

Aquí tienes que ser

el último en comer

el último en dormir

el último en tener

y el primero en morir.

Entrará en Madrid y saldrá de Madrid por donde entró: la calle de la Amargura.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

16 marzo 2021

 

 

ALARMA: RELIGIÓN, MAGISTRATURA Y FUERZA. Rafael Dávila Álvarez

Eran los pilares. Rotundos y recios. Ahora sobrantes, desechos de tienta. Bravura no obliga, ni rezos ni leyes y los cañones disparan desde las rotativas. España «debelada, imploró en vano la misericordia del César». La infantería murió en las trincheras mientras dilataba la vida que «era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes».

Hubo que huir con los pocos que rezaban, algunos soldados fieles y sin más ley que el honor. Lo que sucedió después fue una enorme pesadilla que casi no recuerdo, pero sé que aquella huida no sirvió de nada.

Errantes sin encontrar, «Yo Marco Flaminio Rufo, tribuno militar de una de las legiones…», me levanté y pude mendigar o robar mi primera detestada ración de carne de serpiente. Unos hombres se comían a otros y todas las puertas daban a una celda o a un pozo, mientras las escaleras morían sin llegar a ninguna parte. No eran valerosos ni, por tanto, felices. Tampoco hablaban y pensé que era por miedo a la libertad sin caer en la cuenta que era para que no los obligasen a trabajar.

Creían que sin religión, sin magistratura y sin ejército podrían vivir en el pensamiento, en la pura especulación.

Todo se construía sin pilares, por lo que aquel era un mundo dudoso siempre. Así que decidieron irse a morar en las cuevas. Construyeron laberintos para confundir a la gente y la enloquecieron al encontrarse cada día con los mismos interrogantes y nunca la solución.

Las iglesias no eran necesarias ante la inmortalidad, la magistratura fútil en la igualdad, y el ejército era palabra olvidada, «todos adoctrinados por un ejercicio de siglos, la república de hombres inmortales había logrado la perfección de la tolerancia y casi del desdén».

Para terminar con tanta perfección que habían alcanzado nos transmitieron que «ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte», entonces fue cuando nos sentenciaron que «lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal».

Cuando regresamos nos encerraron en el Palacio de la Alegría y nos dijeron que allí solo quedaban «palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros» y que no hablásemos a nadie de nuestras horas y siglos. Aquello se había acabado y este era un mundo nuevo en el que fuimos, en breve seríamos Nadie y al fin seremos muertos.

Todo ya murió. Por tu culpa. Eso no nos lo dijo nunca nadie.

Como con ello se habían hundido los pilares recios y rotundos, fueron a vivir a las grietas que aún dejaba la ruina.

«Salomón dijo: no hay nada nuevo sobre la tierra. Así como Platón imaginó que todo conocimiento no es otra cosa que recuerdo, Salomón sentenció: que toda novedad no es otra cosa que olvido» (Sir Francis Bacon (1561-1626) Essays, LVIII, en El Inmortal de J.L.Borges).

Olvidada la religión, la justicia y la fuerza, ya no queda nada. Grietas si acaso. Olvido.

Solo nos queda «seguir jugando a no ser ciego, comprando libros, llenando la casa de libros» como una ventana que nos permita saltar por ella antes de ser relegados.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

15 marzo 2021

 

 

ATAQUE DE LA INTELIGENCIA A LA PLAZA FUERTE (ULTIMA RATIO REGIS). General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

De información (Inteligencia), que es poder, todos están hambrientos y dispuestos a pagar cualquier precio. No hay exclusividad. Es un combate a muerte. Hace unos años se inició una guerra cruel, sucia también, entre los que deberían evitar el conflicto precisamente por disponer de la información (Inteligencia) que lo permite. Ha tenido gravísimas consecuencias para esta nación llamada España por hacer uso de ella premeditada e indebidamente.

El conjunto de la nación se viene abajo y esta guerra es culpable en máximo grado. Sus generales también. En la guerra confundir la táctica con la estrategia es corriente entre los malos generales; que alguno llega a creerse el futuro de la nación. El dinero y el poder le gusta a los que solo van uniformados por fuera.

La información debida, el conocimiento de hechos transcendentes, se confundió con el cotilleo. Claro que muchas veces cuando entras en el mundo del cotilleo obtienes transcendente información ¿o será al revés?

La información que mayores resultados da es la que se obtiene de cintura para abajo. Lo dijo en una reunión alguien que sabe mucho de eso (ahora más, por su poderoso). No creo necesario recordar qué reunión fue esa y quiénes los reunidos. Son una masa gravitatoria. Para nuestra desgracia, de máxima actualidad. La crítica situación lleva envuelta la gravedad de lo que les cuento.

***

Al finalizar la guerra civil española, allá por los años cuarenta, empezaron los trabajos para artillar el Estrecho. Nos lo cuenta con detalle el general Martínez de Campos, Duque de la Torre, en su magnífico libro Ayer, donde, desde su puesto de jefe de la Reserva General de Artillería y Gobernador Militar de Cádiz, refiere una anécdota imprescindible .

El artillado se estudiaba con gran secretismo y máximas precauciones. Entre los traslados secretos de los cañones de artillería estaban varias piezas que iban de Galicia a Cádiz, algo que sospechaban se había divulgado excesivamente. Para comprobarlo el general mandó llamar a un joven oficial de artillería con el que mantuvo la siguiente conversación.

—Se está desmontando en el Ferrol una batería que ha de llevarse a Palma de Mallorca. Nadie conoce su destino, pero a fin de asegurarme de que el secreto se mantiene, va usted a tomar el tren mañana mismo, pasarse cuatro días en el Ferrol, indagar discretamente sobre a dónde va la batería y traerme luego el resultado de su gestión.

Pasaron ocho días, y al cabo de ellos, el oficial volvió del Ferrol.

