LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LA EMBAJADA DE POLONIA Rafael Dávila Álvarez

Placa colocada en la fachada de la Embajada de Polonia

Hace unos días un buen amigo me avisó de la colocación en la pared del edificio donde se encontraba la Embajada de Polonia en España de la placa que les muestro. Funcionarios de la misma Embajada fueron los encargados de su instalación. He sentido la necesidad de ir al lugar para mostrársela y que sirva de ejemplo para los interpretadores de la historia a su gusto y manera. Toda una lección de historia que han tenido la gallardía de poner a las puertas de la Embajada y que le agradecemos a la señora embajadora de Polonia.

En los comienzos de la guerra civil española en las legaciones diplomáticas la preocupación aumentaba al ver el caos en que Madrid se convertía. Las escenas de violencia y los asesinatos y ataques a la propiedad efectuados por las turbas armadas por el Gobierno de Giral hicieron que gran parte del Cuerpo Diplomático se ausentase de Madrid. Los que se quedaron salvaron muchas vidas de inocentes personas dando refugio en sus embajadas a todo el que lo necesitaba.

El personal de la Embajada de Londres ya el día 24 de julio de 1936 estaba en San Sebastián, y en ese día, el Embajador Decano que era el de Chile, en conjunta reunión se acordó pedir al Gobierno protección a sus colonias  y misiones y garantías para la correspondencia y los abastecimientos, lo que no recibieron y tan es así que algún edificio de embajada sus miembros hubieron de apostarse con ametralladoras (la alemana) para evitar ser incendiadas por los milicianos; y que, días después, muchas de las misiones diplomáticas saliesen de sus edificios y quedasen dentro de navíos de guerra de sus naciones respectivas.

Aún fue mayor la anarquía en Barcelona, extendidas las hordas por la capital y otras poblaciones, no quedó templo o edificio religioso que no fuera incendiado o expoliado, y los sacerdotes y religiosos asesinados, así como muchas personas sin atender a edad o sexo, con fusilamientos en masa, siendo todos los vehículos incautados por la FAI, CNT y UGT y los llamados Comités Antifascistas.

Innumerables personas de relieve fueron asesinadas. El 9 de agosto 4 alemanes; el 12, 8 religiosos bolivianos, en Barcelona. El Cuerpo Diplomático presentó reclamación contra los asesinatos a su llegada a Barcelona, y el Gobierno contestó que no podía garantizar la seguridad de los extranjeros, por estar en manos de los partidos. El día 2 fue asesinado el Cónsul de Polonia en Barcelona y asaltada la Legación de Bolivia en Madrid; y los partidos integrados en CNT y FAI declararon que no respetarían las de los países que llamaban fascistas como Alemania, Italia, y Portugal; el día 22 fue violada la Legación de Venezuela en Madrid; la Embajada de Bélgica sufrió intento de ocupación y amenazado de muerte el encargado de negocios; asesinado el encargado de negocios de Bolivia y el de Perú tuvo que refugiarse en el Consulado del Inglaterra.

El 4 de diciembre hubo un intercambio de notas del Gobierno de Burgos con el Gobierno Británico en el que entre otras cosas y a raíz de la actuación del Comité de No Intervención en España se le hacía notar «que era notorio para el mundo entero y, singularmente, para aquellos países que conservan aún, por sumaria que sea, alguna representación diplomática o consular en las zonas rojas, que los titulados Gobiernos que aseguran asumir no tienen el control efectivo de las masas. Ante este hecho, el Gobierno Nacional se pregunta: ¿Quién garantizará, a los agentes de la No Intervención que proponen, el eficaz ejercicio de las funciones que les incumbe cuando los llamados Gobiernos rojos no han dispuesto de la fuerza e influencia necesaria para defender, del asalto de las turbas, los edificios de Embajadas y Legaciones en Madrid; ni la seguridad personal de representantes consulares, como ha ocurrido, entre otros casos en Barcelona y Bilbao?».

Ahí están los hechos y alguno les he narrado en mi reciente libro La Guerra Civil en el Norte.

Encontrar gestos como el que acaba de tener la Embajada de Polonia son un acierto, alegría y magnífica contribución a seguir sus palabras. Un ejemplo: convertida la embajada en El Hogar Polaco dieron asilo a todo aquel que lo necesitaba sin reparar en su orientación política.

Queremos dar a conocer este testimonio de grandeza histórica, equilibrio y mesura, para que brille en estos momentos difíciles por los que pasa España cuando alguno parece que desea volver a encender la llama del enfrentamiento.

Pasó y hay que saber y reconocer, no engañar y en este caso, ser agradecido a los que tiene el valor de mostrarnos que es posible tener un hogar, el Hogar Español. Donde todos caben.

Rafael Dávila Álvarez

3 junio 2021

Blog: generaldavila.com

 

 

¿CONTRA EL INDULTO? MUCHO MÁS: LA UNIDAD Y LA PERMANENCIA DE ESPAÑA Rafael Dávila Álvarez

No es solo el indulto. Es más; y lo peor: es visceral.

El problema que se plantea con esta más que probable posible decisión de indultar a los delincuentes además de su dudosa legitimidad y legalidad es que nace de un sentimiento de poder erróneo que se aproxima al tono chulesco de «aquí mando yo», algo que no es que se atisbe, sino que se muestra tan claro como los amaneceres de mayo.

Órdago a la soberanía, desintegración territorial y ataque al articulado de la Constitución donde habla de unidad, integridad territorial y soberanía.

Todo un golpe de Estado Institucional, así como suena. Porque el indulto es nada comparado con lo que encierra. Quítense la máscara de los ojos y vean. Que los delincuentes salgan o no de la cárcel no es el problema. Vayamos al fondo de la cuestión.

Aquí de lo que se trata, lo que trata el señor «Sánchez y derribos» es institucionalizar el golpe de Estado, legalizarlo, en definitiva que desaparezca el delito de sedición y puedan llevar a cabo la destrucción de España a base de separarse de la nación española de manera legal. Es decir una bomba en la línea de flotación ni siquiera de la Constitución, sino de la Nación.

No vayamos por ahí con el cuento del no al indulto y tan contentos quedemos, porque nos la están colando por toda la escuadra. Lo que se está gestando va mucho más allá del indulto, va contra la nación: España.

La Constitución puede decir lo que quiera que «Sánchez y derribos» harán lo que el Poder les ha permitido. Rizan el rizo y consiguen la trinidad política: los tres poderes en uno.

Detrás de todo este movimiento está el final: cambiar la ley y que esta ampare al separatismo.

Será el primer paso. Después vendrá el País Vasco, ahora expectante, y no sé incluso si quedará la Castilla de Isabel, Aragón de Fernando, y algo más de nuestra querida España.

La convocatoria de la plataforma Unión78 convocada para el día 13 de junio en contra de la concesión de los indultos a los condenados por el proceso independentista es necesaria, ahora más que nunca, pero no olvidemos que lo que está en juego no es la cárcel —si o no— de unos delincuentes, sino la unidad de España, España como nación. El resto son monsergas y tapados.

Cuidado porque además «Sánchez y derribos» tienen prisa porque saben que el 4 de mayo fue el principio del fin de su poder, pero antes quieren acabar con la nación española, demostrarnos que él es el Poder y se llevará puesto a quien se le interponga. Sea quien sea.

Él es el Estado, eso sí, un estado sin nación.

No es el indulto, es mucho más.

Conviene recordar las palabras del Rey, ya lejanas, del 3 de octubre de 2017.

Dijo el Rey:

«Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática. Y en estas circunstancias, quiero dirigirme directamente a todos los españoles. Todos hemos sido testigos de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña con la pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada −ilegalmente−la independencia de Cataluña.

Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.

Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.

Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando ─desgraciadamente─ a dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada.

Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España.

En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.

Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.

Hoy quiero, además, transmitir varios mensajes a todos los españoles, particularmente a los catalanes.

A los ciudadanos de Cataluña –a todos− quiero reiterarles que desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley. Porque, como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el resto de España, ni en ningún lugar del mundo. En la España constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos.

Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza.

Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo son porque están basados en el deseo de millones y millones de españoles de convivir en paz y en libertad. Así hemos ido construyendo la España de las últimas décadas. Y así debemos seguir ese camino, con serenidad y con determinación. En ese camino, en esa España mejor que todos deseamos, estará también Cataluña.

Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español, para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España».

¡Tantas cosas, tanto, decía el Rey!

Decía el Rey: « Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada».

Majestad, después de cuatro años de Vuestras palabras quién está fracturada y enfrentada no es la sociedad catalana, sino la española.

Manifestémonos por el compromiso de la unidad y la permanencia de España. Eso es con lo que pretenden acabar.

Además con toda la chulería de la que es capaz solo «Sánchez y derribos».

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

2 junio 2021

 

LA POLÍTICA Y LAS ARMAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

La cita se la hizo Aristide Briand a Lloyd George durante la I Guerra Mundial: «La guerra es asunto demasiado grave para dejarlo en manos de los militares». Sucede lo contrario. Por tanto debió arrepentirse y ya nadie se atreve a repetirlo. Caer en manos de los actuales políticos nos puede llevar a inciertos lugares. Uno de ellos es el de las Armas.

¿Dónde se ha ido el líder de Podemos? Su desaparición, junto a alguno de sus íntimos, hace pensar: bien o para mal. La milicia tiene el término adecuado para definir el abandono de tus tropas ante el fracaso personal. Los códigos de conducta y los sancionadores también lo contemplan.

Hay algo muy preocupante en todo esto: una explicación lógica. Nos la deben.

En política casi nada tiene otra lógica que el interés partidista. La aparición de la señora Ayuso y la caída de la izquierda requieren de un nuevo planteamiento en la derecha española y un reajuste en los programas y partidos. Si no es así la gravedad será el preludio del fin.

Lo de Iglesias puede ser una huida hacia delante o una retirada a tiempo, o cualquier cosa; incluso peor. ¿Se constituirá con Mando y Estado Mayor fuera, pero dentro? Habrá que esperar sin perderle de vista.

Al fin parece que el espejito mágico de la Moncloa se ha roto y ya no es el más bello quien le pregunta por las mañanas.

Todo está sucediendo de manera extraña y poco entendible para el común de los mortales. Se empieza a adivinar —en el mundo—un intento de sosegar el ambiente político tan deteriorado por este convulso periodo de pandemia; y más. Sosegar en lo político no es otra cosa que hacerlo en lo económico en unos momentos en los que a la pandemia le viene a la zaga el gigante Xi Jimping manejando el gran robot que queda fuera de control para el resto del mundo.

Se atisba un horizonte, ya cercano, de cambio, de fin de ciclo político, económico y, por tanto, social.

Solo me gustaría ampliar un poco ese horizonte y abarcar mayor campo de visión para que nada nos sorprenda.

Lo que veo me parece una tregua que incluso podría ser un simple alto el fuego.

La política sigue asustada y con exceso de aficionados que pretenden aprovecharse de ella. Las Armas están vigilantes. En ningún momento han bajado la guardia. No todas. ¿Cuáles sí, cuáles no? Adivinen.

Las Armas nunca se asustan y están en permanente estudio, adivinando el posible escenario próximo, aunque alguno enfoque de manera distinta sus estudios o solo recurra a la experiencia, como los dos mulos que tenía Federico el Grande que después de más de cuarenta campañas sobre sus lomos seguían siendo mulos. Siguen alistados. Cocean por aquí cerca.

La I Guerra Mundial se interpretó como «una guerra para acabar con las guerras».

Versalles dejó resentimientos y al fin se quedó en un armisticio por veinte años.

Hitler atacó Polonia el primero de septiembre de 1939; empezaba la II Guerra Mundial. Las agresiones en tiempo de paz habían empezado mucho antes con la ocupación de Renania en 1936.

Díganme si encuentran algún parecido actualmente. Los despliegues están, Armas preparadas y la Renania de ahora ya está ocupada.

En agosto de 1939, para más inri, Hitler firmó con Rusia un pacto de no agresión.

Jugar con la política es andar en la oscuridad por un rio de gasolina iluminándose con una antorcha. El Escamandro. Solo es necesario un mínimo error. Después lo que viene es la guerra: donde no hay lugar para la moderación.

O una debilidad política a la que le sigue otra de las Armas. El resto está escrito en la historia.

No es suficiente vencer. Hay que saber predecir y ver qué se esconde al otro lado de la colina. No te fíes ni del compañero de pareja.

Está próxima la reunión de la pareja Biden-Putin. Es insuficiente.

¿Será una reunión de la experiencia a la que aludía Federico el Grande o habrán estudiado el panorama? ¿Habrá espíritu de defensa o de conquista?

De entrada faltan interlocutores. Armas no faltan. El mundo ya no es de dos, lo que dificulta el equilibrio de la balanza.

Hay quien se cree que España no es una, sino una experiencia suya.

Los que así piensan y gobiernan, como los que formaron parte del equipo de Federico el Grande, ahí siguen, después de, exactamente, 43 años de experiencia. Cocean.

¿Nudo gordiano? Como Alejandro: «Es lo mismo cortarlo que desatarlo». Alguno lo hará con su espada.

Embastar y botasilla. El que tenga oídos…

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 mayo 2021

 

 

 

 

VÍDEO. LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE

Grabado y editado por Rafael Dávila López

Siempre la palabra. El mejor o peor misil que despliega en los grandes ejércitos de hoy. Depende del corazón.

Es una larga historia para que la que se han arrojado demasiadas palabras como si fuesen misiles. Impactos destructores tan persistentes como innecesarios. Es hora de hablar sin arrojar las palabras.

Lo hemos hecho de España, de una de sus fracturas internas, el paréntesis que ha provocado una ruptura en el necesario, cada vez más urgente, encaje del antes y el después.

Sin conocer no es posible poner en orden las ideas y perdonar los graves errores cometidos en ambas orillas.

Revisar documentos ha llegado a encorvarme, algo menos que el tiempo ocupado en pensar y enlazar lo que se ha dicho, dice y puede que se diga.

Y de todo eso; surgió esto. Así ha sido y así se lo mostramos.

Olvidemos las precauciones, los prejuicios, las maldades y abramos los cajones de la historia.

Ya no deberíamos temer a la palabra.

Rafael Dávila Álvarez

Blog; generaldavila.com

29 mayo 2021

INDULTA E INSULTA MIENTRAS PUEDAS. Rafael Dávila Álvarez

El Mando y el que gobierna requieren tener el entendimiento abierto a lo que su sociedad demanda o requiere.

Alejandro Magno, en su grandeza comprendió que su ejército deseaba volver, amaba más a Grecia que a los nuevos territorios conquistados; y regresó a casa. No era él; eran ellos; ni siquiera eso. Era su Patria. Nada hay más grande y que por tanto requiera mayor cuidado. El que esto no entiende no está capacitado para el gobierno.

La justicia se representa en una balanza junto a la espada. Son la equidad y la fuerza. La equidad sin la fuerza es pura retórica. La fuerza sin equidad es tiranía. También lo es si la fuerza toma parte y deja de ser una forma de sostener la equidad. La espada mantiene el equilibrio o puede ser el desequilibrante.

No tiene la justicia un fin político ni más poder que el que la Ley le otorga. El difícil equilibrio de los poderes es lo que diferencia a una democracia de algo que solo pretende aparentarlo. Manejar poder y los poderes es una tentación de la que sabemos sus consecuencias, pero que alguno todavía usa en su abuso.

Cuando la justicia —el poder judicial— manda, requiere o aconseja, conviene obedecer, atender o escuchar con atención. Si se trata de obedecer y no se hace, hay que usar la espada de su emblema. Si requiere, no se puede mirar hacia otro lado. Si aconseja, mejor estudiar las razones. Ese es su poder: el del pueblo soberano, que descansa en su balanza y confía en su espada. Ni más ni menos.

Si la espada habla con más elocuencia que la Ley se comete una regresión que se paga con vidas y hacienda.

Si se olvida la Ley y se impone la autoridad para ponerse a la cabeza de los que van contra la Ley aludiendo venganza cuando se ha pretendido romper con la unidad de la Patria, lo más sagrado que tiene un pueblo, nos encontramos no con un indulto, sino con un gravísimo insulto a todos los gobernados por el insultador. Pasará no a condenar la destrucción de España, sino a encabezarla.

El tribunal que juzgó a los que pretende indultar el gobernante ha dicho «no» a la concesión de cualquier forma de indulto. No hay razones de justicia, de equidad y utilidad pública. Y lo más grave: No hay arrepentimiento. Lo volverán a hacer y lo predican con soberbia y chulería.

¿Será cosa de fuerza, se impondrán por la fuerza?

Las circunstancias del acceso al poder por parte del poder ejecutivo no le dan derecho a que todos paguemos un capricho político que tratan de justificar con la palabra indulto sin alegar ni una sola razón jurídica que lo avale. Se trata de la unidad de España, de indultar a los que han pretendido romper la unidad de España, de los que después de ser condenados siguen en su intento. Es el poder judicial el que dice «no». Los españoles y su justicia.

No. No sé si estos gobernantes recuerdan, que defender la unidad de España es su primer deber y que hay que hacerlo incluso con la vida si necesario fuera. Eso dice la Constitución.

¿Qué están en su derecho de dar el indulto? No de cualquier manera. Lo saben, lo harán, pero lo pagarán. En las urnas, sí.

No olvidaremos que se irán después de encender la mecha del enfrentamiento y la desunión. Hace mucho tiempo. El que ya no tienen, aunque hayan dejado la mecha encendida que se consume cada día un poco más.