—Mi general, he cumplido mi misión. Puede V.E. estar tranquilo. Todo el mundo, en el Ferrol está convencido de que las piezas desmontadas saldrán muy pronto para Cádiz.

***

En estos últimos años algunos-todos saben de la guerra abierta entre los ejércitos de la Información-Inteligencia, que en ocasiones han manejado los que más tienen que ocultar, y que se ha llevado a cabo con todo el ruido mediático que exige la discreción y el secreto. Las consecuencias, y las bajas, las estamos viendo; vislumbramos las de plazo medio con los cambios ya patentes y los previstos traslados. El desarme de las piezas es tan evidente como secreto.

***

No está muy claro si, al fin, la justicia-popular sabe el destino de los sirvientes (Ultima ratio regis) y necesario será asegurarse de que el secreto se mantiene a voces. Constatamos que la evacuación de la plaza fuerte está en marcha.

Todo el mundo en el Ferrol está convencido de que las piezas desmontadas saldrán muy pronto para Cartagena.

***

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

8 marzo 2021

Blog: generaldavila.com

 

 

LOS JUECES COMO CROMOS Rafael Dávila Álvarez

En algún sitio he leído que el reconocimiento legal del ejercicio de la libertad de elección de médico de familia, pediatra y enfermero en Atención Primaria, como de hospital y médico en Atención Especializada se sustenta en los principios de libertad, eficiencia, equidad, participación y transparencia.

Claro que el papel todo lo aguanta y el mundo se construyó sobre una tablilla de barro a la que se le hicieron unas incisuras.

Las primeras normas eran para la convivencia; o algo así. Desde la leyes de Ur-Nammu o el Código de Hammurabi, se ha tratado de ordenar la conducta humana más allá del hombre contra el hombre, algo innato que aflora en cuanto surge la ocasión, casi siempre con escasos momentos para el descanso. Eso no ha cambiado.

A pesar de todo no siempre ha sido ojo por ojo, y diente por diente. El mayor cambio fue una regla moral que por ello mismo es de imposible cumplimiento: « Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra». La han desechado y dado de comer a los cerdos; como las margaritas.

La santidad es una obra alejada por ahora y arrinconada en algún lugar de este llamado mundo.

Ya conocen la historia del juez y el jamón.

Teniendo mal cariz el juicio mi amigo consultó con su abogado la posibilidad de enviarle un jamón y buen vino al Señor Juez para conseguir una resolución satisfactoria. El abogado le dijo que ni se le ocurriese ya que el magistrado era muy recto y que iba a ser contraproducente. El juicio se enredó y todos lo daban por perdido, incluso el abogado se retiró del caso.

Pasado el tiempo se encontraron mi amigo y el abogado. Su sorpresa fue grande al enterarse que había ganado el juicio.

— Pero hombre, ¿Cómo lo conseguiste?

—Pues muy fácil, hice caso de su consejo y le envié el jamón y el vino al Juez, pero en nombre de la parte contraria.

La evolución del Judicial ha provocado zonas comunes que comparte con el Ejecutivo. Hoy estás aquí y mañana te saco un gal como un gol; hoy fiscal mañana abogado; hoy gal, mañana gol, que este es mi juez y a ti te encontré en la calle. Dadme un juez y os moveré el mundo ¿o era un fulcro?

Tanto descaro es libertad, eficiencia, equidad, participación y transparencia. Por eso creo una exigencia del Legislativo que contemple la libre elección de juez y que dado que nuestros soberanos representantes eligen a los suyos, comen y cenan con ellos, les dan y quitan puestos y bolis y ordenadores, y coches oficiales y todas esas cosas, bueno sería que los representados tengamos también ese derecho a elegir juez, nuestro querido juez; algo que parece de sentido común.

Para que vean que no juego con ventaja ya les daré el nombre del juez ese del jamón; ¡anda que por un jamón!

La lista de jueces debería ser pública y comprobable y hacerse una gala anual para entregar los premios, tipo estatuilla, en sus diferentes modalidades: juez estrella, estrellado, a la mejor metamorfosis, al más politizado y que la presentasen el-la fiscal general del Estado y algún condenado.

También cromos y así poder intercambiar. Como si fuese una liguilla con las alineaciones del Supremo, Consejo del Poder ¿judicial o ejecutivo?, qué más da, y con Ronaldo de primera instancia o Messi de constitucional y Ramos para renovar; y cosas así divertidas y como un juego de niños y la cárcel de papel. Los cromos repes los cambiamos los domingos en la plaza de abajo del Rastro.

Pedimos libertad de elección de juez. Como ellos. A falta de libertad pues eso, cambiemos cromos.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

5 marzo 2021

 

 

 

 

LA EXTREMA DERECHA EN LOS EJÉRCITOS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El Congreso, los señores diputados, andan muy preocupados con la extrema derecha y los militares. En mi larga vida militar nunca he conocido a nadie de extrema derecha y sí muchos rojos, más «coloraos» que el capote de Cagancho. A alguno, reconocible, lo mismo le daba la banda derecha que la izquierda, que lo único que le interesaba era estar en la alineación y que de él se hablase.

Si estrechamos un poco el cerco, puede que haya conocido a diestros, algún siniestro, y zurdos ya les he dicho. El último zurdo por todos conocido dio la espantada cuando legalmente no podía (legalmente) hacerlo y ha llegado a viceportador de cartera.

Reconozco que la banda derecha siempre fue mi favorita, porque yo era muy rápido con el balón en los pies. Admirador de Joseíto que era un extremo derecho del Real Madrid que jugaba con el número 7 a la espalda. Recuerdo que mi madre me cosía ese número en la camiseta blanca que  todos los años me traían los Reyes Magos junto a unas botas con tacos de cuero. No sé si eso me hace sospechoso y me invalida para ejercer como militar y como político. De lo segundo me invalido solo y de lo primero quizá sea esa la razón de haber llegado a general, pero sin pasarse, de División y ¡Uy!, que vigilarme, se lo he contado, ya me ocurrió. ¿Por lo del Madrid, por lo de Joseíto o por lo de Real? Todavía no lo tengo claro.