Es la unidad de la patria España. ¿Aún no nos hemos enterado?

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

27 mayo 2021

DE ANNUAL AL CORAZÓN DE ESPAÑA: MELILLA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Daba comienzo 1921. La confianza en nuestra actuación en el Protectorado de Marruecos por los éxitos de nuestras armas y las muestras de amistad de la población indígena se reflejaba en el mensaje de la Corona del 4 de enero.

«Singularísimo aspecto de esa obra civilizadora es para nosotros la que en Marruecos hemos asumido, resguardando derechos e intereses primordiales de España que logramos ver universalmente reconocidos, y me es muy grato, señores, solicitar vuestra atención, y esta traerá necesariamente consigo vuestro aplauso y vuestra gratitud, para los magnos progresos en esa obra realizados durante los últimos meses.

El esfuerzo marcial de un Ejército abnegado y heroico, hábilmente combinado por los aciertos del mando con las más eficaz acción política, ha traído a contacto directo con nuestra misión civilizadora territorios y muchedumbres que hasta ahora la rehusaron o resistieron, y cuanto allí ocurre permite asegurar que nos acercamos rápidamente al término de los sacrificios que en sangre y dinero viene haciendo el país por el logro de un sagrado designio nacional.

Allanadas las resistencias materiales, establecido el contacto moral con el pueblo cerca del cual nos corresponden esas funciones de Protectorado, hemos de ir rápidamente a la realización de aquellas obras de altura y de fomento económico, que han de producir, a la vez que el bienestar del pueblo tutelado, la compensación para el tutor de los esfuerzos consumidos en la empresa».

Habían sido derrotados los kabileños de Beni Ulixech y solicitado el amán por los de Beni Said. El general Silvestre ganaba en prestigio entre los jefes indígenas además de necesitar estos su apoyo ante la situación de penuria en la que se encontraban debido a las malas cosechas de los años anteriores.

Se había ocupado el Monte Mauro. Era un hecho notorio que recorrió la médula del sentimiento rifeño. El mando de Melilla ordenó estudiar las líneas de penetración hacia Alhucemas. Las dificultades eran grandes y entre ellas destacaba la falta de fuerzas al quedar licenciados los soldados del reemplazo del año 1917. Era necesario cubrir bien los flancos y atender de manera urgente a la construcción de caminos, terminación del ferrocarril y mejorar los servicios de intendencia y telégrafos. Antes de operarlo se necesitaba consolidar lo conseguido y constituir una línea base donde apoyar el avance.

«Se carecía de elementos para hacer nada más».

Se propuso la ocupación de Afrau (Sidi Hossein) que era imprescindible para englobar la costa en la zona del Protectorado lo que mostraría la eficacia de nuestro quehacer además de fiscalizar y fomentar el comercio desde la costa con el interior y evitar el contrabando. Había que acabar con la imagen de «unos soldados entre una cuantas piedras rodeados de alambres que contaban los días que les faltaban para regresar a su pueblo natal y además se carecía de elementos para hacer nada más y se había rebasado el límite de elasticidad de las fuerzas del territorio», en palabras del jefe de la Sección de Campaña del Estado Mayor de la Comandancia General de Melilla.

No fue así. Se decidió seguir adelante. Un general de huevos al que «le sobraban fuerzas». El ministerio de miraba para otro lado y no enviaba los créditos necesarios para convoyes y caminos.

«La situación era de extremada paz en el territorio dominado e incluso en el sometido, pero no ocupado; pero un mando previsor no podía desconocer la versatilidad de sus habitantes, que, por otra parte, estaban armados, más los factores de su crueldad, frugalidad, forma de combatir, de grande peligrosidad en guerra irregular, y ello en relación con los elementos y fuerzas con los que, en momento de cambio en las relaciones de paz, pudiere garantizar el dominio y la victoria».

Había autorización expresa del Alto Comisario para establecer las posiciones necesarias para la seguridad del terreno y las que juzgase convenientes para facilitar los futuros avances con la única limitación de la escasez de elementos y medios disponibles.

El general Silvestre estimó que Annual entraba dentro de los límites de la autorización y encargó la operación de su ocupación al coronel Morales.

Era el 15 de enero de 1921 cuando a las 1030 horas se ocupaba Annual.

Tenía la aguada al pie del poblado y a una distancia de cuatrocientos metros del campamento. Desde que fue ocupada no dejó de verse vigilada al estar en los límites de la hasta hacía poco tiempo insometida kábila de Tensaman y dentro de una orografía durísima. Constituida por tres colinas en cuyo declive e interior se asentaron los campamentos.

En la posición, y mientras era fortificada, comentó el comandante general ante su Estado Mayor, la facilidad con que había sido ocupada y volviéndose al teniente coronel Dávila, jefe de su Sección de Campaña, contrario a la ocupación en aquellas condiciones de desprotección, le preguntó que qué tenía que decir ahora.

—Mi general, yo no digo que los pelos se me han puesto de punta porque no los tengo; pero sí digo que me ha salido pelo a través de la calva. Ahora sí que opino, mi general, que hay que ocupar inmediatamente Sidi Dris, si puede ser mañana mejor que pasado, y hacer en ella base fuerte.

Entrábamos en lo desconocido.

—Pero ¿qué es lo que ha pasado en Annual?

«Se llegará a recuperar el territorio perdido y a dominar el que fue durante muchos años motivo de constante preocupación; pero temo que los afectos  anteriormente conseguidos tardarán mucho tiempo en volver a aparecer, para contrarrestar los sedimentos de los odios producidos, y mientras estos subsistan el problema seguirá agudizado» (1921. Teniente coronel Dávila. Jefe de la Sección de Campaña del Estado mayor de la Comandancia General de Melilla).

Miles de muertos y prisioneros. Se había llegado a las puertas de Melilla. Cien años han pasado. ¿Solo?

Troya va cambiando de nombre y está en todas partes, siempre es en una encrucijada. Desde Annual también se había llegado a las puertas de Troya y Héctor se vio obligado a salir a luchar en campo abierto. Hubo que esperar después de su muerte. Por la puerta oeste entró el caballo de madera arrastrándose sobre troncos. Es tan visible que no se ve y los guerreros que lleva dentro campean con sus armas como si fuesen necesitados de amparo.

Hay ocasiones que es preferible leer lo que ya está escrito; mejor que repetirse.

«Quebrantados por la guerra y contrariados por el destino en tantos años ya pasados, los caudillos de los griegos construyeron, por arte divino de Palas, un caballo tamaño como un monte, cuyos costados forman con tablas de abeto bien ajustadas, y haciendo correr la voz de que aquello es un voto para obtener feliz regreso, consiguen que así se crea. Allí, en aquellos tenebrosos senos, ocultan con gran sigilo la flor de los guerreros, designados al efecto por la suerte, y en un momento llenan de gente armada las hondas cavidades y el vientre todo de la gran máquina»

Baja entonces corriendo del encumbrado alcázar, seguido de gran multitud, el fogoso Laoconte, el cual desde lejos, «¡Oh miserables ciudadanos! ¿Qué increíble locura es esta? ¿Pensáis que se han alejado los enemigos y os parece que puede estar exento de fraude don alguno de los Dánaos?» (Virgilio. La Eneida. Segundo Libro).

Mientras esto subsista el problema seguirá agudizado.

¿Pensáis que se han alejado los enemigos? Mirad dentro.

Tendremos que solicitar el amán cuando el caballo rompa las tablas de abeto y queden al descubierto lo que guarda en sus tenebrosos senos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

24 mayo 2021

 

 

INTRODUCCIÓN DEL LIBRO: LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Aprovechen el fin de semana para leer el libro y estoy seguro que no saldrán defraudados, aunque desde su publicación ya he podido detectar que hay verdadero interés por el contenido. Doy las gracias a todos y periódicamente les iré desvelando algunas cosas sobre lo que en él cuento y también lo que solo se vislumbra.

La maniobra que pudo poner fin a la guerra y que no fue aprobada por Franco

Hoy como aperitivo les dejo la introducción al libro.

‹‹Disculparás los defectos de mi estilo, si consideras a mi pluma no afilada por sutil cuchillo de tranquilo estudio, sino rasgada por el desaseado corte de militar espada›› (Marqués de Santa Cruz).

INTRODUCCIÓN

Podríamos empezar en Cuba, en Filipinas, o en Annual, quizá en los Tercios de Flandes, la historia no puede escribirse a trozos, sin encajes, porque nada hay aislado ni se encuentra tan lejano que no nos afecte, acontecimientos todos enlazados y dispuestos en un orden del que conocemos, apenas, las sombras. Los españoles han estado en los confines del mundo, con su palabra o con su espada, la historia habla español; ciertos son los versos de Bernardo López García en su oda al 2 de mayo: « ¡Doquiera la mente mía / sus alas rápidas lleva, / allí un sepulcro se eleva / contando tu valentía. Desde la cumbre bravía / que el sol indio tornasola, / hasta el África, que inmola / sus hijos en torpe guerra, / ¡no hay un puñado de tierra / sin una tumba española!».