En fin, estas cosas de las bandas extremas, que ahora llaman carrileros para no emponzoñar tan loable lugar, no le interesan a nadie a no ser que entren en el campo gravitatorio del Código Penal Militar o de la Ley de Derechos y Deberes Militares (¿o era de deberes sin derechos?).

Cada uno es muy libre de elegir a sus amigos, incluso a sus compañeros, y no digamos las ideas. Claro que eso de elegir ideas propias es cosa de la libertad, algo que ahora está amenazado por las hordas que persiguen que sea posible decir lo que no se puede decir.

El Congreso ha aprobado crear una comisión para investigar «sobre la presencia de la extrema derecha en las Fuerzas Armadas y las eventuales intromisiones, injerencias e influencia de la misma, por medio de la jerarquía militar, en los poderes Ejecutivo y Legislativo».

El escándalo es mayúsculo, pero la noticia pasa desapercibida. Estamos de lleno en una dictadura de la izquierda en la que no se permite pensar, ni reunirse, ni preguntar sin ser espiado y controlado. Da miedo.

Las conspiraciones existen, pregunten y vayan a Roma. El rufián que quería vender una mula que cojeaba de la mano derecha, golpeaba de manera certera en la izquierda y la mula se enderezaba el tiempo suficiente para que el comprador picase. Se llamaba la venta a golpe de la izquierda, como ahora. Luego las quejas, ya se sabe, a la Unión Europea o a la ONU, donde la banda derecha no existe y solo hay carrileros de izquierda. Es el mundo éste tan divertido de los diablillos de la izquierda.

Pues ya está formado el equipo. Las Fuerzas Armadas penetradas hasta el corvejón por la extrema derecha, el Legislativo cañoneado por la artillería y el Ejecutivo Umenizado por el Estado Mayor de la Defensa. No sabemos si el Centro Criptográfico, el Nacional de Inteligencia y el Faro de Alejandría habrán sido afectados por la penetración, incluso que se hayan vacunado antes de tiempo; contra la ola lateral derecha. El ministerio de Defensa se encuentra aturdido y solo está tranquila la ministra que cada vez insiste más: ¿Qué hago yo aquí entre tanto tanto?

Todo muy democrático, pero a mí me preocupa mi pasado de extremo derecho de mi equipo de fútbol y no ser zurdo. Y aquel amigo que tuve rojillo y buena persona, que uno ya no se fía.

Ahora que lo pienso tampoco he vivido en pisos del lado izquierdo, pero en cambio las fracturas de huesos que a lo largo de mi vida he tenido siempre han sido por la izquierda: pierna, brazo, dedos. La cabeza bien, gracias.

Creo que soy un infiltrado y hasta ahora no me había dado cuenta. Pido disculpas y espero llegar a tiempo antes de que la Caballería enemiga me cerque y envíe a la gran hoguera que purificará mi memoria mientras arden en las plazas mis archivos, documentos, y los libros pecaminosos, contaminados por la verdad.

Maleducados, mentirosos, groseros, incluso algún traidor, aunque para eso hace falta inteligencia, haylos entre los poderes. Juez y parte también. Ordeno y mando mucho. ¿Infiltrados?

Luego dicen que lo del 23F fue de extrema derecha. Si es que no nos fijamos y no preguntan a quien sabe.

A esta Comisión de investigación del Congreso, muy de derechas ella, les señalaría a quienes deben preguntar, pero vistos mis antecedentes no me atrevo. Si señalo en la dirección correcta, esa a la que no quieren mirar, estoy perdido.

¡Mira que no haberme dado cuenta hasta ahora que corría la banda derecha como Joseíto!

Un humo de venganza aturdirá las mentes embriagadas por el poder y la risotada de las algaradas callejeras, sin límite, solo hasta que sus almas reconozcan el paraíso de tierras ennegrecidas y yertas al que aspiran.

Añado: Me avisan de fuentes siempre mal informadas que la orden del Reglamento de Orden Cerrado «derecha mar» va a ser suprimida y a partir de un Real Decreto se dirá: «podemos más». La de «izquierda mar» seguirá como está y la de «media vuelta mar» será suprimido por la Ley de Memoria Histórica, no vaya a ser que volvamos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

4 marzo 2021

 

PEDRO SÁNCHEZ, ESE HOMBRE Rafael Dávila Álvarez

«Un hombre puede equivocarse, pero la multitud se equivoca siempre». Aplicado al caso al que me voy a referir Kierkegaard acertaba de pleno.

Se convierte en tragedia —ha acarreado históricas violencias en la humanidad— cuando el error provine de un hombre que en determinadas circunstancias muy sensibles de un país, donde se sufre hasta morir, como las actuales por ejemplo en España, comete una equivocación y la multitud se deja arrastrar por ella. Un personaje lleno de infantilismo que ha alcanzado el poder de manera convulsa a base de la falsedad y abonar el fantasma del odio pretérito.

Que hay dos Españas ha venido el personaje a recordarlo y azuzarlo sabiendo que el premio será suyo mientras se muelan a palos con la táctica guerrillera del no pasarán o la farsa del sí se puede.

No hace falta dar nombres para que adivinemos quien es el equivocado y a la vista está el daño hecho, en muchos aspectos irremediable, irreversible.

Se equivoca el llamado Pedro Sánchez y la multitud que lo vota.

Leo y recuerdo la cita, en él siempre presente —a la vista en mi mesa de cristal— maestro Idro Huidobro, es decir Jiménez Lozano, que determina diciéndole al Maestro Desiderio Kierkegaard «que a ver si una multitud iba a encontrar nada de nada, salvo lo que siempre busca, que es alguien que la mande y a patadas, porque ya no resisten las que se dan unos a otros en lo que llaman la colectividad».

Cánovas del Castillo al elaborar la Constitución de 1876 contestó a los que ¡no sabían definir a los españoles!: «Pongan ustedes que son españoles… los que no pueden ser otra cosa». Pues no sé, señor Cánovas. Si lo dijo así o quería decirlo de otra manera no se puede aclarar que ya es tarde para preguntarle, pero la broma tiene su seriedad cuando encumbramos a cualquiera al poder; y es que sin duda necesitamos  alguien que nos mande a patadas, que es hacerlo con la libertad de los otros a base del cinismo propio que es la manera de que sigamos dándonos patadas unos a otros. Pedro Sánchez no podía ser otra cosa que presidente de estos españoles que votan entre una orilla y otra, la de él y la del comunista propietario.

Por ahora hay dos versiones de España que dan el aspecto de duraderas:

—Un hombre no es que pueda equivocarse, sino que el señor Sánchez se ha equivocado; con intenciones. Y va para largo.

—La multitud, variopinta, multicolor, se equivoca siempre, y hoy en España lo hace de manera escandalosa y con peligro de muerte. Es evidente.

Pues claro, señor Desiderio Kierkegaard, «que aquí en España muchos hartos de quijotear renuncian finalmente a serlo y vuelven  al alonsoquijanismo melancólico».

Porque España se está convirtiendo en algo aburrido y sin sentido donde los españoles dejan de serlo. Ya pueden ser otra cosa. Así la vida que nos ofrecen, guiada, pastoreada y de redil nocturno, carente de sentido de patria mía, resulta insoportable.

Pedro Sánchez, ese hombre. Se equivoca y la historia le pasará factura. Será demasiado tarde.

Rafael Dávila Álvarez.

1 marzo 2021

Blog: generaldavila.com

QUIQUE SAN FRANCISCO ¡ADIÓS LEGIONARIO! General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

España lamenta el adiós de Enrique San Francisco, Caballero Legionario, una gran persona. Solo por los buenos ratos que nos ha hecho pasar le debemos nuestro recuerdo y oración. Su tristeza en la mirada la convirtió en la alegría de su sonrisa. Una vida nada fácil a la que se enfrentó con una mueca, no perdiéndole nunca la cara. Al que no le guste es que no sabe vivir.

Llevamos demasiadas muertes encima en estos tiempos y el dolor se nos ha presentado como de sorpresa para recordarnos que no podemos perder ni un instante en complicarnos la existencia a base de ser broncos y molestos como cada día nos demuestra esta rara convivencia que la política nos está enseñando. Por ello, cuando se nos va un hombre que supo poner sonrisa a la cara triste de la vida es de agradecer.

Quique San Francisco, además, quizá por eso, fue legionario, es decir un Caballero de la milicia y de la vida. Algo que nunca ocultó en tiempos como los que vivimos en los que ese oficio no vende en las alfombras rojas. Estuvo en el Regimiento Canarias 50, y fue Caballero legionario. Disparaba al corazón sonrisas a doquier y nunca le faltaba el cariño de la palabra amable con el raro componente de sincera, algo poco habitual en estos nuestros tiempos.

Me hubiese gustado conocer y convivir con aquel pelotón que encuadraba al cabo San Francisco. Vivir la alegría legionaria con quien sabía enfrentarse a la vida con el valor del humor y compartir lo bueno como juramento entre hombres que esperan que en cualquier esquina puede ocurrir eso. Sí: la muerte compañero.

Llegó para el cabo San Francisco, nobleza y firmeza, sin esconder nada, porque nos enseñó que de nada debe avergonzarse el hombre que reparte sonrisas a cambio de nada, generosidad legionaria que entrega lo mejor que tiene, y que nada malo se guarda, porque él es simplemente legionario; lo que significa todo para y por los demás.

Adiós legionario, te esperan ya; va siendo momento para el descanso, deja tu arma un rato, coge la cerveza de tu mano y sonríele a este aburrido mundo del que ya te despides. Ahí os quedáis, aquí nos quedamos. Más solos cuando se va un hombre bueno y de los de la cabeza de la vida, que jamás se escondió.

Se os dijo:

«Amparo encontraréis, cariño, una familia, os ofrece olvidos, honores, glorias, os enorgulleceréis de ser legionarios, podréis ganar galones, alcanzar estrellas; pero, a cambio de esto, lo tenéis que dar todo sin pedir nada; los sacrificios han de ser constantes; se os exige obedecer las órdenes militares ciegamente. Los puestos más duros y de mayor peligro serán para vosotros; combatiréis siempre y moriréis muchos, quizá todos. Entrad gozosos, sed felices y que Dios conceda a cada uno lo que venga buscando, si ha de ser para su bien».

No sé cómo lo ves y cómo te ha ido. Cuéntalo allí arriba donde hoy habrá un poco de fiesta. No hay límite ya para el número de reunidos: sois legión. Es inevitable la fiesta entre legionarios y más sabiendo que ha llegado Quique San Francisco.

Ríete de todo y de todos y vaya contigo mi abrazo legionario.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez 

Blog: generaldavila.com

2 marzo 2021

MIENTRAS CREEMOS AMARLA, ESPAÑA SE NOS MUERE EN LOS BRAZOS. Rafael Dávila Álvarez

Observo algo que me llama la atención y que preocupa. Digo que preocupa. Entiéndanme, no digo que me preocupa, solo me llama la atención y lo cuento. Hablo y escucho a distintos sectores políticos, de aquí y de allá, que me da igual. Lo único que me limita y aleja es la proximidad a la delincuencia política, que la hay, y abundante. España es la única política que conozco.

En uno de esos sectores, de derechas de toda la vida, te señalan y resulta que si no eres de un cierto partido de la derecha, nuevo, reciente, incluso ganador, dicen que moderno, pletórico, de himnos y semblanzas, vamos en una palabra el futuro de España, te miran con cara rara, como si hubieses traicionado a la propia España. No es suficiente ser de derechas. O conmigo o contra mí.