Pero nuestra historia, que es mundial porque al mundo ha afectado, de repente, no en pocas ocasiones, se fractura por dentro en cuanto regresamos a casa, incapaces de ordenarnos y constituirnos en una nación orgullosa de su pasado y animosa para enfrentarse a su futuro. Alejandro Magno dormía junto a la Ilíada y su espada. Nosotros parace que lo hacemos con el Quijote y la lanza.

Es una larga historia. Inabarcable. No podemos pretender, como aquel niño con el que se cruzó San Agustín, vaciar con un cubito toda el agua del mar en un pozo hecho en la arena. No lo pretendo. Tampoco es bueno quedarnos de brazos cruzados, incapaces, porque con rigor, humildad y trabajo se le puede ganar terreno al mar y descubrir algo de lo que esconde que nos ayude a entender mejor lo que, ahora, pasa.

Uno de estos días llegaron a mí poder las herramientas necesarias para construir un dique y pensé que sería bueno adentrarme en el mar de la Historia con el adecuado material, sólido y diseñado expresamente para la obra. Reconocí enseguida la tarea que me esperaba. Supe para lo que servían aquellos inesperados materiales que por alguna razón alguien había puesto en mis manos. Después de meditar responsabilidades, me hice cargo de los hechos y decidí ponerme a trabajar. No soy historiador, tengo los apuntes, pero no el título de ingeniero y, como el momento de la Historia es convulso, me dije: esto hay que darlo a conocer y que cada cual saque sus conclusiones y construya su obra.

Aquí está un trozo de la historia de España, la de una de sus fracturas internas, el paréntesis que ha provocado una ruptura en el necesario, cada vez más urgente, encaje del antes y el después. Por nuestro bien debemos prestarle atención desde lo que conocemos de los hechos.

Por mis manos han pasado algunos documentos personales de mi abuelo, el general Fidel Dávila Arrondo (Barcelona, 24 de abril de 1878 – Madrid, 22 de marzo de 1962), anotaciones que minuciosamente iba apuntando, de su quehacer diario, en unas libretas negras, pequeñas, tanto como su letra, difícil de descifrar, pero con claves que abren el camino para adentrarnos en esa parte de la historia de España que tanto nos cuesta asumir como historia propia: la Guerra Civil. Sin conocer no es posible poner en orden las ideas y perdonar los graves errores cometidos en ambas orillas.

He repasado bibliotecas y archivos, no de fácil acceso, rodeados de incómodos procedimientos para llegar al objetivo. He mantenido muchas conversaciones y he recibido muchas sorpresas.

Revisar documentos ha llegado a encorvarme, algo menos que el tiempo ocupado en pensar y enlazar lo que se ha dicho, dice y puede que se diga. Muchos de los hechos que se toman como dogma de fe, pilares de tantos y tantos libros, no son exactamente como se reflejan, una y otra vez, no sé si con alguna intención. Después de 85 años quedan cosas por conocer, documentos que revelar, incluso puede que no todo fuese exactamente como hasta ahora se ha contado. Por lo menos algunas de ellas. Todavía existen intereses, desatenciones, olvidos y miedo. En algunas personas sigue el recelo, cierto a contar sus historias.

Mi intención es dar a conocer con rigor lo que mi abuelo, entre sus documentos de guerra, dejó escrito —por algo sería—; lo hago con enorme respeto a lo sucedido entre españoles, a unos y otros.

Ya he dicho que no soy historiador y es a ellos a quien quiero ayudar. Lo que expongo es una pieza más de un puzle que cada vez se enrarece más. Ayudar a recomponerlo ha sido mi intención.

Como militar, conecto con la historia de mis anteriores generaciones de soldados: mi bisabuelo, el teniente coronel Mateo Dávila; mi abuelo el general Fidel Dávila; mi padre el general Manuel Dávila; y este que les escribe, el general Rafael Dávila.

Al acercarme a tantos inéditos documentos, hubo algo que me transportó a una de mis recientes lecturas:

«Luego nos advirtió que los planos que buscábamos estaban en un cajón con un letrero: Mapas, y que no anduviéramos revolviendo en los libros de la biblioteca, ni ningún papel que no fuera necesario, porque los libros y papeles hacen mucho sentimiento de su dueño cuando está ausente, y se callan y no dicen nada como cuando él está presente».

Es un párrafo del primer capítulo de Maestro Huidobro del Premio Cervantes José Jiménez Lozano.

Son las palabras justas, las que no sabría yo encontrar para describir el estado emocional ante los cientos de documentos, libros, libretas, agendas, calendarios, manuscritos, oficios, partes de guerra —también de paz—, órdenes y sugerencias, desórdenes evidentes, mapas, croquis, esbozos, apuntes, borradores, cartas, mensajes, telegramas azules, urgencias, acusaciones, papeles, que fueron blancos y son sepia, color antiguo que ya huele a tiempo, ante el tiempo que fue; y empiezo a abrir y sacar de unas cajas que aparecen en el ático de mi casa. No por casualidad. Esta historia encerrada en cartones, que ahora abro, es centenaria y milenaria, es un árbol viejo, muy viejo, que de nuevo brota de la tierra y da forma a un tronco nuevo. Ocurre cuando unas manos de primavera airean tanto papel y hacen volar las hojas como convertidas en pajaritas recién llegadas de su viaje lejano, con nuevas noticias del pasado; pero que no siempre es así.

No pretendo escribir un libro de historia desde la metodología del profesional, sino con la de soldado, una historia que aparece entre documentos y conversaciones familiares. Esto es lo que les quiero contar, y lo que con su permiso paso a contarles.

No sin antes volver al Maestro Huidobro.

«Y, luego, junto a la ventana, había una jaula con un loro que se llamaba

Napoleón y repetía:

— ¡Napoleón vigila! ¡Napoleón vigila!

Y, cuando nos arrimábamos a la librería, decía también:

— ¡Cuidado con ésos! ¡Cuidado con ésos!

Pero luego ya no dijo nada cuando abrimos los cajones de los atlas y los planos y las escrituras. Vio que éramos amigos. Así que Bea, Cosme y yo, nos dispusimos a investigar muy deprisa».

Olvidemos las precauciones, los prejuicios, las maldades, y abramos los cajones de la historia. Investiguemos y ¡que se calle el loro! Somos amigos.

Ya no deberíamos tener cuidado con esos ni con aquellos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Del Libro LA GUERRA CIVIL EN EL NORTE. El general Dávila, Franco y las campañas que decidieron el conflicto.

Publicado en: La Esfera de los libros

Blog: generaldavila.com

10 mayo 2021

ESPAÑA UNIDA JAMÁS SERÁ INVADIDA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No sé muy bien el color. Marcha era. La que todos hemos podido ver y acompañar en defensa de nuestra soberanía e intereses nacionales después de la llamada invasión marroquí. La de ayer mañana ha sido una marcha-manifestación espontánea del pueblo español en defensa de España y en concreto de Ceuta y Melilla. Multitudinaria; como no se conocía otra desde la invasión napoleónica, si es que la hubo o fue un asunto menor.

Ayer era motivo de orgullo patrio ver como en todos los rincones de España el pueblo único, unido, clamaba por su soberanía y por los derechos humanos a la vez: ¡Ceuta y Melilla españoles! ¡Abre la muralla!

¡Qué bonito ver como se pedía paz y guerra!

De fronteras nadie hablaba, incluso nadie mencionaba al Frente Polisario y algunos decían no se qué del Sahara, algo así como el Sahara español. El caso es que era una alegría ver mezclados a los del ¡No a la guerra!, los de Irak, y los de ¡A la guerra!, ahora muy numerosos, todos a una Fuenteovejuna, como si fuese de nuevo Napoleón, pero por el sur. Hasta se veía alguna pancarta que decía: ¡Nunca máis!, que no se entendía muy bien, pero parece que venía del norte al centro.

La gran pancarta que abría cada una de las diecisiete marchas, todas una, diecisiete en una, decían: ¡España unida jamás será invadida!

Sánchez estaba en Ceuta vestido con el uniforme árido y desde el S-80 (submarino) animaba al personal, incluso se lanzó al agua a salvar a alguien, y luego quería ir de compras a Xauen.

El caso es que ayer España era una marcha, verde, roja, y de colores, unida contra el invasor y muy unida a quien la provocó, esa que habita en el palacio de Santa Cruz y visita con asiduidad al de la Moncloa sede del designio de España.

Junto a la marcha espontánea, las cancillerías de España en el mundo se reunían con sus homólogos agradeciendo el apoyo prestado en esta crisis con Marruecos y sus firmes comunicados. Sobre todo y el más agradecido ha sido para la OTAN por mostrar su firmeza en la defensa de la frontera sur de Europa y la inviolabilidad del territorio de uno de sus miembros. El despliegue de Letonia, incluso el de los misiles de Turquía, podría ser trasladado al sur.