Claro que preocupa, de la misma manera que a un separatista le preocuparía que la llamada derecha se dejase de desavenencias y se mantuviese unida; se les acabaría el chollo, por lo que están con la izquierda a muerte, sea la que sea y venga quien venga. Incluso Illa les vale.

La política no es un estrecho cajón de ideas, sino un amplio margen de entendimiento bajo una Ley, la Constitución, y eso implica aceptar el reto del pensamiento tangente al de uno, o paralelo, que sin penetrar roza o acaricia, depende, para mantener un espacio amplio que no permita romper con el avance histórico que a España le corresponde. Vemos con verdadera alarma —preocupación en aumento— que en dos recientes gobiernos de izquierdas, el de J. L. R. Zapatero y el de P. Sánchez, con el desastroso paréntesis del tibio M. Rajoy (caso aparte que el PP debería juzgar políticamente), todo va a peor y en trance está España de desaparecer como nación, aunque en un equilibrio hasta ahora desconocido pretenda P. Sánchez mantener el Estado, que no sabemos qué entiende él por eso.

Volviendo al principio, la misma derecha, de amplio espectro, que durante años mantuvo el tipo y logró grandes avances en la España social y económica, resulta que ahora se divide enemistados entre ellos, se lanzan a la guerra de guerrillas y nos muestran que eso es lo que queda de la unidad de los partidos que defienden la Ley como norma fundamental de hacer política. En algún momento llegamos a pensar que los nuevos pesoesocialistas estaban también  dispuestos a aceptar la Ley y no admitirían los pasos en falso camino de la ruptura de España y la introducción del comunismo chavista, pero ya hemos visto que era un espejismo y que su programa es simplemente de mantenimiento del estatus, de las prebendas, agencia de colocación, y odio pretérito, presente y futuro a la idea de España, que les suena a nación de héroes, conquistas y azote del comunismo estaliniano y demás variedades y especies. En definitiva, el pesoesocialista es uno más de los que nunca defendería a España si ello le supone perder el plato de lentejas.

En esta situación resulta que el PP, Ciudadanos y Vox se echan al monte a guerrear entre ellos, a lucirse al trote de su caballo blanco, a la dialéctica de trincheras, incluso al duelo apadrinado.

En España, que funciona muy bien lo del eslogan, hay quien se cree todo lo que le cuentan y se juzga antes de la instrucción previa, y el PP acaba de ser juzgado por él mismo, por los que eran los suyos, cuando, sin nombrar juez instructor, se sentencian sin dar la más mínima explicación. Convendría que analicen a su gabinete de comunicación y lo envíen a reciclarse para establecer, o restablecer, la frecuencia audible y entendible de sus pretensiones. Siempre fue el Partido Popular un amplio espectro de pensamiento, como lo es España, pero sin dejar de ser, sentir y darse a conocer, sin máscaras ni antifaces. ¿Qué es ahora? Convendría que lo diesen a conocer.

Puede que esté ahí la explicación. He intentado entender las razones por las que te miran raro en ese sector del que les hablo cuando no eres de esa derecha que se da ganadora (hoy por hoy), cuando defiendes la necesidad de aunar fuerzas en defensa de España en unos momentos de tanta gravedad, tanto que se nos muere España en los brazos. Nadie me da las razones. Oigo no sé qué de Rajoy, de traiciones, de cesiones, de corrupción, pero nadie ahonda en lo serio: que es la nación. Lo de Rajoy es agua pasada que no mueve molino y si el PP le quita la militancia por su actitud el día de su cobarde fracaso, el de la moción de censura, sería más valiente y resolutivo que lo de cambiar de sede; pero hasta ahí llega ese pasado. ¿Corrupción? Tendremos que denunciar a los chapuzas que no te hacen la factura y encima presumen.

Luego llegan los reproches, los asaltos cuerpo a cuerpo, incluso los insultos, y lo que realmente hace daño: reducir el grupo, no crecer, no trabajar juntos dentro de una España unida y común.

Si el resultado es una fragmentación de partidos que dicen defender la unidad de España, de su historia, de sus tradiciones y de sus peculiaridades: España se nos muere en los brazos.

Algún día llegará: España muerta. El análisis previo avisa de lo que viene, y todo indica que la muerte llega por las derechas que todas quieren ser «el héroe» de su propia derrota y morir en esas alabanzas.

Tres en uno es sobrenatural y en estos momentos inasumible.

Mientras creemos amarla, España se nos muere en los brazos.

Luego no me digas que no te aviso…

«-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!,
y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la media noche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
a él como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar;
della naciera una garza,
dél un fuerte gavilán
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan a la par».

Yo le mandaré matar. Juntos nos han de enterrar… Del rosal blanco y del espino albar.

Dice la copla: No me quieras tanto, quiéreme mejor.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

 

 

DON JUAN CARLOS I Y EL 23F21 Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Presencié en directo (es un suponer) el aterrizaje de la nave estadounidense en Marte; por ahora ningún hombrecillo verde. En su día debió de haberlo y ahora andan repartidos entre nosotros.

Mientras veía la transmisión pasó algo inaudito, pero demasiado frecuente. Todo se desarrollaba con precisión científica y la transmisora, una colombiana que lo hacía ameno y científico a la vez, pretendió establecer contacto audiovisual con una compañera. Obtuvo la imagen, pero no el sonido. Estábamos llegando a Marte, con exactitud y precisión, donde el avance de miles de disciplinas se ponían a prueba, pero incapaces de establecer una comunicación terrestre. Nada falló; solo eso: la comunicación, tan sencilla, entre dos redactoras del acontecimiento situadas muy cerca. No todo está conseguido y los pequeños detalles son la muestra de nuestra incapacidad o descuido. Nos creemos todo y el mundo es nada.