Muy de agradecer es la postura de los Estados Unidos de América que para entretener a las fuerzas armadas, hasta los dientes, marroquíes, va a hacer unas maniobras con ellas, y que tendrán como base la de Rota como símbolo de su apoyo y amistad con nosotros. No pueden olvidar el nuestro en Irak con Zapatero, muy recordado ahora por Biden, que no tanto por Trump.

Marruecos debe avergonzarse del ataque enmascarado que ha hecho contra España en un intento de invasión que es prolongación del que como gota de agua hace cada día y nosotros obviamos. Ahora España y el mundo se ha dado cuenta, han descubierto la traición.

Y clama ese mundo, solidario con España, contra Marruecos; el Consejo de Seguridad de la ONU ya se encuentra reunido para imponer sanciones a la nación del norte de África.

OTAN, ONU, UE, AED, PCSD, PESC… ¡UF!, no falta nadie. Hasta las bolsas y los mercados internacionales han lanzado su preaviso.

La situación se ha vuelto contra Marruecos y el futuro es de España. Un futuro en el que está garantizada «la soberanía e independencia de España, su integridad territorial y el ordenamiento constitucional».

El mundo con nosotros. Sánchez en la Moncloa. Laya en Exteriores. Grande-Marlaska en Interior. Los españoles manifestándose en defensa de su integridad y en contra de ser invadidos.

La tranquilidad es plena.

España unida jamás será invadida.

Solo falta gritar los «vivas» reglamentarios.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En el barranco del lobo Artículo publicado en el mes de junio de 2017 

Blog: generaldavila.com

21 mayo 2021

MARRUECOS: ¿MOVILIZAR AL EJÉRCITO? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Aquí nadie sabe lo que hay que hacer. Si atacar o defenderse. Si por tierra, mar, aire o por los tres sitios a la vez. Si hacer la guerra a Marruecos o hacérsela a Gibraltar, o a la ONU que se calla, o a Europa que alguien le ha dicho a última hora que es su frontera, la de la OTAN.

Ahora por todas partes surgen los guerreros del antifaz que muestran su ardor guerrero.

«España defenderá la integridad de Ceuta ante cualquier desafío» (Sánchez, presidente).  De este no me fío.

¿Qué integridad? ¿Sabe de lo que habla? ¿De la cualidad de íntegro? Que empiece a contar por el principio, cuando se ha destruido España en taifas. Y fuera lo saben. Lo aprovechan. La cuña está clavada entre el soberano y sus ministros, sospechas mutuas, malentendidos, conspiraciones. Lo dijo Sunzi y lo sabe el soberano del sur.

El arte de la guerra y el de la política, que son lo mismo, está basado en el engaño y la astucia. Nunca se vence en la división interna que es lo que aprovecha siempre el contrario.

La crisis abierta con Marruecos no era difícil de predecir. No sé si también para el C.N.I. Lo avisé con 24 horas y alguno pensó que tenía información privilegiada. La tenía: solo basta mirar el panorama de la Moncloa, su Interior y su Exterior, incluso a la Defensa, que se resiste, pero no remata. De las revueltas aguas de Cataluña, Sánchez, el presidente, pretende ser íntegro en Ceuta y Melilla. Íntegro: para España significa: «Que no carece de ninguna de sus partes», y dicho de una persona: «Recta, proba, intachable». Él parte y reparte y luego habla de soldados y hasta de que  las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Como en Cataluña.

Ceuta aguanta mientras pide auxilio. Melilla hace cien años estaba a punto de caer en manos de Abd el Krim. Ahora después de esos cien años, en aquella guerra que perdimos tantos hombres, nadie se acuerda que fue por Marruecos, por su independencia y soberanía.

Ante esta crisis se acuerdan de Santa Bárbara porque truena: del Ejército, de los soldados del artículo 8, ese que, por él y bajo él, va a desplegar la artillería, aviación, buques y Operaciones Especiales en la frontera con Marruecos. ¿O no? ¿O actuarán como fuerza de orden público? El día que nuestros soldados cambien el arma por la porra (defensa creo que se llama) habremos dejado de defendernos y de ser un Ejército. No se puede amagar y pedir al de detrás que te agarre. Cada uno en su sitio y a cumplir con su deber. Si se hace una demostración de fuerza debe ser con todas sus consecuencias.

¡Cuidado! Una cosa es la disuasión y otra hacer el canelo.

Esta guerra requiere un inmediato y rápido despliegue y no precisamente militar, que también, sino el que antes no se ha hecho: en las cancillerías. Darle la vuelta al calcetín de la política exterior. Empecemos por la inmediata dimisión de la ministra de Exteriores y el de Interior; no sé qué hará el Embajador y compañía en Marruecos, pero algo le tocará. ¿Y la Inteligencia?

Llegamos a la batalla derrotados de antemano, sin aliados, sin apoyos internacionales y sin voluntad de vencer. Esto no es una guerra al uso sino una ocupación al desuso en la que volvemos a estar tan solos como lo estuvimos hace 100 años defendiendo a Marruecos contra la República del Rif. Esto es en agradecimiento.

¿Qué hay que hacer? Lo que no se hizo. Llevará tiempo rectificar. En principio no ponerse nervioso —cuidado con esos insensatos que enseguida quieren morder con las cadenas de los blindados el polvo del desierto y hacer sonar los tambores de Queronea— ; remar juntos con la plena convicción de que este presidente y su política deben desaparecer de la escena en cuanto la crisis esté solventada.

Armarse hasta los dientes. Eso siempre. ¿Cuántas Divisiones tiene…?, sigue siendo premisa en la mesa de negociación. ¿Cuántas conversaciones ha tenido el presidente de los Estados Unidos de América con el presidente Sánchez? Empecemos también por ahí y hagamos una política internacional nuestra sin ir siempre de la mano de papá y mamá Europa que nada saben de América y sus confines. Miremos al sur y al este como algo nuestro. Menos mal que ya no es Trump, que ahora es Biden el que apoya la política marroquí, su íntimo amigo, su aliado, mientras nosotros somos el último mono y bastión de la mona Europa.

Yo pediría a la OTAN que venga a echar una mano ¡¡¡que nos invaden!!!, porque de eso se trata. ¿Qué creen ustedes que diría?

Seguiremos en la frontera de Letonia y en Turquía, con carros de combate y misiles. No porras.

¡A la porra! A Europa espérenla sentados.

Con viento de levante…

Es muy viejo: «Todo el arte de la guerra está basado en el engaño… es un asunto de astucia».

En la frontera debe estar quien debe defenderla, en la política quien debe evitar que sea necesario.

Fuertes como robles; flexibles como juncos.

¡Que difícil en nuestras actuales circunstancias!

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

19 mayo 2021

 

 

 

 

ISRAEL. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Todavía hay quien defiende con dignidad y valor sus fronteras para proteger patria y libertad. No hay nación en el mundo más amenazada y sin alternativa: o se defiende o desaparece. Se llama: Israel. Después del Holocausto se vio obligada a una defensa a ultranza de su existencia y territorio en lucha no solo material, sino contra el relato del que es fruto el atacante, una semilla plantada que germina en una organización terrorista a la que se rinden miles de medios de comunicación.

Todavía hay quien duda de lo que es Hamas (Harat al-Muqawama al-Isalmya), un grupo islamista palestino fundado en 1987 con un solo objetivo: eliminar al Estado de Israel y establecer en su lugar su peculiar «Estado» islamista.

Es una guerra muy estudiada en la que se ha impuesto el relato buenista de los más violentos «pacifistas del tecnicolor», aquellos que viven para la guerra como producto de su única pulsión: la destrucción. Destruir y matar se vende como un sacrificio que dicen afrontar por su supervivencia cuando para ello pretenden expulsar a muerte al pueblo más civilizado y avanzado, maestro de democracia en gran parte del mundo: Israel.

Conviene desenmascarar esta lucha que muchos proclaman como la noble resistencia de un pueblo sometido a la tiranía del poderoso.

Hamas dispone de una compleja estructura armada y no armada sometida a la disciplina del terror que alimenta a base de una red asistencial lo que provoca una gran lealtad a la estructura. La obediencia al límite, sin pestañear, llegar a la muerte es la victoria personal y el engrandecimiento familiar. La población combatiente es toda, sin distinciones de edad ni sexo, y sus defensas se sitúan en los núcleos poblacionales que defienden todos (familias completas) y con todo. Cualquier cosa vale: artefactos explosivos, edificios convertidos en bombas letales, francotiradores, espías, infiltrados o una red de túneles de guerra que ni en Vietnam se podría imaginar. La emboscada y la traición —de una sonrisa— está en cada esquina.

A ello suman la capacidad suministrada por Irán-Siria de un elevado número de cohetes y sus componentes que ensamblan en su territorio y que lanzan al bulto, donde más pueden matar.