Supongo que de algo servirá haber llegado a Marte, pero seguimos sin poder vacunarnos ni saber en qué liga se juega en esto de la pandemia. Ni siquiera sabemos si es real o un sueño. Nos queda esperar que el que ha salido de la cueva donde se proyectan las sombras entre, por fin, y nos cuente lo que hay fuera.  No le creeremos.

En España, a punto de desaparecer, tan contentos siguiendo a los marcianos del Gobierno, se nos olvidan los detalles de comunicación entre nosotros. Los circuitos están rotos. Vivimos de la venganza, de la envidia y de la traición.

De todo ello es prueba lo ocurrido este pasado 23F en el Congreso de los Diputados con la presencia de todos menos del que debería estar. Si algo terrible ha pasado en los últimos años de democracia en España ha sido el 23F y el actual golpe de Estado en marcha iniciado en Cataluña y con sus autores en comandita con el Gobierno legal. Algo inaudito, tanto que este 23F21 parecía que era el refrendo a la situación. Solo el Rey Don Felipe ha recordado todo lo que España le debe a su padre: «La firmeza y autoridad de Don Juan Carlos fueron determinantes para la defensa y el triunfo de la democracia».

Para quitarse de en medio obstáculos molestos se han encargado de echar de España al salvador de la democracia, al Rey Juan Carlos I, al que se le debe las cotas de nivel de vida y resonancia internacional alcanzadas por España, mientras ahora vemos como lo logrado va marcha atrás y día tras día pierde la credibilidad y fuerza ganada en años. También pierde la democracia. La libertad.

Me siento avergonzado de este Gobierno, de los partidos que colaboran en esta farsa y que han obligado al Rey Juan Carlos I a irse de España y que sea contemplado como un presunto delincuente. Algo parecido hicieron con su abuelo Alfonso XIII sin que ningún tribunal ni ninguna prueba haya sentenciado contra él; y mira que se investigó hasta en los pliegues de la chaqueta real

Con todo mi cariño, que es todo, pero toda sinceridad, le digo a Su Majestad que vuelva. Que  no consienta que esta gentuza le obligue a estar lejos de su amada patria y que si tienen los santos… de emprender acciones judiciales contra él, que lo hagan, y que si quieren juzgarle en la Plaza Mayor, ante el enfervorecido pueblo callejero, que lo hagan.

Con la cabeza bien alta ante los ingratos que pretenden no llegar a la luna, sino asaltar el cielo. Hay que enfrentarse a su repugnante maniobra pase lo que pase.

Cuando se habla de las verdades: «Nadie es profeta en su tierra» y «cualquiera que no os reciba ni oiga vuestras palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies».
Volved, Señor, y que empiecen a tirar piedras si el valor se lo permite. Sé que no queréis remover más inquietud y os imponéis un nuevo sacrificio al no volver.

La ceremonia y el recuerdo de este último 23F es inadmisible. Debemos recordar los españoles que solo V.M. ha logrado lo que parecía imposible: el progreso de España hasta alcanzar niveles históricos y que ahora perdemos en prestigio y economía. España se empobrece y desaparece.

Vuelva Señor. Que no se rompa la comunicación mientras aquí estamos en la luna. Creo que lo que digo es el sentir de millones de españoles que se rebelan contra la injusticia. La casa de muchos españoles es la vuestra, dispuestos y encantados de recibiros.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

24 febrero 2021

 

A 40 AÑOS LUZ DEL 23F (Un error es peor que un delito). Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Todo está escrito, hasta sobre gustos; pero nadie lee.

Se cumplen 40 años del Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Nadie sabe nada: ni quienes—ni para qué—ni por qué. O lo saben todo que es nada y se hacen como que lo saben, pero no lo dicen; abundan los que no saben nada porque nada han leído que es una mayoría a la que le han contado que (?).

Uno que pasaba por allí estuvo un rato parado en la esquina del Palace; ahora dice que lo vio todo, o sea que lo sabe todo. ¡A mí me lo van a contar!, dice con aires de diputado. Es frecuente escribir así la historia. Desde Londres o así.

Que sepan (casi) todo quedan dos: uno y dos. Hubo tres. El tercero ha perdido el paso. El uno estaba allí y el dos el tiempo justo antes de que se le cerrasen las puertas definitivamente. El tres está en todas partes y en ninguna.

Lo que peor sentó, a unos cuantos, fue no saber nada, ni antes ni después, que no hubiesen contado con ellos ni por un lado ni por el otro. Cuando quisieron colaborar fueron horas muy duras porque no sabían dónde estaban unos y otros; ni a qué bando pertenecían. Cayeron en la cuenta de que eran nadie.

Los que tenían que hablar estaban dentro, callados sin remedio. Los que tenían que decidir, fuera, no sabían muy bien lo que habían hecho los de dentro. Un abismo los separaba. Total: ¡que sea lo que Dios quiera! Uno desde fuera propuso un asalto al Congreso. Los geos estuvieron preparados. Otro, estrella y estrellado, que había estado dentro dijo: ¡Ni se os ocurra! ¡Habrá sangre! Empezaron a sospechar.

Hubo un problema más; no había móviles como ahora y es imposible saber dónde estuvo, en cada momento, esa noche, alguno de los que estaba fuera-dentro. ¿Y los que salieron y volvieron a entrar?; ¿o no?

Desde entonces muchas conversaciones se han olvidado y roto amistades sin cruzar una palabra. ¿Para qué? Estaba dada y de nada sirvió, porque no era eso, no era eso. ¿Qué era? No hace falta ser muy listo. Lo había anunciado Tarradellas: un golpe de timón.

No era un tiro en el pie ni en los techos del Congreso. Un mes antes se decía que «la democracia era un sistema provisional y la dictadura una contingencia histórica». Nadie hablaba claro, pero todos hablaban y, entonces, —érase una vez— cuando Adolfo Suárez dijo que se iba, dispuso el reparto de la tortilla; con cebolla para unos, otros ni patata ni huevo. Los huevos no se prodigaron aquella noche. Incluso por alguna esquina olía a huevos podridos. Es un secreto que aún permanece en la intimidad de los calzones y en los WC.

Perdón. Me dicen que no se me entiende. Pues más claro no puedo ser.

El 23F tuvo tres patas. Dos se vieron y se mezclaron en un cóctel imposible, imbebible, pero purgante. Eran dos en una.

—Te ponemos un avión ahora mismo que te lleve a donde quieras y todo pagado.

—No que me mareo en los aviones.

La tercera, sin uniformes, desapareció. Era la del «Golpe de Timón», los que querían nadar y guardar la ropa, los que querían evitar apoyarse en las otras dos patas.

Se miraron y no volvieron a hablar sobre aquel tema. Hasta hoy, hasta mañana. Lo recuerdan bien, pero no se habla del asunto. Judicialmente cerrado. No hubo tres en uno, pero por los pelos: perdón, quería decir por los tiros.

El golpe era de timón porque había una supuesta borrasca que se produjo entre un presidente que no daba más de sí y los que estaban tardando en ocupar su sitio. Como España es el reino de los escuchas y correveidiles, todos estaban por participar en lo suyo. «…por una exigencia de integración; Suárez había separado. El sucesor tenía que reunirse o juntar. Tendría que estar familiarizado con la economía, que es la exigencia principal en todos los presidentes actuales de Europa. Y hasta sería también un mérito conocer Europa en sus entresijos económicos. Tendría también que tener algunas condiciones parlamentarias de conocimiento de cosas y de repentización. No debía alarmar a la izquierda, a los militares, a la Conferencia Episcopal. Y, por supuesto, tendría que ser un hombre de clara confianza para la Corona, en primer lugar porque el Rey es el protagonista principal de la restauración democrática la Monarquía de todos», que publicaba Emilio Romero un mes antes del golpe. Y vino el lío.

Uno entendió, otro creyó entender y cuando el que debía proceder entró en el Congreso aquello olía a pólvora. Le dijeron que con el fuego de las armas de la Guardia Civil ¡no!, así que tenía que explicarles qué clase de golpe de timón era aquél con tiros en el Congreso.

Los disparos no dieron en la diana porque no era eso, no era eso, alguien se había saltado el guión.

Dejó escrito el general Armada: «Un error es peor que un delito». ¿Qué quiso decir? Lo sabremos.

Por el bien de todos les agradecería que abran los ojos y no miren a los militares cuando hablen del 23F. Es hora de mirar a quienes pusieron los mecanismos en marcha y se dejaron robar la gasolina convertida en pólvora.

La prueba más palpable de ello es que todavía insisten en el golpe de Estado.  ¿O es que somos tontos? Eso creo.

La verdad del 23F queda a años luz porque los que lo urdieron siguen en ello. Hasta conseguirlo.

Acaba diciendo Maquiavelo: «Vosotros de justicia no tenéis mucho y de armas nada en absoluto».

A 40 años luz del 23F vemos la encerrona. Les salió mal. Siguen en ello. Los mismos que ahora buscan otra vía que le llaman democrática.

¿Cuál es el objetivo?: el mismo. Ellos. Si necesitan tirar de la fuerza lo harán. Democráticamente a su manera, así es como la izquierda siempre mandó en España. Poniendo de acuerdo sus leyes y sus armas.

El pronunciamiento militar del año 1930 iniciado en Jaca era la vanguardia del Comité Revolucionario que pretendía que los militares fuesen por delante, asegurarse la fuerza. Casares Quiroga, que iba camino de la revolución del capitán Galán—dicen que a detenerla—, se quedó dormido en un hotel de Jaca. Llegó tarde. Se le habían adelantado. Al despertarse ya se había sublevado Galán que avanzaba hacia Huesca. ¡En nombre del Gobierno Provisional Revolucionario! Fue fusilado.

El 23F, ¿quién llegó tarde?, ¿quién(es) se quedó dormido?

Había que reconducirlo. Ahora a la vista de los acontecimientos queda todo aclarado. Estamos a 40 años luz de lo que pasó por mucho que los parlantes pretendan (verborrea de urgencia) hablar exclusivamente de balística. Pero, eso sí, mucho más cerca del objetivo.

Han pasado 40 años. Acabar con 500 años de historia lleva su tiempo. Cada vez más cerca.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com 

23 febrero 2021

LA GUERRA NUESTRA DE CADA DÍA. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

«En el recuerdo, una verdad nos habla. Enmascarada. Al esfuerzo por descifrarla, llaman Parménides y Platón filosofía». Copio textualmente las palabras del maestro Albiac (ABC 09/02/2018).

Buscar la verdad de algo tan antiguo, tan habitual, como es el arte de la guerra, es un duro trabajo filosófico, aunque muy necesario. Sus razones están tan metidas en el hombre como ocultas. No se diferencian hombre y guerra.

Empiezo a tener dudas sobre el arte en general y en concreto con el de la guerra. Cualquier actividad del hombre es o no es arte. Ante todo el arte debe ser virtud asequible, al menos que se entienda y con la necesaria técnica que evite el fraude. El fraude nos embelesa y la razón suele estar ausente.

El arte de la guerra. Parece un oxímoron, pero puede ser a la vez un pleonasmo. Depende. Sin duda la primera actividad del ser humano debe entrar en la lista de las artes. Parménides y Platón hablaron de filosofía y ¡cómo no!, de guerra: «La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos».

Hay que ir con cuidado. No hace mucho, cuando aún se podía ver la televisión, en una serie divertida, desenfadada y por tanto inteligente, me quedé con una frase que es pura filosofía: «Esto debe ser arte, porque no lo entiendo». El arte de la política.

Descifrar los motivos de la guerra es más sencillo que la verdad que en el recuerdo nos habla. La guerra pretende una única cosa: la posesión. Si existiese la libertad no existiría la guerra. Es el equivalente a la destrucción: o mío o de nadie. Esclavizar a los hombres, engañarlos, también es destruirlos. Muchos se sienten más seguros con esa destrucción metódica que con el esfuerzo que supone ser libre.