Ellos no cuentan ni sus muertos. Les da igual niños que hombres. Soportan cualquier daño con tal de que puedan seguir ejerciendo su actividad y esta alcance el nivel deseado que les permita después mantener una tregua para reforzarse mientras reparten fotos y películas del tecnicolor de su «sufrimiento».

Cuidado. La presión tiene un límite. Cualquier día la posibilidad de mantener esta situación cíclica, al gusto y criterio de Hamas, de acción-reacción se terminará y con ello la reacción será definitiva. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Es lo que la lógica del razonamiento bélico resolverá definitivamente contra lo que el terrorismo impone. No es de esperar que se les permita institucionalizarse.

No es la guerra; es peor. La pulsión de odio y destrucción. De lo único que entiende Hamas.

Hace unos días Gabriel Albiac lo decía con palabras sabias del filósofo que disecciona la cruda realidad con el bisturí de la sabiduría: «Israel es lo que una vez soñamos llegar a ser los europeos. Sin lograrlo».

Eso es lo que Hamas ataca, no otra cosa.

Convendría empezar leyendo y subrayando y en ese ejercicio ponerle nombre a las cosas. Cada uno es lo que es y no lo que intenta decirnos que es. Al menos que no nos engañen con lamentaciones y escenas de dolor.

En la violencia cualquier cosa es posible, pero mostrarlo en tecnicolor es una crueldad con la que cuentan y de la que obtienen sus réditos. Forma parte de su guerra. La pulsión de destruir y matar.

Europa calla sin saber qué decir ni a dónde mirar. Una cobardía histórica.

Rafael Dávila Álvarez.

Blog: generaldavila.com

18 mayo 2021

MARRUECOS NO ES UNA AMENAZA PARA ESPAÑA. LA AMENAZA SOMOS NOSOTROS MISMOS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

No creo que Marruecos sea una amenaza para España. Cada nación es soberana y muy libre de aliarse con quien crea conveniente para su seguridad y progreso. España no es ningún enemigo para Marruecos y en el conjunto defensivo mundial el Norte de África es de hecho un avispero que conviene tener controlado y con socios fiables. Ahí está la cuestión: fiabilidad. En el mundo de las relaciones internacionales hay intereses, muchas sonrisas y ni una concesión al que hoy te dice una cosa y mañana otra. La habilidad diplomática consiste en guardar las apariencias y ser honrado en el juego de las cartas. Lo que está mal visto no es tomar una opción u otra, sino ser un traidor y mentir. Los intereses de cada uno pueden ser admitidos, nunca las traiciones. La palabra más dura que hay en las relaciones internacionales es el engaño: puede ser la guerra.

Nunca perdió vigencia la fórmula de Clausewitz: «Almas humanitarias podrán concebir fácilmente que exista una inutilización, un desarme artístico del adversario sin causarle demasiadas heridas, y que tal sea la verdadera tendencia del arte de la guerra. Por muy bello que esto nos parezca, nos vemos obligados, sin embargo, a destruir tal error, pues en asuntos tan peligrosos como lo es la guerra, los errores que se dejan subsistir por benignidad son, precisamente los más perjudiciales».

¡Qué gran error el nuestro cometido en el vulnerable Sur de España, de Europa, por equívocas y erróneas negociaciones!

No nos engañemos. Claro que entre estos personajes deslustrados (desilustrados) que nos gobiernan, que nada saben ni aprenden, todo lo que digamos es predicar en el desierto.

Dice Clausewitz, previene contra el «álgebra de la acción»: «Se piensa que ya, ahora, entre los Gobiernos no serían necesarias las fuerzas físicas, sino solo sus relaciones, un acto racional, la guerra de los civilizados». ¡Idiotas! (digo yo), avisa Clausewitz y los Gobiernos sensatos alertan sus fuerzas físicas mientras hacen uso de sus mejores diplomacias. Menos alguno que caerá en la trampa sutilmente tendida en las puertas de casa.

Llevamos años de relaciones con Marruecos. Después de cien años —que ahora se cumplen— de nuestra defensa a ultranza de la soberanía de Marruecos como nación que nos llevó a dejar miles de muertos en los secos campos africano-españoles, lo silenciamos como si hubiésemos cometido un gran acto de ataque a su soberanía, de barbarie. España dejó allí su sangre por Marruecos, por su progreso e independencia.

Nos falló la relación, el álgebra de la diplomacia, la negociación, la amistad, incluso el valor para negociar con energía, fuerza y decisión. Cualquier nación soberana está dispuesta a negociar, a dialogar y a pactar. A vivir el camino del futuro con apoyos mutuos, a ganar confianza, pero jamás dejará de exhibir su fuerza decisoria para defender hasta el último palmo de terreno o interés de cualquier tipo recurriendo a la fuerza física si necesario fuera. No es el caso. Nuestra relación con Marruecos debe ser revisada y entendida por el camino de intereses que son muy comunes. Puente con Europa y de prolongación. Estabilidad.

Hay que ser amigos también en la fortaleza, jamás en la debilidad que esa sí que es cuestión de voluntad más que de armas.

Para evitarlo hay que saber disponer tus piezas en el tablero y hablar de dignidad a la vez que muestras tu valor y decisión.

Nuestras relaciones con Marruecos siempre han estado teñidas de tibieza, de desconfianza y de una pésima comunicación entre diplomacias al más alto nivel, exceptuadas por la reverencial amistad entre sus monarcas que han puesto la cordura.

España debe dar un paso al frente. Acercarse a Marruecos, negociar en los recónditos desiertos de intereses, ser un leal aliado en lo estratégico que conlleva el progreso económico y cultural. También en lo táctico y en los silencios. Hasta en lo militar.

Cualquier otra actitud nos lleva a perder. Siempre y en cualquier escenario.

La guerra es un instrumento político que sucede por el desarme físico y moral en que nos vemos inmersos.

Marruecos no es una amenaza, sino una nación vecina que pide a gritos una necesaria y urgente aproximación. Inteligencia y fiabilidad es necesaria.

Europa y España deben prolongarse en ese eje a través de Marruecos antes que otros se adelanten. España debe dar el paso.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

17 mayo 2021

LOS LIRIOS DEL CAMPO Rafael Dávila Álvarez

Hoy cumple 91 años don José Jiménez Lozano. Sigue entre nosotros. Cada vez que canta el cuco o vuela la golondrina; oigo ladrar a un perro en el campo, en la lejanía, o miro el vuelo de los vencejos. Allí donde hay vida que viene o que se va, veo a don José.

Una primavera de azucenas en este mundo en el que «la verdad solo ha hecho su aparición como desgracia e irrisión».

Me recojo en la emoción con el prólogo que Enrique García-Máiquez hace en El Precio, una antología poética del maestro Jiménez Lozano.

Hoy, ayer y será mañana, todos los días son para estar al lado de esa poesía tan cotidiana que lee la verdad que nos acompaña, guste o no, la veamos o no.

En el repentino encuentro entre pocas y ordenadas palabras, engarzadas las letras, descubres tesoros y dices: ¡Velay!

La HIERBABUENA

Era una pequeña hierbabuena

que quería ser azucena, y penaba.

Sufrió mil años en las primaveras,

y quería extinguirse cada estío.

Justo se secó aquel año,

en que una pobre mujeruca enferma

buscó hierbabuena para su tisana,

y solo halló un matojo seco,

y azucenas.

Ya nadie escucha al cuco, que a lo mejor se ha quedado solo para los que buscan las hierbas buenas en las cunetas. Los que no supieron servir a dos señores y no sintieron el agobio del vestido ni de que comerán mañana.

¿Quieres que te lo cuente otra vez? ¡Si me entendieras!

Porque quien escribe que «En la alcoba, la ventanita tenía también su pañizuelo blanco para que no entrase frío y el sol del verano se matizase cuando por las mañanas era poderoso», no tiene que escribir nada más, porque es como aquello de «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme», o más lejos ¡Canta, diosas, la ira de Aquiles el de Peleo!

Los que se quedan con la añadidura, si es que se la dan, si hubiese algo por añadidura, que como dice Kierkegaard eso es para los afligidos y que ningún hombre es capaz de disuadirte de tu pena. «Así las cosas, lo mejor es buscarse otros maestros cuyo discurso no sea incomprensión, cuya animación no encierre ningún reproche, cuya mirada no juzgue, cuyo consuelo no exaspere en vez de calmar». Y nos dice con razón que toda incomprensión viene del hablar.

Es por lo que callo y leo al maestro Huidobro, porque como el lirio él no coteja su bienestar, o a lo mejor malestar, con la pobreza, o a lo mejor la riqueza, de ninguno.

¡Cuidado!

Diez años esperó que el árbol seco

floreciera de nuevo. Diez años

con el hacha aguzada y temblorosa,

pero el árbol

solo exhibía sus desnudos brazos,

la percha de la urraca y de los cuervos.

Cortóle al fin, y, de repente,

vio su corazón verde, borbotón de savia;

un año más, y hubiera florecido.

Más paciencia para mirar y ver a nuestro alrededor, a nuestro lado, que llega el aliento del sufrimiento y lo dejamos pasar de largo, como si con nosotros no fuese; y resulta que éramos nosotros; y vienen a cortarnos ya que nos creían secos.

Sí. Dice, y es para mí poner cátedra, Enrique García-Máiquez que tras leer a don José «no podemos seguir mirando, leyendo, pensando ni viviendo igual que antes». Ese gerundio que es la vida en cada instante. A mí me ha pasado; me está pasando.

En él estamos.

Mirad a los lirios del campo, miradlos. O no habréis visto nada. Mirando no veis.

«Tocamos la flauta y no bailasteis. Cantamos canciones tristes y no llorasteis». Todo os da igual.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 mayo 2021

 

 

EL TARTUFO Rafael Dávila Álvarez

«Siendo el deber de la comedia corregir a los hombres divirtiéndolos, he creído que, en el cargo que ocupo, no podía hacer nada mejor que atacar, mediante pinturas ridículas, los vicios de mi siglo; y, como la hipocresía es, sin duda, uno de los más en uso, de los más incómodos y más peligrosos, se me ocurrió, Señor, que no rendiría pequeño servicio a todas las gentes honradas de vuestro reino haciendo una comedia que pregonase a los hipócritas y mostrara como es menester, todas las estudiadas monerías de esas gentes de bien a ultranza, todas las trapacerías encubiertas de esos monederos falsos en devoción, que pretenden embaucar a los hombres con celo fingido y un caridad engañosa» (Moliere. Primer memorial presentado al Rey sobre la comedia del Tartufo).

Primero comer, luego las convicciones. Creo que algo así decía Julio Camba: «Más difícil que vivir sin Constitución me parece a mi vivir sin dinero, y ello no obstante, lo españoles vamos tirando todavía, a pesar del estado verdaderamente desastroso en que se encuentran nuestras haciendas», claro que no las de ellos. Unos escriben y cumplen para que luego vengan otros a imponer e incumplir, para llevarse lo tuyo y lo mío.

El impostor se va con lo que no es suyo, se deja la Constitución y no deja ni un buen pensamiento ni una buena acción.

Contaba César González Ruano, otro escribidor de realidades, lo de Azorín hablando de Cervantes.

Ocupaba D. Bernardo de Sandoval y Rojas la sede de Toledo.

— Bueno, Miguel, usted lo que necesita es dinero ¿verdad?

Miguel, de Cervantes claro, pobre, achacoso y viejo, sonreía con sonrisa melancólica y asentía ladeando un poco la cabeza.

Le pasaba por escribir El Quijote y no hacerlo sobre constituciones y además cobrar solo el por ciento escaso.

Ni académico era; que tienen la tirada vendida. Por eso Camba acabó en la habitación 383 del Palace, entre cartones. Insistieron en darle un sillón de la Academia Española (entonces no Real).

—No insistan ustedes en lo del sillón. Lo que yo necesito es un piso, y eso no me lo van a dar ustedes.

Otros aceptan un chalet en la sierra, constituyéndose, sin necesidad de escribir.

Escribir ya se sabe. Pone lo escrito algo así como: indisoluble unidad, patria común e indivisible de todos los españoles, justicia, equidad, libertad sin ira, para decir y gritar y hasta de privacidad habla. En las comunicaciones, eso de las cartas, y la inviolabilidad de todo, y echaron al escribidor de todas esas cosas tan bonitas, le quitaron el sillón que no quería y se sentaron ellos.

Dijeron que la Ley esa de la Constitución estaba muy bien para uno solo, que como marco y cosa para presumir estaba muy bien, pero que como éramos muchos habría que hacer otras leyes que no fuesen tan individuales, la ley de grupos, para todos. La Constitución para nosotros, los constituidos entre los leones, y para el resto las leyes que nosotros digamos. Los «todos» no son nadie así que ya os queda claro, yo me voy y me quedo con el sillón; y el piso, ese chalet de académico.

¡Que hambre has dejado!

Castigat ridendo mores pensó Molière y mucha razón tenía cuando afirmaba que estos tartufos no soportan que se les saque a escena. Por eso hoy abro el telón con el impostor.

El último se ha ido, pero volverán cien porque el envidioso muere, pero la envidia nunca.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 mayo 2021

NAPOLEÓN EN ESPAÑA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Bicentenario de la muerte del Emperador que quiso ser, cuando descubrió que su mayor enemigo fue precisamente querer ser. Suele ocurrirle a los que todo lo poseen, sin darse cuenta de que «todo tú» eres gracias a otros; son los mismos que te lo quitan.

«Mire usted, una cosa son los soldados y otra cosa son los hombres. Napoleón fue un genio para los soldados. Pero ignoró a los hombres. Ni los conoció ni le interesaron. Ese fue su gran error». Así se expresaba el general Degaulle en su vista a España en agosto de 1981. Venía a recorrer los escenarios de su derrota, yo creo que a conocer a los que le derrotaron y su geografía, la de montes junto al mar, de calores junto a las nieves, de riachuelos e infranqueables ríos, de verbenas, bodas y funerales. España impenetrable para un francés. Él conocía de sobra al corso y a Napoleón, dos cosas convertidas, transformadas en amalgama europeo.

Napoleón era un genio para los soldados que conformaban la pieza clave de sus intereses y aún nadie me ha explicado si enarbolaban la bandera de Francia o la napoleónica que el corso exhibía frente a sus compatriotas de la pequeña isla que no le consideró lo suficientemente grande.

La Revolución francesa acabó por ser la mayor mezcla de libertad y autoridad conocida hasta entonces en el mundo. Autoridad y libertad empezaron a llevarse bien y exhibirse juntas; por la fuerza. Ambas se necesitaron en su contradicción. A lo largo de la historia no he conocido a nadie que predique la libertad sin el símbolo de autoridad que la sustente.

Entre el desprecio autoritario y el respeto libertario se mueve la figura napoleónica. Nadie le retirará de la historia en la que escribió su protagonismo. Su hombre-nombre como un mito lo destruyó.

‹‹Yo soy la causa de mi caída›› ‹‹Yo he sido mi principal enemigo, artesano de mis desdichas››.

Napoleón. Historia y comportamiento humano nos interesa más allá del juicio.

Ostentaba el grado de teniente cuando desde Córcega escribe a las autoridades francesas. Pide los atrasos de su paga mientras piensa en abandonar el servicio a Francia: «A la nación de ustedes». Las autoridades francesas le borran del escalafón. O mío o de ustedes.

Nunca sabremos si su intimidad con Francia era solo con sus tropas. Su inteligencia le llevó a moldear una nación que para él quería entera, con la libertad y la autoridad en combinación, siempre, sin un ápice de permisividad fuera de sus leyes.

«He visto con pena soldados amenazados por hombres civiles. Si el rey se hubiese mostrado a caballo…». Para él la sociedad son soldados; y una noble figura que los atrae: la suya.

Napoleón dijo que el arte del general no es la estrategia, sino saber cómo moldear la naturaleza humana.

Su intervención en España lo desmiente; nunca lo logró; la Guerra de la Independencia fue poco gloriosa para los franceses-soldados.

Decía Chateaubriand en Memorias de Ultratumba que Napoleón es el único responsable de la transformación de la guerra: «Napoleón ha matado la guerra al exagerarla».

En España se encontró con una guerra que él desconocía y de la que no quería hablar ni tener en cuenta.

Solo le interesó la suya a base de hombres, miles de hombres unos tras otros, los que hiciesen falta, sacrificios estériles cuando abrió frentes muy distantes y en lugares en los que la geografía y los espacios minimizaban a los de fuera y engrandecían a los locales.

Hoy, de Napoleón, nos queda, como de la batalla de Valmy, solo el misterio, «un cruce de cañones y un ruidoso coro de gritos». La victoria de la República francesa ¿A costa de?

Napoleón es Francia y es la Grande Armée. Envía a España 200.000 hombres y toma personalmente el mando: Il faut que j’y sois.

Pretendía inundar de caballería las llanuras de Castilla; 50.000 caballos, tomar Zaragoza y derrotar a Blacke.

Los franceses profanaron las iglesias y tumbas de la Cartuja de Miraflores y de las Huelgas en Burgos. Desde allí Napoleón emprende el camino hacia Madrid. Se había constituido una Junta de Defensa y el pueblo se dispuso a la resistencia tras las tapias del Retiro, pero no fue más allá ante las amenazas del francés. Acuden a parlamentar Tomás de Morla y Bernardo de Iriarte. Madrid capituló el 2 de diciembre de 1808.

Napoleón se entera de la entrada por Ciudad Rodrigo del general inglés Moore. Se retira a París mientras envía a Lefebvre y a Soult en su persecución.