La propuesta final de la guerra, la victoria definitiva, es «someter al enemigo sin librar batalla con él»; poseerlo es lo mismo. Engañarlo es lo más malo. La guerra actual, o sea la política,  para la que no se necesitan otros medios, es la mismísima guerra, pero sin ruido, con armas silenciosas y penetrantes que te poseen directamente con la palabra y la imagen: el arte del engaño ya avanzado por Sunzi, pero sin honor. Otra guerra, otras armas, otros guerreros, mismo fin. Consiste en no librar batalla; lo que pocos guerreros conocen. Tuvo que introducirse la política. Desde que la guerra quedó como una forma de posesión gracias a los misiles intercontinentales del mensaje, el conflicto se presenta a diario. La política es, por ello, un arte engañador, que parece y no es eso: un trampantojo. Sus generales portan tirsos y visten hipócritas uniformes mientras arengan con incuria. ¿Muerte? Pocas diferencias.

Palas Atenea relegada al olimpo. Ápate es quien manda.

El príncipe de Maquiavelo tiene las claves que muchos buscamos: «Pues bien, los principales cimientos y fundamentos de todos los Estados —ya sean nuevos, ya sean viejos o mixtos— consisten en las buenas leyes y las buenas armas». Todo un arte, mientras no exista libertad. Ahora leyes y armas son lo mismo: se escriben al dictado político y se disparan contra la inteligencia. La tecnología ha inventado nuevos cañones e infantes minúsculos que recorren las redes. Nadie es capaz de detenerlos.

La política aprendió, en primer lugar y sobre todo, que su engaño debería «hacernos creer que existía una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra»; leyeron sin entender y copiaron literalmente de Clausewitz sin continuar con el párrafo que seguía: «Por muy bello que esto nos parezca, nos vemos obligados, sin embargo, a destruir tal error, pues en asuntos tan peligrosos como es la guerra, los errores que se dejan subsistir por benignidad son, precisamente los más perjudiciales».

Guerra—Política. No busquen arte alguno; si acaso malas artes para alcanzar la posesión. Da igual cómo, se trata de destruir.

Echo de menos el honor y el valor.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

22 febrero 2021

ARDE ESPAÑA: LA GASOLINA Y LA CERILLA DESDE DENTRO. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La calle. La barricada, la extorsión y que ellos, esclavos de su poder, den la cara. Sí podemos. Desde dentro, desde el poder, el lugar adecuado para minar el Estado.

Dos reglas generales de la subversión según el manual: No puede triunfar sin un apoyo exterior. Necesitan contar con el apoyo de la población.

Parece que no están alejados los que desarrollan «un conjunto armónico de acciones diversas, mediante las que una fracción más o menos reducida en principio, y entre la repulsa o indiferencia de la mayoría de la población, se esfuerza, apoyada más o menos desde el exterior, en perturbar su estructura política y social, para derrumbarla y sustituirla por otra que le es favorable». De manual de la acción subversiva.

Lo que representa una novedad es que un pueblo anestesiado, pastoreado y con escasos conocimientos de la historia, se haya dejado invadir de forma tal que la metástasis haya llegado al poder a ocupar los más altos cargos del Gobierno.

La idea fuerza ahora es la libertad de expresión; da lo mismo, mañana será Atapuerca y otro día Platón que algo malo debió decir. Lo importante es explotar aspiraciones huecas y vacías a sabiendas de su imposibilidad de materializarlas y fuera del orden legalmente establecido.

La captación y manipulación de las masas lo tienen fácil máxime cuando ya han logrado el asalto al poder y sus mayores aliados están en el vicepoder.

Estamos en la segunda etapa de la fase preinsurreccional: resistencia pasiva, alteraciones del orden público, terrorismo limitado y selectivo y perfeccionamiento de las redes clandestinas de apoyo.

En breve, y si no se toman medidas adecuadas, entraremos en la fase insurreccional que será en cuanto haya una coyuntura crítica que puede ser de cualquier tipo: una crisis pandémica, económica, de Gobierno, una huelga general; un muerto. Se desatará la violencia de manera incontrolada y puede que hasta aparezcan grupos armados con organización militar y pretendan establecer las primeras bases territoriales. Conforme la situación aguante, que sería su mayor victoria, mientras la tensión se mantenga, surja el desgaste en las Fuerzas de Seguridad, en cuanto la atención internacional vuelva su mirada hacia el foco subversivo y se hable de libertad y derechos humanos, el movimiento se irá consolidando.

Está en marcha  y esperemos que la información disponible, por el que debe tenerla y saber utilizarla, haya previsto y descubierto las bases de este movimiento que se compone de estos cuatro elementos:

—Un órgano de Mando.

—Una organización político-administrativa.

—Una organización armada.

—Una organización de información, redes y apoyos.

El éxito en la lucha contra la subversión depende fundamentalmente de la eficacia de los Servicios de Información. ¿Quién tiene acceso a esa información? Piensen.

Todo lo dicho forma parta de los manuales y doctrina de la lucha contra la subversión, conocidos desde tiempos remotos.

Lo que nadie podía esperarse es que se llegase a una situación en la que sea desde el mismísimo Gobierno se fomentase y aupase, por algunos de sus miembros de partido, los actos de violencia callejera que forman parte sin duda del movimiento. El silencio delata a los culpables, pero más lo son los que siguen manteniéndolos como miembros del Gobierno.

El escándalo es mayúsculo. No es entendible que haya españoles de bien que sigan dando su voto a la violencia callejera, a la intranquilidad y a que mañana cuando vuelvas a tu casa te la hayan ocupado.

Esto acaba de entrar en fase peligrosa y desconocida.

Todavía no es el poder, pero está cerca: es el vicepoder. Arde España, la gasolina y la cerilla desde dentro

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

21 febrero 2021