Dejaba aquí un ejército de 200.000 hombres y sus mejores generales con las líneas maestras del plan que deberían desarrollar, como expulsar a los ingleses de Portugal, lo que le encargó al general Massena.

Arapiles, Arthur Wellesley, con 60.000 hombres dio la batalla en aquellas dos alturas gemelas, la mayor y menor. Ocupado el Arapil grande Wellesley se lanza contra los franceses. Ataque inesperado y casi obligado al haberle cerrado la retirada a Ciudad Rodrigo. Si el general Marmont hubiese facilitado la retirada a Wellington podría haber recibido apoyo de José Bonaparte y evitado el desastre.

Al Duque se le distinguió con el Toisón de Oro y fue nombrado generalísimo de los ejércitos aliados. Era el 22 de septiembre de 1812. No fue el Duque único vencedor en España, sino españoles con su ayuda que siguieron hostigando a los franceses hasta que estos optaron por la retirada.

José Bonaparte lo hizo a Vitoria donde esperaba los refuerzos que desde Pamplona creía recibir y que nunca llegaron. De la batalla salió derrotado, y no menos avergonzado.

La batalla de Vitoria pone fin a la presencia francesa en España. El 31 de marzo de 1814 entraron los ejércitos aliados del norte en París y Napoleón abdicó. El ejército anglo-español tomaba la ciudad francesa de Tolosa y los dos mariscales de Napoleón, Soult y Suchet, pactaban con el duque de Wellington la suspensión de hostilidades.

Dos formas distintas de concebir la guerra en España. Los franceses atacaban con cargas a la bayoneta, en columnas profundas y a ello se le opuso el fuego de fusilería y la metralla a corta distancia de tropas desplegadas en dobles líneas establecidas en fuertes posiciones defensivas elegidas en el adecuado terreno. El acoso constante de las partidas de guerrilleros le ocasionaba el vencimiento sin saber cuándo ni de donde le vendrían los ataques. Si se ensalza la figura de Wellington quizá haya que recordar que tuvo siempre cerca una partida de bravos guerrilleros españoles cubriendo su campaña. Sin ellos nunca habría vencido en España.

Napoleón no pudo con España: «España, y el Ejército inglés en la Península, son los factores que me perdieron».

No sin olvidar lo que puede ser un aviso para cualquiera que se atreva: «España es un país donde los pequeños ejércitos son derrotados y los grandes se mueren de hambre».

Puede que Napoleón, así lo creo yo, fuese un gran capitán, de los mejores, pero recaló en España con los mejores generales sin caer en la cuenta que esta tierra no es de generales, sino de capitanes y, aunque él fuese bueno, aquí, en España están los mejores del mundo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

10 mayo 2021

 

 

 

 

 

SE PRESENTA UN SOLDADO. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

A petición de alguno de los últimos incorporados repito artículo. Creo que fue el primero que publiqué en el blog. Era  el de mi: PRESENTACIÓN

Siento la necesidad de escribir, sin tapujos ni temores. La antigüedad es un grado y los años te permiten ciertas licencias que en el fondo el que las lee o  escucha te lo agradece. Se trata de buscar la verdad y lo que sé, contarlo, contarlo todo; al menos lo que es de interés, a juicio del que escribe por supuesto. Esta Patria nuestra está muy mediatizada por ciertos intereses y la vida te obliga a doblegarte si quieres seguir en tu puesto y no crearte problemas. Nadie cuenta casi nada y si lo cuenta es por despecho. Todos hemos tenido que callar en ciertos momentos. Quiero contar lo que veo y siento y lo que he vivido y sentido. A por ello voy. Solo mediatizado por dos cosas: España y sus Fuerzas Armadas.

Mi vida ha sido pródiga en acontecimientos. Ha sido una vida de soldado, la de “a pie y sin dinero” pero también he vivido pisando gruesas moquetas.  Empecé muy joven e ilusionado. Sigo como entonces pero madurando todavía lo que he visto y vivido. Soy ahora General, ya retirado, lo que me cuesta asumir, lo reconozco. Ser General es lo máximo a lo que un soldado puede aspirar pero yo creo que es un error, porque ser militar es servir y no “llegar a”. Siento el generalato dentro de esa acepción del diccionario de la RAE “lo más común”(es broma no sea que se enfaden los compañeros). Preferiría haber sido siempre y para siempre Capitán, aunque como dicen, sea de bandidos.

Soy boina verde, guerrillero, es decir diplomado en Operaciones Especiales, paracaidista, diplomado de Estado Mayor y no sé cuantas cosas más. Tengo seis hijos pero creo que tengo más cursos que hijos. Por cierto ninguno de ellos, después de una larga tradición militar, ha seguido la carrera de las armas. Silencio.

Tenéis mi vida resumida en ese cuadro que os pongo, regalo de mis compañeros el día que pasé a la Reserva.

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Poco importa. Lo que importa es lo que empieza a partir de ahora.

Si tuviese que resumir lo que para mi es la vida militar, lo haría remitiéndome a la sencillez de lo que escribió un soldado de los Tercios de Flandes, Pedro Calderón de la Barca. Me refiero a esos versos inigualables de su obra “Para vencer a amor, querer vencerle”. Junto a otra obra cumbre: el Credo de la Legión. Quien no se emocione y sienta cada palabra de estos textos como propia, creo que no vale para ser soldado.

He mandado la Guardia Real y la Legión. ¡Que puedo decir! Los mejores soldados del mundo y no es un privilegio sino un honor. Nada hay como el soldado español y mi única aspiración ha sido estar a su altura. No sé si lo he conseguido pero he luchado por ellos y lo seguiré haciendo. Merece la pena España y sus soldados.

No somos una marca, somos una Nación con una historia envidiable.

Mirad, si en el exterior tenemos atractivo es por nuestra historia y por nuestra individualidad. Ser español es algo grande. Espero que nos enteremos de eso y de eso quiero escribir. En cualquier caso, con humildad, estoy a vuestras órdenes.

Mandar es difícil y mi criterio sobre el mando lo expuse en una columna que escribí hace tiempo.

Con esa columna quiero empezar mi blog:

 EL ARTE DE MANDAR

Con demasiada frecuencia escuchamos que para resolver nuestros actuales males políticos, económicos, institucionales, incluso morales, necesitamos un líder, lo que traducido al lenguaje militar equivale a decir que necesitamos a alguien que mande. Mandar se asimila a lo militar olvidando que la vida en todos sus aspectos es una alternancia entre mando y obediencia. No es fácil mandar y sí hacerlo irresponsablemente provocando daños irreparables. Mandar no es sólo una facultad o poder asociado al aspecto legal y con respaldo institucional. Cuando se manda bien, es la autoridad moral la que motiva y emociona moviendo al grupo hasta límites insospechados porque tiene una referencia a seguir, una disciplina moral que cumplir, un ejemplo a imitar.

Hoy, alejado del mundo activo de la milicia, no olvido a los que mandé ni a los que obedecí. Entre estos últimos hubo uno al que recuerdo especialmente porque antes de asumir una de mis mayores responsabilidades de mando, me tradujo en palabras el arte del bien mandar.

Mandar, me decía, es una tarea tan absorbente que nunca habrás dado nada hasta haberlo dado todo, hasta que no te hayas vaciado por entero en tu mando. Mandar no es un privilegio, es un honor. Es una obra de arte, muy distinto a dar órdenes o a obligar.

Tus órdenes han de ser claras, que se entiendan, que se cumplan, que cada uno sepa lo que se le pide, y si es posible, por qué se le pide.

Debes mantener la idea elegida sin vacilaciones ya que no hay nada más amargo que verse sometido a las oscilaciones de un jefe vacilante en sus decisiones.

Debes de estar atento a conocer nuevas ideas y aceptar propuestas ajenas. Y recuerda que el que está a tus órdenes no está a tu servicio personal.

Ante un problema difícil, cuando no puedas consultar, confía en tu intuición, pues cuando se conoce el oficio y se está identificado con él, la intuición te marcará el camino a seguir.

Debes de ser constante en el esfuerzo, evitar prisas y desorden.

Ser cortés, pues la cortesía es inseparable de la disciplina. Cortés en  la precisión y limpieza de la palabra, en la actitud, en el gesto, en la voz y en los modales.

Cuenta siempre con el apoyo de tus colaboradores y el consejo de los más cercanos y busca en todos la lealtad por encima de todo.

Nunca pienses en ti, hazlo primero en la misión que te han confiado y en los hombres que tienes para cumplirla.

Terminaba deseándome suerte, pero no la fortuita o casual, `porque en la mayoría de los casos, me decía, sólo los capaces son afortunados.

Escribo esto sólo con el deseo de que algunos repasen y revisen su forma de mandar porque cada vez son más los que mandan (mal) y legión los que padecemos sus consecuencias.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com